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URSS:
* Un colapso a la derecha, no a la izquierda: Para Amin, el colapso de la Unión Soviética no fue una victoria del socialismo, sino una "caída a la derecha". La nomenklatura optó por transformarse de una "burguesía de Estado" que gestionaba la propiedad colectiva a una burguesía convencional basada en la propiedad privada.
La crítica de Samir Amin a la nomenklatura soviética fue polifacética. La consideraba una clase que surgió del error histórico de romper la alianza obrero-campesina, una clase que anhelaba ideológicamente el mismo sistema capitalista al que se suponía que debía oponerse, y cuyas políticas condujeron a la despolitización de la sociedad y a la eventual y desastrosa reintegración del antiguo bloque soviético en la periferia capitalista mundial.
Samir Amin fue un crítico de la dirigencia de Stalin, pero su crítica es compleja y debe entenderse como una crítica desde la izquierda, no desde una perspectiva anticomunista o liberal. No fue uno de los críticos más "severos" en el sentido de una condena total, sino uno de los más analíticos desde un punto de vista marxista, especialmente influenciado por el maoísmo.
Su crítica se puede resumir en los siguientes puntos: Una Crítica "Desde la Izquierda": Amin distinguía su crítica de la de otros. Consideraba que la "desestalinización" de Jruschov era una crítica "desde la derecha" que buscaba hacer más concesiones al capitalismo. En cambio, Amin se alineaba con la crítica de Mao a Stalin, que consideraba una crítica "desde la izquierda", centrada en cómo construir mejor el socialismo. El "Error Fatal" de la Colectivización: El punto central de la crítica de Amin a Stalin fue la colectivización forzosa de la agricultura después de 1930. Amin consideraba que esto fue un "error fatal" que rompió la alianza obrero-campesina, la cual había sido la base de la Revolución de 1917.
La Formación de una "Burguesía de Estado": Según Amin, este error de romper con el campesinado fortaleció el poder autocrático del Estado y sentó las bases para la formación de una "nueva clase": una "burguesía de Estado" soviética que gestionaba el sistema como una forma de capitalismo de Estado.
Con el tiempo, la crítica de Amin pareció suavizarse. Reconoció el inmenso contexto de presión que enfrentaba la URSS, incluyendo la hostilidad implacable de las potencias imperialistas y el papel fundamental de la URSS en la derrota del fascismo. En sus últimos años, presentó a Stalin como una figura compleja que, si bien cometió crímenes y estableció una dictadura burocrática, también trabajó para alcanzar objetivos socialistas y logró "desconectar" a la URSS del sistema imperialista mundial, un logro que Amin consideraba muy significativo.
Amin no fue un detractor visceral de Stalin. Fue un crítico severo de decisiones políticas específicas (especialmente la colectivización) y de sus consecuencias (la creación de una burguesía de Estado), pero siempre analizando la situación desde una perspectiva que buscaba entender los fracasos para poder construir un socialismo mejor en el futuro.
Samir Amin nunca dejó de llamar a EE.UU. una potencia imperialista. El concepto del imperialismo, con EE.UU. a la cabeza, es la piedra angular de todo su análisis del sistema capitalista mundial a lo largo de toda su carrera. Lejos de abandonar el término, su análisis del imperialismo estadounidense se volvió más profundo y crítico con el tiempo. Para Amin: Líder de la "Tríada Imperialista": Amin no veía el imperialismo como una acción exclusiva de EE.UU. Hablaba del "imperialismo colectivo de la Tríada", compuesta por EE.UU., Europa Occidental/Central y Japón. Sin embargo, dentro de esta Tríada, siempre identificó a EE.UU. como la potencia hegemónica y líder indiscutible. Control a través de "Cinco Monopolios": Argumentaba que la Tríada (liderada por EE.UU.) mantenía su dominio sobre la periferia global a través de cinco monopolios:
* Monopolio de la tecnología. * Monopolio del control de los flujos financieros. * Monopolio del acceso a los recursos naturales del planeta. * Monopolio de los medios de comunicación.
