Guerra
Recurso a la guerra:
En el mundo contemporáneo, y debido a la tecnología armamentista que se usa, es casi inevitable causar daño a civiles. Una de las partes en contienda, además, como Gadafi
en este caso, se ensaña especialmente sobre los civiles, no dudando en arrasar a las ciudades que conquista o que debe abandonar en la retirada. Se destruyen infraestructuras vitales para el normal funcionamiento del país y se apela a fidelidades primarias para arengar a las tropas en comportamientos inhumanos. La
guerra es de por sí inhumana, porque quita vidas y pone en marcha los comportamientos más irracionales de que es capaz el ser humano; sólo así se mata sin piedad y con ceguera, y los soldados son instruidos para comportarse de tal
modo. Los códigos de conducta que rigen la vida civil desaparecen en tiempos de guerra, donde imperan el odio, el deseo de venganza y la brutalidad más estricta. Los derechos humanos simplemente son olvidados, porque rige un código de comportamiento absolutamente contrario al del cuidado, la dignidad, la
precaución y la vida.
Lo contrario a la guerra es la diplomacia y el arte de negociar. Es el reverso como forma de regular los conflictos. Se dice que la guerra es la continuación de la política por otros medios, pero en realidad es el fracaso de la política. En el mundo no hemos construido todavía una
arquitectura diplomática lo suficientemente disuasiva como alternativa a la guerra. Ahí está el problema. Continuamos anclados en un viejo sistema de estados-nación con ejércitos propios, montados en una espiral armamentista que engulle más de 4.000 millones de dólares diarios, los que precisamente
necesitaríamos para combatir la pobreza extrema, el hambre, el analfabetismo o la falta de vivienda digna. Y, sin embargo, eso no siempre ha de ser así.
Sistema común defensivo:
Libia podría no ser en este caso la excepción. Lo cierto es que Gadafi actuó muy rápido en su ofensiva militar, dejando de lado cualquier espacio para la negociación. No tuvo el menor interés en ella, de ahí que se optara por el recurso a la fuerza para frenarle. La pregunta es ahora si, con menos tanques y sin aviación, ¿se avendrá Gadafi a algún tipo de negociación? Pero mientras, parece que habrá que disuadirlo de no realizar más ataques. No vaya a ocurrir como cuando Serbia atacó Dubrovnic desde el mar, y nadie hizo nada para impedirlo. Hubiera bastado con que las fragatas de la OTAN se hubieran interpuesto, sin disparar un solo tiro. Y no hace falta ser atlantista para eso.
Simplemente, la OTAN existe, y mientras exista, que sea útil para algo. Eso no ha de impedir que pensemos en cómo construir un sistema nuevo en el que la guerra no tenga espacio. Porque no basta con maldecir la guerra: hay que diseñar una alternativa eficaz al recurso de la violencia, de alcance universal, institucional y popular a la vez, con carácter preventivo y basado en el respeto a los derechos humanos.
La incertidumbre sobre el futuro de Libia procede precisamente del carácter belicoso de los acontecimientos (la ofensiva de Gadafi y la contraofensiva de los insurgentes). Nada que ver con los alzamientos no violentos de Túnez, Egipto, Yemen, Djibouti, Marruecos, Siria o Bahrein, donde a pesar de la represión ocasional, ha sido la fuerza y la constancia de la gente al ocupar las calles lo que ha dado pleno sentido a la revuelta. ¿No será que sólo tienen futuro las revueltas en las que el planteamiento popular es el de las manifestaciones pacíficas y no violentas?
(Vicenç Fisas, 30/03/2011)
Siria marzo 2016:
Bases USA en España:
Trump y seguridad:
1.- INMIGRACIÓN: Trump afirmó que haría una deportación masiva de inmigrantes, en EEUU sinónimo de latinoamericanos (latinos o hispanos, a secas). Ahora dice que serán sólo tres millones (hay más de once millones), pero inmigrantes con antecedentes que, si es así, serían cuatro gatos. La alharaca contra Trump ha creado la idea de que, antes, no había deportaciones. Nada más falso. El ‘benévolo’ Obama practicó, durante su gobierno, las más duras políticas inmigratorias de los últimos 30 años. Según datos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), entre 2009 y agosto de 2016 fueron deportadas 2.768.357 personas. En 1986, con Reagan, la cifra fue de 24.592 inmigrantes hispanos; en 1996, con Bill Clinton, 69.680; en 2006, con Bush Jr., 280.974; en 2012, con Obama, 435.498 personas. Cuando Barack termine su mandato, habrá expulsado a 3 millones de inmigrantes sin más antecedentes que el hambre. Trump, al excluir –por ahora- de la amenaza de deportación a los inmigrantes sin antecedentes, excluye al 95% de ellos. Frente al ‘café-deportación para todos’ de Obama habrá ‘café-deportación de fichados’ de Trump, lo que mejora mucho la situación de los inmigrantes irregulares.
2.- EL MURO: Reiteramos nuestra idea de que el muro no se construirá. Trump ha ya dicho que sólo se harán partes. Tampoco hay novedad en el tema. El primer muro se construyó en 1990: 20 kilómetros en la zona de San Diego. En 2005, el Senado de EEUU aprobó extenderlo en 1.123 kilómetros, a agregar a los 600 kilómetros del muro existentes ese año. En 2006, el mismo Senado adoptó una nueva enmienda para construir 595 kilómetros de muro y 800 kilómetros de vallas. En 2009 muros, vallas y similares superaban los mil kilómetros. Hay, el día de hoy, 509.5 kilómetros de muro contra peatones, 482.4 kilómetros de vallas contra vehículos (que pueden saltar los peatones) y 58.4 kilómetros de doble o triple muro en el sector de San Diego. Muros van, muros vienen, pero a la inmigración nada la detiene. De 1990 al presente, unos 20 millones de hispanos cruzaron la frontera, demostrando la inutilidad de las barreras. Contrario a los gobiernos anteriores, que levantaban muros y vallas sin hacer alharaca con ello y pisoteando las protestas de México, Trump ha puesto el tema sobre la mesa y -¡oh, sorpresa!- se reunirá con el presidente mexicano –ningún otro presidente de EEUU lo ha hecho- para tratar el tema del muro. Habrá ocasión de ver que el tema se irá diluyendo y, finalmente, quedará todo más o menos igual, con alguna valla para cubrir las apariencias. Lo inédito será que Trump discuta el tema mural con México, nada más.
3.- LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO: Hagamos historia. Los tratados de libre comercio (llamados originariamente ‘de libre cambio’) los inventó Inglaterra en el siglo XIX para favorecer su producción industrial, cuando Gran Bretaña era la fábrica del mundo. Las primeras víctimas fueron los países latinoamericanos, cuyos ‘libertadores’ aceptaron firmar acuerdos de libre cambio, que eximían de impuestos a los productos británicos. Aquellos tratados mataron la economía de los países y dieron origen al neocolonialismo. Las premisas siguen siendo las mismas. La ‘globalización’ es sólo del capital y las transnacionales, no de los trabajadores. Los TLC han precarizado al extremo las condiciones laborales, entre ellas, las de la clase media estadounidense, que votó mayoritariamente a Trump. Las transnacionales se llevaron sus fábricas a Asia o México y cerraron las usinas en EEUU. La promesa de Trump, de reindustrializar el país, sólo pueden criticarla las corporaciones de todo tipo que quieren libre circulación de bienes y capitales y trabajadores sin derechos, como viene ocurriendo en España desde hace años. El TTIP, al que Trump calificó de “locura”, es un tratado que pone de rodillas a los Estados frente a las grandes empresas y capitales. Defender los derechos económicos y sociales ha sido lucha de las izquierdas. Si Trump apoya, bienvenido sea.
4.- LA OTAN: Según Trump, los europeos deben cubrir sus gastos de ‘defensa’, pues la economía de EEUU no está para financiar el despliegue belicista que dirige la OTAN. Desde 1999, Europa vive un proceso de militarización sin precedentes que, si nada lo detiene, tarde o temprano llevará a una guerra con Rusia, cada día más acorralada en sus fronteras. Que Trump haya puesto sobre la mesa que Europa vive en estado de guerra, tema omitido deliberadamente por los medios de comunicación, es de agradecer. Para información de la feligresía, en los próximos meses está previsto el despliegue de 6.000 soldados estadounidenses y centenares de helicópteros, tanques, vehículos blindados y obuses pesados en Europa del Este. También está aprobado que la Brigada Blindada de la Cuarta División de Infantería de EEUU envíe otros 4.000 soldados en enero de 2017. EEUU desplegaría también el 60% de efectivos y medios de la 10ª Brigada de Aviación de Combate de Nueva York, formada por 1.750 aviadores y 60 aviones y helicópteros, entre ellos UH-60 Black Hawk y CH-47 Chinook, según el diario Stars and Stripes (“2 brigades of nearly 6,000 troops head to Europe amid growing Russian tensions”). Stars and Stripes es un diario militar que informa sobre movimientos de tropas, ejercicios militares y temas relativos a las fuerzas armadas de EEUU. Si hay guerra, que avisen.
5.- CRIMEA: Un capricho del líder soviético, de origen ucraniano, Nikita Krushev, héroe de la batalla de Stalingrado, traspasó a la República Socialista Soviética de Ucrania, en 1954, la histórica península rusa de Ucrania. Lo hizo para conmemorar los 300 años de unidad ruso-ucraniana y desde la convicción de existencia eterna de la Unión Soviética, entonces en plenitud de poder. El suicidio de la URSS puso a tiro de la OTAN el viejo sueño germano de satelizar Ucrania para utilizarla contra Rusia. El golpe de estado de 2014, promovido por EEUU y la OTAN, amenazó con la entrada de Ucrania en la organización atlántica y –por ende- el dominio de Sebastopol, base histórica de la flota rusa en el Mar Negro, por la OTAN. Pero en Moscú ya no estaba el alcohólico Boris Yeltsin, sino Vladimir Putin. Éste había expresado que no admitiría bases militares de la OTAN en Georgia. En 2008 invadió Georgia y puso fin al proyecto atlantista. Con ese antecedente, estaba cantado que Moscú no admitiría la pérdida de Crimea. En julio pasado, Trump declaró que “la gente de Crimea… prefiere estar con Rusia, en lugar de donde estaban antes y hay que tenerlo en cuenta”. También expresó su opinión sobre lo que podría pasar si se pretendiera que Rusia devolviera Crimea a Ucrania: “¿Y ahora desea organizar la Tercera Guerra Mundial para devolvérsela [a Ucrania]?”. Que Trump reconozca la recuperación de Crimea por Rusia será una derrota política para la OTAN y la UE, pero ayudaría a afianzar la precaria paz del continente.
6.- UCRANIA: Es vox populi que Ucrania vive sumergida en un caos interminable de corrupción y desgobierno. La pobreza del país ha hecho que los salarios sean un 50% más bajos que en China. La corruptela institucional ha situado a Ucrania en el primer lugar en la lista de corrupción en Europa. Trump, durante la campaña, calificó a Ucrania de “país en desorden”, lo que generó airadas reacciones en los gobernantes ucranianos. El ministro del Interior, Arsén Avákov, lo llamó “marginado peligroso” y un diputado del gobierno “completo idiota”. Ucrania es un limes geoestratégico de Rusia y Rusia no va a permitir que ingrese en la OTAN, no, al menos, sin que estalle una guerra. Crimea y Ucrania van en el mismo paquete. Ninguna de las dos vale una guerra nuclear. En realidad, nada lo vale, pero reforzar la paz vale más que nada, salvo entre suicidas.
