Rusia
Guerra en Ucrania:
Rusia y Occidente:
Objetivo Ucrania: los primeros días de ofensiva rusa, paso a paso:
Discurso de Putin: Revisionismo:
Sanciones contra invasiones:
✦ Derribo del MH17 (2014):
Samir Amin: URSS: Nomenklatura: Imperialismo:
Potencia en ascenso:
Propaganda de Putin según Alain Touraine:
Intervenciones militares:
Tienen una visión mayoritaria de orgullo y justificación respecto al expansionismo histórico, aunque con una clara distinción entre el éxito geopolítico y el costo humano.
No suelen ver estas acciones como "intervenciones" en el sentido occidental, sino como la unificación natural de un espacio civilizatorio propio.
El 65% lamenta la desintegración de la URSS. Esta nostalgia no es solo por el sistema económico, sino por el estatus de Rusia como una potencia respetada y temida que controlaba vastos territorios.
El 75% considera que la época soviética fue la mejor de su historia debido a las oportunidades y la seguridad que ofrecía el Estado. En este contexto, las expansiones territoriales se perciben como un fortalecimiento necesario de la soberanía nacional.
El 70% cree que es aceptable usar la fuerza militar para defender los intereses de los rusos que viven en antiguas repúblicas soviéticas. Esto legitima retroactivamente muchas acciones del pasado que se presentaron bajo esa misma retórica.
Existe un consenso abrumador (95%) de que el uso de la fuerza es apropiado para defender la integridad territorial de Rusia.
Aunque un 66% reconoce que el precio de las operaciones militares actuales es muy alto, el 64% no considera que iniciar tales acciones sea un error. Esta mentalidad se proyecta al pasado: se aceptan los sacrificios de las eras zarista y soviética como el costo inevitable para ser una nación líder en los asuntos mundiales.
Se observa una tendencia a ignorar o minimizar los aspectos negativos del expansionismo, como las represiones. Solo el 17% de los rusos vincula hoy activamente la historia militar con el terror de estado o las purgas, una cifra que ha caído drásticamente en los últimos 20 años.
La mayoría del pueblo ruso tiende a validar las políticas de expansión histórica como necesarias para la supervivencia y el prestigio de la nación.
Ven a Rusia no como un agresor sino como un guardián de su "esfera de influencia" legítima.
Evolución demográfica:
Es el talón de Aquiles que amenaza con socavar las ambiciones de Rusia como gran potencia a largo plazo. Rusia se enfrenta a una "tormenta perfecta" demográfica que dificulta un futuro optimista. Rusia pierde población de forma sostenida. A pesar de ser el país más grande del mundo, su población (unos 144 millones) es menor que la de Bangladesh. Las proyecciones sugieren que para 2050 podría caer por debajo de los 130 millones. Sin gente, es imposible mantener el control y la explotación económica de un territorio tan vasto.
Rusia tiene una de las brechas de esperanza de vida más grandes entre hombres y mujeres. El alcoholismo, los accidentes y, ahora, las bajas masivas en el frente de guerra han diezmado a la población masculina en edad productiva y reproductiva.
Desde 2022, cientos de miles de jóvenes profesionales (especialmente del sector tecnológico y creativo) han abandonado el país. Esta pérdida de capital humano es letal para una economía que aspira a ser moderna y competitiva más allá de la exportación de gas y petróleo.
La tasa de fertilidad está muy por debajo del nivel de reemplazo (1.4-1.5 hijos por mujer). Ni siquiera los generosos subsidios estatales ("Capital Materno") han logrado revertir la tendencia. Una población envejecida significa más gasto en pensiones y salud, y menos dinamismo económico.
Una potencia mundial necesita un ejército fuerte. Con menos jóvenes disponibles, el reclutamiento se vuelve más difícil y costoso, obligando al Estado a elegir entre trabajadores para la industria o soldados para el frente.
Como decía Putin en varios discursos: "El destino de Rusia depende de cuántos seamos". Si la demografía sigue esta trayectoria, Rusia corre el riesgo de convertirse en un "gigante con pies de barro": un país con un arsenal nuclear inmenso y recursos naturales vastos, pero sin la masa crítica humana necesaria para ejercer un liderazgo global efectivo.
Antiguos países satélites manipulados:
En la mentalidad de gran parte de la sociedad rusa, la percepción de que sus antiguos países satélites (como Polonia, los Estados Bálticos o Ucrania) los ven como un enemigo no se atribuye a los agravios históricos de la era soviética, sino a una mezcla de manipulación externa y resentimiento.
La creencia más extendida es que estos países no actúan de forma soberana, sino que son peones o instrumentos de EE.UU. y la OTAN. Los rusos suelen creer que Occidente fomenta deliberadamente el odio hacia Rusia para justificar la expansión militar de la Alianza y rodear el país.
En lugar de reconocer que el miedo de sus vecinos nace de invasiones pasadas, muchos rusos interpretan la hostilidad como rusofobia, un rechazo cultural o étnico irracional. Se percibe que estos gobiernos utilizan a Rusia como un hombre del saco para distraer a sus propios ciudadanos de problemas internos o para consolidar su identidad nacional basándose en el odio al vecino. Existe una narrativa de liberadores muy arraigada. Muchos rusos consideran que la URSS liberó a estos países del nazismo y construyó sus infraestructuras e industrias. Por tanto, ven su actual rechazo a Rusia como un acto de ingratitud profunda y una traición a la historia compartida.
Protección de minorías rusoparlantes: Los rusos suelen justificar la tensión argumentando que esos países discriminan a las minorías rusas (especialmente en Letonia y Estonia). Para el ciudadano ruso, si esos países ven a Rusia como un enemigo es porque temen que Moscú cumpla con su deber de proteger a los rusoparlantes oprimidos fuera de sus fronteras.
Se cree que estos países, al ser más pequeños, sufren un "complejo de inferioridad" geopolítico y buscan relevancia internacional convirtiéndose en la "primera línea de defensa" contra Rusia, obteniendo así atención y fondos de la Unión Europea y EE.UU..
El ruso medio tiende a pensar que el miedo de sus vecinos es artificialmente fabricado por élites locales y potencias extranjeras, restando importancia a la soberanía de esos países y a sus motivos históricos reales para desconfiar de Moscú.
Aislamiento científico y técnico:
El concepto de desmodernización de Touraine se aplica a la Rusia de Putin como una desconexión crítica entre la racionalidad técnica y la libertad del individuo. Este fenómeno afecta negativamente al desarrollo técnico futuro de Rusia al socavar los pilares sociales que permiten la innovación sostenible. Touraine define la desmodernización como la ruptura entre el universo de la técnica (producción, mercados) y el de la identidad individual. Al priorizar el control estatal y la ideología sobre la libertad de los sujetos, el sistema inhibe la capacidad creativa y crítica necesaria para la vanguardia tecnológica. El impacto más tangible es el éxodo de capital humano. Miles de profesionales altamente cualificados, especialmente en el sector IT y la ciencia, han abandonado el país debido a la falta de libertad y perspectivas. Cerca del 23% de los programadores rusos más activos en plataformas como GitHub han trasladado su ubicación al extranjero. La salida de jóvenes talentos deja a Rusia con una comunidad científica envejecida y estancada. Sin un relevo generacional motivado por valores modernos y libertades individuales, el desarrollo técnico se vuelve dependiente de estructuras estatales rígidas. En lugar de una innovación civil que mejore el bienestar, la desmodernización orienta el desarrollo técnico hacia la seguridad y la guerra (ciberseguridad, armas autónomas, vigilancia). Esto crea un crecimiento desequilibrado que descuida sectores clave de la economía moderna y civil. Para Touraine una sociedad que sacrifica al sujeto libre en favor de un orden autoritario puede mantener máquinas, pero pierde la capacidad de inventar el futuro.
La priorización de objetivos políticos y militares ha transformado a Roscosmos de una agencia de exploración de vanguardia en un brazo más del aparato de defensa y propaganda del Estado, acelerando su declive tecnológico y financiero. Bajo la dirección de perfiles más políticos que técnicos (como el caso de Dmitry Rogozin), Roscosmos rompió vínculos con socios históricos como la ESA. Esto ha supuesto la cancelación de misiones clave como ExoMars y la pérdida de ingresos vitales por el lanzamiento de satélites occidentales. Los recursos que antes se destinaban a la exploración científica se han desviado para apoyar el esfuerzo bélico. Para 2025, el número de lanzamientos rusos ha caído a niveles no vistos desde los años 60, siendo superada ampliamente por EE.UU. (SpaceX) y China. El nacionalismo exacerbado y la falta de libertad han provocado un éxodo de jóvenes ingenieros y científicos. Esta fuga de cerebros deja a la agencia con una infraestructura obsoleta y una escasez de personal altamente cualificado capaz de innovar. La urgencia política por demostrar poderío nacional sin la base técnica adecuada culminó en desastres como el de la sonda Luna-25 en 2023. La dependencia de componentes electrónicos importados —ahora restringidos por sanciones— obliga a la agencia a utilizar microchips de consumo doméstico para satélites, reduciendo drásticamente su fiabilidad. Mientras el resto del mundo avanza hacia el New Space (comercialización y reutilización), Roscosmos se ha quedado estancada gestionando el legado soviético como un negocio de alquiler de cohetes Soyuz, cuya relevancia disminuye cada año. Al subordinar la ciencia al nacionalismo, Rusia ha pasado de ser una superpotencia espacial a un actor secundario que ahora depende de alianzas inciertas con China para mantener una relevancia mínima en el futuro.
Una de las consecuencias de la invasión de Ucrania fue que empresas clave de herramientas y servicios informáticos como HashiCorp (Terraform) o JetBrains limitaran o suspendieran sus servicios en Rusia. Esto incluía la búsqueda de alternativas a software esencial para el desarrollo diario que ya no estaba disponible por controles de exportación.
Algunos programadores incluyeron en sus apps códigos que bloquean o alteran el funcionamiento si se detecta una IP rusa.
Algunas cartas abiertas firmadas por miles de profesionales rusos del sector IT calificaban la ofensiva de sin sentido y advertían sobre el aislamiento científico y técnico de Rusia.
Se debatieron formas originales de mostrar rechazo a la guerra y algunos desarrolladores rusos llevaron a cabo contra-ataques coordinados contra repositorios que apoyaban a Ucrania.
