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Régimen de Franco y Potsdam:
STALIN: Es necesario examinar la cuestión del régimen de España. Nosotros los rusos consideramos que el presente régimen de Franco en España fue impuesto por Alemania e Italia y que entraña grave peligro para las naciones unidas amantes de la libertad. Opinamos que será bueno crear condiciones tales que el pueblo español pueda establecer el régimen que elija.
CHURCHILL: Estamos debatiendo aún las cuestiones que incluir en la agenda. Convengo que la cuestión de España debería ser comprendida en ella.
Truman, que había sido nombrado presidente de la reunión, no comentó nada al respecto y se tomó nota para incluir a España entre los asuntos a tratar. Fue el día 19 de Julio cuando el tema de España estaba en la orden del día. Curiosamente, Truman concedió la palabra a Stalin con estas palabras.
TRUMAN: Does the Generalissimo wish to speak on the question? Desea el generalísimo hablar sobre la cuestión.
NOTA: Stalin se había auto-nombrado mariscal y los anglosajones le daban el nombre de “generalissimo“. Esta palabra junto a “guerrilla“, “junta” o “pronunciamento” fueron adoptadas por el vocabulario militar inglés desde el español. Curiosas las palabras adoptadas ¿no?.
STALIN: Se han distribuido copias de la propuesta. No tengo nada que añadir a lo que allí se expresa.
CHURCHILL: Señor presidente, el gobierno británico siente odio contra Franco y su gobierno. Donde veo alguna dificultad en adoptar el borrador propuesto por el Generalissimo es su punto primero que trata de la ruptura de toda relación con el gobierno de Franco, que es el gobierno de España.
Creo que, considerando que los españoles son orgullosos y más bien sensibles, semejante medida causaría el efecto de unir a los españoles en torno de Franco, en vez de apartarlos de él.
[…] Por lo que toca a los países que han sido liberados en el curso de la guerra, no podemos permitir que se establezca en ellos un régimen fascista o tipo Franco.
Pero aquí tenemos un país que no tomó parte en la guerra, y por eso es por lo que soy contrario a interferir en sus asuntos internos. El gobierno de su Majestad necesitará debatir muy detenidamente esta cuestión antes de decidir romper relaciones con España.
TRUMAN: No tengo ninguna simpatía al régimen de Franco, pero no deseo tomar parte en una guerra civil española. Ya estoy harto de guerra en Europa. Nos alegraríamos mucho de reconocer otro gobierno en España en vez del gobierno de Franco, pero pienso que es una cuestión que ha de resolver la propia España.
STALIN: ¿Es decir que no habrá cambios en España? […] No estoy proponiendo ninguna intervención militar, ni que desencadenemos una guerra civil en España. Deseo solamente que el pueblo español sepa que nosotros, los dirigentes de la Europa democrática, adoptamos una actitud negativa respecto al régimen de Franco. A menos que lo declaremos así, el pueblo español tendrá motivo para pensar que no somos contrarios al régimen de Franco.
Podrán decir que, dado que hemos dejado en paz al régimen de Franco, esto significa que lo apoyamos. La gente entenderá que hemos aprobado, o dado nuestra bendición tácita, al régimen de Franco.
Esto constituye un grave cargo contra nosotros. No me agrada estar entre los acusados.
CHURCHILL: Ustedes ya no tiene relaciones diplomáticas con el gobierno español y nadie podrá acusarle de lo que dice.
STALIN: Pero lo que si tengo es el derecho y la posibilidad de plantear la cuestión y resolverla. Todo el mundo cree que los tres grandes pueden resolver estas cuestiones. Yo soy uno de los tres grandes ¿Es que no tengo derecho a decir nada sobre lo que está pasando en España acerca del régimen de Franco y el grave peligro que representa para el conjunto de Europa? Cometeríamos una grave falta si ignorásemos esta cuestión y no dijéramos nada sobre ella.
No creo que sea necesario aclarar que la insistencia de Stalin no se debe a que esté preocupado por la democracia del mundo o por los españolitos de la posguerra, lo que ocurre es que aparte de su aversión innata hacia el fascismo, sabe perfectamente que con cualquier otro régimen algo se podrá rascar, pero con un régimen fascista, España será un coto cerrado para Rusia.