7.- SIRIA: “Obama es el fundador del ISIS y Hillary Clinton la cofundadora”, afirmó Donald Trump en varias ocasiones. También que acabaría con el Estado Islámico en cien días. Que sean 200 no importará si se lleva la paz a la destrozada y martirizada Siria. Con Hillary no hubiera sido posible. 250.000 muertos, el país semidestruido y ocho millones de desplazados ameritan un acuerdo de fondo entre EEUU y Rusia. La anunciada reunión entre Trump y Putin puede dejar, como poco, ese acuerdo. A la OTAN no le gustará, pero a los sirios sí. Con el país pacificado, centenares de miles de ellos podrían volver y, con apoyo internacional, reconstruir su país. ¿Alguien en contra?
8.- UN DÓLAR DE SALARIO: Admitámoslo, aunque tenga su dosis de demagogia, es un gesto de honradez que no cabe menospreciar. El multimillonario Trump dice, con ese gesto, que gana tanto dinero que no necesita de salarios pagados por los contribuyentes. ¿Algún otro multimillonario lo ha hecho antes, aunque muchos de ellos hayan ocupado cargos públicos? George Washington, primer presidente de EEUU, aunque esclavista y millonario, se adjudicó un salario que era el 2% del presupuesto del país. Según el Center for Responsive Politics, hay sentados en el Congreso 268 millonarios, todos los cuales cobran religiosamente salarios y prebendas. El tejano Michael McCaul posee una fortuna de 500 millones de dólares. ¿No dice nada el gesto de Trump al reino de las ‘tarjetas black’ o de directores deportivos que gastan 737.000 euros en restaurantes a cargo de fondos públicos, en un listado de empezar y nunca acabar?
Una novena razón hay: Trump ha prohibido las ‘puertas giratorias’. Ningún miembro de su gobierno podrá lucrarse del ejercicio del cargo hasta cinco años después de haberlo abandonado. Que tomen nota en España y Europa.
Pidamos a la UE que expulse sólo a los inmigrantes con antecedentes penales y otorgue documentación a los que no; que se derriben las vallas y alambradas levantadas por democráticos gobiernos y vuelva la libre circulación de personas; que cese la disparatada militarización en marcha y se afiance la paz en el subcontinente; que se pongan fin a las políticas criminales que destruyeron Libia, Siria e Iraq y se ayude a la reconstrucción de esos países. Que se critique menos y se predique más con el ejemplo. No es peor Trump que lo que tenemos aquí. Pensar lo contrario es autoengaño, ceguera pura y dura. En Europa gobierna la extrema derecha racista en Polonia, Eslovaquia, Hungría, Dinamarca, Finlandia, Letonia, Ucrania… Esas son realidades, no sospechas.
(Augusto Zamora R., 20/11/2016)
Colaboradores:
Yperita:
Corte Penal Internacional:
Cuerpo de Inteligencia (EE.UU.):
Proyecto Manhattan
Las unidades del CIC también participaron en la seguridad del Proyecto Manhattan , incluyendo el transporte de materiales para bombas fisionables desde Los Álamos, Nuevo México , hasta Tinian . También participaron en 1945 en la Conferencia Organizadora de las Naciones Unidas en San Francisco, presidida por Alger Hiss como secretario general. Tres años después, cuando Alger Hiss fue acusado de ser comunista y presentó una demanda por difamación contra su acusador, sus abogados, sin saberlo, contrataron a un agente especial encubierto del CIC como investigador jefe para que les ayudara a preparar la demanda.
En los teatros de operaciones de Europa y el Pacífico , el CIC desplegó destacamentos en todos los niveles. Estos destacamentos proporcionaron inteligencia táctica sobre el enemigo a partir de documentos capturados, interrogatorios de tropas capturadas y fuentes paramilitares y civiles. También participaron en la seguridad de instalaciones militares y áreas de preparación, localizaron agentes enemigos y actuaron para contrarrestar las redes stay-behind. También brindaron entrenamiento a unidades de combate en seguridad, censura, incautación de documentos y los peligros de las trampas explosivas. En algunos casos, agentes del CIC como Henry Kissinger se encontraron actuando como el gobierno militar de facto en la ocupación de grandes ciudades antes de la llegada de los oficiales del Gobierno Militar Aliado para los Territorios Ocupados (AMGOT). A medida que la guerra en Europa llegaba a su fin, el CIC participó en las Operaciones Alsos, Paperclip y TICOM , buscando personal alemán e investigando armas atómicas, cohetes y criptografía. Entre los reclutas después de la Segunda Guerra Mundial se encontraba Klaus Barbie, también conocido como el "Carnicero de Lyon", ex miembro de la Gestapo y criminal de guerra.
Operaciones de posguerra
En la posguerra, el CIC operó en los países ocupados, en particular Japón, Alemania y Austria, combatiendo el mercado negro y buscando y arrestando a miembros destacados del régimen anterior. A pesar del problema de la desmovilización, con muchos agentes experimentados regresando a la vida civil, el CIC se convirtió en la principal organización de inteligencia en las zonas de ocupación estadounidenses y muy pronto se vio enfrentado a un nuevo enemigo: la naciente Guerra Fría .
El estallido de la Guerra de Corea en junio de 1950 supuso que el CIC volviera a verse involucrado en un conflicto militar y experimentó una importante expansión. Sin embargo, esta resultó ser su última oportunidad de obtener recursos y reclutas.
La proliferación de agencias de inteligencia había significado duplicación de esfuerzos y disputas sobre responsabilidades, por lo que en 1961 el CIC dejó de existir como organización independiente y pasó a formar parte de la nueva Rama de Inteligencia Militar del Ejército.
Mientras servía en el Ejército de los Estados Unidos en la década de 1960, Christopher H. Pyle descubrió que «la inteligencia del Ejército contaba con 1500 agentes vestidos de civil vigilando cada manifestación de 20 personas o más en todo Estados Unidos». Las revelaciones de Pyle dieron lugar a investigaciones del Congreso y a una ofensiva contra lo que se consideraban excesos investigativos del Ejército. Esto puso fin a lo que los defensores consideraban el auge de la contrainteligencia: «En el punto álgido de los disturbios, un agente del CIC podía enviar un informe desde la calle al cuartel general de Fort Holabird en 20 minutos, desde prácticamente cualquier ciudad de Estados Unidos. Segundos o breves minutos después, el informe llegaba al Centro de Operaciones, en un sótano del Pentágono».
La controversia de la "línea de ratas"
Una de las operaciones del CIC en la Europa de posguerra fue la operación de una "línea de ratas", un conducto para sacar a informantes y desertores de las zonas de ocupación soviéticas y llevarlos a un lugar seguro en Sudamérica, vía Italia, con identidades falsas pagadas por el CIC. Sin embargo, en 1983, el arresto del exoficial de las SS Klaus Barbie en Bolivia planteó dudas sobre cómo había escapado el "Carnicero de Lyon". Entonces se reveló que Barbie había trabajado para el CIC desde 1947 y que en 1951 se le habían proporcionado los medios de escape a cambio de sus servicios como agente e informante.
Una investigación del Departamento de Justicia también reveló los tratos del CIC con el padre Krunoslav Draganović, clérigo croata residente en Roma, quien, mientras trabajaba para el CIC, operaba su propia red clandestina de tráfico de influencias para transportar criminales de guerra de la Ustacha a Latinoamérica. Un informe posterior de 1988 también examinó el uso de criminales de guerra nazis y colaboradores como informantes por parte del CIC en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial: «En junio de 1988, la Oficina de Investigaciones Especiales de la División Penal del Departamento de Justicia publicó un informe que revelaba que al menos 14 presuntos criminales de guerra nazis, varios de los cuales probablemente estuvieron involucrados en el asesinato de judíos en la Europa ocupada, habían sido empleados como informantes de inteligencia por el CIC en Austria».
(alchetron.com)
ISW:
✦ El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) es una organización de investigación de políticas públicas, no partidista y sin fines de lucro.
Sus principales tareas son:
* Investigación y análisis: Realiza análisis detallados de inteligencia de fuentes abiertas sobre amenazas militares y de seguridad actuales.
* Informar a los responsables políticos y al público: Su investigación se utiliza para educar a líderes militares, legisladores, periodistas y al público en general para mejorar la calidad de los debates sobre políticas.
* Mejorar las capacidades militares y estratégicas de EE.UU.: Uno de sus compromisos es ayudar a mejorar la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo operaciones militares y alcanzar sus objetivos estratégicos.
* Enfoque en conflictos específicos: Publica informes y actualizaciones periódicas sobre diversas zonas de conflicto. Ha cubierto extensamente las guerras en Irak y Afganistán, la Guerra Civil Siria y actualmente proporciona actualizaciones diarias sobre la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Gaza.
* Investigación de campo: En ocasiones, sus investigadores viajan a las zonas de conflicto para realizar evaluaciones independientes y asegurarse de que sus análisis se basan en la realidad sobre el terreno.
Aunque el ISW no publica una guía de estilo oficial y pública, su extenso trabajo revela un estilo propio, coherente y distintivo. Este estilo se puede entender examinando su metodología de investigación y el formato de sus publicaciones.
El estilo de investigación y análisis del ISW se caracteriza por su enfoque no partidista, no ideológico y basado en hechos. La organización tiene como objetivo proporcionar una comprensión informada de los asuntos militares a través de una investigación de código abierto completa, independiente y accesible. Su análisis se basa en fuentes primarias y secundarias para crear una comprensión profunda dela situación sobre el terreno.
En cuanto al estilo de publicación y citación, un análisis de las publicaciones del ISW, como su "Evaluación de la campaña ofensiva rusa" diaria, revela varias convenciones estilísticas y de formato clave:
* Títulos y encabezados: Los informes utilizan títulos claros y concisos que resumen el tema principal.
* Fecha y hora límite: Las actualizaciones diarias destacan la fecha de la evaluación y, a menudo, incluyen una hora límite de datos específica para garantizar la puntualidad y la precisión.
* Puntos clave: Muchos informes comienzan con una lista con viñetas de los principales acontecimientos o evaluaciones, lo que proporciona una descripción general rápida para el lector.
* Atribución: Si bien no se menciona explícitamente un estilo de cita específico como Chicago o APA para sus publicaciones web, la Biblioteca del Congreso aconseja a los investigadores que citan al ISW que sigan las pautas de cita estándar. Dentro de sus informes, el ISW a menudo incluye hipervínculos a las fuentes o menciona explícitamente la fuente de información (por ejemplo, "Imágenes geolocalizadas muestran...").
* Lenguaje y tono: El lenguaje es formal, objetivo y analítico. Evita la especulación cuando no se dispone de hechos y distingue claramente entre la información confirmada y las evaluaciones.
El "estilo ISW" prioriza la claridad, la precisión y la transparencia, asegurando que su análisis sea creíble y útil para su amplia audiencia.
Previsiones
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) publica previsiones para el futuro, pero con un matiz muy importante que es crucial para entender cómo ayudan a la capacidad militar de EE.UU. El ISW se especializa en previsiones y evaluaciones (forecasts and assessments), no en predicciones (predictions). La diferencia es fundamental:
* Una predicción intenta adivinar un resultado específico (ej: "La guerra terminará el 10 de diciembre"). La guerra es demasiado caótica y
compleja para este tipo de adivinación.
* Una previsión o evaluación, que es lo que hace el ISW, utiliza la inteligencia de fuentes abiertas para analizar las capacidades, las
intenciones y las limitaciones de los actores en un conflicto. Su objetivo es delinear los "cursos de acción más probables" (most likely
courses of action) que un enemigo podría tomar y los factores que podrían cambiar el rumbo del conflicto.