Bauman y Fromm:
Zygmunt Bauman utilizó el término retrotopía para explicar cómo las sociedades contemporáneas, ante un futuro que genera miedo e incertidumbre, han dejado de proyectar utopías hacia adelante y han comenzado a buscarlas en un pasado idealizado. Observó que tras la caída del comunismo, gran parte de la población en países del antiguo bloque soviético comenzó a sentir nostalgia por ese periodo. Esta añoranza no es necesariamente una defensa del comunismo ideológico, sino un deseo de recuperar la estabilidad, el orden y la seguridad que el sistema anterior parecía garantizar frente al caos de la modernidad líquida. Esta nostalgia es a menudo manipulada políticamente. En el caso del gobierno de Putin, este anhelo se utiliza para resucitar mitologías nacionales y visiones del pasado imperial o territorial soviético, sirviendo como base para políticas actuales. Bauman define esta epidemia global de nostalgia como un mecanismo de defensa frente a un presente fragmentado. Para muchos rusos, el retorno simbólico al seno de una comunidad fuerte (la antigua URSS o la Rusia imperial) ofrece un consuelo emocional ante la pérdida de certidumbres. Mientras para Bauman la retrotopía es un fenómeno sociológico de búsqueda de refugio, analistas posteriores han aplicado sus tesis para explicar cómo el putinismo encarna esta aspiración delirante de recuperar modelos tribales y de mando fuerte que superan los marcos democráticos modernos.
La obra de Erich Fromm [†1980] ofrece un valioso marco teórico para entender la relación entre la población rusa y el liderazgo de Putin. En El miedo a la libertad (1941) argumenta que la libertad no solo es un derecho, sino una carga psicológica. Cuando el individuo se siente solo, pequeño e impotente ante fuerzas sociales o económicas abrumadoras, surge un impulso de escapar de la libertad mediante el autoritarismo. La tendencia a renunciar a la independencia personal para fundirse con alguien o algo externo (el líder, la nación) y así adquirir la fuerza de la que el individuo carece. El individuo se siente seguro al obedecer a un poder superior y eterno que le libera de la responsabilidad de decidir sobre su propio destino en un mundo caótico. Fromm describe una relación simbiótica entre el líder y la masa. En el caso de Rusia, tras la inestabilidad de los años 90, la figura de Putin ofrece una respuesta al vértigo existencial de la población. El líder como protector: El individuo proyecta sus poderes autónomos en la autoridad, sintiéndose fuerte al ser parte de algo más grande. Cuando la vida personal es precaria o carece de logros, el individuo compensa su sentimiento de inferioridad a través del orgullo por su nación o raza. Esto explica el apoyo a políticas expansionistas o de orgullo nacional como refugio ante la incertidumbre económica. Para Fromm, el carácter social es el núcleo de la personalidad compartido por la mayoría de los miembros de una cultura. En contextos de crisis el carácter social tiende a buscar certidumbres y conformidad con patrones dominantes. Se prefiere un sistema que dicte lo que es verdad y correcto antes que enfrentar la angustia de la duda. Fromm advirtió que las sociedades industriales modernas pueden producir personas que, para evitar la soledad, se adaptan ciegamente a los patrones culturales dominantes, perdiendo su yo auténtico. Fromm explica el proceso psicológico por el cual una población, ante el miedo a un futuro que no puede controlar, elige voluntariamente la subordinación a un líder fuerte como mecanismo de defensa contra la soledad y la insignificancia.
Garri Kaspárov abandona Rusia en 2013 después de varias detenciones y de que la coalición La Otra Rusia sufriera una variedad de trabas y bloqueos. En 2010 había firmado al carta Putin debe marcharse. La carta decía El primer paso para una nueva y Rusia libre es quitarse las cadenas del putinismo. Dice que las encuestas que muestran un amplio apoyo del pueblo ruso a Putin son producto de un entorno de miedo y represión. Los ciudadanos temen represalias legales o físicas si expresan descontento al ser consultados por encuestadores. El control total de los medios estatales satura a la población con una narrativa única. El apoyo que recibe Putin no es una elección libre sino una aceptación resignada de un líder que solo entiende de fuerza y que utiliza la guerra como justificación para perpetuarse en el poder.
✦ A la estrategia defensiva decretada formalmente por Hitler en 1944 se le denominó Fester Platz (en plural, Feste Plätze), que en alemán significa literalmente «Lugar Fijo» o «Plaza Fuerte». En español se suele traducir y conocer históricamente como la estrategia de las ciudades fortaleza. Aunque la estrategia se materializó de forma generalizada a partir de la primavera de 1944, nació oficialmente un poco antes mediante la Orden del Führer N.º 11 (Führerbefehl Nr. 11) emitida el 8 de marzo de 1944. La doctrina militar tradicional dictaba que una unidad rodeada por el enemigo debía intentar romper el cerco o retirarse de forma organizada para salvar sus tropas. Ante el catastrófico avance del Ejército Rojo, Hitler impuso por decreto un concepto radicalmente opuesto: Defensa «a toda costa»: Ciertas ciudades, nudos ferroviarios o redes de transporte de vital importancia en el territorio de la URSS eran declaradas Fester Platz. Aceptación del cerco: Las guarniciones designadas tenían prohibido retirarse bajo ninguna circunstancia. Debían dejarse rodear deliberadamente por las tropas soviéticas y atrincherarse en el núcleo urbano. Misión de desgaste: El objetivo teórico no era ganar la batalla, sino actuar como un «rompeolas». Hitler argumentaba que estas islas de resistencia inmovilizarían a un número masivo de divisiones soviéticas para el asedio, bloquearían sus líneas de suministro logístico y ralentizarían la ofensiva enemiga, dando tiempo a la Wehrmacht para reagrupar sus reservas tácticas. Comandantes de Fortaleza: Al mando de cada Fester Platz se nombraba a un oficial de alto rango que respondía con su propia vida del cumplimiento estricto de la orden, teniendo prohibido rendirse. Ciudades designadas y el primer experimento. En la directiva original de marzo-abril de 1944 se nombraron inicialmente 29 ciudades clave en el Frente Oriental como Feste Plätze. Entre ellas destacaban nudos logísticos cruciales en Bielorrusia y Ucrania como Vítebsk, Maguilov, Orsha, Minsk, Vilna o Brody. El primer gran laboratorio de esta estrategia fue la pequeña localidad ucraniana de Tarnopol (Ternópil) entre marzo y abril de 1944. Declarada plaza fuerte por Hitler, la guarnición alemana fue cercada de inmediato. Prácticamente la totalidad de sus defensores (unos 4.600 hombres) resultaron aniquilados o capturados, demostrando las carencias del plan desde el primer momento. Un fracaso militar absoluto. Los generales experimentados de la Wehrmacht (como el mariscal Erich von Manstein) advirtieron a Hitler de que esta táctica era una locura que solo serviría para sacrificar divisiones enteras que Alemania ya no podía reponer. El tiempo les dio la razón por dos motivos principales: La táctica de bypass soviética: El Ejército Rojo aprendió rápidamente a no desgastarse asaltando los Feste Plätze de frente. Simplemente dejaban una fuerza mínima de bloqueo para rodear la ciudad aislada y continuaban su penetración profunda hacia el oeste con el grueso de sus tanques, dejando la plaza fuerte inútil y atrapada a cientos de kilómetros detrás de la línea del frente. La catástrofe de la Operación Bagratión: En junio de 1944, cuando los soviéticos lanzaron su gran ofensiva de verano en Bielorrusia, la rigidez de la estrategia de las ciudades fortaleza impidió que el Grupo de Ejércitos Centro maniobrara o retrocediera. Como resultado directo, decenas de miles de soldados alemanes quedaron atrapados en los Feste Plätze de Vítebsk o Babruisk, acelerando la destrucción casi total de todo el Grupo de Ejércitos. A partir de la primavera de 1944, la Stavka demostró una superioridad estratégica y operativa total. El avance enérgico del Ejército Rojo arrollaba las líneas defensivas alemanas gracias a la doctrina de las "operaciones profundas". La respuesta de Hitler con la Orden del Führer N.º 11 fue un acto de desesperación ante un enemigo logísticamente superior. Los resultados de esta estrategia de ciudades fortaleza tras el implacable avance soviético fueron determinantes: Inutilidad táctica: Las guarniciones alemanas aisladas en los Feste Plätze no lograron frenar el ritmo de la ofensiva. El Ejército Rojo simplemente sobrepasaba estas posiciones, continuando su avance hacia Berlín y dejando atrás unidades secundarias para reducirlas. Colapso logístico del Reich: Al cerrarse las pinzas soviéticas sobre estas fortalezas, la Wehrmacht perdió de golpe nudos ferroviarios y de comunicaciones críticos en Bielorrusia y Ucrania, acelerando el fin de la ocupación nazi en los territorios orientales.
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El antiguo espacio soviético es, como podría haber dicho Eduardo Galeano, una amplísima región de venas abiertas. Algunos viejos Estados de la URSS lo tienen claro: entraron en la UE y, de ahí, no se imaginan salir.
A los Bálticos ni les hables. No les amedrentan los temores ni las amenazas en torno al corredor de Suwalki, que conecta Bielorrusia con Kaliningrado, el enclave ruso entre Polonia y Lituania.
Pero hay países que, a pesar de la ocupación marcada a fuego en su pasado, han llegado a bailarle más el agua a Moscú que a Bruselas, que es ante quien deben responder. Hablamos de Hungría.
El presidente húngaro, Víktor Orbán, sin embargo, ha sorprendido a propios y extraños al condenar la invasión rusa y al aceptar a los refugiados ucranianos que lleguen. Quizás es que lo que está ocurriendo estos días, desde la madrugada del jueves 24, era impensable hasta el miércoles 23. Europa, en pleno siglo XXI. Imposible, pero cierto.
El mandatario ruso, Vladímir Putin, ha llegado a los 60 años con el objetivo de marcarse objetivos vitales y el de ahora es recuperar su idea de la “Gran Rusia”. A cualquier coste. No le basta con quedarse eternamente al otro lado de esa infinita mesa blanca del Palacio del Kremlin.
Putin es de San Petersburgo… ¿Recuerdan? A la Leningrado de la II Guerra Mundial no le gana nadie en materia de resiliencia. Pero el mismo poder de Moscú que llegó a desear incluso que la ciudad acabase sucumbiendo a los nazis, lo representa él desde hace años. Eso sí, conoce los puntos débiles de unos y de otros.
