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Thomas Mann: Sinopsis:
La muerte en Venecia (1912):
La montaña mágica [Der Zauberberg] (1924):
Las historias de Jaacob (1933):
Doktor Faustus (1947):
Confesiones del estafador Félix Krull (1954):
Richard Wagner y la música (1963):
✦ Defensa de la Kultur: Durante su juventud Thomas Mann mantuvo una actitud profundamente combativa, desafiante y nacionalista, pero esta no se basaba en la conquista de tierras (Lebensraum), sino en lo que él llamaba una guerra cultural. Su postura durante esa etapa juvenil y beligerante: Kultur frente a Zivilisation. El núcleo del pensamiento combativo del joven Mann quedó plasmado en sus ensayos bélicos, como Pensamientos en la guerra (1914) y su densa obra [Consideraciones de un apolítico (1918)]. En ellos defendía apasionadamente el esfuerzo de guerra alemán utilizando una dicotomía puramente filosófica: La Kultur (Cultura): Representada por Alemania. Para Mann, era sinónimo de profundidad espiritual, arte, música, misticismo, moralidad interna y el derecho a tener un Estado autoritario propio que protegiera esa alma colectiva. La Zivilisation: Representada por las democracias occidentales (Francia e Inglaterra). Mann las atacaba con desdén considerándolas superficiales, obsesionadas con el dinero, el utilitarismo, la política parlamentaria y el aburrido racionalismo ilustrado. Su actitud era desafiante porque justificaba que Alemania rompiera el orden internacional burgués para salvar su verdad espiritual. Una defensa del intelecto, no de la geografía. A diferencia de los militares prusianos o los pangermanistas de la época, que sí deseaban anexionarse territorios en Europa Oriental, el chovinismo del joven Thomas Mann era estrictamente metafísico y literario. No le interesaba la expansión militar ni las colonias; le interesaba defender el aislamiento protector de la psique alemana frente a la influencia corruptora del liberalismo occidental. Llegó incluso a enfrentarse duramente con su propio hermano, el también escritor Heinrich Mann, quien era pacifista y partidario de la democracia francesa. La conversión democrática posterior. Esta fase combativa y reaccionaria fue un tormento intelectual del que Mann se retractaría por completo pocos años después. Alrededor de 1922, impactado por el colapso de la guerra y el asesinato de líderes políticos a manos de la extrema derecha alemana (como Walther Rathenau), Thomas Mann dio un giro de 180 grados. Pronunció su famoso discurso De la república alemana, donde abrazó formalmente los valores de la República de Weimar, la democracia parlamentaria y el humanismo. A partir de ese momento, y especialmente con el auge de Hitler, Mann se convirtió en uno de los azotes intelectuales más firmes del nazismo, denunciando precisamente que la obsesión racial y el expansionismo del Lebensraum eran la destrucción absoluta de la verdadera cultura alemana.
✦ Antes de 1914 Thomas Mann no sospechaba que el militarismo alemán provocaría una catástrofe. Recibió el estallido de la Primera Guerra Mundial con entusiasmo patriótico y fervor nacionalista. Antes de 1914, Mann no veía el expansionismo de su país como un peligro continental, sino que compartía la postura conservadora y monárquica de la burguesía de la época. Su postura política e intelectual: El entusiasmo de 1914 y la "guerra purificadora". Cuando la guerra estalló en agosto de 1914, Mann la interpretó como un acontecimiento necesario y purificador. En su ensayo inmediato, Gerdanken im Kriege (Pensamientos en la guerra, 1914), defendió las acciones alemanas bajo premisas muy claras: Cultura frente a Civilización: Para Mann, la Alemania imperial defendía la verdadera Kultur (espiritual, profunda, artística y monárquica) frente a la Civilisation occidental (superficial, racionalista, democrática y encarnada por Francia e Inglaterra). Aceptación del militarismo: Lejos de repudiar el militarismo prusiano, lo asimiló al espíritu del artista por su disciplina, ascetismo y capacidad de sacrificio. El chovinismo de Thomas provocó una profunda fractura con su hermano Heinrich. Heinrich era un intelectual de izquierdas, pacifista y defensor de la democracia que condenó firmemente el belicismo alemán. Esta disputa familiar llevó a Thomas a escribir Consideraciones de un apolítico (1918), un extenso tratado donde defendió el orden autoritario alemán y atacó los valores liberales occidentales. El shock de la crisis de Agadir (1911). El único momento previo a la guerra en el que Mann mostró inquietud real por las tensiones internacionales fue durante la Crisis de Agadir en 1911. El roce militar entre Alemania y Francia en Marruecos le hizo ver el riesgo de una confrontación. Sin embargo, su preocupación no nacía de una crítica al imperialismo alemán, sino del temor a que un conflicto prematuro desestabilizara la paz burguesa europea, una experiencia ambiental que volcó directamente en el diseño de su obra maestra, La montaña mágica. Evolución posterior. La transformación de Thomas Mann en el célebre defensor de la democracia y activo militante antifascista ocurrió únicamente después de la derrota alemana, consolidándose formalmente en 1922 con su apoyo público a la República de Weimar tras el asesinato del ministro Walter Rathenau por la extrema derecha.