Para ayudar a mejorar la capacidad militar de EE.UU., el ISW publica estas previsiones de varias maneras:
1. En sus Informes Diarios y Semanales:
Los informes de actualización sobre conflictos como el de Ucrania o el de Gaza casi siempre incluyen una sección de "Previsión" u "Outlook".
En ella, no solo resumen lo que pasó, sino que analizan lo que esos eventos significan para los próximos días o semanas.
* Ejemplo: "Los movimientos de tropas rusas en el eje de Avdiivka, combinados con la retórica del Kremlin, sugieren que el esfuerzo
principal de Rusia en las próximas dos semanas probablemente se centrará en intentar un cerco táctico de la ciudad, en lugar de un asalto
frontal a gran escala."
2. Análisis de "Cursos de Acción" (COA):
Este es el núcleo de su ayuda a la planificación militar. El ISW analiza un problema militar y expone las diferentes opciones que tiene el
enemigo. Luego, evalúa cuál de esas opciones es la más probable basándose en la evidencia.
* Ejemplo: Podrían publicar un informe que diga: "Irán tiene tres cursos de acción posibles para responder al ataque: A) Un ataque directo
con misiles, B) Un ataque a través de sus proxis en Irak y Siria, o C) Una operación marítima en el Estrecho de Ormuz. Basado en su
doctrina y su aversión al riesgo de una guerra total, el curso de acción B es el más probable".
3. Identificación de Puntos de Inflexión:
El ISW se especializa en identificar cuándo un conflicto está a punto de cambiar. Analizan indicadores (logísticos, políticos, militares)
que sugieren que la situación actual ya no es sostenible y que se está gestando una nueva fase. Esto es una previsión estratégica de alto
nivel.
4. Informes Estratégicos a Largo Plazo:
Además de los informes diarios, publican análisis más profundos que miran hacia el futuro a medio plazo (varios meses). Por ejemplo,
pueden publicar un informe completo sobre la "Previsión de la Ofensiva de Invierno de Rusia" o "Las perspectivas de la insurgencia en el
Sahel para el próximo año".
¿Cómo ayuda esto a las operaciones militares de EE. UU.?
Al proporcionar este tipo de previsiones, el ISW permite a los planificadores militares y a los responsables políticos:
* Anticipar los movimientos enemigos en lugar de solo reaccionar a ellos.
* Asignar recursos (inteligencia, material, tropas) de manera más eficaz para contrarrestar el curso de acción más probable del enemigo.
* Desarrollar planes de contingencia para los cursos de acción menos probables pero más peligrosos.
* Evitar sorpresas estratégicas que puedan costar vidas y recursos.
En resumen, el ISW no le dice al ejército de EE. UU. lo que va a pasar, sino que le proporciona un análisis riguroso de lo que podría
pasar, por qué y qué tan probable es, dándoles la base intelectual para prepararse y planificar de manera más efectiva.
Memorias de Dönitz
las memorias de Karl Dönitz, tituladas "Diez años y veinte días" (Zehn Jahre und zwanzig Tage), son consideradas por la inmensa mayoría
de los historiadores como un trabajo con importantes elementos revisionistas y de autojustificación.
El objetivo principal de sus memorias era rehabilitar su propia imagen y, sobre todo, la de la Kriegsmarine, presentándola como una fuerza
de combate profesional y apolítica que luchó una guerra honorable y que no tuvo nada que ver con los crímenes del régimen nazi. Esta idea
forma parte del mito más amplio de la "Wehrmacht limpia" (la Wehrmacht inocente).
Los principales puntos revisionistas en sus memorias son:
1. El "Soldado Apolítico": Dönitz se presenta a sí mismo como un oficial naval profesional, un patriota que simplemente cumplía con su deber,
ajeno a la política y a las atrocidades del nazismo. Sin embargo, la evidencia histórica demuestra que era un nazi convencido y un
ferviente admirador de Hitler. En discursos públicos llegó a elogiar a Hitler y a hacer comentarios antisemitas, algo que omite o minimiza
en sus memorias.
2. La Guerra Submarina sin Restricciones: Dönitz argumenta que la guerra submarina sin restricciones fue una necesidad militar impuesta a
Alemania por el bloqueo naval británico. Sostiene que fue una respuesta justificada y que los Aliados actuaron de manera similar. Si bien
la guerra en el mar fue brutal por ambas partes, en los Juicios de Núremberg se determinó que su implementación por parte de la
Kriegsmarine era parte de una guerra de agresión ilegal.
3. La Orden Laconia (Laconia-Befehl): Tras el hundimiento del barco británico Laconia en 1942, los submarinos alemanes que intentaban
rescatar a los supervivientes (incluidos prisioneros de guerra italianos) fueron atacados por un bombardero estadounidense. Como
resultado, Dönitz emitió la "Orden Laconia", que prohibía a los submarinos rescatar a los supervivientes de los barcos hundidos. En sus
memorias, justifica esta orden como una medida necesaria para proteger a sus propias tripulaciones. Sin embargo, en Núremberg, esta orden
fue una de las bases de su condena, ya que se consideró una violación de las leyes de la guerra.
4. Conocimiento del Holocausto: Dönitz niega categóricamente en sus memorias haber tenido conocimiento alguno sobre el Holocausto. Dada su
altísima posición en el Tercer Reich (sucesor designado de Hitler) y su conocido fanatismo nazi, los historiadores consideran esta
afirmación extremadamente improbable y una falsedad deliberada para exculparse.
En resumen, aunque sus memorias son una fuente valiosa para entender su perspectiva, su estrategia de defensa y la mentalidad de un alto
oficial alemán de la posguerra, no son un relato histórico objetivo. Son un intento calculado de distanciar a la marina alemana de los
crímenes nazis y de presentarse a sí mismo como un soldado honorable en lugar del convencido nacionalsocialista que fue.
Se estima que las acciones de la Kriegsmarine durante la Segunda Guerra Mundial causaron un número muy elevado de muertes, tanto de civiles como de marinos.
Muertes de civiles:
* Hundimiento de barcos de refugiados: La Kriegsmarine fue responsable indirecta de la muerte de miles de civiles en el Mar Báltico durante
la "Operación Aníbal", la evacuación de refugiados alemanes de Prusia Oriental. Los submarinos soviéticos hundieron varios barcos de
transporte, causando una pérdida masiva de vidas:
* MV Wilhelm Gustloff: Más de 9.000 muertos, la mayoría civiles.
* MV Goya: Entre 6.000 y 7.000 muertos.
* SS General von Steuben: Aproximadamente 4.500 muertos.
* Ataques a la navegación civil:
* SS Athenia: 117 pasajeros y tripulantes muertos.
* SS Cap Arcona: Unos 5.000 prisioneros de campos de concentración muertos en un ataque aéreo británico por error.
* Guerra submarina sin restricciones: La campaña de los submarinos alemanes contra la navegación mercante aliada causó la muerte de más de 30.000 marinos mercantes.
Muertes de marinos de la Kriegsmarine:
* Se estima que más de 65.000 miembros de la Kriegsmarine murieron, con más de 105.000 desaparecidos y más de 21.000 heridos.
* La flota de submarinos (U-Boote) tuvo una tasa de bajas excepcionalmente alta, con alrededor de 28.000 a 30.000 muertes de los 40.000 a 41.000 hombres que sirvieron en ellos (una tasa de bajas de alrededor del 75%).
* La flota de superficie también sufrió grandes pérdidas, incluyendo acorazados, cruceros y destructores. El hundimiento del acorazado Bismarck en 1941 causó la muerte de 2.000 hombres.
Declaración jurada de Nimitz:
Los abogados de Dönitz en Núremberg prepararon una lista de preguntas muy específicas. No le pidieron a Nimitz su opinión general, sino que le hicieron preguntas directas como: "¿Llevó a cabo la Marina de los EE. UU. una guerra submarina sin restricciones en el Pacífico?" o "¿Tenían órdenes los submarinos de EE. UU. de no rescatar supervivientes si eso los ponía en peligro?".
El Almirante Nimitz recibió esta lista de preguntas. Su testimonio consistió en responder a esas preguntas específicas, una por una. No escribió una carta con sus pensamientos, sino que se limitó a contestar lo que le preguntaban.
Nimitz no viajó a Alemania para hablar en el tribunal. Escribió sus respuestas en un documento de papel. Esto crea un registro físico y permanente de su testimonio.
Una "declaración jurada" (en inglés, affidavit) no es solo una respuesta por escrito. Es un testimonio escrito que tiene validez legal porque la persona jura oficialmente que lo que ha escrito es la verdad.
Para que fuera "jurada", Nimitz tuvo que firmar sus respuestas escritas en presencia de una autoridad legal (como un notario público). Al hacerlo, estaba bajo juramento, igual que si estuviera en un tribunal. Si hubiera mentido, podría haber sido acusado de perjurio, un delito grave.
En lugar de hacer que el Almirante Nimitz viajara desde Estados Unidos hasta Núremberg para testificar en persona, el proceso fue el siguiente:
Llevó sus respuestas ante un oficial legal, levantó la mano y juró que todo lo que había escrito era la verdad.
Ese documento oficial y jurado fue enviado de vuelta a Núremberg y se leyó en el juicio como si fuera el testimonio oficial de Nimitz.
No hay registros significativos de que el Almirante Nimitz hiciera comentarios públicos posteriores, ni para retractarse ni para explicarse, sobre el contenido de su declaración jurada. No escribió sobre ello en sus memorias ni dio entrevistas al respecto.
La razón de este silencio es, en sí misma, la respuesta más elocuente y nos dice todo lo que necesitamos saber sobre por qué lo hizo en primer lugar. Su silencio se puede interpretar a través de varios puntos clave que reflejan la mentalidad de un oficial de su talla:
1. El Deber de un Oficial: La Honestidad Profesional
Para Nimitz, su declaración no fue un acto político ni un gesto de simpatía hacia Dönitz. Fue una respuesta a una pregunta directa sobre tácticas militares, y su deber como oficial era responder con la verdad absoluta. Desde su perspectiva, la Marina de los EE.UU. había empleado la guerra submarina sin restricciones. Mentir u ocultar ese hecho en un tribunal, incluso para perjudicar a un enemigo, habría sido una violación de su honor profesional. Una vez que dijo la verdad bajo juramento, no había nada más que añadir. El hecho hablaba por sí solo.
2. La Realidad de la Guerra Total
Nimitz, como otros líderes militares de la época, entendía la brutalidad de la guerra total. La guerra submarina sin restricciones, aunque terrible, se consideraba una necesidad militar para estrangular la capacidad de Japón de continuar la guerra. No estaba defendiendo la moralidad de la táctica en un sentido abstracto; estaba confirmando su uso como una realidad militar. Para él, no era un tema de debate filosófico, sino un hecho operativo.
3. Distinción entre Tácticas de Guerra y Crímenes contra la Humanidad
Implícitamente, la declaración de Nimitz ayudó al tribunal a hacer una distinción crucial:
* Por un lado, estaban las tácticas de guerra (como la guerra submarina) que, aunque brutales, fueron empleadas por ambos bandos.
* Por otro lado, estaban los crímenes contra la humanidad (como el Holocausto) que eran exclusivos del régimen nazi.
Al confirmar que los Aliados también usaron la guerra submarina sin restricciones, ayudó a que el juicio se centrara en los crímenes que eran verdaderamente únicos y atroces del nazismo, en lugar de criminalizar prácticas militares que, para bien o para mal, se habían convertido en estándar durante el conflicto.