* Monopolio de las armas de destrucción masiva. Estados Unidos era, para él, el principal actor en el control de estos monopolios. Proyecto de Control Militar del Planeta: Especialmente después de la caída de la Unión Soviética, Amin argumentó que el proyecto de la clase dominante de Washington era el control militar del planeta. Veía las intervenciones de la OTAN y de EE.UU. no como acciones aisladas, sino como parte de una estrategia para impedir el surgimiento de cualquier competidor y para mantener a sus propios aliados en una posición de "vasallaje". Para Samir Amin, era imposible analizar el capitalismo moderno sin analizar el imperialismo, y era imposible analizar el imperialismo sin colocar a EE.UU. en el centro como la fuerza dominante y hegemónica. Su crítica no disminuyó, sino que se adaptó para describir las nuevas y, en su opinión, más agresivas formas que el imperialismo estadounidense adoptó en la era de la globalización neoliberal.
✦ Feste Plätze: A la estrategia defensiva decretada formalmente por Hitler en 1944 se le denominó Fester Platz (en plural, Feste Plätze), que en alemán significa literalmente «Lugar Fijo» o «Plaza Fuerte». En español se suele traducir y conocer históricamente como la estrategia de las ciudades fortaleza. Aunque la estrategia se materializó de forma generalizada a partir de la primavera de 1944, nació oficialmente un poco antes mediante la Orden del Führer N.º 11 (Führerbefehl Nr. 11) emitida el 8 de marzo de 1944. La doctrina militar tradicional dictaba que una unidad rodeada por el enemigo debía intentar romper el cerco o retirarse de forma organizada para salvar sus tropas. Ante el catastrófico avance del Ejército Rojo, Hitler impuso por decreto un concepto radicalmente opuesto: Defensa «a toda costa»: Ciertas ciudades, nudos ferroviarios o redes de transporte de vital importancia en el territorio de la URSS eran declaradas Fester Platz. Aceptación del cerco: Las guarniciones designadas tenían prohibido retirarse bajo ninguna circunstancia. Debían dejarse rodear deliberadamente por las tropas soviéticas y atrincherarse en el núcleo urbano. Misión de desgaste: El objetivo teórico no era ganar la batalla, sino actuar como un «rompeolas». Hitler argumentaba que estas islas de resistencia inmovilizarían a un número masivo de divisiones soviéticas para el asedio, bloquearían sus líneas de suministro logístico y ralentizarían la ofensiva enemiga, dando tiempo a la Wehrmacht para reagrupar sus reservas tácticas. Comandantes de Fortaleza: Al mando de cada Fester Platz se nombraba a un oficial de alto rango que respondía con su propia vida del cumplimiento estricto de la orden, teniendo prohibido rendirse. Ciudades designadas y el primer experimento. En la directiva original de marzo-abril de 1944 se nombraron inicialmente 29 ciudades clave en el Frente Oriental como Feste Plätze. Entre ellas destacaban nudos logísticos cruciales en Bielorrusia y Ucrania como Vítebsk, Maguilov, Orsha, Minsk, Vilna o Brody. El primer gran laboratorio de esta estrategia fue la pequeña localidad ucraniana de Tarnopol (Ternópil) entre marzo y abril de 1944. Declarada plaza fuerte por Hitler, la guarnición alemana fue cercada de inmediato. Prácticamente la totalidad de sus defensores (unos 4.600 hombres) resultaron aniquilados o capturados, demostrando las carencias del plan desde el primer momento. Un fracaso militar absoluto. Los generales experimentados de la Wehrmacht (como el mariscal Erich von Manstein) advirtieron a Hitler de que esta táctica era una locura que solo serviría para sacrificar divisiones enteras que Alemania ya no podía reponer. El tiempo les dio la razón por dos motivos principales: La táctica de bypass soviética: El Ejército Rojo aprendió rápidamente a no desgastarse asaltando los Feste Plätze de frente. Simplemente dejaban una fuerza mínima de bloqueo para rodear la ciudad aislada y continuaban su penetración profunda hacia el oeste con el grueso de sus tanques, dejando la plaza fuerte inútil y atrapada a cientos de kilómetros detrás de la línea del frente. La catástrofe de la Operación Bagratión: En junio de 1944, cuando los soviéticos lanzaron su gran ofensiva de verano en Bielorrusia, la rigidez de la estrategia de las ciudades fortaleza impidió que el Grupo de Ejércitos Centro maniobrara o retrocediera. Como resultado directo, decenas de miles de soldados alemanes quedaron atrapados en los Feste Plätze de Vítebsk o Babruisk, acelerando la destrucción casi total de todo el Grupo de Ejércitos. A partir de la primavera de 1944, la Stavka demostró una superioridad estratégica y operativa total. El avance enérgico del Ejército Rojo arrollaba las líneas defensivas alemanas gracias a la doctrina de las "operaciones profundas". La respuesta de Hitler con la Orden del Führer N.