CHURCHILL: Todo gobierno es dueño de expresar sus ideas por su cuenta. Nosotros tenemos antiguas relaciones comerciales con España, que nos proporciona naranjas, vino y otros productos a cambio de nuestras propias mercancías. Si nuestra intervención no diera los frutos deseados, yo no querría que este comercio padeciera daño. Pero, al propio tiempo, comprendo totalmente a actitud adoptada por el Generalissimo Stalin.
Franco tuvo el valor de enviar su división azul a Rusia, y entiendo muy bien la posición rusa. España, empero, no nos ha hecho nada a nosotros, ni siquiera cuando podía hacerlo en la bahía de Algeciras.
Nadie duda que el Generalissimo Stalin odia a Franco y opino que la mayoría de los británicos comparte su pensar. Sólo deseo subrayar que nosotros no hemos sido perjudicados por él por ningún concepto.
STALIN: No es cuestión de perjuicios. Por lo demás, creo que Inglaterra también ha sido perjudicada por el régimen de Franco. Durante mucho tiempo, España puso su costa a la disposición de Hitler para que la usasen sus submarinos. Puede usted decir, por tanto, ha sufrido daños causados por el régimen de Franco en una forma u otra. Pero no deseo que este asunto se valore desde el punto de vista de algún perjuicio.
Lo que importa no es la división azul, sino el hecho de que el régimen de Franco es una amenaza grave para Europa.
Por eso es por lo que creo que se debe hacer algo contra ese régimen. Si no es adecuada la rotura de relaciones diplomáticas, no insistiré en ella. Pueden encontrarse otros medios.
Sólo tenemos que decir que no simpatizamos con el régimen de Franco y que consideramos justa la exigencia de democracia por parte del pueblo español; sólo tenemos que indicarlo y no quedará nada del régimen de Franco. Yo se lo aseguro. Propongo que los ministros de asuntos exteriores debatan si se puede encontrar otra forma más suave o flexible para hacer patente que las grandes potencias no apoyan al régimen de Franco.
TRUMAN: Me parece bien. Convengo en pasar el asunto a los ministros de asuntos exteriores.
CHURCHILL: Debo oponerme a esto. Creo que este es un asunto que debe ser resuelto en esta reunión.
STALIN: Claro que lo resolveremos aquí, pero que los ministros puedan examinarlo antes.
TRUMAN: Yo tampoco me opongo a pasar el tema a los ministros para su examen preliminar.
CHURCHILL: No lo considero conveniente, porque es un asunto de principios, es decir, de interferencia en los asuntos internos de otros países.
STALIN: Esto no es un asunto interno. El régimen de Franco es una amenaza internacional.
CHURCHILL: Todo el mundo puede decir esto del régimen de cualquier otro páis.
STALIN: No, no hay ningún régimen en país alguno como el de España. No queda régimen como ése en país alguno de Europa.
CHURCHILL: Portugal también podría ser condenado por tener un régimen dictatorial.
STALIN: El régimen de Franco fue instaurado desde el exterior, por medio de la intervención de Hitler. Franco se comporta de manera provocadora y da asilo a nazis. Yo no planteo ningún problema acerca de Portugal.
Así siguió la conversación hasta que Stalin rebajó un poco el tono de las demandas por lo que Truman, deseoso de pasar a otro tema pues España no le interesaba demasiado, dio carpetazo al asunto. El tema se solucionó con ocho líneas en el punto 10º del acta final de la reunión donde consta que Estados Unidos, Rusia e Inglaterra se oponen a la entrada de España en la Organización de Naciones Unidas.
(Fuente: Historias con historia | Diálogo: Historia inaudita de España, Pedro Voltes)
El acceso a Gibraltar:
Un diálogo de sordos que cambió el mundo:
Noticia del éxito de Trinity:
Serrano Súñer:
Diccionario biográfico:
Perlas sobre Franco:
- "Francisco Franco pronto se hizo famoso por el frío valor que sobre el campo desplegaba".
- "Una guerra larga de tres años le permitió derrotar a un enemigo que en principio contaba con fuerzas superiores. Para ello, faltando posibles mercados, y contando con la hostilidad de Francia y de Rusia, hubo de establecer estrechos compromisos con Italia y Alemania".
- "Montó un régimen autoritario pero no totalitario".