Exoneración de Thorbeck (1956)
✦ La exoneración del jurista nazi Otto Thorbeck en 1956 (la decisión final fue del Tribunal Federal de Justicia de Alemania Occidental, el Bundesgerichtshof o BGH) es uno de los episodios más controvertidos y vergonzosos de la historia judicial de la Alemania de la posguerra.
Thorbeck no fue un jurista cualquiera; fue el fiscal y juez en el Tribunal de Guerra del Reich (Reichskriegsgericht) que dictó sentencias de muerte contra miembros de la resistencia, incluyendo figuras tan importantes como el almirante Wilhelm Canaris y el teólogo Dietrich Bonhoeffer, en los últimos días de la guerra.
Los argumentos empleados por el Tribunal Federal para su exoneración (y la de sus colegas) fueron una combinación de formalismo legal extremo y una falta de voluntad para confrontar la naturaleza criminal del sistema judicial nazi. Estos fueron los puntos clave:
1. Argumento de la "Legalidad Vigente" (El juez solo aplicaba la ley):
El argumento central del BGH fue que Thorbeck, como juez, simplemente estaba aplicando las leyes que estaban en vigor en la Alemania nazi. Según esta lógica, no se le podía acusar de asesinato o de perversión de la justicia (Rechtsbeugung), porque sus sentencias se basaban en un marco legal existente. Para condenarlo, la fiscalía tendría que haber demostrado que él había "torcido" la ley nazi por motivos personales o maliciosos, y el tribunal consideró que no lo había hecho; simplemente la había aplicado.
2. Argumento de la "Alta Traición" (Legitimación de la ley nazi):
Este es el punto más escandaloso. El Tribunal Federal de Justicia argumentó que, desde el punto de vista de las leyes nazis, los actos de la resistencia (como los de Canaris y Bonhoeffer) constituían objetivamente un delito de alta traición. Por lo tanto, una sentencia de muerte por alta traición era una consecuencia legalmente "correcta" o, al menos, defendible dentro de ese sistema. En esencia, el más alto tribunal de la Alemania democrática estaba validando la perspectiva legal del Tercer Reich, que consideraba a los héroes de la resistencia
como traidores.
3. Argumento de la Falta de "Motivos Viles" (*Niedrige Beweggründe*):
Según el código penal alemán, para que un homicidio sea calificado como "asesinato" (Mord), a menudo se requiere la presencia de "motivos viles" (como el sadismo, la codicia o el odio racial). El tribunal argumentó que Thorbeck no actuó por sadismo personal, sino por un sentido del deber (aunque fuera hacia un estado criminal) y por la convicción de que estaba manteniendo "la ley y el orden". Al no poder probarse "motivos viles", no se le podía condenar por asesinato, incluso si sus acciones hubieran resultado en la muerte de personas.
Consecuencias de la Decisión:
Esta sentencia fue un escándalo judicial (Justizskandal). Creó un precedente devastador que funcionó como un escudo protector para miles
de jueces, fiscales y juristas nazis que habían sido responsables de dictar miles de sentencias de muerte y que se habían integrado sin
problemas en el sistema judicial de Alemania Occidental. Si un juez que condenó a muerte a Bonhoeffer podía ser exonerado, era casi
imposible condenar a cualquier otro.
No fue hasta la década de 1990 que el mismo Tribunal Federal de Justicia (Bundesgerichtshof) finalmente revocó esta jurisprudencia, reconociendo que el sistema legal nazi era en sí mismo un instrumento de injusticia y que los jueces que lo aplicaron para eliminar opositores políticos no podían esconderse detrás de la excusa de que "solo aplicaban la ley". Pero para entonces, la mayoría de los responsables, como Thorbeck, ya habían muerto o eran demasiado ancianos para ser juzgados.
Anulación de la exoneración
El Tribunal Federal de Justicia (BGH) anuló su propia y vergonzosa sentencia de 1956 en una serie de decisiones tomadas entre 1995 y 1998.
El catalizador para este cambio fue, irónicamente, la necesidad de encontrar una base legal para juzgar los crímenes cometidos por el
régimen de Alemania Oriental (RDA), especialmente los casos de los guardias fronterizos que disparaban a quienes intentaban cruzar el Muro
de Berlín (los Mauerschützenprozesse).
Para poder condenar a los guardias que argumentaban que "solo seguían órdenes y aplicaban la ley de la RDA", el BGH tuvo que desmantelar
la misma lógica que había usado para exonerar a los juristas nazis.
Estos fueron los argumentos clave que empleó el Tribunal Federal de Justicia para anular la exoneración de 1956:
1. Rechazo del Positivismo Jurídico Extremo (La "Fórmula Radbruch"):
El tribunal abandonó la idea de que "la ley es la ley" sin importar su contenido. En su lugar, adoptó explícitamente la "Fórmula
Radbruch", desarrollada por el filósofo del derecho Gustav Radbruch después de la guerra. Esta fórmula establece que:
* Un juez debe aplicar la ley, incluso si es injusta.
* PERO, si una ley alcanza un nivel de injusticia "intolerable" o si contradice de manera flagrante los principios fundamentales de
igualdad y derechos humanos, entonces esa ley no es derecho válido (unrichtiges Recht) y no debe ser obedecida ni aplicada.
El BGH concluyó que las leyes nazis sobre traición y los procedimientos de tribunales como el Reichskriegsgericht habían cruzado ese
umbral de injusticia intolerable.
2. La Justicia Nazi como "Perversión del Derecho":
El tribunal de los años 90 rompió radicalmente con la visión de 1956. Argumentó que el sistema judicial nazi, y en particular los
tribunales políticos como el de Thorbeck, no eran verdaderos sistemas de justicia. Eran, en realidad, instrumentos del poder del Führer
disfrazados de proceso legal, cuyo único propósito era eliminar a los opositores políticos. Por lo tanto, un juez que participaba en ese
sistema no estaba "administrando justicia", sino que estaba cometiendo una "perversión del derecho" (*Rechtsbeugung*) y actuando como un
cómplice en un asesinato judicial.
3. La Resistencia no puede ser "Alta Traición":
El nuevo tribunal calificó el argumento de 1956 (que la resistencia era "alta traición" según la ley nazi) como insostenible. Sostuvo
que oponerse a un régimen criminal que planeaba y ejecutaba guerras de agresión y genocidio no puede ser considerado traición en ningún
sentido legal o moral legítimo. Al contrario, era un acto de patriotismo. Validar la acusación de "traición" era adoptar la lógica
perversa del propio régimen nazi.
4. La Responsabilidad Personal del Juez:
Finalmente, el BGH afirmó que un juez no puede esconderse detrás de la ley para abdicar de su responsabilidad ética y humana. Un
jurista tiene el deber de reconocer cuándo una orden o una ley viola los principios más básicos de la humanidad. Al dictar sentencias de
muerte en juicios farsa, sin garantías procesales y con el fin de eliminar a opositores, Thorbeck y otros como él actuaron con plena
conciencia de la injusticia que estaban cometiendo, convirtiéndose en asesinos.
En resumen, el Tribunal Federal de Justicia de la Alemania reunificada finalmente declaró que el sistema legal nazi era, en sí mismo, un
crimen. Por lo tanto, los jueces que lo aplicaron voluntariamente para asesinar a opositores no podían ser vistos como meros funcionarios
que cumplían con su deber, sino como perpetradores directos.
Fue una victoria monumental para la justicia alemana, pero una que llegó demasiado tarde para las víctimas y para la mayoría de los
responsables, que, como Otto Thorbeck, ya habían fallecido.
Tribunal de Guerra
Los miembros del Tribunal de Guerra del Reich (Reichskriegsgericht) eran militares con un cargo judicial, no juristas civiles asignados a un
tribunal militar.
Tenían una doble condición:
1. Eran Oficiales de la Wehrmacht: Todos los jueces y fiscales del Reichskriegsgericht pertenecían a la rama judicial de las fuerzas armadas.
Ostentaban rangos militares que se correspondían con los de la jerarquía de combate. Por ejemplo, un juez podía tener el rango de Mayor,
Coronel (Oberst) o incluso General. Sus títulos oficiales a menudo combinaban su función legal con su estatus militar, como
Kriegsgerichtsrat (Consejero del Tribunal de Guerra) o Oberstkriegsgerichtsrat (Consejero Superior del Tribunal de Guerra).
2. Ejercían una Función Judicial: Dentro de esa estructura militar, su especialidad y su deber eran ejercer como juristas (jueces, fiscales,
etc.). Eran abogados de formación que habían hecho carrera dentro del cuerpo de justicia militar.
¿Por qué es tan importante esta distinción?
* Cadena de Mando: Al ser oficiales, no eran un poder judicial independiente. Estaban integrados en la cadena de mando militar y, en última
instancia, subordinados al Alto Mando de la Wehrmacht (OKW) y a Adolf Hitler como Comandante Supremo. Esto aseguraba que sus decisiones
estuvieran alineadas con los objetivos políticos y militares del régimen.
* Disciplina y Control: Su estatus militar reforzaba la idea de que estaban imponiendo la disciplina militar. No juzgaban desde una
perspectiva de justicia civil, sino desde la óptica de la obediencia, el deber y la seguridad del estado de guerra nazi.
* Fusión de Poderes: Este sistema es un ejemplo perfecto de la fusión de poderes en el estado nazi. No había una separación clara entre el
poder ejecutivo (militar) y el judicial. El juez era, en esencia, un brazo ejecutor del poder militar con la autoridad para dictar
sentencias de muerte.
Por ejemplo, el propio Otto Thorbeck era un Oberstkriegsgerichtsrat, un cargo de alto nivel dentro de la judicatura militar, equivalente
en rango a un oficial superior como un coronel.
En resumen: los miembros del Tribunal de Guerra del Reich eran oficiales militares en servicio activo cuya especialización era la ley, y
utilizaban su autoridad militar y judicial para hacer cumplir la voluntad del régimen nazi dentro de las fuerzas armadas y contra aquellos
a quienes consideraban "traidores".
Aunque su función principal era la justicia militar, el Tribunal de Guerra del Reich (Reichskriegsgericht o RKG) tenía
una jurisdicción que se extendió significativamente para incluir a civiles en varias circunstancias clave, especialmente a medida que
avanzaba la guerra.
No era un sistema donde se asignaban civiles al azar. La jurisdicción del RKG sobre civiles se basaba en la naturaleza del delito y la
conexión de este con la Wehrmacht o la seguridad del Reich en tiempos de guerra.
Aquí están las principales categorías de civiles que podían ser juzgados por el Tribunal de Guerra del Reich:
1. Civiles que trabajaban para la Wehrmacht:
Esta era la categoría más directa. Cualquier civil empleado por las fuerzas armadas (administrativos, trabajadores de fábricas de
armamento gestionadas por el ejército, personal de apoyo, etc.) podía ser juzgado por el RKG por delitos cometidos en el ejercicio de sus
funciones.
2. Civiles que cometían delitos "contra" la Wehrmacht:
La jurisdicción del RKG se amplió masivamente con la Ordenanza sobre el Derecho Penal Especial de Guerra (*Kriegssonderstrafrechtsverordnung*
- KSStVO) de 1938/1939. Según esta ordenanza, el RKG podía juzgar a cualquier persona, civil o militar, por delitos que afectaran al
esfuerzo bélico o a la seguridad de las tropas. Esto incluía:
* Espionaje: Pasar información al enemigo.
* Sabotaje: Dañar infraestructuras o material militar.
* Ayudar a prisioneros de guerra a escapar.