Se crio en una Kommunalka, un apartamento comunitario que, como poco, imprime carácter. Fue agente del KGB en la Alemania Oriental. Llegó a la jefatura del gobierno en los turbulentos años 90 y, además, para acabar borrando del mapa a un Yeltsin del que se reían Clinton y los demás. Estos son los orígenes de Vladimir Vladimirovich Putin.
Ucrania, una creación de Rusia en la mente de Putin
A principios de semana, se le acababa la paciencia. Y, al anunciar la independencia de las repúblicas prorrusas del Donbás, de Donetsk y Lugansk, aprovechó para retransmitir por televisión su idea de Ucrania y lo que dejó fue un perfil manipulado de lo que es y de lo que debería ser porque, simplemente, ¿qué frontera ha permanecido inamovible a lo largo de la Historia? Dijo, entre otras muchas otras cosas realmente dolorosas para el pueblo ucraniano, que ese territorio era “una creación de Rusia” porque, en su opinión, todo lo anterior había sido un cúmulo de terrenos sin conexión, de regalos y robos.
Putin reclama Ucrania, también, como herencia de los bolcheviques, pero ellos -en su momento- ya tuvieron que reconocer que Ucrania tenía entidad propia. A Kiev y a Moscú; culturalmente, es más lo que les une que lo que les separa, pero ambas son capitales de Estados soberanos, diferenciados, con sus tradiciones, su idioma… por mucho que el jefe del Kremlin se empeñe en reescribir la Historia. ¿Que Ucrania es un país con diferentes tendencias y aspiraciones europeístas y/o prorrusas? Que levante la mano, en Europa, el país que no albergue distintas sensibilidades…
Pero al presidente de la Federación Rusa no le duelen prendas. En unos días en los que ha comparecido en innumerables ocasiones para declarar independencias, denostar a Ucrania, conmemorar el Día de la Patria, anunciar la guerra y llamar al ejército ucraniano a que se rebele porque el gobierno de Kiev “está en manos de narcomani (drogadictos) y neonazis”… también ha vuelto a demostrar su soberbia. La misma que le ha hecho omnipotente en su país, desde que en 1999 asumiera la jefatura del gobierno y, luego, la del Estado.
La misma soberbia con la que apaciguaron -a base de jeringuilla y tranquilizantes- a las madres de los chicos del Kursk en el 2000 o con la que gasearon a secuestradores y secuestrados en el Teatro Dubrovka en el 2002 o con la que dieron la orden de arrasar el colegio número 1 de Beslán para acabar, sin medias tintas, con los terroristas… Ocurre que, además, murieron más de 300 personas. Y más de la mitad, niños, enterrados en ese terrible “Cementerio de los ángeles” a las afueras de la localidad. Pero objetivos, logrados.
"La vida no vale nada", te dicen muchos en Rusia. Tanto los que protestan abiertamente ante cada uno de los pasos del nuevo zar de Rusia como los que no se atreven a arriesgarse a ser detenidos, como estos días en Moscú y San Petersburgo en las movilizaciones contra la guerra en Ucrania. “La vida no vale nada”. Lo sabía Anna Politkóvskaya. Lo sabía Natalia Estemírova, allí en Grozni, días antes de aparecer sin vida en una cuneta. Y tantos otros lo han sabido. Como, ahora, Navalni desde prisión.
Igual que no le ha costado levantar el teléfono para dar la orden de atacar, sin pensar el peaje de las vidas humanas, tampoco le duele a Putin dejar a nadie en evidencia e, incluso, humillarlo. Esta semana, sin ir más lejos, lo hacía abiertamente con el jefe de su Servicio de Inteligencia Exterior, Sergei Narishkin. Ante las cámaras y durante la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, él le pregunta si está de acuerdo en que Donetsk y Lugansk sean independientes porque le ha visto algo indeciso al proponer que antes, se hable con Kiev. “Hable claro”, le pide Putin. “¿Va a reconocer o reconoce?”. Narishkin, ciertamente nervioso, le contesta que sí: “Apoyo la propuesta de ingreso de las repúblicas populares de Donetsk y de Lugansk en la Federación Rusa”. Pero Putin, revolviéndose en la silla con la frialdad del viejo Telón de Acero, le insiste en que “eso no es lo que le he preguntado, ¿reconoce o no?”. Narishkin, ya tembloroso, le contesta definitivamente que sí: “Reconozco la independencia de las repúblicas populares de Donetsk y de Lugansk”.
En 2008, ocurrió lo mismo con Osetia del Sur y con Abjasia. Hubo reconocimiento de su independencia, pero no forman parte de la Federación Rusa. Hay paralelismos entre la de hoy y aquella guerra de Georgia ordenada por el incontrolable Mijail Saakashvili. Fue, sin duda, otra pica en Flandes. Como el arrebato sangriento del 2014 en el Maidán, en las regiones prorrusas del este de Ucrania y en Crimea, que acabaría siendo anexionada por Rusia a su territorio de forma unilateral. A todo, sumémosle la deriva bielorrusa y Transnistria, en Moldavia. El poder y el mapa.
Putin, como innumerables especies, sigue marcando su territorio ante la mirada atónita de la Unión Europea. Bruselas sí ha logrado mantenerse unida a la hora, por ejemplo, de decidir sanciones de amplio alcance que –como sabe- pueden acabar incluso repercutiéndole. Pero los analistas se preguntan si esto será suficiente, mientras parece que poco más se puede hacer que desear que Moscú acepte negociar.
(José Carlos Gallardo rtve 28/02/2022)
Запад (Zapad) significa oeste, Occidente, en ruso. Y es un concepto ubicuo en la retórica gubernamental rusa. El imaginario que se ha construido es que Occidente mantiene con Rusia la obsesión que tuvo con la URSS (no les falta razón) y que a partir de ahí casi todos los males que aquejan a la sociedad rusa tienen su origen de una manera u otra en la maldad del Zapad. Occidente, sostiene esa lógica, no cesará hasta acabar con Rusia como lo hizo con la URSS.
Cuando Vladímir Putin llegó a la presidencia de Rusia, en enero de 2000, heredó un país sumido en una profunda depresión económica y moral por el declive que arrancó a finales de los años 80 y llevó a la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A todos los efectos la mayor de aquellas repúblicas, Rusia, heredó el legado de la URSS. Incluida su derrota en la Guerra Fría contra Estados Unidos y todo Occidente.
Vladimir Putin asciende del total anonimato como agente de la KGB a primer ministro primero y presidente después con el impulso de la Guerra de Chechenia. Se convertiría en absoluto dominador de la política rusa como representante de una nueva generación de líderes pero con multitud de incógnitas sobre sus reales intenciones democráticas y su relación con los oligarcas que dominan la economía del país.
En los pocos meses que Putin estuvo de primer ministro lanzó la segunda guerra en la república rebelde de Chechenia. Y se propuso que no iba a haber una tercera en su vida, él, a diferencia de Yeltsin, los perseguiría hasta "la taza del váter". Arrasó Grozni, la capital. Lo vi. A la periodista que mejor documentó las atrocidades cometidas por el ejército ruso, Anna Politkovskaya, la asesinaron en el portal de su casa en Moscú. Grozni se ha reconstruido de forma espectacular con una inversión multimillonaria y Chechenia la gobierna con mano de hierro un amigo de Putin, que ahora ha mandado un ejército a Ucrania.
Esa victoria en Chechenia más los grandes ingresos por la exportación de petróleo, que alcanzó máximos históricos, fueron el viento de popa que permitieron avanzar a Putin en una doble estrategia triunfal: subir el poder adquisitivo de los rusos y devolverles el orgullo nacional herido.
Putin iba a ser quien vengara la humillación sufrida por Rusia desde la caída de la URSS en diciembre de 1991. Hace treinta años. Estableció un pacto tácito con la sociedad rusa: a cambio de esas dos ganancias se iba a terminar la libertad de expresión. Prohibido criticar a Putin y su círculo.
Cada día que pasaba crecían el nacionalismo y la represión. Cuando atisbaba una crisis económica o de popularidad, siempre había algún conflicto en alguna exrepública independizada donde ir a liberar a la población rusa.
Así, Moscú ha ido recuperando el control sobre lo que llama "área de interés vital", o dicho de otro modo, que Rusia esté rodeada de repúblicas aliadas. Por las buenas o por las malas.
"Doctrina Putin. La confrontación de Moscú con la OTAN es sólo el principio". Así arranca el artículo que el miércoles pasado, 23 de febrero, publicó Serguei Karaganov, presidente honorario del Consejo de Política Exterior y Defensa de Rusia, en la web de RT, Russia Today, la cadena de Televisión del Kremlin.
En ese artículo desarrolla el concepto de "destrucción constructiva", que define como no agresiva hasta el punto de que "Rusia no atacará a nadie". Con una excepción, la OTAN. Y ahí entramos en lo que hemos comentado varias veces y el Kremlin invoca siempre, la traición de la OTAN, que lejos de disolverse como el Pacto de Varsovia se ha ido ampliando hasta la frontera de la extinta URSS.
Omiten siempre que la OTAN no ha anexionado ninguno de esos antiguos miembros del Pacto de Varsovia, sino que han sido ellos quienes desde el primer día, huyendo de la amenaza que sentían de Rusia, estuvieron llamando a la puerta de la Alianza hasta que entraron.
No, para Moscú, la expansión de la OTAN y "la inclusión formal o informal" de Ucrania, escribe Karaganov, es una amenaza que Moscú no puede aceptar. Y ha llegado el momento de vengar esa traición porque, y aquí viene lo trascendental, hay que aprovechar la debilidad de Occidente.
Esa es la tesis, que "Occidente está en un lento pero inevitable declive, tanto en la política internacional como en la economía", por eso, sigue la argumentación, Occidente ha empezado una nueva Guerra Fría. Una guerra que esta vez perderá, sostiene, y se convertirá en "un socio más razonable".
Simultáneamente, "Rusia deberá equilibrar su relación con una China cada vez más poderosa". Desde su perspectiva es "Occidente" y no Rusia quien está usando Ucrania como mero instrumento en esta pataleta para evitar el declive. ”Tenemos que convencer a Occidente de que se está auto lastimando”.
Resumiendo: Rusia tiene que aprovechar una doble oportunidad: el declive de Occidente y que el mundo ha virado a Oriente y eso sitúa Rusia en un lugar idóneo para recuperar peso en la escena internacional y vengar las sucesivas traiciones de la OTAN en estos últimos 30 años.