(El País, 2015)
✦ En el caso de un régimen con Franco como Jefe de Estado a perpetuidad pero con Cortes, Presidente, referéndums sui generis, representación en la ONU, tratados con EE.UU., quizá hablar de poder absoluto desvía la atención de la habitual discusión de si el régimen era autoritario o totalitario.
Ese es un matiz politológico fundamental y muy certero. El uso del término "poder absoluto", aunque describe la cúspide del organigrama donde Franco retenía la última palabra (la Jefatura del Estado y el mando del Ejército a perpetuidad), puede desdibujar la compleja ingeniería institucional que el régimen construyó, especialmente a partir de la década de 1940, para legitimarse interna y externamente. El debate clásico entre si el franquismo fue un régimen totalitario o autoritario se centra precisamente en cómo funcionaban esas instituciones (Cortes, referéndums, ministerios) y qué papel jugaban. A continuación, se detalla cómo encajan los elementos que mencionas en esta discusión: El modelo Autoritario (La tesis de Juan Linz)El sociólogo Juan Linz catalogó al franquismo no como un totalitarismo (como el nazismo o el estalinismo), sino como un régimen autoritario con pluralismo limitado. Los elementos que describes sostienen esta postura: El "pluralismo limitado" de las familias: Las Cortes y los ministerios no eran monolíticos. Franco no gobernaba solo; arbitraba entre distintas "familias" del régimen (monárquicos, católicos, militares y falangistas). Cada familia tenía sus parcelas de poder e influía en las leyes de las Cortes. Institucionalización del régimen: La creación de las Leyes Fundamentales del Reino y unas Cortes corporativas buscaban demostrar que el régimen no dependía del arbitrio diario de un dictador, sino de un ordenamiento jurídico e institucional propio (la "Democracia Orgánica"). Mentalidad frente a ideología: A diferencia de los totalitarismos, que exigen una movilización constante y la adhesión ideológica total de la población, el franquismo autoritario prefería la apatía política y la desmovilización de los ciudadanos, siempre que no cuestionaran el orden. Los elementos que mencionas como herramientas de legitimación. Esas instituciones y mecanismos no restaban poder a Franco, sino que funcionaban como "fachadas" o herramientas de adaptación:Los referéndums sui generis: Los plebiscitos (como el de 1947 para la Ley de Sucesión o el de 1966 para la Ley Orgánica del Estado) servían para escenificar un falso consenso popular ante el exterior, con censura de prensa y sin oposición legal. La apertura exterior (ONU y EE.UU.): La firma del Concordato con el Vaticano y los Pactos de Madrid con EE.UU. en 1953, seguidos del ingreso en la ONU en 1955, obligaron al régimen a atenuar su retórica fascista inicial. El anticomunismo de la Guerra Fría sustituyó a la mística totalitaria. Las Cortes y la figura del Presidente del Gobierno (separada de la Jefatura del Estado en 1973 con Carrero Blanco) daban una apariencia de "normalidad occidental". La perspectiva Totalitaria (o la fase totalitaria). Muchos historiadores actuales prefieren hablar de una evolución del régimen. Sostienen que, al menos durante su primera etapa (1939-1945), el franquismo sí tuvo una clara voluntad totalitaria: Encuadramiento de la sociedad: El partido único (FET y de las JONS), el sindicato vertical obligatorio, la Sección Femenina y el Frente de Juventudes buscaban moldear de forma absoluta la vida privada y pública de los españoles. Terror y homogeneización: La represión sistemática de la posguerra y el control total de la cultura, la educación y la religión encajaban con la ambición de un Estado totalitario que aspiraba a absorber a la sociedad civil. Hablar de "poder absoluto" puede simplificar en exceso lo que fue una dictadura muy longeva y adaptable. El franquismo comenzó con una fuerte pulsión totalitaria (fascistizante) y, al cambiar el escenario internacional tras la Segunda Guerra Mundial, se institucionalizó y mutó hacia un autoritarismo tecnocrático y corporativo para asegurar su supervivencia, utilizando las Cortes y la diplomacia como herramientas de inserción internacional.
✦ Un Eisenhower de visita oficial en Madrid para firmar Tratados no reconocería que estuviera dando oxígeno a un dictador con poder absoluto.