* *Wehrkraftzersetzung* (Socavamiento de la moral militar): Este era un delito muy amplio y ambiguo que podía incluir desde hacer
comentarios derrotistas en público hasta la propaganda contra la guerra. Cualquier civil acusado de desmoralizar a las tropas o al pueblo
podía ser llevado ante el RKG.
3. Civiles en Territorios Ocupados:
En las zonas de guerra y los territorios ocupados que estaban bajo administración militar, el RKG (o tribunales militares subordinados) a
menudo actuaba como la máxima autoridad judicial. Podían juzgar a civiles de las poblaciones locales por cualquier acto de resistencia,
ataques a soldados alemanes o cualquier otra actividad considerada una amenaza para las fuerzas de ocupación.
4. Casos de Alta Traición con Conexión Militar:
Aquí es donde la línea con el otro tribunal político nazi, el Tribunal Popular (*Volksgerichtshof*), se vuelve borrosa.
* El Tribunal Popular era, en teoría, el principal tribunal para casos de alta traición cometidos por civiles dentro de Alemania.
* El Tribunal de Guerra del Reich se encargaba de la traición dentro de las fuerzas armadas.
Sin embargo, cuando un complot de resistencia involucraba tanto a militares como a civiles, el RKG a menudo asumía la jurisdicción sobre
todo el grupo debido a la conexión militar.
El ejemplo más famoso es el de los conspiradores del 20 de julio de 1944. Aunque muchos de los implicados en el atentado contra Hitler
fueron juzgados (y humillados) en el Tribunal Popular, el grupo de resistencia asociado al Almirante Wilhelm Canaris, al General Hans
Oster y al teólogo Dietrich Bonhoeffer fue juzgado por un tribunal del RKG. La razón era que su conspiración se gestó dentro de la Abwehr
(la inteligencia militar), dándole al caso un carácter predominantemente militar, a pesar de que Bonhoeffer era un civil.
En resumen, el Reichskriegsgericht no era solo un tribunal para soldados. Fue un instrumento clave del terror nazi que extendió su poder
sobre la población civil para aplastar cualquier forma de disidencia o resistencia que pudiera ser remotamente conectada con la seguridad
o el esfuerzo de guerra del Reich.
Corsarios con apariencia de mercantes
La cuestión de los buques armados con apariencia de mercantes, conocidos técnicamente como cruceros auxiliares o corsarios
(Hilfskreuzer en alemán), surgió y fue un punto de discusión importante durante los Juicios de Núremberg, específicamente en el proceso
contra los Grandes Almirantes Erich Raeder y Karl Dönitz.
Sin embargo, al igual que ocurrió con la guerra submarina sin restricciones, el tema no resultó en una condena para los líderes navales
alemanes. La razón es muy similar: los Aliados habían empleado tácticas equivalentes o incluso más extremas.
Aquí está el desglose de cómo se trató el tema:
La Acusación y la Defensa
* La Postura de la Acusación: La fiscalía intentó presentar el uso de los cruceros auxiliares alemanes como un acto de perfidia y una
violación de las leyes de la guerra. Argumentaban que al disfrazar buques de guerra como barcos mercantes neutrales o aliados, la
Kriegsmarine borraba la línea entre combatientes y no combatientes, poniendo en peligro a la navegación civil y empleando el engaño de
una manera ilegal.
* La Postura de la Defensa Alemana: La defensa de Raeder y Dönitz contraatacó con varios argumentos muy sólidos:
1. Práctica Histórica Legítima: El corso y el uso de cruceros auxiliares era una táctica de guerra naval de larga data, empleada por
muchas naciones en conflictos anteriores. No era una invención nazi.
2. Cumplimiento de las Leyes de la Guerra (Reglas de Presa): La defensa argumentó (y en gran medida demostró) que los cruceros
auxiliares alemanes operaban dentro de las reglas de la guerra naval, conocidas como "Reglas de Presa" (Prisenordnung). La regla más
importante era que, aunque podían navegar bajo una bandera falsa para acercarse a su objetivo, estaban obligados a izar su propia
bandera de guerra naval (*Reichskriegsflagge*) antes de abrir fuego. Este acto eliminaba el elemento de perfidia en el momento del
combate.
3. Trato a los Supervivientes: En general, los comandantes de los cruceros auxiliares alemanes (como el famoso Bernhard Rogge del
Atlantis) eran conocidos por rescatar a los supervivientes de los barcos que hundían, siempre que fuera tácticamente posible. Esto
contrastaba fuertemente con algunas de las órdenes más duras emitidas en la guerra submarina.
El Argumento Decisivo: Los "Q-Ships" Aliados
Aquí es donde el caso de la fiscalía se desmoronó por completo. La defensa introdujo la existencia de los "Q-ships" británicos.
* ¿Qué eran los Q-ships? Eran barcos mercantes aparentemente inofensivos que en realidad eran buques de la Royal Navy, fuertemente armados
con cañones ocultos. Su única misión era actuar como señuelo. Navegaban en zonas infestadas de submarinos alemanes para provocar que un
U-Boot emergiera y los atacara en la superficie (para ahorrar torpedos). En el momento en que el submarino estaba vulnerable en la
superficie, el Q-ship bajaba sus paneles falsos, revelaba sus cañones y destruía al submarino a quemarropa.
* El Impacto en el Tribunal: La existencia de los Q-ships demostró que los Aliados no solo usaban el engaño, sino que lo hacían de una
manera aún más extrema. Mientras que los corsarios alemanes se disfrazaban para atacar a otros, los Q-ships se disfrazaban para ser
atacados y tender una trampa mortal.
Debido a la larga historia del corso y, sobre todo, a la evidencia del uso de Q-ships por parte de los británicos, el Tribunal de Núremberg no condenó a Raeder ni a Dönitz por el uso de cruceros auxiliares. El tribunal concluyó que el uso de buques de guerra disfrazados era una estratagema de guerra aceptada (ruse de guerre) siempre que se cumpliera la regla de izar la bandera de combate antes de atacar. Como ambos bandos habían empleado tácticas de engaño similares, no se podía considerar un crimen de guerra exclusivo de los alemanes.
La cuestión sí se trató, pero terminó siendo otro ejemplo en el que las prácticas de los propios Aliados impidieron que se pudiera condenar a los comandantes alemanes por esas tácticas específicas.
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[El malestar en la guerra:]
La intervención de una coalición militar en Libia para frenar el avance de las tropas de Gadafi hacia el este del país ha provocado un lógico debate entre partidarios y detractores de tal intervención. Los argumentos de unos y otros ya han sido señalados con creces, y yo personalmente y con reservas me he decantado por la intervención, como mal menor. Pero eso no me evita reconocer los riesgos de una guerra y el malestar que genera en la conciencia de la mayoría de los ciudadanos, una inquietud que no sólo viene derivada de ignorar cómo se decantarán los acontecimientos, sino también por las lógicas perversas por las que se mueve cualquier guerra.
La guerra es un fenómeno social, un instrumento humano inventado inicialmente para conquistar y después para repeler ataques. Funciona como un sistema, con una estructura propia, con unos códigos y con unas instituciones encargadas de llevarla a cabo. No se improvisa, sino que se prepara con antelación, se enseña en las academias, se entrena a quienes han de intervenir en ella, y tiene como misión anular al enemigo, normalmente por su destrucción.
Es posible un mundo organizado con otras prioridades, donde por ejemplo no haya dictadores a los que se les venden armas impunemente o se les compra su petróleo. Luego lo lamentamos, pero tarde y mal. El futuro es el de un mundo sin ejércitos nacionales, y en todo caso con unas fuerzas disuasivas en manos de Naciones Unidas. Sin embargo, no hay movimientos en esta dirección, pues el “sistema-guerra” está todavía muy anclado en las doctrinas de la seguridad. Falta un cambio de mentalidad, que puede venir por la constatación de que vivimos en un mundo con cada vez menos guerras (Libia es la excepción). Es un dato empírico, como lo es que la mayor parte de los conflictos armados acaban en una mesa de negociación.
La guerra siria ha entrado en una fase de no retorno. Cinco años después de la convocatoria de las primeras manifestaciones contra Bachar el Asad, la situación está fuera de todo control, como demuestra la magnitud de la tragedia: cinco millones de refugiados, siete millones de desplazados y una horquilla de muertes que oscila entre los 300.000 y 470.000, según las diferentes estimaciones. Lo más preocupante es que no existen razones para pensar que la tempestad vaya a amainar en el corto plazo. A pesar de que el frágil alto el fuego alcanzado podría invitarnos a pensar lo contrario, los planteamientos de los contendientes siguen siendo del todo irreconciliables.
Los países occidentales han reaccionado tarde y mal a esta crisis. Solo cuando vieron las orejas al lobo, con los atentados yihadistas de París y la llegada de cientos de miles de refugiados a su territorio, salieron de su ensimismamiento y activaron la vía diplomática. Un día después de la masacre en la capital francesa, el Grupo Internacional de Acción para Siria subrayaba “la urgente necesidad de poner fin a los sufrimientos del pueblo sirio, a la destrucción del país, a la desestabilización de la región y al aumento del número de terroristas participantes en acciones bélicas”.
La resolución 2.254 del Consejo de Seguridad, aprobada el 23 de diciembre, planteó una hoja de ruta para tratar de cerrar el círculo vicioso en el que nos encontramos: un proceso de transición y un alto el fuego que deberían simultanearse en el tiempo. No obstante, esta propuesta parece poco realista, ya que se basa en el establecimiento de un Gobierno de unidad nacional con poderes ejecutivos en un plazo de seis meses y la celebración de unas elecciones libres bajo supervisión de las Naciones Unidas en un año y medio, objetivos poco viables. Según la citada resolución, todas las partes de la negociación, de la que se excluye expresamente a los grupos yihadistas, deberían comprometerse a preservar la unidad territorial siria y la laicidad del sistema.
Se trata de una fórmula similar a la planteada en Ginebra en 2012, pero la situación sobre el terreno ha cambiado de manera drástica. El régimen está en una posición de fuerza tras la intervención rusa que le ha permitido recuperar parte del terreno perdido. Cuando se planteó dicha iniciativa el Frente Al Nusra, sucursal siria de Al Qaeda, era irrelevante y ni tan siquiera existía el autodenominado Estado Islámico, que ahora domina la cuenca del Éufrates. Otro tanto puede decirse de las Unidades de Protección Populares, que controlan el Kurdistán sirio, y que han sido incomprensiblemente excluidas de las negociaciones.
La resolución 2.254 apuesta por la ambigüedad constructiva en lo que se refiere al futuro de El Asad. Mientras que buena parte de la comunidad internacional le considera el principal responsable de los crímenes de guerra y de lesa humanidad perpetrados por su Ejército, Rusia e Irán, sus principales aliados, siguen apostando por su mantenimiento en el cargo, que consideran vital para preservar sus intereses regionales. En los últimos meses, los países occidentales han ido modulando su discurso y ahora admiten que conserve la presidencia durante la fase de transición. Incluso hay quienes empiezan a considerarle como un mal menor ante el avance del Estado Islámico, lo que es un verdadero despropósito si tenemos en cuenta que el régimen es el responsable de la mayoría de las víctimas civiles, buena parte de ellas provocadas por los barriles explosivos lanzados sobre áreas densamente pobladas. Diversas organizaciones de derechos humanos no han dejado de denunciar durante estos cinco años las ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzadas y el uso generalizado de la tortura en las cárceles sirias.
