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Caza de brujas:
Inicio y recrudecimiento de la guerra fría:
Los gobernantes soviéticos estaban muy imbuidos en la idea del avance de la Revolución como tarea necesaria y fin inevitable de la Historia. La propaganda afirmaba sin disimulos el ambicioso objetivo de derrocar las sociedades no comunistas en defensa de la clase trabajadora internacional. Para mantener un dominio total sobre sus países satélites la URSS empleó medidas implacables en sus intervenciones en entornos de su esfera política. Churchill alertó del peligro expansionista soviético popularizando la expresión Telón de acero [Iron Curtain] (1946). En 1947 Truman lleva a cabo un programa para la contención del comunismo en Grecia. Los planes de Stalin para Berlín, donde organizó un golpe popular, motivaron el traslado de bombarderos norteamericanos a bases británicas (1948). En 1949 se funda la OTAN, la URSS explosiona su primera bomba atómica y el Partido Comunista se hace con el poder en China. En 1950 Corea del Norte invade Corea del Sur con la aprobación de Stalin. En 1953 se ejecuta al matrimonio Rosenberg por espionaje tras un proceso controvertido y criticado por una campaña internacional. En Canadá la Gendarmería lleva a cabo planes intrusivos a gran escala para hacer frente a la infiltración. Los poderes fácticos italianos se mostraron dispuestos a apartar a la mayoría comunista del gobierno a toda costa, incluso suprimiendo libertades y democracia (1954). Walter Lippman desde su postura conservadora en extremo prevenía sobre los excesos de la soberanía popular. En sus Essays in Public Philosophy afirmaba que el desgobierno del pueblo explica la declinación de Occidente. Advertía de que las masas progresistas preparaban una agresión interna para conseguir la subversión del orden. Relevantes intelectuales occidentales alababan los logros sociales soviéticos y las bondades que prometía la economía planificada. Según J.M.Roberts la guerra fría supuso treinta años de un duro y prolongado antagonismo entre la URSS y EE.UU., un conflicto que eclipsó prácticamente cualquier otro aspecto de la vida internacional, ensombreció la mayor parte del planeta y provocó delitos, corrupción y sufrimiento. El Libro Rojo de Mao (1964), con 900 millones de ejemplares impresos, empezaría a ejercer influencia en la década posterior.

Comité de Actividades Antiamericanas:
Comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que llevó a cabo investigaciones sobre las supuestas influencias subversivas, en especial de carácter comunista, en la vida estadounidense durante las décadas de 1940 y 1950. Creado en 1938 para vigilar las actividades de agentes extranjeros, se convirtió en comité permanente en 1945. En los primeros años de su existencia fue denominado Comité Dies, por su primer presidente, el senador demócrata Martin Dies, que acusó de deslealtad a amplios sectores del funcionariado gubernamental. Aunque vigiló a algunos grupos profascistas durante la II Guerra Mundial, el Comité fue más conocido por sus investigaciones anticomunistas posteriores, comúnmente conocidas como 'la caza de brujas'. Para estudiar esos años de intensa disputa sobre la suspensión de derechos fundamentales se acuñó el término macartismo.

Depuración de Hollywood:
En 1947, bajo la presidencia del senador demócrata J. Parnell Thomas, inició una investigación sobre la supuesta influencia comunista en la industria cinematográfica, que concluyó con la detención de un grupo de actores y escritores conocidos como los 'Diez de Hollywood'. Los estudios para los que trabajaban los expulsaron y manifestaron su apoyo al Comité, evitando cualquier tema problemático o controvertido en sus largometrajes; además, crearon una lista negra con todos los sospechosos de ser simpatizantes del comunismo, en la que se encontraba cualquiera que realizara una mínima expresión liberal. Diversos directores y actores tuvieron que emigrar para poder continuar trabajando. El guionista y escritor Dalton Trumbo fue apartado del trabajo y se vio forzado a establecerse en México. Bertholt Brecht, uno de los dramaturgos más influyentes del siglo XX, fue incluido en la lista negra. Chaplin quedó marcado para siempre por el trato recibido y los medios empleados en su contra. Jamás había formado parte de ninguna organización política. Se instaló en Suiza dejando deteriorada la imagen de EE.UU. como cuna y reserva de libertades.