Desde la perspectiva de la diplomacia estadounidense de la Guerra Fría, la narrativa oficial no admitía que se estuviera respaldando a un dictador con "poder absoluto", sino pactando con un socio estratégico, pragmático e institucionalizado en la lucha global contra el comunismo. Cuando Eisenhower aterrizó en Madrid en diciembre de 1959 —un hito que consolidaba los Pactos de Madrid de 1953—, la diplomacia de Washington y la propaganda de la Casa Blanca justificaban este acercamiento mediante varios argumentos políticos bien calculados: La doctrina de la "coexistencia pacífica" y el realismo político. Un baluarte anticomunista: Para Eisenhower, el valor geográfico de España (el control del Estrecho de Gibraltar y las bases militares de Torrejón, Zaragoza, Morón y Rota) superaba las consideraciones morales sobre el origen del régimen. El pragmatismo defensivo: El Pentágono argumentaba que no se aliaba con un hombre, sino con un Estado estratégicamente situado. En el contexto de la Guerra Fría, EE.UU. prefería un régimen autoritario estable y predecible a la inestabilidad de una posible revolución o una zona de influencia soviética en el Mediterráneo. La percepción de un régimen institucionalizado, no caprichoso. Para la diplomacia estadounidense, el franquismo de 1959 ya no era la dictadura militar caótica e italiana de 1939. Se presentaba ante el mundo como un Estado con un ordenamiento jurídico propio: Un Estado de leyes (Leyes Fundamentales): Washington podía escudarse en que España contaba con unas Cortes en funcionamiento, un fuero de derechos (aunque limitadísimos) y un sistema sucesorio definido (la Ley de Sucesión de 1947 que declaraba a España como Reino). Interlocutores técnicos: Los americanos ya no negociaban prioritariamente con generales camisas azules de Falange, sino con diplomáticos de carrera y los nuevos tecnócratas del Opus Dei, que hablaban el lenguaje del capitalismo occidental y de los organismos financieros internacionales (FMI y Banco Mundial, en los que España ingresó en 1958). La teoría del "desarrollo como camino a la libertad". Apertura económica antes que política: La administración Eisenhower abrazaba la idea de que la mejor forma de democratizar o moderar a un régimen autoritario era integrándolo en los mercados internacionales. El Plan de Estabilización de 1959: EE.UU. argumentaba que, al firmar estos tratados y apoyar económicamente el Plan de Estabilización, estaban rompiendo la autarquía franquista y forzando la apertura de la sociedad española al turismo, el capital y las ideas occidentales, lo que a largo plazo erosionaría el control del régimen. Para Eisenhower, Franco no era un monarca absoluto del siglo XVIII, sino un dictador militar estabilizado que había sabido construir una arquitectura institucional legal (la Democracia Orgánica) para sobrevivir. Al estrecharle la mano, EE.UU. no pretendía legitimar la falta de libertades internas, sino validar la utilidad exterior de un régimen que cumplía rigurosamente con sus compromisos internacionales y militares en el bloque occidental.
✦ No critico los pasos de realpolitik dados por Eisenhower, no cuestiono la utilidad de maquillar la realidad frente a la imagen promocional de defensores de la democracia. Cuestiono la idoneidad de emplear la expresión poder absoluto para transmitir una imagen acertada de la característica de dictador o el rango que va desde autoritario a totalitario.