Frente a este escollo insalvable, en otros ámbitos sí que se aprecian avances. Probablemente el más esperanzador sea el frágil alto el fuego iniciado el pasado 27 de febrero. A pesar de los habituales incumplimientos, lo cierto es que los enfrentamientos y bombardeos se han reducido de manera drástica, lo que podría traducirse en una reducción del número de víctimas y en el avance de las negociaciones de Ginebra que, dicho sea de paso, hasta el momento no han sido más que un diálogo de sordos.
Otro aspecto positivo es el acceso de las organizaciones humanitarias a diversas localidades asediadas (sobre todo por parte del régimen y los grupos yihadistas) en las que malviven unas 400.000 personas. Los cooperantes ya han entrado en poblaciones como Madaya, a tan solo 45 kilómetros de Damasco, donde se han encontrado con escenas dantescas y medio centenar de muertos por desnutrición. No obstante todavía queda mucho camino por andar, puesto que en 2015 las Naciones Unidas solo pudieron ofrecer ayuda sanitaria al 3,5% de la población asediada y proveer alimentos al 0,7%. Todo ello a pesar de que el artículo 8 del estatuto de Roma considera un crimen de guerra “el hacer padecer intencionalmente hambre a la población civil como método de guerra, privándola de los objetos indispensables para su supervivencia, incluido el hecho de obstaculizar intencionalmente los suministros de socorro de conformidad con los Convenios de Ginebra”.
Más allá de estos limitados progresos, el principal motivo de preocupación es que las diferencias entre los contendientes continúan siendo abismales y ninguna parte parece dispuesta a presentar concesiones de calado. El Asad sigue tachando de terroristas a todos quienes se oponen a su permanencia en el poder y combatiéndolos a sangre y fuego. La heterogénea oposición, agrupada en el Alto Comité de Negociación apadrinado por Arabia Saudí, depende económicamente de las petromonarquías del golfo Pérsico, mucho más preocupadas por el creciente poderío de Irán en Oriente Próximo que por el futuro de la población siria.
Los países occidentales, por su parte, siguen guiándose por el cortoplacismo y no parecen haber extraído ninguna lección de su nefasta gestión de la crisis siria. Si el año pasado la prioridad parecía ser la lucha contra el Estado Islámico, hoy en día preocupa especialmente la llegada de cientos de miles refugiados al territorio europeo. El futuro de El Asad sigue siendo considerado un asunto menor cuando en realidad representa el nudo gordiano del problema. Si en el combate contra los yihadistas se han registrado avances evidentes, el éxodo sirio por el contrario se ha agravado como consecuencia de la intensificación de los bombardeos sobre la población civil. La condición indispensable para frenarlo pasa por el éxito de las negociaciones de Ginebra y la expulsión de las huestes yihadistas, algo que hoy por hoy no deja de ser política ficción.
(Ignacio Álvarez-Ossorio , 18/03/2016)
La base naval de Rota, cedida por el general Francisco Franco al gobierno de Estados Unidos en 1953, fue visitada ayer por Barack Obama, el primer presidente negro de la gran nación norteamericana. Acompañaba a Obama el embajador de Estados Unidos en España, James Costos, que convive con el señor Michael Smith. Las costumbres han cambiado mucho desde que Franco recibió en Madrid al presidente Eisenhower (1959), pero la Geografía, eterna como las rocas y los mares, permanece.
La Geografía salvó a la dictadura de Franco. España era un país demasiado grande y bien situado en el extremo occidental de Europa, entre el Mediterráneo y el Atlántico, para quedar en puntos suspensivos en plena guerra fría entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El régimen de Franco había apoyado a los nazis, y ese era un buen motivo para que los aliados se planteasen su liquidación al concluir la Segunda Guerra Mundial. No había un repuesto claro, sin embargo. Un aspirante al trono, refugiado en Portugal. Una diáspora republicana en el exilio sin liderazgos claros. Un Partido Socialista desmoralizado y fracturado. Y un Partido Comunista que estaba creando bases guerrilleras en el interior del país. Los británicos –dueños de Gibraltar– y los estadounidenses prefirieron dejar las cosas como estaban. España era un excelente portaaviones a medio camino entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Pista para los grandes bombarderos. Buena costa para reforzar el control del Mediterráneo. La Geografía decidió el destino político de España a finales de los años cuarenta.
La guerra fría terminó en 1991 con la disolución de la Unión Soviética, pero la Geografía continúa aportando valor estratégico a España en el nuevo desorden del mundo. Rusia sigue armada, y el norte de África se ha convertido en un polvorín demográfico, con trasfondo religioso. El 66% de la población norteafricana tiene menos de cuarenta años. Los hombres jóvenes superan el 20%. No hay trabajo para todos, y las posibilidades de satisfacer las expectativas que alimenta el consumismo occidental no están al alcance de la mayoría. La rebelión civil en Egipto en el 2011 hizo caer a Hosni Mubarak y provocó un terremoto en toda la región. Libia saltó por los aires y hoy es un país sin Estado. En Túnez sobrevive una frágil democracia. Argelia, hermética, aguarda el final del presidente Buteflika. Marruecos se mantiene estable. Más abajo está el Sahel, corredor y refugio del integrismo islámico. Y más abajo, la bomba demográfica africana. Las bases norteamericanas en España siguen atentas a Rusia, pero también vigilan África.
En el 2011, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero concedió a Estados Unidos la ampliación de la base naval de Rota. Zapatero inauguró su mandato retirando las tropas españolas de Iraq y lo concluyó autorizando el despliegue del “escudo antimisiles” en Rota: cuatro destructores equipados con el sistema de combate Aegis, capaz de dedicarse al mismo tiempo a la guerra antiaérea, a la guerra antisuperficie, a la guerra antisubmarina y a la interceptación de misiles, conectado a una red mundial de radares.
En el 2015, el Gobierno de Mariano Rajoy concedió a Washington la ampliación de la base aérea de Morón de la Frontera (Sevilla) como principal centro de operaciones de las fuerzas especiales de Estados Unidos (marines) para el norte de África.
Las bases de Rota y Morón sustentan hoy la principal proyección de fuerza de Estados Unidos en el Mediterráneo. Y las ruinas de Libia se están convirtiendo en el nuevo reducto del Estado Islámico, en medio de una confusa lucha entre facciones locales. En Libia pasarán cosas en los próximos meses.
(Enric Juliana, 11/07/2016)
Se desgarraron vestiduras moros y cristianos (los neo-fascistas no) con la elección para presidente de EEUU del outsider Donald Trump y, como suele pasar, las pasiones del momento reducen los espacios para el análisis en hielo. Habíamos señalado desde este medio (Trump no es Barba Azul ni Hillary Juan de Arco) que Trump se dirigía, certero, a los blancos -que eran el 69% del censo de votantes- y que temas como la inmigración buscaban arrastrar votos frente a Hillary, a la que varias encuestas daban por derrotada.
Seguimos insistiendo en que Trump no es Barba Azul ni la perdedora Clinton era Juana de Arco. Pasando por alto sus chirridos, puede que, en los hechos, Trump resulte mejor opción que Hillary y, dando tiempo al tiempo, aplicar lo dicho por Mateo, de que “por sus frutos los conoceréis” (Mateo 20). Un análisis menos pasional de las acciones que adoptaría Trump una vez en la Casa Blanca, puestas en una perspectiva real –sin olvidar lo dicho en el citado artículo, de que, “gane quien gane, una vez ungido, se integrará en el establishment”-, deja ver que no es tan malo el lobo como lo pintan. Veamos:
La imagen es de las que perturban el sueño. Y abundan similares. Quizás por eso las ha aprovechado Donald Trump para lanzar más de medio centenar de misiles contra una base militar del gobierno sirio, a quien culpa de haber desatado un ataque con gases químicos contra la población. Ni se ha molestado en esperar autorización de la ONU. Apenas dos meses y medio después de su llegada a la presidencia de los Estados Unidos, Trump emprende la tarea prevista de “hacer grande América otra vez”, unilateralmente, por las bravas, autoproclamándose gendarme del mundo.
Putin, desde Rusia, denuncia “agresión contra un miembro de la ONU”. Bashar Al Assad al mando, no es precisamente un gobernante modélico. Rige en Siria, en presidencia hereditaria, habiendo llevado a una cruenta guerra y miles de desplazados las protestas de aquella primavera árabe de 2011 que, literalmente, machacó. Luego llegó la degeneración. La comunidad internacional, en conjunto y por partes, le apoya y le ataca, según intereses. Añadamos los coros de las primeras filas, las retransmisiones. Hemos entrado ya, por supuesto, en la guerra de opiniones que disuaden la reflexión. Lo que se puede afirmar es que hoy no estamos más seguros, ni se ha parado conflicto alguno, sino todo lo contrario. Que esas atrocidades han de acabar, pero no lo harán a bombazos.
La imagen es abrumadora. El cuerpecillo inerte y desmayado de la niña. El hombre –muy probablemente su padre- que expresa dolor, rabia y desolación a partes iguales. Los sanitarios, derrota. Intensa y larga. Hemos visto ya esas miradas y esos rostros. En los campos de refugiados, de quienes huyen de Siria sin ir más lejos. Niños vivos que consuelan a sus progenitores. Niños que lloran o que ya no lloran siquiera. Bebés, sin vida, arrojados en las playas. A Aylan –cuya intolerable muerte iba a cambiarlo todo- le ha salido tanta competencia por el favor de los medios y de la audiencia que ya nada conmueve más allá de unos días o unas horas.
Ya no se trata de si la mano ejecutora ha sido la del autócrata sirio o las de los rebeldes. Ambas, probablemente. Y quien colabora en la distancia, de una forma u otra. Trump no es inocente y menos con su ataque interesado. Ni Putin por supuesto. Ni la inoperante UE que, para una vez que se moja, lo hace entendiendo el bombardeo y el papel asumido por Trump. Ni cada uno de sus países. El gobierno español, por ejemplo con sus parabienes. Luego nos hemos enterado de que los barcos que han participado en el ataque tienen su base en España, en Rota, Cádiz, como parte del escudo antimisiles de la OTAN. Otra vez, colaborando en una acción ofensiva sin el paraguas de la ONU.
Comprensión tibia con la democracia y que no atisba el peligro potencial para la ciudadanía de Trump despidiendo su alocución con un ” Dios bendiga a América y al mundo entero”, siendo el primer presidente que extiende al mundo esa invocación.
Del tinglado forman parte importante los que comercian con la vida de las personas. O con el miedo y la presunta seguridad. ¿Quién te libra de un ataque químico? ¿Los misiles de Trump? ¿No sería más efectivo, racional, prudente, seguro, humano, acabar con el mal en origen? Las armas químicas son consideradas de destrucción masiva –estas sí- y están prohibidas por el derecho internacional y todas las convenciones. Ah, calla, que es la maldad humana, apuntan quienes se lavan las manos ayudando a que todo siga igual. Por más que la seguridad total no existe, no es posible bombardear camiones para que no atenten en nuestras ciudades como acaba de suceder en Estocolmo.
Es hora de señalar que son muchos más quienes llevan muerte, hambre, injusticia, dolor, a todos los conflictos, los cruentos y los incruentos. Aquel experimento que demostró en los 90 cuántos ciudadanos apretarían el botón destructor -para lograr un beneficio personal- si las víctimas estuvieran lejos, no las vieran y no les acarreara responsabilidades es de plena vigencia. Se hace a diario. Textualmente.
Hay múltiples acciones que conducen a esta degradación en la que tenemos situado al mundo. No es independiente apoyar políticas que priman la codicia sobre la justicia, con el aumento de la desigualdad. Es como abrir un grifo cuando el depósito está lleno. No se puede tolerar la corrupción, las trampas y la mentira y pensar que no tiene consecuencias. Directas son.