Obras literarias de autodefensa:
Diversos autores se dedicaron a la defensa de la libertad de expresión usando la palabra. Obras producidas en este periodo reflejan las diferentes reacciones a la situación: el drama de Arthur Miller, Las brujas de Salem (The crucible, 1953), basado en el juicio de 1692, creaba un paralelo con las prácticas del Comité; la película de Fred Zinnemann, Solo ante el peligro (High noon, 1952), ha sido interpretada como una parábola acerca de la resistencia ante la intimidación; por el contrario, el film de Elia Kazan, La ley del silencio (On the waterfront, 1954), ha sido considerado como una autodefensa del director por su decisión de testificar ante el Comité. El Comité de la Primera Enmienda, integrado por 500 profesionales del cine opuestos a las prácticas que presenciaron, describió el fenómeno como sistemática destrucción de derechos políticos. Destacaron en su arriesgada postura de oposición John Huston, William Wyler y el periodista Edward R. Murrow.

Acusaciones desenfrenadas sobre funcionarios de la Administración:
En 1948-1949 el futuro presidente Richard Nixon empezó a destacar por el papel desempeñado en la investigación del Comité sobre el supuesto espía soviético Alger Hiss. La histeria anticomunista creada en Estados Unidos por las actividades del Comité, fue avivada por la proliferación de las armas nucleares (lo cual hizo que por vez primera los estadounidenses se sintieran vulnerables en su propio país), y por la Guerra Fría que les enfrentaba a una superpotencia rival a la que, también por primera vez, los estadounidenses consideraban enemigo ideológico. En esta situación, el senador por Wisconsin Joseph Raymond McCarthy pudo lanzar duras acusaciones acerca de una infiltración masiva en el Departamento de Estado y en el Ejército (febrero de 1950), a pesar de ser incapaz de probar nada. Aunque es cierto que los servicios de inteligencia soviéticos eligieron como objetivo a algunos medios de comunicación y a movimientos juveniles occidentales, algunos historiadores han interpretado que el Comité se convirtió durante este periodo en un instrumento de las fuerzas más conservadoras que explotaban el miedo al comunismo para resarcirse de la marginación en que se encontraban desde la era de Roosevelt. Durante la década de 1960 la actividad del Comité fue cada vez menos intensa. Se cambió su nombre por el de Comité de Seguridad Interior en 1969 y en 1975 quedó disuelto.

Joseph McCarthy (1908-1957):
Nació en Grand Chute, Wisconsin, estudió en la Marquette University. Ejerció el Derecho en Wisconsin hasta que fue nombrado juez de un tribunal en el que permaneció hasta 1939. Durante la II Guerra Mundial sirvió en la Marina de Estados Unidos. En 1946 y 1952 fue elegido senador por el Partido Republicano. McCarthy atrajo la atención nacional por primera vez en febrero de 1950, al denunciar que en el Departamento de Estado estaban infiltrados numerosos comunistas. Los antecedentes de esta acusación se apoyaban en unos cuatro años de intensas, y en ocasiones exaltadas, especulaciones sobre la supuesta influencia del comunismo en todos los órdenes de la vida estadounidense, lo que condujo a realizar audiencias públicas como las del Comité de Actividades Antiamericanas. Aunque sus denuncias nunca llegaron a ser demostradas, a lo largo de los tres años siguientes acusó repetidamente a varios funcionarios de alto rango de actividades subversivas y, como reflejo del ambiente de aquella época, sus acusaciones fueron tomadas en serio. En 1953, en calidad de presidente del Subcomité de Investigaciones del Senado, McCarthy continuó con sus denuncias de la actividad e influencia comunista (que llegaron a afectar al presidente Eisenhower) y en abril de 1954 acusó al secretario (ministro) de Defensa de encubrir actividades de espionaje extranjeras.