º 11 fue un acto de desesperación ante un enemigo logísticamente superior. Los resultados de esta estrategia de ciudades fortaleza tras el implacable avance soviético fueron determinantes: Inutilidad táctica: Las guarniciones alemanas aisladas en los Feste Plätze no lograron frenar el ritmo de la ofensiva. El Ejército Rojo simplemente sobrepasaba estas posiciones, continuando su avance hacia Berlín y dejando atrás unidades secundarias para reducirlas. Colapso logístico del Reich: Al cerrarse las pinzas soviéticas sobre estas fortalezas, la Wehrmacht perdió de golpe nudos ferroviarios y de comunicaciones críticos en Bielorrusia y Ucrania, acelerando el fin de la ocupación nazi en los territorios orientales.
✦ Hambruna 1929-1933: Causas:
La prolongada duración de la hambruna no se debió a la falta de recursos físicos o humanos, sino a que fue provocada y prolongada por decisiones políticas conscientes del régimen de Stalin, el colapso total de la productividad agrícola debido a la colectivización forzosa y, efectivamente, un error monumental de gestión que priorizó la industrialización a costa de la vida de millones de personas. A pesar de tener tierra, mano de obra y un aparato represivo brutal, el gobierno soviético utilizó estos elementos para extraer recursos del campo en lugar de salvar a la población. El colapso de la colectivización forzosa. El intento de agrupar a los campesinos en granjas colectivas (koljós) destruyó los incentivos para producir. Destrucción de capital: Los campesinos prefirieron sacrificar y comerse su ganado antes de entregarlo al Estado, lo que provocó la pérdida de más del (50%) de los animales de tiro y carga, paralizando la capacidad de arado y transporte. Falta de incentivos: Al saber que el Estado se llevaría casi toda la cosecha, los agricultores sembraron solo lo mínimo para subsistir. Persecución de los más aptos: La campaña de «deskulakización» arrestó, deportó o ejecutó a los agricultores más experimentados y productivos, dejando la gestión agrícola en manos de burócratas inexpertos. Priorización absoluta de la industria pesada. Sí existió un error monumental de gestión económica estructurado en el Primer Plan Quinquenal. El régimen sufría una obsesión ideológica por la industrialización rápida, considerada vital para la supervivencia militar de la URSS. Exportación de grano con fines industriales: Mientras millones de personas morían de hambre, la Unión Soviética siguió exportando millones de toneladas de grano a Occidente para comprar maquinaria industrial y tecnología pesada. Desvío de recursos: La mano de obra disponible y las fuerzas del orden no se utilizaron para construir canales de irrigación o mejorar el campo, sino para canalizar recursos humanos hacia las minas, las fábricas de acero y megaproyectos urbanos e industriales. El uso de la fuerza para requisar, no para asistir. El aparato represivo del Estado (la OGPU y el ejército) no se empleó de forma constructiva, sino puramente extractiva y punitiva. Cuotas de entrega irreales: El Estado fijó objetivos de recaudación de grano basados en proyecciones ideológicas, no en la realidad del campo. Cuando las cosechas fracasaron, las fuerzas del orden confiscaron hasta la última semilla de reserva para cumplir las cuotas de las ciudades. Leyes drásticas de control: En 1932 se aprobó la «Ley de las tres espigas», que castigaba con la ejecución o 10 años de trabajos forzados a cualquier campesino (incluso niños) que recogiera unas pocas espigas de grano caídas en los campos colectivos. Bloqueo de fronteras y hambruna dirigida: Se prohibió activamente la migración de los campesinos hambrientos hacia las ciudades o hacia otras repúblicas en busca de comida. Se utilizaron las fuerzas de seguridad para cordonar las zonas afectadas (especialmente