Cada paso torcido en el camino de la justicia, de la política, del bien común, de la verdad, nos acerca a las insufribles debacles. Y se aceptan los rostros de desolación como efectos tolerables.
Cada sapo que se traga en aras del bienestar propio, o de la complacencia con el poder indigno, o del total esto no se notará, de la autoexculpación en definitiva, lleva a ese universo de injusticia que produce tantos desmanes.
Cada titular que se afina, cada manipulación que se asume en obediencia conveniente, contribuye a la desinformación, y ésta a rumbos equivocados. Cada intoxicador que se alienta para disuadir la verdad en aras del espectáculo, va en el mismo sentido. Hay entretenimientos menos dañinos para la colectividad.
Considerar normal que el 1% de la humanidad acumule un patrimonio equivalente al que posee el 99% restante, no es inocente. Pero ha habido una senda, un contexto, que lo ha hecho posible. La ignorancia no exime de responsabilidad, y menos la buscada.
Y están quienes se inventan palabras, como “buenismo”, para justificar la barbarie e intentar convencer de que la barbarie no tiene solución. Quienes, desde posiciones interesadas, enfangan la crítica para sembrar confusión.
Los que aplauden al sheriff de América y a todos aquellos que ya ponen y pondrán sus botas sobre las sociedades de distintos puntos del mundo, aprietan botones que propulsan daños.
Se puede hacer algo, mucho, para borrar el dolor y la impotencia de los rostros y el corazón en Siria, en el Mediterráneo, en la América grande y la pequeña. En España, en Madrid, en Jaén, en Santiago, en La Palma, dondequiera que mires los encontrarás.
Lo realmente difícil de entender es que cuele un mundo basado en el salvajismo. Y que la estafa masiva a la que llamaron crisis haya alumbrado tal cosecha de fanáticos sin escrúpulos, barra la libre para todas las vilezas. Pueden que sea porque cuentan con un ejército disciplinado de colaboradores, que se apuntan sin siquiera saberlo, y no saben ver más allá de un palmo.
(Rosa María Artal, 08/04/2017)
Las armas químicas en la Primera Guerra Mundial se utilizaron especialmente para desmoralizar al enemigo y obligarlo a abandonar sus posiciones. La primera vez que se utilizaron los agentes químicos a gran escala fue en el frente oriental, el 31 de enero de 1915, durante la Batalla de Bolimov, cuando los alemanes intentaron gasear con cloro las posiciones rusas, pero al congelarse el gas no tuvo ningún efecto. También se utilizó a gran escala en la batalla de Ypres, el 22 de abril de 1915, cuando los alemanes atacaron las tropas francesas, canadienses y argelinas con cloro. Aquí si fue efectivo, pues el enemigo abandonó sus trincheras y dejaron una abertura de más de siete kilómetros en el frente defensivo.
A partir de Ypres ambos bandos empezaron a utilizar agentes químicos. Comenzó la carrera para crear el arma más dañina.
De todos los gases que se desarrollaron, el más efectivo y conocido fue el gas mostaza "iperita" o sulfuro bis (2-cloroetil). Este gas fue desarrollado por el químico alemán Fritz Haber, e introducido el 21 de julio de 1917, poco antes de la Tercera Batalla de Ypres. Antes, la manera de gasear al enemigo era abrir las latas de cloro y esperar que el viento llevará las nubes de gases hacías las posiciones enemigas, pero ahora se empleó la artillería pesada para ello.
El gas mostaza no fue diseñada para ser un agente mortal, aunque en dosis altas sí lo era. Era un arma química de tipo vesicante, pensada para incapacitar al enemigo, y para contaminar el campo enemigo. Sus efectos eran por contacto y por inhalación. Producían graves quemaduras de la piel, llegando incluso al hueso y graves daños en las vías respiratorias, que causaban la asfixia y en algunos casos la muerte.
El ejército británico viendo la eficacia del gas, realizó más ataques que los alemanes en 1917 y 1918, debido a un fuerte aumento de la fabricación de gas del bando Aliado, sobre todo desde la entrada en la guerra de los Estados Unidos, que permitió a los Aliados una producción de gas mostaza mucho mayor que la de Alemania.
Se estima que entre 1915 y 1918 se libraron 125.000 toneladas de compuestos tóxicos en los campos de batalla, que ocasionaron 1.300.000 heridos, entre ellos más de 90.000 muertos.
Imágenes. La primera protección para los gases eran trapos o trozos de algodón empapados en agua, útiles para contrarrestar los ataques con cloro, aunque poco después se utilizó la orina, que era más eficaz que el agua. En 1916 se diseñaron las primeras mascaras antigás, que era un trozo de gamuza empapado en un agente químico. El amoniaco y otros productos contenidos en la gamuza neutralizaban el ácido. Luego llegaron las máscaras con filtros de carbón. Estas máscaras dificultaban el movimiento y la puntería de los soldados. Dejaron de ser eficaces con la aparición del gas mostaza. Al tratarse de un líquido pegajoso y persistente los soldados tenían que protegerse además, con prendas impermeables. También se diseñaron máscaras de gas para proteger a caballos y perros. En la imagen un soldado norteamericano y su perro con máscara antigás.
En un momento inesperado a mediados de marzo, el presidente Joe Biden llamó al presidente ruso, Vladimir Putin, un “criminal de guerra” en respuesta a la forma en que ha librado la guerra en Ucrania. El secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, ha hecho afirmaciones similares, diciendo a los periodistas que cree que las fuerzas rusas han cometido crímenes de guerra basándose en informes de bombardeos indiscriminados y ataques contra civiles.
Las acusaciones no se hicieron casualmente y por una buena razón. Han enmarcado la guerra de Putin no solo como un acto de agresión, sino como uno claramente perverso, y plantean la posibilidad de emprender acciones legales después de la guerra.
Por otro lado, las probabilidades de que Putin sea llevado en algún momento ante la Corte Penal Internacional son escasas. Dada esa realidad, ¿cuál es el propósito de tildarlo de criminal de guerra? ¿Y qué significa para EE. UU., un país que se niega a convertirse en miembro de la Corte Penal Internacional y que, según los organismos de control de los derechos humanos, ha perpetrado muchos crímenes de guerra en las últimas décadas, acusar a otro país de hacerlo?
Hay propuestas para un nuevo Nuremberg: un tribunal independiente para juzgar a Putin y otros por iniciar la guerra.
Para un contexto más profundo, llamé a Samuel Moyn, un estudioso de historia y derecho de la Universidad de Yale y autor de “Humane”, un libro que analiza lo que significa tratar de hacer que la guerra sea más ética. Lo que comenzó como una charla sobre las acusaciones de los Estados Unidos se convirtió en una conversación de mayor alcance sobre la fascinante historia y los inmensos desafíos del desarrollo de un sistema legítimo de justicia internacional.
Esa conversación, editada por extensión y claridad, sigue.
Zeeshan Aleem: ¿Por qué cree que la administración Biden ha acusado repetidamente a Putin de ser un criminal de guerra?
Samuel Moyn : Bueno, primero, porque lo es. Hay reglas, que son muy antiguas, que prohíben algunos de los actos que Putin, si no ordenó, luego supervisó. Pero, por supuesto, eso es cierto para muchos otros en el mundo que no han sido castigados. Y, por supuesto, eso es cierto para los líderes y soldados de los países occidentales.
Creo que la razón principal por la que Biden dijo eso es para tratar de cambiar los incentivos de Putin. Cuando ese lenguaje entra en juego, significa que hay un espectro futuro de responsabilidad. E incluso si no es real, podría tener un efecto. Entonces, cambia potencialmente la forma en que las personas piensan sobre el conflicto, e incluso cómo los líderes pueden pensar sobre los conflictos.
¿Podría explicarnos algunas de las posibles consecuencias de estas acusaciones? ¿Desde un punto de vista legal, pero también político y cultural?
Moyn: Bueno, si se pretende que el cargo tenga un significado legal, entonces estaríamos comenzando a buscar un foro en el que los transgresores (Putin, sus generales y soldados) puedan rendir cuentas. Ahora, por supuesto, eso supondría capturarlos en algún momento para que puedan ser juzgados.
Es por eso que probablemente valga más la pena considerar esto casi como un cargo político. Es cierto, hay algunos lugares nuevos que no existían en el pasado. Por supuesto, las Convenciones de Ginebra, el principal tratado que prohíbe los crímenes de guerra, prevé que los estados castiguen a los suyos. Pero esto no tiende a suceder, y Rusia no castigará a los suyos más de lo que lo ha hecho Estados Unidos.
Pero hay una Corte Penal Internacional que está investigando la posibilidad de crímenes de guerra en territorio ucraniano. Hasta que Rusia renunció al Consejo de Europa , existía el hecho de que era miembro del régimen europeo de derechos humanos, que ha dictado sentencias en casos anteriores de guerra rusa, lo que conduce, si no a la responsabilidad personal, al menos a los estados a tener que pagar sanciones, que Rusia tiene .
Finalmente, hay propuestas para un nuevo Nuremberg: un tribunal independiente para juzgar a Putin y otros por iniciar la guerra. Porque eso es lo que priorizaron originalmente los juicios de Nuremberg: el crimen de guerra de agresión. Técnicamente, la Corte Penal Internacional también puede juzgar la agresión, pero no en esta situación, ya que Rusia no es parte del tratado.
Así que eso es todo el lado legal. Y como he sugerido, eso es realmente hipotético, dado que estamos muy lejos de un régimen real de rendición de cuentas en términos legales.
Sin embargo, históricamente ha habido inmensas consecuencias políticas al imputar crímenes de guerra y acusar atrocidades en particular. Remontándonos al menos a principios del siglo XX, cuando los alemanes fueron acusados ??de crímenes de guerra cuando circulaban por Bélgica en los primeros días de la Primera Guerra Mundial, el reclamo ha deslegitimado al perpetrador ante los ojos del mundo. Ese es uno de los objetivos de imputar crímenes de guerra en el tribunal de la opinión pública.
En nuestras vidas, la importancia de las acusaciones de crímenes de guerra para aquellos que se preocuparon por el abuso de los detenidos estadounidenses, y especialmente la tortura, no fue solo para ver si podían poner fin a la práctica, y no solo para allanar el camino para la rendición de cuentas de los estadounidenses. involucrados en la práctica, sino también para hacer que la guerra parezca menos legítima. Y yo diría que ese es probablemente el objetivo central de quienes hacen esta afirmación. Y están en terreno firme, porque la evidencia de los crímenes de guerra rusos está, en algunos casos, ante nuestros ojos.
¿Puede guiarnos a través de los obstáculos prácticos para que Putin sea juzgado por la CPI?
Moyn: Primero, sus perpetradores deben ser juzgados en persona, y eso significa que deben ser capturados. Y no hay policía global. En el caso del tribunal para la ex Yugoslavia, se necesitaron años y años para que se dieran las condiciones para capturar a algunos de los peores criminales de guerra como Ratko Mladic. Y mucho de eso fue suerte.
Podría haber cargos contra Putin que, incluso si no pudieras llegar a él, podrían afectarlo incluso de manera distante en el futuro, al dificultarle los viajes internacionales, ya que puede temer ser arrestado por crímenes de guerra. No sabemos qué va a pasar en Rusia, y tal vez un futuro gobierno lo ofrezca a juicio. Pero todo esto es tan hipotético que probablemente sea mejor centrarse en cómo la retórica de los crímenes de guerra es políticamente dañina en este momento.