Caída en desgracia:
En 1954 el degradado confidente del FBI Harvey Matusow publica su libro de denuncia False Witness. En él describe métodos de investigación macartistas, basados en el testimonio falso. Intervenciones en los teléfonos, violaciones de la correspondencia, sumarios secretos filtrados deliberadamente a la prensa, malversaciones de fondos, testigos de la defensa a los que se secuestraba o sacaba del país para que no pudieran comparecer, testigos de la acusación con instrucciones sobre lo que tenían que decir y manipulación de actas de las sesiones secretas del Senado. El Senado llevó a cabo una investigación ampliamente difundida por la prensa y con intensa cobertura por radio y televisión. McCarthy fue exculpado de los cargos en su contra pero el Senado le censuró por los métodos que había empleado en sus investigaciones y por el abuso que había llevado a cabo de sus funciones. Desde entonces su influencia en la vida política de EE.UU. disminuyó cada vez más, aunque permaneció en el Senado hasta su muerte. Murió a los 48 años como consecuencia de su alcoholismo crónico. Con afán revisionista, algunos ideólogos neoconservadores tratan recurrentemente el tema restándole importancia a las medidas represivas. (Fuente: Encarta)


Einstein: Activismo y acoso: El gobierno de EE.UU. no logró que Einstein se autolimitase ni consiguieron silenciarlo políticamente. A diferencia de J. Robert Oppenheimer —a quien despojaron de sus credenciales de seguridad— o de Chaplin —que terminó exiliado de facto—, Einstein mantuvo una postura política extremadamente activa, desafiante y pública hasta el último de sus días, ignorando por completo las presiones del Estado. La realidad histórica sobre el control gubernamental y la respuesta de Einstein se desglosa en los siguientes puntos clave: El acoso del FBI y la falta de apalancamientoVigilancia masiva: Bajo las órdenes directas de J. Edgar Hoover, el FBI acumuló un expediente secreto de 1.427 páginas sobre Einstein. Interceptaron su correo, revisaron su basura y pincharon su teléfono con la sospecha de que era un espía soviético. Sin capacidad de chantaje: El gobierno estadounidense no tenía cómo "neutralizar" a Einstein. A diferencia de Oppenheimer, Einstein nunca tuvo acceso a secretos militares ni participó en el Proyecto Manhattan porque la propia inteligencia militar le denegó las credenciales de seguridad en 1940 debido a su perfil izquierdista. Al no depender de contratos del gobierno, el Estado no podía chantajearlo con retirarle el sustento ni las autorizaciones. Desafío frontal al Macartismo. Durante la histeria anticomunista de la década de 1950 (la "caza de brujas"), Einstein no solo no se escondió, sino que redobló sus críticas públicas: Llamado a la desobediencia: En 1953, instó públicamente a los intelectuales y profesores citados ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses a negarse a testificar, aplicando tácticas de resistencia civil similares a las de Gandhi. Respuesta a la prensa: Sabía perfectamente que sus declaraciones enfurecían a los medios conservadores y a los políticos, pero según su biógrafo Walter Isaacson, Einstein lucía los ataques con orgullo y comparaba el clima político estadounidense con la antesala del fascismo que vivió en Alemania. Radicalismo ideológico público y explícito. Einstein nunca matizó sus opiniones para complacer al gobierno de su país de adopción. Sus posturas más notorias incluyeron: Socialismo abierto: En mayo de 1949, en pleno arranque de la Guerra Fría, publicó el ensayo ¿Por qué el socialismo? en la revista Monthly Review, donde criticó abiertamente la "anarquía económica de la sociedad capitalista" y defendió una economía planificada. Activismo por los derechos civiles: Se unió activamente a la lucha contra el racismo en EE.UU., colaborando estrechamente con figuras afroamericanas radicalizadas como Paul Robeson y W.E.B. Du Bois (incluso se ofreció como testigo de la defensa en el juicio político de este último). Antimilitarismo: Fue un promotor incansable de un "gobierno mundial" que controlase la energía atómica, algo que el aparato militar estadounidense consideraba una amenaza directa a la soberanía nacional. ¿Por qué a él no le destruyeron la carrera? El