Desde una perspectiva científica, emplear ese término para definir a un dictador del siglo XX es inadecuado por varias razones fundamentales: El concepto histórico de "Poder Absoluto" es anacrónico. Origen monárquico: El absolutismo es una categoría histórica ligada a las monarquías del Antiguo Régimen (como Luis XIV). El rey concentraba teóricamente la soberanía por derecho divino, sin intermediarios, corporaciones o constituciones escritas que limitaran su prerrogativa. La dictadura moderna es distinta: Una dictadura contemporánea, por muy personalista que sea, opera en un mundo posrevolucionario. No se basa en el derecho divino, sino en la fuerza, la excepción legal y, sobre todo, en una compleja ingeniería institucional (constituciones, leyes fundamentales, partidos únicos, parlamentos corporativos) creada para legitimarse y gestionar la sociedad de masas. Ignora las limitaciones reales de Franco (Las Familias del Régimen). Hablar de poder absoluto transmite la falsa idea de que el dictador gobernaba por mero capricho o mediante decretos que nadie podía cuestionar ni moldear. En el franquismo, esto no era así: El arbitraje permanente: El poder de Franco residía en su capacidad para actuar como árbitro supremo entre las distintas familias (Falange, el Ejército, la Iglesia, los monárquicos y, más tarde, los tecnócratas). Negociación y vetos: Franco no podía ignorar los intereses de estos grupos. Si otorgaba demasiado poder a Falange, la Iglesia protestaba; si favorecía a los tecnócratas, los camisas azules se resistían. Un poder absoluto no necesita negociar equilibrios internos ni destituir ministros para calmar las tensiones entre facciones de su propio gobierno. Aplana el eje Autoritario-Totalitario. El verdadero debate sobre el franquismo no es cuánta cantidad de poder tenía Franco, sino cómo se ejercía ese poder sobre la sociedad, que es lo que mide el rango entre autoritarismo y totalitarismo: Si el término fuera "poder absoluto", ambos extremos se diluirían: Tanto un régimen totalitario (que aspira a la absorción completa de la sociedad, la movilización obligatoria y la destrucción de la esfera privada) como un régimen autoritario (que busca la desmovilización, la apatía y permite un pluralismo limitado dentro del Estado) quedarían etiquetados bajo la misma e imprecisa categoría de "absolutos". Impediría ver la evolución: El franquismo tuvo una pulsión totalitaria inicial (1939-1945) donde el Estado intentó encuadrar cada aspecto de la vida a través de Falange, y derivó hacia un autoritarismo institucionalizado y tecnocrático. El concepto de "poder absoluto" es estático y no permite explicar esta metamorfosis indispensable para la supervivencia del régimen. En definitiva, su precisión es el núcleo de la buena historiografía: para entender el franquismo, la categoría relevante no es el absolutismo, sino la naturaleza de su dictadura. Las Cortes, los tratados y las leyes no eran un mero decorado absolutista, sino la estructura real de un régimen autoritario que necesitaba de esos mecanismos institucionales para burocratizar el poder, gestionar las disputas de las élites y presentarse ante el mundo.
✦ Hay razones para pensar en poder absoluto. Comparativamente tenía una enorme cantidad de poder y capacidad de ordenar con pocos límites. El régimen fue sorpresivamente viable en un entorno improbable durante casi 4 décadas. Casi es una cuestión de estilo literario. Me da la impresión que usar la expresión poder absoluto no es acertada porque algo chirría y la situación se podría explicar mejor. Los considerables apoyos estaban lejos de ser la totalidad de la población y los recursos de poder no eran ilimitados. Al menos Stalin en Potsdam veía el régimen como un obstáculo aplastable. No veo como sinónimos ejercer un poder dictatorial y tener un poder absoluto. El del Káiser destituyendo cancilleres tampoco lo veo como absoluto.
El mito de la infalibilidad externa frente a la vulnerabilidad real. La mención a Stalin en Potsdam es un contraejemplo perfecto. Franco sabía que su régimen era físicamente aplastable si las potencias aliadas hubieran decidido intervenir militarmente tras 1945: Dependencia exterior: Un poder verdaderamente absoluto no vive condicionado por el miedo al aislamiento económico o a una invasión. La estrategia de la supervivencia: La viabilidad del régimen no nació de una fuerza incontestable, sino de su capacidad de mutar. Franco sacrificó la retórica fascista, apartó a los sectores más estridentes de Falange y se ofreció como peón anticomunista a Occidente. Sobrevivió porque supo hacerse útil para quienes sí tenían el poder global, no porque su poder interno fuera invulnerable. Recursos limitados y apoyos condicionados. Usted señala con acierto que los apoyos estaban lejos de ser la totalidad de la población y que los recursos eran finitos: El coste de la coerción: Mantener el control sobre una población desafiante o apática requería un desgaste inmenso de recursos en aparato policial, censura y propaganda. El poder absoluto presupone un control total del entorno; el franquismo, en cambio, lidiaba constantemente con el mercado negro, la ineficacia burocrática y, a partir de los años 60, con una creciente conflictividad laboral y estudiantil que no lograba erradicar. Lealtades transaccionales: Los apoyos de las élites tradicionales (terratenientes, alta burguesía, Iglesia) no eran cheques en blanco. Apoyaban a Franco porque era la garantía de sus privilegios y del orden social frente a la amenaza de la revolución social. Si Franco hubiera intentado expropiar a los grandes terratenientes o despojar a la Iglesia de la educación, su base de poder se habría desmoronado. El dictador mandaba mucho, pero no podía mandar cualquier cosa. La falacia del Káiser: Atribución de mando vs. Poder Absoluto. La analogía con Guillermo II destituyendo a Bismarck o a Caprivi es excelente: Límites institucionales y fácticos: El Káiser tenía la prerrogativa constitucional de nombrar y cesar cancilleres, pero operaba dentro de una Alemania hiperindustrializada, con un Parlamento (Reichstag) que votaba los presupuestos y un Estado Mayor militar con agenda propia. Franco podía quitar y poner ministros a voluntad mediante un decreto en el BOE, pero esa capacidad de mando directo (poder dictatorial) oculta que el paso siguiente —hacer que las leyes se cumplieran y que la economía funcionara— requería transigir con las realidades materiales del país y con los poderes fácticos. La alternativa explicativa: En lugar de "poder absoluto", la ciencia política prefiere hablar de una dictadura personalista de coalición o de un bonapartismo autoritario. Estas expresiones transmiten de forma mucho más acertada la realidad: Franco era el vértice indiscutible de una pirámide, pero la pirámide estaba construida con bloques independientes que él no había creado y que no podía destruir sin enterrarse a sí mismo. Su gran logro político no fue el absolutismo, sino la gestión del equilibrio de sus propias limitaciones.