en Ucrania, la región del Kubán y Kazajistán) dejando morir a la población dentro de sus aldeas. La negación ideológica del problema. El sistema estalinista funcionaba bajo una premisa: el socialismo no podía fallar. Ocultamiento de datos: Reconocer la hambruna equivalía a admitir el fracaso de la colectivización. Los funcionarios locales que informaban sobre la escasez real eran purgados o acusados de «saboteadores contrarrevolucionarios». Rechazo de ayuda internacional: A diferencia de la hambruna de 1921-1922, donde la URSS aceptó ayuda exterior, entre 1929 y 1933 el régimen censuró la prensa y negó oficialmente la existencia de la crisis, impidiendo cualquier campaña de auxilio humanitario. La hambruna duró cuatro años porque la prioridad del Estado soviético no era el bienestar de los campesinos, sino la extracción implacable de sus recursos para financiar la industrialización rápida. La combinación de la destrucción del sistema agrícola tradicional, la exportación forzada de alimentos y la represión militarizada transformó un problema de gestión económica en una de las mayores catástrofes humanitarias del siglo XX.
✦ Keynes rechaza la planificación stalinista: John Maynard Keynes [†1946] no era optimista sobre los logros económicos de la URSS a largo plazo, y detectaba errores técnicos profundos de graves consecuencias en la gestión de su planificación. Aunque sentía una fascinación intelectual por el hecho de que la URSS realizara experimentos sociales a gran escala, su postura como economista respecto a su viabilidad e idoneidad fue abiertamente crítica. Pesimismo sobre los logros a largo plazo. Keynes visitó la URSS en varias ocasiones durante la década de 1920 y plasmó sus conclusiones en su famoso ensayo de 1925, A Short View of Russia. Sus argumentos reflejan un claro escepticismo sobre el futuro del sistema: Inexistencia de una contribución económica: Keynes afirmó categóricamente que, desde el punto de vista técnico, el comunismo ruso no aportaba absolutamente nada a la resolución de los problemas económicos de la humanidad. Incompatibilidad con las libertades: Consideraba que la eficiencia no podía alcanzarse destruyendo la libertad individual ni eliminando la iniciativa privada. Para él, el éxito económico de una sociedad dependía de combinar una moderada intervención del Estado con el motor de la creatividad personal y el mercado libre. El capitalismo como sistema superior: En su ensayo de 1930, Economic Possibilities for our Grandchildren argumentó que el capitalismo regulado seguía siendo el vehículo más eficiente para resolver el "problema económico" de la escasez mundial gracias al interés compuesto y la innovación tecnológica, descartando la vía soviética como solución de futuro. Detección de errores con importantes consecuencias. A medida que el Gosplán (Comité de Planificación Estatal) avanzaba y se ponían en marcha los Planes Quinquenales bajo el mandato de Stalin a partir de 1928, las críticas de Keynes se volvieron técnicamente más severas: El error de la validez de la economía burguesa: Keynes sostuvo firmemente que "la economía burguesa sigue siendo válida dentro de un país comunista". Con esto quería decir que las leyes básicas de la economía (como la escasez, la oferta, la demanda y la necesidad de incentivos reales) no podían abolirse por decreto estatal. El error soviético de ignorar estas dinámicas generaba ineficiencias estructurales generalizadas. Monopolios estatales artificiales e inflación: Criticó duramente los monopolios rusos de exportación e importación, el mantenimiento artificial de tipos de cambio sobrevalorados y la financiación mediante políticas inflacionarias para subsidiar industrias pesadas inviables por sí mismas. Advertía que estas distorsiones acumulaban tensiones internas que mermarían la productividad a largo plazo. Distinción radical de su propio modelo: En la década de 1930, ante el auge de los planes quinquenales, Keynes se esforzó por separar su teoría (que defendía que el Estado interviniera mediante inversión pública complementaria en momentos de crisis para reactivar la demanda) de la planificación integral del Kremlin. Denunció el colectivismo total y la erradicación del sistema de precios por considerarlos un error logístico y humano insostenible.