gobierno de EE.UU. consideraba a Einstein un "radical extremo", pero no pudieron destruirlo políticamente debido a su estatus de celebridad global incomparable. Su fama mundial actuó como un escudo político inexpugnable; procesarlo judicialmente, deportarlo o censurarlo abiertamente habría provocado un escándalo internacional de proporciones masivas y una humillación insostenible para la propaganda democrática de los EE.UU. durante la Guerra Fría. Aunque Einstein no se acobardó ni cambió su ideología, la presión del Estado y el clima del macartismo sí alteraron su comportamiento, le generaron una profunda angustia y lo obligaron a calcular sus movimientos para proteger a otros. La presión gubernamental tuvo un impacto real en la vida de Einstein: El miedo a la deportación y la pérdida de la ciudadanía. Einstein no era inmune al poder del Estado. El FBI investigó activamente la posibilidad de revocar su ciudadanía estadounidense para poder deportarlo. Habiendo huido de la Alemania nazi y habiendo perdido su ciudadanía alemana dos veces (una por voluntad propia y otra por decreto nazi), la perspectiva de convertirse nuevamente en un apátrida o ser expulsado a los 70 años era una amenaza psicológica real y aterradora. Autocensura selectiva para proteger a tercerosAunque Einstein no se calló en los grandes temas globales, sí tuvo que medir sus palabras y apoyos para no arrastrar a sus amigos y colaboradores a la ruina que el macartismo provocaba:El caso de J. Robert Oppenheimer: Durante el infame juicio que despojó a Oppenheimer de sus credenciales de seguridad en 1954, Einstein le aconsejó en privado que no se sometiera a esa humillación y que simplemente "dimitiera". Sin embargo, cuando Oppenheimer decidió defenderse, Einstein moderó sus declaraciones públicas de apoyo para no perjudicar aún más la estrategia legal de su colega, sabiendo que el sello de "comunista" que el FBI le ponía a él sería veneno para la defensa de Oppenheimer.Cuidado en la correspondencia: El biógrafo Fred Jerome, quien analizó a fondo su expediente del FBI, demostró que Einstein era plenamente consciente de que su correo en Princeton era interceptado. Esto lo obligó a ser extremadamente cuidadoso con los nombres que mencionaba en sus cartas para evitar que el gobierno persiguiera a jóvenes científicos o activistas menos protegidos que él. El desgaste emocional y el aislamientoDecir que las presiones no le afectaron ignora el costo humano. Sus últimos años estuvieron marcados por la amargura y la decepción hacia su país de adopción:En sus cartas privadas a amigos en Europa, describía el ambiente de EE.UU. como una "enfermedad mental" colectiva.Llegó a declarar públicamente en 1954 a la revista Reporter: "Si tuviera que volver a empezar mi vida, no intentaría ser científico, erudito o maestro. Preferiría ser fontanero o vendedor ambulante, con la esperanza de encontrar esa modesta medida de independencia que todavía es posible en las circunstancias actuales". Esta frase refleja la asfixia intelectual que sentía.El matiz correcto: Inflexibilidad ideológica, no invulnerabilidadEl término "ignorar" puede sonar exagerado porque el macartismo efectivamente destruyó el tejido social a su alrededor. Lo que Einstein demostró no fue indiferencia ante el peligro, sino una inflexibilidad ética: las presiones gubernamentales existieron, le afectaron, le causaron temor y le obligaron a ser estratégicamente cauteloso, pero el gobierno de EE.UU. falló en su objetivo principal, que era doblegar su voz o forzarlo a retractarse de su ensayo socialista o de su defensa de los derechos civiles David Bohm era un brillante físico joven, protegido de Einstein en Princeton. Cuando se negó a testificar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses (siguiendo los consejos de resistencia civil del propio Einstein), fue arrestado por desacato y Princeton no le renovó el contrato. Einstein intentó por todos los medios mantenerlo como su asistente, pero la presión universitaria y estatal lo impidió. Bohm tuvo que exiliarse de EE.UU. para siempre. Para Einstein, ver que su apoyo arruinaba las carreras de los jóvenes científicos que intentaba tutelar fue un golpe devastador. Su secretaria Helen Dukas fue exhaustivamente investigada