✦ La expresión "conflicto prematuro" en la mentalidad del Thomas Mann anterior a 1914 no implicaba una sospecha lúcida, una denuncia moral o un rechazo hacia las élites expansionistas alemanas. Su temor radicaba en que el estallido militar ocurriera antes de que Alemania estuviera lo suficientemente preparada para ganar. La posición estética y política de Thomas Mann ante el complejo entramado (Káiser, Moltke, Schlieffen, Tirpitz, Ludendorff o las tesis belicistas de Friedrich von Bernhardi) se define por los siguientes factores históricos: La guerra no como catástrofe, sino como "solución". Para el Mann de esa época, la concentración de tropas, la carrera armamentística naval de Tirpitz y el expansionismo no eran síntomas de una enfermedad que destruiría Europa, sino los instrumentos necesarios para que el Imperio Alemán rompiera el "cerco" de las democracias occidentales. Cuando temía un conflicto en 1911, su angustia era de carácter geopolítico e histórico-artístico: la interrupción abrupta de la paz burguesa y de su propio estilo de vida acomodado antes de que el destino imperial de Alemania estuviera maduro. Fascinación por la mística militar. Lejos de ver a las instituciones castrenses y al Estado Mayor como una amenaza ciega, Mann los idealizaba. En sus textos de 1914 y en su correspondencia privada dejó claro que: Veía el Plan Schlieffen y la disciplina militar prusiana como un equivalente del rigor formal del artista. El chovinismo no le parecía un error ideológico, sino la expresión legítima del Volk alemán reafirmando su identidad frente al cosmopolitismo francés. Admiraba la sobriedad y el sentido del deber de figuras autoritarias, un rasgo que se observa en la construcción psicológica de personajes rectos y prusianos como el general de sus relatos o el militarismo latente en La montaña mágica. El contraste con la verdadera sospecha (Heinrich Mann). Quien sí sospechaba con absoluta precisión milimétrica que ese cóctel de armamentismo, líderes megalómanos y ansias de dominio provocaría una carnicería continental a corto plazo era su hermano Heinrich Mann. Heinrich ya denunciaba en ensayos y en su novela El súbdito (Der Untertan) que la idolatría hacia el Káiser Guillermo II y la maquinaria militar prusiana arrastrarían a Alemania al desastre. Thomas Mann consideraba que estas advertencias de su hermano eran "traiciones" racionalistas y superficiales a la esencia espiritual alemana. El Thomas Mann de 1911-1914 estaba ideológicamente ciego ante las consecuencias destructivas del militarismo de su propio país. Lo que la historia posterior demostró que era una marcha suicida hacia el abismo liderada por el Estado Mayor y el chovinismo, Mann lo leyó, hasta el armisticio de 1918, como una gloriosa necesidad metafísica. Su genialidad literaria le permitió captar la atmósfera de decadencia y tensión de la Europa prebélica en La montaña mágica, pero su brújula política de la época estaba completamente alineada con el orden que provocó el desastre.
✦ Thomas Mann no incluye elementos del movimiento Völkisch en Los Buddenbrook (1901), que retrata un mundo burgués y cosmopolita diametralmente opuesto a los ideales del movimiento Völkisch. Refleja la mentalidad de la patricial alta burguesía comercial de Lübeck durante el siglo XIX, un grupo social racionalista, profundamente anclado en el capitalismo urbano, la ilustración y las conexiones internacionales. El movimiento Völkisch era un fenómeno etnonacionalista, agrario, antisemita, romántico y obsesionado con la doctrina de "sangre y tierra" (Blut und Boden). Aunque los protagonistas repudian indirectamente esa corriente, Mann introduce elementos contextuales de las corrientes proto-völkisch y nacionalistas de la época mediante el contraste y la sátira: El nacionalismo estudiantil exacerbado (Los colores de la Confederación). El único roce directo de la novela con la retórica chovinista o proto-völkisch aparece en los personajes secundarios o jóvenes influenciados por la unificación alemana de 1871. El patriotismo de los Buddenbrook es local y hanseático, fiel a su ciudad-estado. Ven con desconfianza el nacionalismo centralizado y militarista prusiano (que alimentaba al movimiento Völkisch). Mann retrata las ansias de homogeneidad nacional como una fuerza tosca que amenaza con disolver la identidad cultural de las viejas repúblicas comerciales. El rechazo a la industrialización y la nostalgia romántica. Un pilar del pensamiento Völkisch era el rechazo a la modernidad urbana, las finanzas y la alienación de las ciudades. En Los Buddenbrook, este malestar de fin de siglo se canaliza a través de la decadencia biológica y espiritual de la familia. Thomas y, sobre todo, el joven Hanno Buddenbrook sufren una "pérdida de vitalidad" provocada por el refinamiento y el exceso de civilización. La respuesta de Mann a este malestar no es el retorno a la tierra o a la pureza de la raza (propio del dogma Völkisch), sino el refugio en el pesimismo de Arthur Schopenhauer y el escapismo estético de la música de Richard Wagner. La "degeneración" de la estirpe frente al vigor natural. El movimiento Völkisch y el darwinismo social de finales del siglo XIX teorizaban constantemente sobre la pureza, la regeneración y el vigor físico de los pueblos. En la novela, Mann subvierte este concepto de manera genial: la salud financiera y social de la familia decae a medida que sus miembros se vuelven más sensibles, artísticos y reflexivos. Los personajes "fuertes" que terminan triunfando sobre las ruinas de los Buddenbrook (como la familia Hagenström) son vistos como arribistas más pragmáticos y brutales, carentes de la espiritualidad tradicional de la vieja burguesía. Los Buddenbrook no incluye elementos del movimiento Völkisch como una defensa ideológica, sino que funciona como el testimonio de una clase que iba a ser devorada por las fuerzas nacionalistas y colectivistas que ese movimiento promovía. La novela fue quemada y prohibida por los estudiantes nazis en 1933 por ser considerada un reflejo "decadente, burgués y antialemán", lo que demuestra la incompatibilidad absoluta entre el mundo de Mann en 1901 y el etnonacionalismo germánico.
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