✦ Konrad Adenauer estaba firmemente convencido de que el éxito económico de la República Federal de Alemania (RFA) demostraría que el modelo de planificación centralizada de Stalin era un diseño profundamente defectuoso e inviable frente a una sociedad libre. Esta convicción no era solo una opinión abstracta, sino el núcleo de su estrategia geopolítica durante la Guerra Fría, conocida formalmente como la "Teoría del Imán" (Magnettheorie). La postura de Adenauer y la forma en que la economía alemana sirvió para desacreditar la planificación estalinista se estructuró bajo los siguientes pilares: Adenauer diseñó su política exterior con la certeza de que la confrontación entre el bloque occidental y el bloque soviético se ganaría en el terreno de los hechos y la prosperidad. El contraste sistémico: Sostenía que si la RFA lograba construir una sociedad libre, democrática y económicamente desbordante, funcionaría como un "imán" político y social. El colapso inevitable del Este: Sabía que los alemanes bajo ocupación soviética (la futura RDA) y los ciudadanos de los países satélites compararían inevitablemente sus niveles de vida. Para Adenauer, la superioridad productiva de Occidente terminaría por erosionar la legitimidad del régimen de Stalin desde dentro, forzando a la larga la reunificación de Alemania en libertad. El modelo elegido: Economía Social de Mercado. Para derrotar la planificación de Stalin, Adenauer no eligió un capitalismo salvaje, sino que respaldó a su Ministro de Economía, Ludwig Erhard, en la implantación de la Economía Social de Mercado (Soziale Marktwirtschaft). Este modelo se diseñó explícitamente en oposición al colectivismo soviético: Rechazo a los controles estatales: En 1948, Erhard abolió de golpe el control de precios y el racionamiento remanente de la guerra. Erhard solía declarar que el colectivismo y la planificación central eran "un engaño y una ilusión" que asfixiaban la iniciativa humana. Libertad con responsabilidad: A diferencia de los Planes Quinquenales de Stalin, donde el Estado decidía verticalmente qué se producía, a qué precio y quién trabajaba, el modelo de la RFA dejó que los precios se fijaran libremente por la oferta y la demanda, pero regulando el mercado para evitar monopolios y garantizando una sólida red de seguridad social para mantener la cohesión. La constatación empírica. La realidad validó el planteamiento de Adenauer con una rapidez asombrosa a través del Milagro Económico Alemán (Wirtschaftswunder): Crecimiento frente a escasez: Durante la década de 1950, la economía de la RFA creció a tasas cercanas al 8% anual. Mientras la RFA inundaba el mercado con bienes de consumo de alta calidad y coches accesibles (como el Volkswagen Beetle), la URSS de Stalin y sus satélites sufrían escasez crónica, colas de racionamiento y mercados negros. El éxito del imán occidental fue tan abrumador que el bloque soviético tuvo que recurrir a la fuerza bruta para frenar la comparación. El flujo masivo de ciudadanos que huían de la planificación oriental hacia la prosperidad de la RFA obligó al régimen comunista a levantar el Muro de Berlín en 1961, confirmando la tesis de Adenauer de que, en igualdad de condiciones, el diseño estalinista no podía competir con la libertad económica.