por el FBI, buscando cualquier cabo suelto para acusarla de espionaje o deportarla. La constante amenaza sobre su entorno directo obligaba a Einstein a vivir en un estado de alerta y tensión. Para un físico del calibre de Oppenheimer, cuyo laboratorio y herramientas de trabajo dependían enteramente de los proyectos públicos de alta seguridad, la retirada de la credencial de seguridad en 1954 supuso un confinamiento profesional absoluto. Los datos históricos demuestran las consecuencias materiales y científicas de esa exclusión: Inhabilitación en física teórica de frontera: Al perder el acceso a los datos clasificados y a las instalaciones estatales, Oppenheimer quedó desconectado de los avances más recientes en física nuclear y de partículas, campos que en la década de 1950 estaban estrechamente ligados a la investigación militar y gubernamental. Aunque conservó su puesto como director del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton —donde continuó su labor administrativa y de discusión teórica general—, ya no pudo liderar proyectos de gran envergadura ni interactuar con la red de laboratorios nacionales que él mismo había ayudado a vertebrar. El castigo a Oppenheimer operó también como una advertencia para toda la comunidad científica. El mensaje implícito del Estado era claro: la excelencia científica y los servicios prestados a la nación no garantizaban la inmunidad si el investigador no se alineaba estrictamente con las directrices políticas oficiales. Esta medida evidenció una faceta autoritaria dentro del sistema democrático de la época, donde el Estado utilizó el control de los recursos de investigación para castigar la disidencia y anular profesionalmente a una de sus mentes más brillantes. Las decisiones sobre Oppenheimer tienen notables implicaciones morales. Se envió la señal a la comunidad científica de que la disidencia técnica o política con respecto a las directrices de defensa conllevaba la exclusión profesional. Esto inhibió el debate abierto en los laboratorios e impuso un criterio de conformidad política por encima del mérito o la libre discusión teórica. El debilitamiento de la Primera Enmienda: Al sancionar a un asesor gubernamental por sus opiniones asociativas pasadas y por sus reservas éticas sobre el desarrollo armamentístico (como su postura ante la bomba de hidrógeno), se erosionó de facto la protección a la libre expresión y de pensamiento, supeditando los derechos constitucionales a las exigencias variables de la seguridad nacional. La construcción del "enemigo interno": La retórica del periodo necesitaba justificar medidas extraordinarias. Para ello, se promovió la idea de que la infiltración ideológica era generalizada y que incluso las figuras más condecoradas del esfuerzo bélico estadounidense podían albergar lealtades divididas, debilitando la confianza pública en las instituciones fundamentales del país. La premisa de que la confrontación con la URSS constituía una emergencia existencial permanente se utilizó para legitimar la restricción de derechos que, en condiciones normales, la Constitución estadounidense garantizaba explícitamente. Se antepuso el estado de excepción a la normalidad democrática. El Estado alimentaba el miedo y la paranoia colectiva en la ciudadanía. Al magnificar la amenaza y señalar a supuestos traidores, el gobierno creaba el clima social de pánico necesario para justificar ante la opinión pública la supresión de las libertades constitucionales y la persecución política. Arruinar vidas basándose en dogmas ideológicos, sospechas de deslealtad o el rechazo a la disidencia es un acto de autoritarismo destructivo, independientemente de la retórica que se utilice para legitimarlo. La violación de la dignidad humana y de los derechos civiles es igual de condenable e inmoral cuando se ejecuta en Moscú que cuando se realiza en Washington. El fin declarado —ya sea la defensa del socialismo o la protección de la democracia— no limpia la naturaleza del método. El rigor y la honestidad intelectual exigen llamar a las cosas por su nombre: lo que ocurrió fue un ejercicio arbitrario de poder estatal que destruyó trayectorias profesionales y personales mediante la coacción y la quiebra de sus propias leyes fundamentales.