Como en todo tablero de ajedrez en esta partida hay peones, lo último en la escala de valores y lo primero que se sacrifica para salvar a la reina y al rey. Los peones somos los ciudadanos sin más poder que nuestras vidas y nuestro voto. Lo segundo no cuenta en Rusia, en Occidente bastante más.
Las primeras víctimas, cuyas vidas en estos momentos no valen absolutamente nada, son los ciudadanos de Ucrania, expulsados de sus propias vidas por las bombas.
Pero los ciudadanos rusos también son víctimas. Sufrirán las consecuencias de las sanciones contra Rusia mucho más de lo que lo sufrirán Putin y su círculo. Y hoy ya sufren el sentirse odiados por el resto del mundo y por sus amigos y conocidos ucranianos.
Unas víctimas que se escaparán a la percepción de Occidente son los rusos, ciudadanos que viven en Rusia y tienen pasaporte ruso, pero que ellos y el resto de rusos consideran ucranianos porque son de familias ucranianas. Esa distinción envenenada entre ciudadanía y nacionalidad/etnia.
Familias mixtas de nacionalidad rusa y ucraniana ya están sufriendo, si no materialmente, sí emocionalmente. Lazos afectivos de toda una vida se están rompiendo de manera traumática. También en Ucrania. En Ucrania no hay rusos sólo en el Donbás. Viven rusos en toda Ucrania, que hoy están en minoría y son los agresores a la vista de sus vecinos, compañeros de clase y de trabajo.
(Anna Bosch | rtve 28/02/2022)
La invasión de Ucrania por parte de Rusia mantiene en vilo al mundo mientras los avances militares se suceden con rapidez, aunque no tanta como parecía al principio, cuando se hablaba de una operación relámpago. En menos de 48 horas, las fuerzas rusas se cernían sobre Kiev. Los combates, ya generalizados en casi todo el país, se recrudecen en la capital, el objetivo principal de los atacantes y la gran esperanza de los defensores. Y se extienden también con fuerza en Járkov, segunda ciudad del país. Éste es el relato, paso a paso, de la primera guerra en suelo europeo del siglo XXI.
De las tensiones al gran estallido
La guerra actual es la explosión definitiva de un conflicto que hunde sus raíces en el viraje del Gobierno ucraniano hacia posiciones más cercanas a la Unión Europea y la OTAN -la revolución del Euromaidán, en 2013- y que comenzó en 2014, con la anexión rusa de Crimea y el inicio de la guerra en el Dombás. Allí, en las provincias de Lugansk y Donetsk, las milicias prorrusas mantenían el control de una parte del territorio y los enfrentamientos con las fuerzas ucranianas eran recurrentes pese a la tregua oficial.
La tensión se acrecentó el año pasado, cuando Rusia desplegó en torno a 100.000 soldados al este y al norte de Ucrania, incluyendo sus bases en la vecina Bielorrusia. En verano realizó una retirada parcial, pero a finales de 2021 se recrudeció el conflicto: Moscú exigía garantías de seguridad que incluían un compromiso vinculante de que Ucrania nunca formaría parte de la OTAN, además de la reducción de los efectivos de la Alianza Atlántica en Europa del Este.
Estados Unidos y la UE rechazaron esas exigencias y alertaron de un ataque inminente de Rusia contra Ucrania, un extremo que el Kremlin negaba a pesar de que en las últimas semanas llegó a acantonar hasta 150.000 soldados en torno al territorio ucraniano. Finalmente, el 21 de febrero las autoridades rusas reconocieron la independencia de Donetsk y Lugansk, las regiones separatistas, y dos días después, el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenaba la invasión por tierra, mar y aire del territorio ucraniano.
Tras el anuncio de Putin, que entonces se entendió como una declaración en directo, surgen las dudas. ¿Hasta dónde llegará esa operación? ¿Se limitará a la región del Donbás? Las dudas se despejan pronto, aunque la información fiable seguirá llegando con cuentagotas y la desinformación será la tónica habitual.
Tras los primeros bombardeos, los ataques aéreos continúan en lo que se plantea inicialmente como una operación relámpago, La ofensiva por tierra se dirige a ciudades, aeropuertos e infraestructuras de todo el país, con incursiones desde los cuatro frentes - todas las fronteras ucranianas salvo la oeste. Las tropas rusas batallan en la ciudad fronteriza de Járkov -la segunda más grande de Ucrania, a apenas 80 kilómetros de la rusa Belgorod-, un combate que continúa a día de hoy. La siguiente imagen satelital, de Planet Labs, muestra el efecto de un bombardeo en la base aérea de Chuguev, a las afueras de Járkov.
Las fuerzas ucranianas también combaten a un Ejército ruso con una capacidad cuatro veces mayor en la línea del frente establecida antes del 24 de febrero en las regiones de Donetsk y Lugansk. Según informan desde el mando militar nacional, las Fuerzas Armadas de Ucrania rechazan el avance de 16 tanques enemigos, destruyendo tres de ellos. Los bombardeos en la zona se repetirán a lo largo del día.
La incertidumbre sobre el papel de Bielorrusia se prolonga durante las primeras horas de la invasión, hasta que se confirma que las tropas rusas también han entrado por la frontera bielorrusa, desde las bases que el Ejército ruso tiene en el país. Chernóbil se convierte en el símbolo de la invasión desde el norte cuando las autoridades ucranianas afirman que varios civiles han sufrido las consecuencias del ataque ruso a la antigua central nuclear.
Los ataques a infraestructuras civiles se van reproduciendo a medida que pasan las horas. Se trata de edificios residenciales, pero también de hospitales. Y los fallecidos aumentan: casi 200 en el informe del sábado del Gobierno ucraniano, incluyendo tres niños.
El viernes Rusia asegura haber tomado control de la planta de Chernóbil. Se une a otras regiones en el norte, noreste, sureste y sur que las fuerzas rusas habrían ocupado según el Instituto para el Estudio de la Guerra. El mapa que dibujaba este centro al comienzo del tercer día de guerra muestra una ofensiva que gana terreno y se acerca cada vez más a la sede del Gobierno Ucraniano.
Asedio a Kiev:
La llegada de las tropas rusas a Kiev convirtió a la capital ucraniana en el principal escenario de los enfrentamientos en el tercer día desde el comienzo de la invasión. La ciudad, que sufrió bombardeos desde que Putin ordenó el ataque -las primeras explosiones en la capital ya se escucharon en la madrugada del jueves-, soporta ahora los constantes disparos de la artillería rusa. Y los combates se sostienen ya calle a calle, aunque los soldados ucranianos no ceden en sus posiciones, ofreciendo una resistencia mayor de la esperada por Rusia.
La acometida de las fuerzas rusas para entrar en la capital ucraniana se concentra en norte y el noreste de la ciudad, con los efectivos que entraron en Ucrania desde la vecina Bielorrusia. También hay enfrentamientos a unos 30 kilómetros al sur, donde los rusos intentan desplegar a sus paracaidistas, siempre según las autoridades ucranianas, puesto que Rusia no ha reconocido ninguna ofensiva sobre Kiev.
Tampoco está clara la situación del aeródromo de Hostomel, a las afueras de la capital y que acoge la principal base aérea ucraniana: el jueves sufrió una incursión aérea el jueves, pero los combates persisten desde entonces.
Los objetivos de las tropas rusas son las infraestructuras críticas, como una central eléctrica que ha resultado atacada en el barrio de Troieshchyna, al noreste de la capital, pero los edificios civiles no escapan de la crudeza de los choques: un bloque residencial al oeste de la ciudad recibía el impacto de un proyectil durante la madrugada del sábado. Las autoridades ucranianas aseguran, por su parte, que han destruido una columna de cinco vehículos militares rusos, incluido un tanque, en la avenida de la Victoria de Kiev.
Con un objetivo claro -el acercamiento ruso a la sede del Gobierno ucraniano-, las incógnitas siguen siendo muchas. Kiev, al igual que Járkov, ha adelantado su toque de queda a las 17 horas. El ataque se recrudece en la capital y en la segunda ciudad más grande mientras la batalla continúa también en otros frentes. Las sanciones se multiplican y la OTAN se ha reforzado en las zonas fronterizas con Ucrania. Solo el tiempo determinará la escala de un conflicto que ya ha sacudido Europa.
(Paula Guisado | rtve 28/02/2022)
El discurso sobre Ucrania pronunciado por Vladimir Putin ante el Consejo de Seguridad de Rusia el 21 de febrero llama la atención por reunir con mayor detalle y tono acusatorio que nunca la lista completa de presuntos agravios históricos en los que el presidente de Rusia ha basado su política exterior desde que llegó al poder. Te explicamos las principales acusaciones, la mayoría de ellas ya refutadas por expertos y organizaciones internacionales.
El discurso se retransmitió por televisión y dura aproximadamente 55 minutos, en los que Putin explica su visión de la situación en el este de Ucrania antes de firmar los decretos que reconocen la independencia de sus territorios de Donetsk y Lugansk, con tensiones separatistas agravadas desde 2014. La web oficial de El Kremlin ha publicado la alocución entera en ruso y solo parcialmente en inglés (hasta el minuto 27). Tienes una traducción y transcripción completa al inglés en C-Span. Estos son algunos de los adjetivos con que se han calificado las palabras del líder ruso en Occidente: “terrorífico”, “delirante” o “inquietante”. Para el ex ajedrecista Gary Kasparov, es el “fin del orden mundial”. Estos son los presuntos agravios esgrimidos por Vladimir Putin.
Contra los líderes rusos:
Para Putin, los males actuales parten de malas decisiones del pasado, que provocaron la configuración actual de las fronteras de Ucrania. Eso incluye a líderes rusos, que olvidaron que en el suroeste de este país ha vivido gente que se ha llamado rusa desde tiempo inmemorial y que no gestionaron bien la cuestión del nacionalismo. “La Ucrania moderna es completamente -fue completamente- creada por Rusia. Para ser más exactos, por la Rusia Bolchevique comunista”, dice Putin. Según él, “Lenin y sus seguidores lo hicieron de manera ruda” y Lenin “sugirió hacer concesiones a los nacionalistas” (min. 1.38 en el vídeo en inglés de C-Span, que hemos contrastado con la transcripción de El Kremlin). Esto derivó en una Ucrania independiente. Stalin incluso cedió posteriormente más territorios a Ucrania, sin darse cuenta del peligro que esto entrañaba (min: 2.21).
La profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense María José Pérez del Pozo recalca que la creación de las repúblicas federadas en la URSS, incluida Ucrania, “no fue una concesión a los nacionalistas” por parte de Lenin, como pretende hacer creer Putin. Considera además que el discurso de Putin del 21 de febrero “no tiene precedente” por su carga de revisionismo histórico crítico de los líderes rusos.
Contra las fronteras actuales:
El hecho de que la URSS estuviera conformada por “repúblicas federadas”, incluida Ucrania, responde efectivamente a una idea de Lenin, que consiguió imponerse a la “visión” de Stalin, según explica a VerificaRTVE Pérez del Pozo. Esta profesora de Relaciones Internacionales de la Complutense señala que las fronteras actuales de Ucrania se corresponden con las “fronteras administrativas” que tenía en la URSS. Recuerda que Putin sí respalda como “definitivas” las “fronteras administrativas” en Estonia, donde Rusia controla una zona “arrebatada” a los estonios “en la época soviética”. En 1994, Rusia se comprometió a respetar la integridad territorial de Ucrania a cambio de la entrega a Moscú del arsenal nuclear soviético (pág. 14 del Memorándum de Budapest).
El embajador de Kenia ante la ONU, Thomas Linge, ha respondido a Putin recordando que “casi cualquier país africano” tiene unas fronteras fijadas por “distantes metrópolis coloniales” pero esa circunstancia no justifica la recuperación de territorios “por la fuerza”.
Contra las decisiones tomadas al final de la Guerra Fría
Putin dice que en 1989, cuando cayó el muro de Berlín y se visualizó el fin de la Guerra Fría, el Partido Comunista cometió el error de garantizar a las antiguas repúblicas de la URSS el estatus de “estados soberanos” con derecho a retar las resoluciones de Moscú y a disponer de su propia “ciudadanía” (min. 12.50).
Pérez del Pozo asegura que esta afirmación del presidente ruso “es un argumento tramposo”. Recuerda que “la propia Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas reconocía el derecho de las repúblicas a secesionarse”. La Constitución de la URSS de 1936 ya fijaba en su artículo 17 que cada república tenía “reservado el derecho a separarse libremente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”. El mismo texto constitucional soviético establecía en su artículo 18 que “el territorio de una república de la Unión no puede ser alterado sin su consentimiento”.
Contra la ampliación de la OTAN al Este:
Es la gran acusación de Rusia en los últimos años. En las negociaciones sobre el fin de la Guerra Fría se les dijo que “la reunificación de Alemania no conduciría a la expansión al Este de la OTAN”. Putin afirmó en su discurso: “Estoy citando aquí. Dijeron esas cosas, dándonos garantías”, pero después, según él, no lo cumplieron (min. 40.13).
Pérez del Pozo reconoce que no hubo ningún compromiso por escrito pero asegura que Occidente y la Unión Soviética sí que pactaron verbalmente que la Alianza Atlántica no llegaría hasta las fronteras rusas. En su opinión, “hay muchos testimonios de personas que estaban en esas cumbres” que confirman el pacto verbal. Desde su creación en 1949, la organización ha duplicado su número de socios pasando de 12 a 30 miembros. Casi todos los nuevos estados afiliados (14) formaban parte del antiguo bloque del este
Contra el supuesto ‘genocidio’ en las regiones separatistas
El mandatario ruso ha repetido en su discurso la idea de “genocidio” contra la población de origen ruso en el este de Ucrania (min. 53.27) y ha reprochado a Occidente que no quiera admitir esta realidad. “Están torturando a personas, niños, mujeres, ancianos. No se detiene. No hemos visto que esto tenga un fin”. No existen pruebas de dicho genocidio a la población rusa de Lugansk y Donetsk y ninguna organización internacional de peso en materia de derechos humanos lo refrenda. De hecho,
Amnistía Internacional recoge irregularidades en el Donbás y ha documentado allí “la represión de todas las formas de disidencia”. La ONG denuncia “detenciones, interrogatorios y torturas y otros malos tratos por parte de las autoridades de facto [prorrusas] y el encarcelamiento en condiciones a menudo inhumanas”. Además, apunta a una “información independiente” limitada. En 2014 el centro de análisis Carnegie Endowment for International Peace ya explicaba que Rusia utiliza esta terminología como pretexto para defenderse: “Al enmarcar su lucha como una lucha contra un régimen que intenta cometer un genocidio, presentan sus acciones no como una primera opción sino como el último recurso de un pueblo que intenta proteger sus derechos humanos fundamentales.”
Contra el “no reconocimiento” de Rusia en Crimea:
Putin le ha dedicado un fragmento especial a Crimea: “Tomaron la decisión de estar con nosotros (31.06). La justificación de la invasión rusa de Crimea en 2014 ha sido contestada por la comunidad internacional de manera muy amplia. En diciembre de 2020, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que afirma que “la toma de Crimea por la fuerza es ilegal y constituye una violación del derecho internacional” (pág. 2). En otra resolución anterior, justo tras la anexión, reclamaba la integridad territorial de Ucrania recordando a Rusia que el art. 2 de la Carta de Naciones Unidas dice que los países deben “abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”. En el mismo documento se citan otros acuerdos multilaterales como la resolución 2625 que dice que “el territorio de un Estado no será objeto de adquisición por otro Estado”.
Con anterioridad a los compromisos multilaterales de la segunda mitad del s. XX, Crimea fue un territorio que cambió de manos en numerosas ocasiones. Entre los s. XV y XVII fue un protectorado otomano (actual Turquía). En 1784 Rusia se la anexionó. En 1954 el líder soviético Nikita Khrushev (que era medio ucraniano) regaló la península a Ucrania que entonces formaba parte de la URSS. Con la caída del muro de Berlín, Crimea siguió formando parte de una Ucrania independiente (Memorándum de Budapest, pág. 3) salvo la base militar de Sebastopol en el Mar Negro que siguió bajo dominio ruso. Finalmente Rusia se hizo con el control de la península en 2014.
Contra los movimientos militares de la OTAN:
El presidente de Rusia alega que un país “no puede mejorar su seguridad a expensas de la seguridad de los socios” y que “elegir medios de aumentar la propia seguridad no deberían crear amenazas para otros estados”. Se refiere en el discurso a los medios de la OTAN desplegados en el Este de Europa y a la intención de admitir a Ucrania en la organización (min. 38.17).
El “Dilema de Seguridad” es un elemento esencial de la teoría de las Relaciones Internacionales. Sostiene que “una política que incremente la seguridad de un territorio tiende a disminuir la seguridad de otros”. La invocación de este principio ha sido una constante en la política exterior rusa para sostener su oposición a la ampliación de la OTAN hacia el este. Michele Testoni, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de IE University, explicaba con motivo de esta crisis que “Rusia, por su geografía y por su espacio, se percibe a menudo rodeada por potencias enemigas”. Añade Testoni que este relato está siendo aprovechado por Putin para “legitimar una sensación de debilidad en seguridad”. En contraposición a este argumento, dice Testoni, está la posición oficial de la OTAN que “no es agresiva sinó más bien defensiva” y añade que la sensación de amenaza se vive con mucha intensidad pero en sentido contrario: “Los países bálticos, Polonia, Rumanía y una parte de Ucrania perciben a Rusia como una amenaza”.
Esa es la lectura de la situación que hizo ya en en el mes de enero el Departamento de Estado de los EEUU cuando afirmaba: ”Movilizar más de 100.000 soldados rusos, incluidas fuerzas de combate con experiencia bélica y armamento ofensivo, sin una explicación inocua plausible a la frontera de un país que Rusia ha invadido previamente y sigue ocupando en partes no constituye una mera rotación de tropas. Es una amenaza clara y renovada a la soberanía y la integridad territorial de Ucrania”.
(VerificaRTVE 2022)
En las veinticuatro horas posteriores al anuncio de que Vladímir Putin reconocía la independencia de dos provincias ucranianas, EEUU, Reino Unido y los países de la UE compraron 3,5 millones de barriles de petróleo y productos refinados a Rusia por valor de 350 millones de dólares, según Javier Blas, de Bloomberg. El periodista añadió el cálculo de otros 250 millones por el gas ruso exportado ese día, además de decenas de millones en otras materias primas, como aluminio, carbón, níquel o titanio. Por tanto, después de que Putin tomara una medida que violaba el Derecho internacional y las fronteras de Europa, además de ser un aviso sobre la guerra inminente, la factura de las relaciones comerciales de Rusia con Occidente superaba con mucho los 700 millones de dólares diarios. Es una relación económica casi imposible de romper.
Resulta difícil imponer sanciones económicas a un país que es uno de los principales suministradores de materias primas a Europa, en especial gas y petróleo. Los fondos obtenidos por su exportación han permitido a Rusia aumentar las reservas del país hasta superar los 600.000 millones de dólares, además de modernizar las Fuerzas Armadas, las mismas que ahora avanzan sobre territorio ucraniano. Putin está empleando esos fondos facilitados por EEUU y Europa para crear la mayor crisis internacional en territorio europeo desde 1945. Son las reglas del mercado.
En la última década, se ha repetido en varias ciudades europeas que uno de los factores que podía contener al Gobierno de Putin es que la economía rusa estaba totalmente conectada con las del resto del mundo. No puedes atacar a los países que son tus mejores clientes. En 2014, Putin demostró con la anexión de Crimea que esa dependencia mutua no le impediría tomar las medidas que creyera oportunas para defender la posición de Rusia. En 2022 ha vuelto a ocurrir.
"Son sanciones duras", dijo Joe Biden el jueves al anunciar nuevas medidas contra Moscú. "Tengamos esta conversación dentro de un mes para ver si están funcionando". Para entonces, puede que ya no quede mucho del Ejército ucraniano.
Lo más llamativo de la rueda de prensa del presidente de EEUU fue que admitió que las sanciones no afectaban directamente a la principal fuente de ingresos de la economía rusa. "En nuestro paquete de sanciones, hemos decidido específicamente permitir los pagos de exportaciones de energía. Estamos vigilando de cerca los suministros de energía para comprobar si se producen alteraciones".
Traducción: queremos sancionar a Rusia, pero también necesitamos que los precios de los combustibles y del gas de uso doméstico e industrial no alcancen cotas prohibitivas. Son dos objetivos que no son fáciles de compatibilizar.