✦ John Kenneth Galbraith (1908-2006) se mostró notablemente optimista respecto a los logros de la economía soviética durante la posguerra y gran parte de la Guerra Fría. En su famosa "teoría de la convergencia", sostuvo que el capitalismo occidental y el comunismo soviético estaban evolucionando hacia estructuras muy similares. Poder de la gran escala: Afirmaba que tanto EE.UU. como la URSS dependían de grandes corporaciones o complejos industriales administrados por burócratas y técnicos expertos (lo que él llamó la "tecnoestructura"). Durante décadas, percibió que el sistema soviético era eficaz para movilizar recursos, eliminar el desempleo y mantener tasas sólidas de crecimiento industrial. Declaraciones tardías: Incluso en 1984, tras visitar Moscú, escribió en la revista The New Yorker que la economía soviética había hecho grandes progresos materiales y que el bienestar de los ciudadanos era evidente, subestimando la profunda crisis interna que provocaría el colapso del bloque pocos años después. No acertó a detectar los errores técnicos y de planificación no de forma inicial ni con la gravedad que requería el sistema. Debido a su propio sesgo ideológico a favor de la intervención estatal y la planificación económica, Galbraith no detectó a tiempo los fallos estructurales letales del modelo soviético. Aunque reconocía la existencia de ineficiencias cotidianas (como largas filas para conseguir bienes o rigidez burocrática), las consideraba problemas menores de ajuste y no "errores técnicos de graves consecuencias". Creía que cualquier economía moderna y avanzada requería planificación centralizada para funcionar adecuadamente. Veía los fallos de la URSS como defectos de gestión que los administradores podían corregir con el tiempo. Ignoró las advertencias de economistas de otras escuelas, que señalaban que la ausencia de precios de mercado reales hacía imposible el cálculo económico preciso, destruyendo los incentivos y condenando la planificación al colapso a largo plazo.
✦ Thomas Piketty valora el colapso del sistema soviético como el fracaso absoluto del estatismo hipercentralizado, incapaz de sustituir eficazmente al mercado. En sus obras esenciales, especialmente en Capital e ideología, el economista francés examina las razones estructurales de este declive: La ilusión del control total: La abolición de la propiedad privada y su sustitución por una propiedad estatal única eliminó los indicadores financieros naturales. Sin precios de mercado reales, el Estado se vio incapacitado para asignar recursos de manera eficiente, guiándose por criterios arbitrarios.Falta de incentivos directos: Piketty señala que la centralización radical del poder impidió la democratización económica. Al no existir incentivos directos ni mecanismos de participación real para los trabajadores, la motivación laboral y el dinamismo productivo colapsaron estructuralmente.La cultura de la opacidad: La rigidez del sistema empujaba a las distintas unidades de producción a emitir informes con datos falsos para cumplir nominalmente con las cuotas del Politburó. Piketty enfatiza constantemente que la falta de transparencia económica destruye la confianza y pervierte la toma de decisiones, algo que ocurrió a gran escala en el bloque soviético. Piketty no defiende la propiedad estatal totalitaria, sino un socialismo participativo. Este modelo propone la cogestión en las empresas, impuestos progresivos y la circulación constante de la propiedad sin eliminar los mecanismos descentralizados de incentivos. Para un economista occidental ecuánime y riguroso con los datos históricos, la década de 1970 marca el periodo definitivo en el que la inviabilidad de la planificación soviética quedó empíricamente demostrada. La evolución de los datos económicos e institucionales desglosa este proceso en tres fases claras: El espejismo inicial (Décadas de 1930 a 1950). Durante la industrialización pesada y la posguerra, la URSS registró altas tasas de crecimiento del PIB. Aunque economistas occidentales sospechaban de la propaganda, el avance técnico (como el lanzamiento del Sputnik en 1957) sugería que la movilización forzada de capital y mano de obra lograba una acumulación rápida. A mediados de los años 60, el crecimiento extensivo tocó techo. Economistas soviéticos moderados intentaron introducir reformas (como la Reforma Kosyguin de 1965) para usar conceptos occidentales como el "beneficio" y la "rentabilidad" para