Estado de excepción: La tesis central de Carl Schmitt (Teología Política, 1922) se resume en su famosa frase: "Soberano es quien decide sobre el estado de excepción". Para Schmitt, el orden jurídico no puede prever todas las crisis, por lo que el verdadero poder reside en la autoridad capaz de decretar cuándo la ley ordinaria ya no aplica para proteger al Estado. La construcción del enemigo: Schmitt argumentaba que la política se define esencialmente por la distinción entre el "amigo" y el "enemigo". Bajo esta lógica, la existencia de un enemigo existencial justifica que el soberano actúe al margen de las restricciones constitucionales para preservar la comunidad. El macartismo: Emergencia geopolítica interna. Emergencia sin decreto formal: Joseph McCarthy y los comités del Congreso no decretaron un estado de excepción constitucional oficial, pero operaron bajo la premisa de que la Guerra Fría y la infiltración soviética constituían una crisis extrema de seguridad nacional. La limitación de derechos: Con el argumento de proteger la democracia frente a un peligro inminente, se normalizó la reinterpretación y la elusión práctica de la Primera Enmienda, justificando la persecución asociativa y la exigencia de juramentos de lealtad como medidas extraordinarias necesarias. La administración Trump y Stephen Miller: Uso de prerrogativas de emergencia. Declaraciones de emergencia nacional: En la práctica ejecutiva en EE.UU., el uso de estatutos de emergencia ha sido una herramienta central. Por ejemplo, al inicio del mandato en enero de 2025 se decretó una emergencia nacional en la frontera sur y una emergencia energética, recurriendo a legislaciones especiales para movilizar fondos militares o acelerar aprobaciones regulatorias. A lo largo de la gestión se han emitido múltiples declaraciones de emergencia para justificar aranceles comerciales apelando a amenazas a la seguridad nacional. La reinterpretación del estatus legal: El diseño de políticas migratorias y de ciudadanía coordinadas por asesores como Stephen Miller ilustra este enfoque de reinterpretación de límites. Un ejemplo directo son las órdenes ejecutivas firmadas en agosto de 2026 orientadas a restringir el "turismo de nacimiento" y excluir a ciertas categorías de hijos de extranjeros de la ciudadanía automática. Ante los reveses judiciales de la Corte Suprema, la estrategia legal busca lagunas o excepciones técnicas dentro de la Ley de Inmigración y Nacionalidad para modificar el alcance de los derechos sin alterar directamente el texto constitucional. Retórica de la "invasión": El encuadre de la inmigración irregular o el narcotráfico bajo términos como "invasión" o "narcoterrorismo" funciona, en términos teóricos schmittianos, como la construcción del marco de crisis necesario para justificar el uso de poderes ejecutivos no tradicionales. Movimientos supremacistas: El estado de excepción como supervivencia. Narrativa de la amenaza existencial: Los grupos supremacistas y etnonacionalistas fundamentan su ideología en la premisa de que su identidad colectiva está bajo una amenaza de extinción inminente (a menudo articulada en teorías de conspiración como el "gran reemplazo"). Suspensión ética y legal: Al definir la situación actual como una crisis desesperada de supervivencia, estos movimientos justifican ideológicamente la exclusión de derechos de las minorías, la erosión de los principios democráticos liberales y el uso de la fuerza, asumiendo que las normas constitucionales de igualdad son un obstáculo para la preservación de su grupo. En todos estos casos, la constante analítica es la misma: el uso o la declaración de una situación de emergencia (real o construida discursivamente) como la llave jurídica y moral para expandir la autoridad ejecutiva, redefinir quién pertenece a la comunidad y limitar los derechos fundamentales de los disidentes o los considerados "otros".

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