¿Qué sentido tiene distinguir entre crímenes de guerra y actividades de guerra que no se consideran crímenes en el contexto de una guerra que se basa en una violación del derecho internacional en primer lugar?
Moyn: Como antecedente, una guerra ilegal —comenzar una en violación del derecho internacional— también es potencialmente un crimen de guerra. Y por eso es tan importante la propuesta de Gordon Brown, el ex primer ministro del Reino Unido, para un nuevo Núremberg, porque se trata de ese crimen de guerra que solía ser el más importante.
Por razones obvias, prohibir la guerra significa detener o prohibir todos los demás crímenes de guerra. Pero lo contrario no es cierto: si permitimos muchas guerras ilegales, y solo las limpiamos estigmatizando los crímenes dentro de ellas, entonces piense en toda la actividad legal que permitimos. La muerte de todos los soldados, que es una cosa terrible. La muerte de civiles, colateralmente, porque puedes matar civiles bajo la ley, pero no demasiados. La destrucción de capital, los costos de oportunidad, ya que podrías gastar el dinero en otra cosa. La desestabilización: piense en las consecuencias que tuvo la guerra de Irak a nivel regional que no estaban previstas.
Soy de la opinión de que es posible que hayamos perdido el enfoque en lo que solía ser el crimen de guerra central, que era la agresión. Y en cierto modo, el lado positivo de la guerra de Putin es que nos está ayudando a recuperar ese viejo enfoque después de años de embellecer las guerras ilegales. Centrémonos en su ilegalidad al principio.
¿Podría hablar un poco más sobre la relación de Estados Unidos con la Corte Penal Internacional y su propio historial de crímenes de guerra? A veces la gente tratará de descartar esto como whataboutism. Pero, ¿cómo se pueden desarrollar normas si los actores que hacen las acusaciones no defienden los mismos principios?
Moyn: Dos errores no hacen un acierto. Es decir, los crímenes de guerra de Estados Unidos no hacen que los crímenes de guerra de Rusia sean menos inmorales. Al mismo tiempo, eso no significa que una de las partes deba continuar cometiendo el mal sin ninguna consecuencia mientras que la otra parte es llevada a juicio. Y eso también es cierto a nivel nacional. No queremos un sistema legal que castigue a los relativamente más débiles y deje impunes a los más fuertes.
Ahora, sobre el tema de la Corte Penal Internacional, es una historia tan fascinante. Y lo que es tan fascinante de Núremberg es que acusar de agresión fue una idea soviética. Y Estados Unidos lo respaldó plenamente.
Pero, luego, en la década de 1990, cuando se funda la Corte Penal Internacional, es muy significativo que se dejara de lado el crimen de agresión. Aun así, Estados Unidos evitó involucrarse. A veces eso se debilitó, bajo presidentes demócratas, pero nunca hubo una remota posibilidad de que Estados Unidos ratificara el Estatuto de Roma [el tratado que estableció la Corte Penal Internacional]. Y, por supuesto, todavía no lo ha hecho. Sin embargo, es muy interesante que a lo largo de la vida de la Corte Penal Internacional, a veces ha resultado muy útil para los Estados Unidos. Y en particular, dado que la CPI puede obtener casos de referencias del Consejo de Seguridad [de las Naciones Unidas], Estados Unidos estaba muy feliz de remitirle casos, cuando no eran los amigos de Estados Unidos los que hacían las cosas escandalosas.
Ahora, más recientemente, existía la posibilidad de que la Corte Penal Internacional se hiciera cargo de los crímenes de guerra en territorio afgano.Y esto causó un susto en Washington, porque hipotéticamente significaba que la Corte Penal Internacional podría acusar a los estadounidenses. Y eso provocó otro giro en esta larga y tempestuosa relación. Esta situación es interesante porque la CPI puede abordar el asunto, no a través del Consejo de Seguridad de la ONU, que Rusia bloquearía [porque tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad], sino porque Ucrania ha declarado que la CPI puede ejercer una sola vez jurisdicción dentro de sus fronteras, algo que permite el Estatuto de Roma. La Corte Penal Internacional es una institución profundamente política. Y está profundamente ligado a la geopolítica. Y lo que eso significa es que la hipocresía es una gran parte de cómo los estados se relacionan con la justicia que representa.
¿Ve alguna posibilidad de que EE. UU. se una a la CPI? ¿No sería ese un requisito previo para desarrollar normas internacionales sólidas con respecto a lo que constituye crímenes de guerra?
Moyn: No, esto no sucederá pronto. Pero eso no significa que la situación sea desesperada.
La Carta de las Naciones Unidas tendría que ser revisada para que las grandes potencias sean convocadas dentro del Consejo de Seguridad, ya que a partir de ahora tienen un poder de veto allí. Algunos han pedido que la Asamblea General pueda remitir casos de guerra agresiva a la CPI, o crear nuevos tribunales, como lo hizo el Consejo de Seguridad en respuesta a los crímenes de guerra en la década de 1990 en Ruanda y la ex Yugoslavia. De cualquier manera, realmente estamos mirando al Sur Global y otros actores de ideas afines, insistiendo en que un sistema de justicia global debe cubrir las transgresiones de todas las grandes potencias, no solo los estados más débiles, o estados más poderosos que todos ya están en pandilla. en contra.
Deberíamos volver a lo que una vez acordaron los estadounidenses y los rusos, que es que la agresión es el crimen de los crímenes.
Algunos podrían considerar tales movimientos imposibles. Pero, en primer lugar, no tendríamos unas Naciones Unidas si no pensáramos que podemos organizar la paz después de una guerra entre grandes potencias. Entonces, ¿por qué no pensar en un sistema aún mejor que el que tenemos?
Vale la pena agregar que cuantos más estados ratifiquen el Estatuto de Roma, más fácil será pedir cuentas a las grandes potencias por crímenes de guerra (fuera del crimen de guerra ilegal). Esto se debe a que la corte puede ejercer jurisdicción cuando los crímenes de guerra tienen lugar en el territorio de los estados que han ratificado el tratado o, como en Ucrania hoy en día, llaman la atención por un tiempo, incluso si los perpetradores son de un estado que no lo ha ratificado. . Es por eso que la situación afgana y la situación ucraniana han resultado problemáticas para las grandes potencias, porque las grandes potencias no pueden controlar fácilmente la corte si se unen a ella los estados en los que luchan.
¿Alguna reflexión final sobre partes de la narrativa de los crímenes de guerra que crees que podrían estar siendo pasadas por alto o malinterpretadas?
Moyn: Entre la Guerra de Vietnam y el presente, en espacios de élite al otro lado del Atlántico, parecía que la guerra a veces era incluso progresiva, incluso cuando era ilegal. Y es por eso que creo que hubo un énfasis tan desequilibrado en limpiar los resultados de las guerras, asegurándonos de cumplir con las reglas para prohibir las atrocidades. El acto flagrante de Putin nos da la oportunidad de revisar ese cálculo, y tal vez deberíamos volver a lo que los estadounidenses y los rusos alguna vez acordaron, que es que la agresión es el crimen de los crímenes, el último crimen de entrada.
(Obeidallah 2022 MSNBC)
El CIC tuvo sus orígenes en el Cuerpo de Inteligencia Policial, fundado por Ralph Van Deman en 1917. Esta organización, que operaba en Estados Unidos y formaba parte de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense en Francia, llegó a contar en su apogeo con más de 600 hombres. Sin embargo, en la posguerra, la política de aislacionismo , la reducción del gasto militar y la depresión económica hicieron que, a mediados de la década de 1930, su número se redujera a menos de 20 efectivos.
Segunda Guerra Mundial
La inminente amenaza de guerra a fines de la década de 1930 trajo consigo una expansión del CIP hasta alcanzar los niveles de la Primera Guerra Mundial, y la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en diciembre de 1941 trajo consigo una expansión aún mayor y un nuevo nombre. El 13 de diciembre de 1941, el Ayudante General del Ejército emitió una orden que renombraba al CIP como Cuerpo de Contrainteligencia , con vigencia a partir del 1 de enero de 1942. Se autorizó una nueva dotación de 543 oficiales y 4431 suboficiales. El CIC reclutaba hombres con experiencia legal, policial o de investigación, y buscaba particularmente hombres con habilidades en idiomas extranjeros. Durante la Segunda Guerra Mundial en Europa se crearon equipos especiales del CIC, en gran parte con personal del Servicio de Inteligencia Militar (ver Ritchie Boys ). Sin embargo, nunca hubo suficientes de estos y a menudo se reclutaban intérpretes locales.
Dado que la mayoría de los agentes del CIC sobre el terreno (así como del Servicio de Inteligencia Militar en Europa) solo tenían el rango de suboficial —cabo y varios grados de sargento—, vestían de civil o uniformes sin insignias de rango. En lugar de insignias de rango, y para no ser percibidos como soldados rasos, los agentes solían llevar la insignia de oficial "US" en el cuello. Se les instruía que se identificaran únicamente como "Agente" o "Agente Especial", según correspondiera, para facilitar su trabajo. Estas prácticas continúan entre los agentes de contrainteligencia modernos.
En Estados Unidos, el CIC, en colaboración con el Provost Marshal General y el FBI, llevó a cabo verificaciones de antecedentes del personal militar con acceso a material clasificado, investigaciones de posible sabotaje y subversión, y acusaciones de deslealtad, especialmente contra estadounidenses de ascendencia japonesa, italiana o alemana. A pesar de las prohibiciones del acuerdo de delimitación con el FBI, el CIC terminó dedicando un esfuerzo considerable a las investigaciones civiles. Como explica el Volumen 7 de la Historia del Cuerpo de Contrainteligencia : «El espionaje y el sabotaje, al estar dirigidos por el enemigo, involucraban a más de una persona. Por lo general, había varios en la cadena que se extendía desde el agente en Estados Unidos, pasando por intermediarios y correos, hasta el país enemigo. Esto inevitablemente involucraba a civiles con sospechosos militares, y el caso se conectó con el FBI. El aspecto militar pasó a un segundo plano, y la mayor parte de la investigación se centró en la comunidad civil para localizar a los altos mandos que presumiblemente controlaban a más de un agente».
Sin embargo, el uso de informantes dentro del Ejército se volvió políticamente controvertido, y el CIC se vio obligado a reducir sus actividades. En particular, se le ordenó cesar sus investigaciones nacionales, destruir sus registros de investigación y enviar a sus agentes a escenarios internacionales. El motivo de esta expulsión repentina y sin precedentes nunca se ha esclarecido. Una teoría principal, expresada en la historia oficial del Cuerpo, fue que «la velocidad [de estos acontecimientos] dejó pocas dudas de que alguien —posiblemente comunistas que aún ocupaban puestos clave en el gobierno— estaba decidido a detener las actividades de investigación del CIC en Estados Unidos». Otra posible explicación es que el CIC instaló micrófonos ocultos por error en la habitación de hotel de Eleanor Roosevelt, lo que provocó la ira del presidente. En cualquier caso, el CIC protegió los registros de investigación que había recopilado con tanto esmero. Según Sayer y Botting (p. 47), «cuando se dio la orden de cesar cualquier investigación sobre comunistas conocidos o sospechosos y de destruir todos los archivos sobre dichas personas de inmediato, ocho de los nueve comandantes de área del Cuerpo tomaron la notable decisión de desobedecerla». Según la historia oficial del Cuerpo, esta información resultó sumamente valiosa para controlar el comunismo: «la información obtenida por el CIC entre mayo de 1941 y septiembre de 1945 sobre el comunismo y sus seguidores desempeñó un papel fundamental en mantener el comunismo bajo control en Estados Unidos desde entonces».