guiar la producción. El fracaso político de estas reformas evidenció que el sistema no toleraba la descentralización. El punto de inflexión definitivo (Años 1970). A partir de 1970, el estancamiento de la productividad se volvió inocultable por varias razones macroeconómicas: La Era del Estancamiento (Brezhnev): El crecimiento real del PIB per cápita cayó a niveles mínimos. La dependencia del petróleo: La economía de la URSS sobrevivía artificialmente gracias a la exportación de crudo tras las crisis energéticas de 1973. Esto camuflaba el colapso de sus sectores manufacturero y agrícola. Estudios demográficos de colapso: A mediados de los 70, indicadores de bienestar social clave (como el aumento de la mortalidad infantil y la caída en la esperanza de vida) confirmaron que el PIB reportado estaba inflado y distorsionado. Si bien la caída formal ocurrió en 1991, cualquier analista objetivo utilizando series históricas de reconstrucción macroeconómica determinaba a finales de los años 70 que el modelo de planificación centralizada sufría un fallo sistémico e irreversible.
✦ Ramón Tamames no creyó en la viabilidad de la planificación económica de la URSS y sus satélites de manera absoluta ni doctrinal. Aunque fue miembro destacado del PCE hasta 1981, el propio Tamames ha aclarado reiteradamente que su militancia respondía a la búsqueda de una constitución democrática para España y no a una adhesión al marxismo-leninismo o al modelo soviético. En sus manuales de referencia (como Estructura Económica Internacional), analizaba la planificación como un modelo histórico capaz de forzar una rápida industrialización inicial bajo los planes quinquenales de Stalin, pero señalaba de forma temprana sus graves fallos estructurales: la asignación ineficiente de recursos, el ahogo de la iniciativa, los desequilibrios de consumo frente a la industria militar y la rigidez burocrática que impedía el desarrollo tecnológico de consumo. Vaticinó el colapso de la URSS en la década de 1980. Analizó su inviabilidad y la inminencia de reformas profundas, aunque el colapso político definitivo sorprendió a la mayoría. Durante los años 80, en las sucesivas ediciones de sus obras, Tamames expuso de forma pormenorizada el estancamiento de la era Brézhnev (la Zastói) y las "vicisitudes" insalvables del colectivismo. Documentó cómo los intentos parciales de reforma (como las de Kosygin en 1965) habían fracasado y cómo la economía soviética se encontraba en una vía muerta, sosteniéndose artificialmente gracias a las exportaciones de petróleo. Cuando Gorbachov inició la Perestroika, Tamames la analizó como un intento desesperado —y a la postre fallido— de salvar un sistema cuya obsolescencia económica ya consideraba irreversible. ¿Defendió la aplicación de medidas liberales en la época de Yeltsin? No defendió la vía radical elegida, sino un modelo de transición gradual. Durante el mandato de Yeltsin en la década de 1990, Tamames observó con gran espíritu crítico la pugna entre los reformistas radicales (liderados por Yeltsin y Yegor Gaidar) y los sectores partidarios de una vía intermedia. El economista argumentaba que pasar abruptamente de una economía totalmente estatizada a un capitalismo desregulado, sin contar con el andamiaje institucional, legal y bancario necesario para sostener un mercado libre, abocaba al sistema al desastre. En su lugar, favorecía transiciones progresivas similares a las de otros países de Europa del Este o al pragmatismo secuencial que observaba en el modelo de apertura de China. ¿Criticó el papel del Banco Mundial y el FMI respecto a la Rusia de Yeltsin? Sí, fue un duro crítico de lo que calificó como una "terapia de shock" mal diseñada. Tamames argumentó en sus análisis económicos que las exigencias impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial a la Rusia de Yeltsin fueron contraproducentes. Sostuvo que forzar la privatización exprés y la desregulación total como condiciones previas para otorgar créditos terminó empobreciendo masivamente a la población, desmantelando el tejido industrial ruso y facilitando que la riqueza nacional quedara concentrada de forma corrupta en manos de una oligarquía (la llamada "heptarquía"). Para Tamames, los miles de millones de dólares inyectados por el FMI actuaron como una ayuda in extremis mal gestionada que no atajó los males estructurales y terminó fluyendo, en gran parte, hacia cuentas secretas en el extranjero.