"El objetivo es ir a por los grandes bancos (rusos) sin castigar por completo a los mercados globales de energía", ha dicho un alto cargo del Departamento de Estado norteamericano, que afirma que mantener bajo el precio del petróleo, una de las mayores exportaciones rusas, servirá para que Putin no se beneficie del aumento de precios. Putin "podría vender la mitad de su producto, pero al doble de precio", dijo Amos Hochstein. "No sufriría las consecuencias, mientras que EEUU y nuestros aliados sí. Eso no es una victoria. Es un fracaso".
Se trata de una forma de ocultar que por encima de todo la prioridad es defender el interés propio. Evidentemente, impedir una escalada del precio del petróleo y gas beneficia a los gobiernos de EEUU y Europa por su previsible impacto en una inflación que ya alcanza dígitos no vistos en las últimas décadas. El riesgo no es menor: una segunda recesión en los últimos tres años.
El jueves, día del inicio de la invasión, el precio del barril de crudo Brent llegó a superar los 100 dólares, pero luego descendió y el viernes cerró en 94 dólares, una cifra similar a los días anteriores al conflicto. Los presupuestos del Estado en España para 2022 parten de la premisa de un precio medio del barril de 60 dólares.
EEUU y la UE han centrado las sanciones más fuertes en los dos mayores bancos rusos, Sberbank y VTB Bank. El Departamento del Tesoro de EEUU afirmó que el 80% de las transacciones financieras globales en divisas de las entidades financieras rusas se hacen en dólares, con lo que las restricciones les supondrán serias consecuencias. Como las sanciones están concebidas para que no dañen el suministro energético a Europa, se autoriza a que los pagos por las importaciones de gas ruso se hagan a través de instituciones financieras que no sean norteamericanas y que no estén afectadas por las sanciones, por ejemplo, bancos europeos. Putin seguirá cobrando por su gas y petróleo, aunque no a través de sus bancos.
En el plano simbólico, los gobiernos europeos están muy cerca de imponer sanciones personales contra Putin y su ministro de Exteriores Lavrov con las que congelar sus activos en el exterior. Ambos cuentan con bienes suficientes en Rusia para que esa decisión no les afecte demasiado. La fortuna personal del presidente ruso es imposible de cuantificar. Si cuenta con propiedades en el extranjero, están registradas a nombre de familiares, amigos o sociedades pantalla.
Una medida más radical sería expulsar a Rusia del registro internacional de pagos Swift. Eso impediría cualquier pago de importaciones de productos rusos. El ministro francés de Economía dijo el viernes que esa sería la última medida de castigo que se tomaría. Alemania e Italia no la han aceptado hasta ahora. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, afirmó que es una decisión que aún no se ha discutido a fondo y que España estaría a favor de adoptarla.
Ucrania exige el veto a Rusia en Swift. "Todos los que duden ahora sobre si Rusia debería ser expulsada de Swift tienen que comprender que la sangre inocente de hombres, mujeres y niños en Ucrania manchará también sus manos", ha escrito el ministro ucraniano de Exteriores.
La expulsión de Swift tuvo graves consecuencias para la capacidad de Irán de exportar petróleo y recibir el pago correspondiente. No está claro su impacto en una economía de las dimensiones de la rusa, que además podría contar con la colaboración de China para organizar sus transacciones financieras. Pero en la práctica haría imposible que los países europeos pudieran pagar las importaciones de gas ruso. Su exportación tendría que interrumpirse y eso tendría efectos dramáticos en el suministro de gas a los hogares europeos. Europa recibe de Rusia el 40% de su consumo total de gas. Qatar, uno de los grandes productores, ya ha avisado que no está en condiciones de ocupar el hueco que dejaría el fin de esas importaciones.
La medida confirmaría además que Swift, que es ejecutado desde Bélgica, se puede convertir con facilidad en un arma de la política exterior de EEUU, como ya se comprobó con las sanciones a Irán. Eso aceleraría la consolidación de otros sistemas de pagos que no se harían en dólares, algo que no conviene a Washington.
Mientras en la superficie las tropas rusas intentan acabar con la resistencia ucraniana, por debajo los oleoductos siguen haciendo su trabajo. Por dura que sea la retórica europea contra Putin, el negocio no se detiene. Después del fuerte incremento del precio del gas en el primer día de la guerra, el viernes tuvo un claro descenso, superior al 30%, hasta caer a 90 euros el megavatio hora. La previsión para el sábado es que se alcance el más alto nivel de suministro ruso a Europa de los últimos dos meses.
Como dice Javier Blas, "capitalismo en tiempos de guerra". Europa dice que plantará cara a Putin, y lo dice en los términos más rotundos, pero al final necesita su gas.
(Iñigo Sáenz de Ugarte 26/02/2022)
La respuesta se basa en las conclusiones abrumadoras de la investigación internacional dirigida por los Países Bajos, conocida como el Equipo de Investigación Conjunta (JIT), que utilizó una cantidad masiva de pruebas forenses, testimonios, fotos, videos y comunicaciones interceptadas.
La 53ª Brigada de Misiles Antiaéreos de Rusia
La investigación del JIT concluyó sin lugar a dudas que el sistema de misiles Buk TELAR (lanzador-erector-transportador y radar) que derribó el MH17 pertenecía a las fuerzas armadas rusas.
El sistema provenía de la 53ª Brigada de Misiles Antiaéreos, una unidad del ejército ruso con base permanente en la ciudad de Kursk, en Rusia.
Los investigadores rastrearon el convoy militar específico que salió de Kursk el 23 de junio de 2014. Utilizando una enorme cantidad de fotos y videos publicados en redes sociales por ciudadanos rusos, los analistas (incluido el colectivo de investigación de código abierto Bellingcat) identificaron el lanzador Buk específico por sus marcas únicas (números de serie, daños, grafitis) y siguieron su ruta desde Kursk hasta la frontera con Ucrania.
En el verano de 2014, las fuerzas ucranianas estaban utilizando su fuerza aérea con creciente eficacia contra las posiciones separatistas.
Los separatistas, respaldados por Rusia, estaban perdiendo terreno y no tenían armas capaces de alcanzar aviones a gran altitud.
El JIT publicó grabaciones de llamadas telefónicas entre altos líderes separatistas y sus contactos en la inteligencia y el ejército ruso. En estas llamadas, los separatistas suplican repetidamente por un sistema de defensa antiaérea avanzado, como un Buk, capaz de derribar aviones a más de 10.000 metros de altura.
La decisión de enviar el Buk fue tomada dentro de la cadena de mando rusa para proporcionar a los separatistas la capacidad que necesitaban para controlar el espacio aéreo sobre el territorio que ocupaban.
El sistema Buk requiere un equipo altamente entrenado y experimentado.
En la noche del 16 al 17 de julio de 2014, el lanzador Buk fue transportado desde Rusia a través de la frontera hacia el territorio controlado por los separatistas en el este de Ucrania.
El JIT concluyó que la tripulación que operaba el Buk era rusa. Pudo haber sido una tripulación militar rusa completa, o una tripulación mixta bajo mando ruso. La idea de que los separatistas locales operaran un sistema tan complejo de forma autónoma es considerada inverosímil por los expertos militares. Eran expertos rusos enviados junto con el arma.
Las comunicaciones interceptadas muestran que el transporte y la operación del Buk dentro de Ucrania fueron coordinados por oficiales de la inteligencia rusa (FSB y GRU) y líderes separatistas de alto rango, como Igor Girkin (alias "Strelkov") y Sergey Dubinsky.
El 17 de julio, el Buk fue trasladado a un campo agrícola cerca de la localidad de Pervomaiskyi, al sur de la ciudad de Snizhne.
La intención de la tripulación era derribar un avión militar ucraniano. Es muy probable que confundieran el MH17, un Boeing 777 volando a 10.000 metros, con un avión de transporte militar ucraniano An-26.
Por la tarde, dispararon un misil Buk 9M38. El misil detonó justo encima y a la izquierda de la cabina del MH17, destrozando el avión en el aire y matando a las 298 personas a bordo.
Inmediatamente después del derribo, los líderes separatistas y los medios rusos se jactaron en las redes sociales de haber derribado otro avión militar ucraniano. Cuando se hizo evidente que se trataba de un avión de pasajeros civil, esos mensajes fueron eliminados frenéticamente.
Al darse cuenta del desastre, la orden fue sacar el Buk de Ucrania lo más rápido posible para ocultar las pruebas.
El lanzador Buk fue filmado y fotografiado esa misma noche y la mañana siguiente mientras era transportado apresuradamente hacia la frontera rusa. En estas imágenes, al lanzador le falta visiblemente uno de sus cuatro misiles.
El JIT concluyó que el sistema de misiles cruzó de vuelta a territorio ruso durante la noche del 17 al 18 de julio.
✦ Hay algún organismo internacional que haya reclamado a Rusia indemnizaciones por el derribo?
Sí, absolutamente. No hay un único "organismo internacional" que lo haya hecho, sino que son Estados nacionales los que han utilizado foros y tribunales internacionales para reclamar formalmente la responsabilidad de Rusia y exigir indemnizaciones. Los actores principales en esta reclamación son los Países Bajos y Australia, los dos países que perdieron el mayor número de ciudadanos en la catástrofe (193 holandeses y 38 australianos).
Estos son los dos frentes legales más importantes donde se ha reclamado formalmente a Rusia:
1. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH / ECHR)
Este es el caso más significativo y avanzado.
En 2020, el gobierno de los Países Bajos presentó una demanda interestatal contra Rusia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Posteriormente, Australia se unió a este esfuerzo legal. Ucrania ya tenía un caso relacionado contra Rusia, y el tribunal los fusionó.
La demanda argumenta que Rusia, al tener "control efectivo" sobre los separatistas y el territorio desde donde se disparó el misil, es responsable de la violación del Artículo 2 de la Convención Europea de Derechos Humanos: el "derecho a la vida" de las 298 víctimas.
El caso busca que el tribunal declare oficialmente a Rusia como responsable del derribo y, en consecuencia, la obligue a pagar una indemnización ("justa satisfacción") a los familiares de las víctimas.
En enero de 2023, el TEDH dictó una sentencia interlocutoria crucial: declaró el caso admisible. Rechazó todos los argumentos de Rusia para desestimar el caso y confirmó que tiene jurisdicción porque las pruebas demuestran que la zona estaba bajo el control de facto de la Federación Rusa. Este fue un golpe devastador para la posición legal de Rusia y una victoria masiva para los Países Bajos y Australia. Aunque Rusia fue expulsada del Consejo de Europa después de la invasión de 2022, el tribunal mantiene la jurisdicción sobre los hechos ocurridos cuando Rusia todavía era miembro.
2. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI / ICAO)
Esta es una vía paralela que se centra en las violaciones de las leyes de aviación.
En marzo de 2022, los Países Bajos y Australia iniciaron conjuntamente un procedimiento contra Rusia ante la Organización de Aviación Civil Internacional, una agencia especializada de las Naciones Unidas.
Argumentan que Rusia violó el Artículo 3 bis del Convenio de Chicago de 1944 sobre Aviación Civil Internacional, que prohíbe el uso de armas contra aeronaves civiles en vuelo.
Buscan que el Consejo de la OACI reconozca oficialmente la violación de la ley de aviación por parte de Rusia y la inste a entrar en negociaciones de buena fe con ellos para resolver el asunto, lo que incluiría el pago de reparaciones.
El Consejo de la OACI ha condenado las acciones de Rusia y ha afirmado que tiene jurisdicción sobre el caso, a pesar de las objeciones y la retirada de Rusia de los procedimientos.
La respuesta de Rusia en todos estos foros ha sido consistente: * Negación total: Niega cualquier implicación en el derribo.
Se ha negado a cooperar con el Equipo de Investigación Conjunta (JIT) y ha intentado desacreditar sus hallazgos.
Se ha retirado de los procedimientos legales tanto en el TEDH como en la OACI, declarando que son parciales y políticamente motivados.
Los Países Bajos y Australia han reclamado formalmente a Rusia ante los más altos foros internacionales pertinentes (el TEDH y la OACI), buscando una declaración de responsabilidad y el pago de indemnizaciones. Aunque Rusia se niega a participar, estos procesos legales siguen avanzando y han establecido un registro legal y fáctico abrumador de la responsabilidad del Estado ruso.
(Gemini CLI, 2025)
✦ Samir Amin [†2018], economista marxista egipcio-francés, consideraba que la nomenklatura soviética, la clase dirigente de la URSS, cometió varios errores fundamentales que llevaron al colapso del proyecto soviético. Para Amin, la nomenklatura no era una burocracia obrera, sino una nueva clase dominante, una "burguesía de Estado".
Sus principales errores, según Amin, fueron: * Ruptura de la alianza obrero-campesina: La colectivización forzosa de la agricultura rompió la alianza entre obreros y campesinos, que
había sido la base de la revolución de 1917. Esto reforzó el poder autocrático del Estado y consolidó a la nomenklatura como una "burguesía de Estado soviética".
* Capitulación ideológica ante el capitalismo: La nomenklatura no aspiraba a construir un verdadero socialismo, sino a "alcanzar y superar" a Occidente, lo que significaba adoptar la lógica del capitalismo. En lugar de construir una alternativa sostenible, se dedicaron a imitar a su adversario.
* Fracaso en la "desconexión" y la ilusión de un "capitalismo sin capitalistas": Aunque la Unión Soviética se había "desvinculado" del sistema capitalista mundial, la nomenklatura no aprovechó esta posición para construir una economía socialista viable. En su lugar, especialmente en la era de Gorbachov, persiguieron la utopía de construir un "capitalismo sin capitalistas", lo que llevó a la "periferización" de la economía soviética. * Despolitización de las masas: El gobierno de la nomenklatura se caracterizó por un "despotismo estatista ciego" que despolitizó al pueblo soviético. Al concentrar el poder en un aparato que no rendía cuentas, la nomenklatura sofocó la iniciativa popular y el control democrático que Amin consideraba esenciales para la construcción del socialismo.
* Un colapso a la derecha, no a la izquierda: Para Amin, el colapso de la Unión Soviética no fue una victoria del socialismo, sino una "caída a la derecha". La nomenklatura optó por transformarse de una "burguesía de Estado" que gestionaba la propiedad colectiva a una burguesía convencional basada en la propiedad privada.
En resumen, la crítica de Samir Amin a la nomenklatura soviética fue polifacética. La consideraba una clase que surgió del error histórico de romper la alianza obrero-campesina, una clase que anhelaba ideológicamente el mismo sistema capitalista al que se suponía que debía oponerse, y cuyas políticas condujeron a la despolitización de la sociedad y a la eventual y desastrosa reintegración del antiguo bloque soviético en la periferia capitalista mundial.
Samir Amin fue un crítico de la dirigencia de Stalin, pero su crítica es compleja y debe entenderse como una crítica desde la izquierda, no desde una perspectiva anticomunista o liberal. No fue uno de los críticos más "severos" en el sentido de una condena total, sino uno de los más analíticos desde un punto de vista marxista, especialmente influenciado por el maoísmo.
Su crítica se puede resumir en los siguientes puntos: 1. Una Crítica "Desde la Izquierda": Amin distinguía su crítica de la de otros. Consideraba que la "desestalinización" de Jruschov era una crítica "desde la derecha" que buscaba hacer más concesiones al capitalismo. En cambio, Amin se alineaba con la crítica de Mao a Stalin, que consideraba una crítica "desde la izquierda", centrada en cómo construir mejor el socialismo. 2. El "Error Fatal" de la Colectivización: El punto central de la crítica de Amin a Stalin fue la colectivización forzosa de la agricultura después de 1930. Amin consideraba que esto fue un "error fatal" que rompió la alianza obrero-campesina, la cual había sido la base de la Revolución de 1917.
3. La Formación de una "Burguesía de Estado": Según Amin, este error de romper con el campesinado fortaleció el poder autocrático del Estado y sentó las bases para la formación de una "nueva clase": una "burguesía de Estado" soviética que gestionaba el sistema como una forma de capitalismo de Estado.
4. Contexto Histórico y Visión Matizada: Con el tiempo, la crítica de Amin pareció suavizarse. Reconoció el inmenso contexto de presión que enfrentaba la Unión Soviética, incluyendo la hostilidad implacable de las potencias imperialistas y el papel fundamental de la URSS en la derrota del fascismo. En sus últimos años, presentó a Stalin como una figura compleja que, si bien cometió crímenes y estableció una dictadura burocrática, también trabajó para alcanzar objetivos socialistas y logró "desconectar" a la URSS del sistema imperialista mundial, un logro que Amin consideraba muy significativo.
Amin no fue un detractor visceral de Stalin. Fue un crítico severo de decisiones políticas específicas (especialmente la colectivización) y de sus consecuencias (la creación de una burguesía de Estado), pero siempre analizando la situación desde una perspectiva que buscaba entender los fracasos para poder construir un socialismo mejor en el futuro.
Samir Amin nunca dejó de llamar a Estados Unidos una potencia imperialista. Todo lo contrario, el concepto del imperialismo, con Estados Unidos a la cabeza, es la piedra angular de todo su análisis del sistema capitalista mundial a lo largo de toda su carrera. Lejos de abandonar el término, su análisis del imperialismo estadounidense se volvió más profundo y crítico con el tiempo. Para Amin: 1. Líder de la "Tríada Imperialista": Amin no veía el imperialismo como una acción exclusiva de EE.UU. Hablaba del "imperialismo colectivo de la Tríada", compuesta por Estados Unidos, Europa Occidental/Central y Japón. Sin embargo, dentro de esta Tríada, siempre identificó a Estados Unidos como la potencia hegemónica y líder indiscutible. 2. Control a través de "Cinco Monopolios": Argumentaba que la Tríada (liderada por EE.UU.) mantenía su dominio sobre la periferia global a través de cinco monopolios:
* Monopolio de la tecnología. * Monopolio del control de los flujos financieros. * Monopolio del acceso a los recursos naturales del planeta. * Monopolio de los medios de comunicación.
* Monopolio de las armas de destrucción masiva. Estados Unidos era, para él, el principal actor en el control de estos monopolios. 3. Proyecto de Control Militar del Planeta: Especialmente después de la caída de la Unión Soviética, Amin argumentó que el proyecto de la clase dominante de Washington era el control militar del planeta. Veía las intervenciones de la OTAN y de EE.UU. no como acciones aisladas, sino como parte de una estrategia para impedir el surgimiento de cualquier competidor y para mantener a sus propios aliados en una posición de "vasallaje". Para Samir Amin, era imposible analizar el capitalismo moderno sin analizar el imperialismo, y era imposible analizar el imperialismo sin colocar a Estados Unidos en el centro como la fuerza dominante y hegemónica. Su crítica no disminuyó, sino que se adaptó para describir las nuevas y, en su opinión, más agresivas formas que el imperialismo estadounidense adoptó en la era de la globalización neoliberal.
Métodos agresivos:
✦ Para Amin, la aparente disminución de la letalidad en ciertos tipos de conflictos (como las grandes guerras entre potencias) no significaba en absoluto que el imperialismo fuera menos agresivo. De hecho, argumentaba que la agresión del imperialismo, liderado por Estados Unidos, se había vuelto más generalizada, permanente y sistémica.
1. El Cambio de Objetivo: De la Contención a la Dominación Total * Durante la Guerra Fría: La agresión imperialista de EE.UU. estaba contenida por la existencia de la Unión Soviética. El objetivo era "contener" al comunismo. * Tras la Caída de la URSS: Sin un contrapeso, el objetivo de EE.UU. cambió. Ya no era la contención, sino el control militar del planeta para impedir el surgimiento de cualquier posible competidor, ya fuera Rusia, China o cualquier otra nación del Sur. Esta es una meta inherentemente más agresiva y global.
2. La "Guerra Económica" como Agresión Permanente Amin argumentaba que la agresión no se mide solo en bombas. La globalización neoliberal, impuesta por la Tríada (EE.UU., Europa, Japón) a
través de instituciones como el FMI y el Banco Mundial, era una forma de guerra económica permanente.
* Ajuste Estructural: Los programas de ajuste estructural forzaron a los países del Sur a abrir sus mercados, privatizar sus empresas estatales y eliminar las protecciones sociales. Para Amin, esto era un acto de agresión que destruía la soberanía económica y la capacidad de desarrollo autónomo de las naciones, generando pobreza y dependencia.
* Sanciones y Embargos: El uso unilateral de sanciones económicas por parte de EE.UU. es una herramienta de guerra que puede ser tan devastadora como un conflicto armado, causando sufrimiento masivo a la población civil sin disparar una sola bala.
3. La Estrategia del Caos: Crear Estados Fallidos
Este es un punto crucial en el análisis tardío de Amin. Argumentaba que el nuevo imperialismo estadounidense a menudo no busca "ganar" una guerra en el sentido tradicional y reconstruir un país a su imagen (como el Plan Marshall). En cambio, su objetivo es crear y gestionar el caos.