✦ Yo no me atrevería a decir de alguien que ordenó cometer crímenes de lesa humanidad a gran escala 'Su genialidad política...' y 'magistral gestión'. Diría algo así: Su notable logro de conseguir la pervivencia del régimen... En la descripción de procesos históricos marcados por la violencia de Estado y la represión sistemática, la precisión en el lenguaje exige no disociar la supervivencia de un régimen de los métodos criminales que la hicieron posible. El éxito en la permanencia de una dictadura no debe confundirse con la destreza política, ya que se sustentó sobre la eliminación física, la cárcel y el exilio de la oposición. Su propuesta de redacción es la adecuada: "Su notable logro de conseguir la pervivencia del régimen..." es una fórmula que describe el hecho histórico con objetividad y neutralidad, sin incorporar juicios de valor que puedan sonar apologéticos o que minimicen el coste humano de la dictadura. Para reconducir el análisis bajo este criterio de estricto rigor y respeto a los hechos históricos: Pervivencia basada en la coerción: Ese "logro de pervivencia" se explica, en gran medida, porque el franquismo utilizó de manera sistemática los recursos del Estado para anular cualquier disidencia interna, especialmente durante la posguerra, mediante la Ley de Responsabilidades Políticas y los tribunales militares. Gestión del equilibrio: El control que el dictador ejerció sobre las facciones internas fue un ejercicio de preservación de su propia jefatura, donde la represión exterior actuaba como el pegamento que unía a las familias del régimen bajo el miedo común a una alternativa democrática o al regreso de la República.
'anular cualquier disidencia interna' parece un bonito eufemismo si se reconoce que 40.000 fusilamientos datan de la posguerra y se construyeron 300 campos de concentración en los que se internó a 230.000 represaliados. Lo digo, no porque me altere un eufemismo sino para remarcar que 'Su genialidad política...' y 'magistral gestión' se refieren a quien logró un hito en el ámbito del horror y la inhumanidad.
La historiografía actual, apoyada en las investigaciones de especialistas como Francisco Espinosa Maestre o Gutmaro Gómez Bravo, ha arrojado luz sobre la verdadera magnitud de la represión de posguerra con datos objetivos que respaldan sus afirmaciones: Los fusilamientos de posguerra: Los tribunales militares de los años 40 dictaron decenas de miles de sentencias de muerte que se ejecutaron de manera sistemática una vez terminada la contienda (las cifras de ejecuciones juzgadas varían entre los 30.000 y 50.000 fusilados directos, según las provincias documentadas). La red de campos de concentración: Investigaciones recientes (como las de Carlos Hernández de Miguel) cifran en cerca de 300 los campos de concentración y centros de reclusión por los que pasaron entre 700.000 y un millón de personas desde el inicio de la guerra hasta mediados de la década de 1940, con más de 200.000 internados en los momentos de mayor saturación. El sistema penitenciario y el Patronato: El régimen no buscaba reinsertar, sino que utilizó el hambre, el hacinamiento y el trabajo esclavo a través de los Batallones de Trabajadores Penados para la reconstrucción de infraestructuras del país y el beneficio de empresas privadas.
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