✦ Durante la década de 1980 un destacado grupo de economistas y reformadores soviéticos defendió la necesidad urgente de dar un giro radical a la política económica de la URSS. Argumentaban que el modelo de planificación centralizada estaba totalmente agotado, lo que impulsó el diseño teórico de la Perestroika bajo el liderazgo de Mijaíl Gorbachov a partir de 1985. Los economistas más influyentes de este periodo fueron Abel Aganbeguián (asesor económico clave de Gorbachov), Leonid Abalkin, Nikolái Shmeliov, Tatiana Zaslávskaya y, hacia finales de la década, economistas más radicales como Grigori Yavlinski. Sus propuestas abordaron de manera directa los puntos señalados: Componentes electrónicos y procesadores. Economistas como Aganbeguián advirtieron que la URSS se estaba quedando drásticamente rezagada en la revolución digital y de la información frente a Occidente. Exigían desviar recursos de la industria pesada tradicional y militar hacia la modernización tecnológica y la informática de consumo. Denunciaban que el sistema burocrático bloqueaba la innovación, impidiendo que los procesadores y microcomputadores llegaran de forma masiva a las fábricas y hogares. Precios reales y fin de los subsidios. Los precios en la URSS eran fijados artificialmente por el Estado (a través del Goskomtsen), manteniéndose fijos durante décadas sin reflejar los costes de producción ni la escasez real. Esto provocaba colas crónicas y un mercado negro masivo. La propuesta: Economistas como Shmeliov y Abalkin abogaron por una reforma de precios. Sostenían que el sistema debía transicionar hacia precios reales que equilibraran la oferta y la demanda, eliminando paulatinamente los billonarios subsidios estatales a productos básicos. Incentivos directos para los trabajadores. El igualitarismo salarial soviético (urávnilovka) destruía la productividad. Al no haber una relación directa entre el esfuerzo individual y la recompensa económica, los trabajadores carecían de motivación. La socióloga y economista Tatiana Zaslávskaya demostró que el factor humano estaba totalmente alienado. Propusieron vincular directamente los salarios al rendimiento real, los beneficios de las empresas y la calidad del trabajo, permitiendo que los empleados más productivos ganaran sustancialmente más. Elementos de libre mercado y autogobiernoLa propuesta: Los reformadores promovieron un cambio profundo que se materializó parcialmente en la Ley de Empresas Estatales de 1987. Esta normativa permitía el jozraschot (autofinanciación), otorgando a las fábricas la libertad de decidir qué producir basándose en contratos comerciales y retener sus ganancias en lugar de obedecer ciegamente las cuotas fijadas por el Gosplán. Impulsaron la legalización de las cooperativas privadas y el trabajo por cuenta propia en sectores como el comercio, los restaurantes y los servicios. Esto supuso la primera introducción legal de mecanismos de libre mercado en el tejido económico soviético desde la década de 1920. A pesar de estas intenciones, la aplicación de las reformas fue contradictoria e incompleta, lo que terminó por desestabilizar por completo el sistema macroeconómico de la URSS.
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