* Destruir para Dominar: Al destruir la capacidad estatal en países como Irak, Libia o Siria, se les impide tener un proyecto nacional soberano. Un estado fallido no puede resistirse al saqueo de sus recursos por parte de las multinacionales.
* Guerra sin Fin: Este enfoque conduce a conflictos de baja intensidad, guerras civiles y la proliferación de grupos extremistas, pero estos conflictos no amenazan el centro del sistema imperialista. Simplemente convierten a regiones enteras en zonas permanentemente ingobernables y, por lo tanto, fáciles de explotar. Esta es una forma de agresión extremadamente cínica y destructiva.
4. La Militarización del Mundo y la OTAN como Herramienta Ofensiva: Amin veía la expansión de la OTAN no como una alianza defensiva, sino como el brazo armado del proyecto imperialista de EE.UU. para rodear a Rusia y China y para intervenir en cualquier parte del mundo (los Balcanes, Afganistán, Libia) bajo pretextos "humanitarios" o de "guerra contra el terror". La doctrina de la "guerra preventiva" es, por definición, una postura sumamente agresiva.
Para Samir Amin, la agresión del imperialismo en la era de la globalización no debe medirse por el número de soldados muertos en batallas convencionales. Se mide por:
* La ambición totalitaria de controlar militarmente todo el planeta.
* La violencia estructural de la guerra económica permanente.
* La estrategia deliberada de crear caos y estados fallidos para facilitar el saqueo.
Aunque las formas del conflicto cambiaron, la naturaleza y el alcance de la agresión imperialista, según su análisis, se intensificaron drásticamente.
✦ Diversos análisis actuales sugieren que Rusia, lejos de estar en un ascenso sólido, enfrenta un estancamiento estratégico y un debilitamiento de sus fundamentos de poder a largo plazo.
Si bien Moscú mantiene una relevancia innegable por su capacidad de perturbación y su arsenal nuclear, los datos de 2026 indican que su "ascenso" es más una narrativa de resistencia que una realidad de crecimiento.
1. Estancamiento económico y "Zona de la Muerte"
A diferencia de los años de crecimiento impulsado por el gasto militar (2023-2024), la economía rusa muestra signos de agotamiento estructural en 2026:
Crecimiento anémico: El FMI y el Banco Central de Rusia proyectan un crecimiento del PIB de apenas 0.6% a 1% para 2025 y 2026.
Consumo de reservas: El componente líquido del Fondo de Bienestar Nacional ha caído de un 6% del PIB en 2021 a menos del 2% en 2026.
Crisis energética: Los ingresos por exportación de petróleo han caído debido a los ataques de drones ucranianos a refinerías y a la caída de los precios globales del crudo.
2. Costos militares desproporcionados para avances marginales
Aunque Rusia mantiene la iniciativa en Ucrania, el precio que paga es altísimo:
Bajas extremas: Se estima que las bajas rusas podrían alcanzar los 2 millones para la primavera de 2026.
Avances lentos: Sus ofensivas progresan a un ritmo de apenas 15 a 70 metros por día, una velocidad inusualmente baja para una potencia militar.
Gasto militar: El sector defensa absorbe ya el 8% del PIB, asfixiando la inversión en sectores civiles y tecnológicos competitivos.
3. El factor de la "Influencia por Perturbación"
El argumento a favor de su "ascenso" suele basarse no en su fortaleza interna, sino en su capacidad para desestabilizar el orden actual:
Guerra Híbrida: En 2026, Rusia ha intensificado ataques híbridos contra infraestructuras críticas en Europa (cables submarinos, redes eléctricas) para dividir la voluntad política de la OTAN.
Alianzas de conveniencia: Ha estrechado lazos militares con Irán para facilitar ataques contra fuerzas occidentales, lo que le otorga palanca política pero no necesariamente un liderazgo mundial genuino.
4. Dependencia de China
En lugar de ser un polo independiente y ascendente, Rusia parece estar deslizándose hacia una posición de socio menor de China. Sus lazos energéticos y tecnológicos en 2026 están cada vez más supeditados a las necesidades y tiempos de Beijing.
Es una exageración decir Rusia es una potencia en ascenso. La mayoría de los expertos del CSIS y del ISW describen a Rusia no como una potencia en ascenso, sino como una potencia en declive que utiliza métodos asimétricos y violentos para intentar frenar su pérdida de estatus global.
El lenguaje no es neutro, y usar términos como "potencia en ascenso" puede actuar como un blanqueamiento semántico que ignora el costo humano y la ilegalidad de sus acciones.
Desde una perspectiva ética y de análisis político, hay tres razones por las que ese término resulta problemático en este contexto:
Validación del éxito mediante la fuerza: Etiquetar como "ascenso" a un país que expande su influencia mediante la agresión sistemática y la violación de la soberanía ajena sugiere que el poder militar bruto es el único medidor de éxito, validando indirectamente el "derecho del más fuerte".
Invisibilización de las víctimas: Hablar de "ascenso" traslada el foco a mapas y geopolítica, alejándolo de los millones de bajas, el desplazamiento forzado y la destrucción de infraestructura civil. Es una forma de deshumanizar las consecuencias de la guerra.
Confusión entre "capacidad de daño" y "grandeza": Muchos analistas prefieren términos como "potencia disruptiva" o "Estado agresor". Un país que crece destruyendo el orden internacional y sacrificando a su propia población no está "ascendiendo" en términos de desarrollo o prestigio, sino que está ganando capacidad de chantaje.
En los círculos académicos de ética internacional, se argumenta que el análisis debe ser normativo: no se puede medir el poder de una nación sin considerar su adherencia al derecho internacional y el bienestar humano que genera o destruye.
Existe una responsabilidad ética significativa en el uso de términos como "agresión sistemática", pero es de una naturaleza distinta a la de los términos elogiosos. Mientras que "potencia en ascenso" puede actuar como un blanqueamiento, "agresión sistemática" busca la precisión descriptiva y jurídica, aunque no está exento de debate sobre la objetividad y la neutralidad.
1. Responsabilidad de Veracidad y Calificación Jurídica
El uso de "agresión" no es solo una elección retórica, sino que se alinea con el Derecho Internacional.
Marco de la ONU: Las Naciones Unidas y diversos organismos internacionales han calificado formalmente las acciones rusas como una violación de la Carta de las Naciones Unidas (artículo 2.4).
Crimen de Agresión: Instituciones como el Parlamento Europeo utilizan en 2026 el término "guerra de agresión" para fundamentar la necesidad de mecanismos de justicia internacional. Éticamente, llamar a las cosas por su nombre legal es una forma de rendición de cuentas.
2. El Riesgo de la Deshumanización del "Otro"
La responsabilidad ética al usar términos tan contundentes radica en evitar que la condena al Estado se convierta en una condena a su pueblo o cultura:
Generalización: Existe el riesgo de que "agresión sistemática" alimente narrativas de odio contra la población civil rusa o la diáspora.
Cierre de vías de diálogo: Algunos analistas argumentan que un lenguaje extremadamente polarizado puede dificultar futuras salidas diplomáticas, aunque otros sostienen que la neutralidad ante la evidencia de crímenes de guerra o atentados contra la infraestructura civil es, en sí misma, una postura moralmente problemática.
3. Neutralidad vs. Compromiso Moral
En el análisis geopolítico actual (2026), se debate intensamente si el analista debe ser un "observador imparcial" o un "actor ético":
La trampa de la falsa equivalencia: Tratar de ser "neutral" entre un invasor y un invadido puede ser visto como una falta de ética, ya que otorga el mismo peso a la agresión que a la defensa.
Acreditación de hechos: Organizaciones como Amnistía Internacional defienden que describir una "campaña de crueldad extrema" no es una falta de objetividad, sino una exigencia ética basada en la documentación sistemática de ataques a civiles.
La responsabilidad ética al decir "agresión sistemática" consiste en asegurar que el término esté respaldado por evidencia fáctica y legal (como las resoluciones de la ONU y el BOE en España), evitando que se convierta en una herramienta de propaganda que deshumanice a individuos inocentes, pero sin que el deseo de neutralidad termine ocultando la realidad de la violencia.
✦ Lo analizaba como un síntoma de lo que él llamaba "desmodernización" y un fracaso de la sociedad civil en Rusia.
Para Touraine [†2023], la eficacia aparente de la propaganda rusa no residía en su capacidad de convencer, sino en su función de llenar un vacío social y político:
Sustitución de la realidad por ideología: Touraine argumentaba que el régimen de Putin utiliza la propaganda para transformar la identidad cultural en un espíritu comunitario autoritario. Esto ocurre cuando las instituciones sociales se debilitan y el individuo deja de actuar como sujeto de su propia historia.
La "política de la eternidad": En sus análisis sobre el auge de los nacionalismos, se asocia el modelo de Putin con una "política de la eternidad" que utiliza la distracción y las emociones (como el orgullo nacionalista o el miedo) para ocultar la incapacidad del Estado de resolver los problemas reales de la ciudadanía.
Nihilismo de Estado: Touraine describió al gobierno de Putin como un ejemplo de nihilismo, donde el uso del terror y la manipulación informativa no buscan crear un proyecto de futuro, sino simplemente mantener el control mediante la represión y la negación del otro.
Más que un sistema eficiente de comunicación, Touraine veía en la propaganda de Putin una herramienta de dominación totalitaria que lograba paralizar a la sociedad rusa al divorciar los actos del significado social.
La mayoría de los rusos no ven la democracia liberal occidental como un modelo a seguir. Solo un 16% preferiría un sistema democrático al estilo occidental. Un 49% siente nostalgia por el sistema soviético y un 18% apoya el sistema actual de Putin. Más que creer que Occidente es "pobre" o "incapaz", el ciudadano ruso tiende a ver a las potencias occidentales como hipócritas. Interpretan el énfasis en los derechos humanos como una debilidad o una máscara para intereses geopolíticos. El 56% apoya un cierto aislamiento cultural y creen que adoptar valores extranjeros hace más daño que bien. Aunque la aprobación de Putin ronda el 81% en 2025, estas cifras reflejan una "adaptación defensiva". Tras el caos de los años 90, el éxito de Putin no se mide por una utopía, sino por la estabilidad y la sensación de que Rusia vuelve a ser "respetada" (o temida) en el mundo, algo que el 66% de los rusos valora positivamente.