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Thomas Mann: Sinopsis:
Los Buddenbrook (1901):
Inspirada en la historia de su propia familia y ambientada en una ciudad del norte de Alemania que retrata con pocos cambios su Lübeck natal, Thomas Mann recrea en Los Buddenbrook más de cuarenta años (de 1835 a 1876) y cuatro generaciones de una saga que, en palabras del propio autor, es una auténtica «historia del alma de la burguesía alemana». Si los personajes principales (los integrantes de la familia) resultan inolvidables, el talento de Mann, realista en la observación y delicado en sus matices, hace que incluso la aparición más fugaz de cualquier secundario adquiera consistencia. Más que una novela, todo un mundo. Leer hoy día Los Buddenbrook es retornar al pasado, embarcarse en un viaje de placer a lo largo de una época antigua y distinta, dejarse mecer por la prosa tranquila y exquisita de Thomas Mann mientras nos conduce a través de una saga familiar con una miríada de elementos, personajes y situaciones. Es ésta una de esas novelas que constituyen un universo por sí mismas, atesorando dentro de sí comportamientos, actitudes, gestos, personalidades y puntos de vista.

La muerte en Venecia (1912):
Un escritor envejecido y fatigado descubre, en medio de la decadente belleza veneciana, el espontáneo atractivo de un angelical adolescente. Tras sufrir una crisis creativa, el escritor Gustav Von Aschenbach llega al Lido de Venecia para pasar una temporada de vacaciones en solitario, con el fin, no sólo de reflexionar, sino también de dar descanso a un cuerpo extenuado y enfermo. En el Hotel Des Bains llama su atención una familia de turistas polacos, especialmente el joven Tadzio, un adolescente por el que siente una súbita e intensa atracción. Contemplar a Tadzio se convierte enseguida para Aschenbach en el momento central de la jornada; y luego de su existencia. A bordo del barco que le lleva a Venecia, Aschenbach observa horrorizado a un viejo maquillado que se arrima sonriendo tontamente a un grupo de muchachos. Pero hacia el final de la historia, cuando sigue extasiado a Tadzio por las callejuelas y los canales de la ciudad, asolada por una epidemia de cólera, Aschenbach se ha convertido en ese hombre. La muerte en Venecia, como el propio Mann sostenía, trata de la pérdida de la dignidad del artista, pero Mann examina también la relación entre el arte y la vida. Aschenbach cree que con trabajo y disciplina puede dominar la vida y aun moldearla hasta convertirla en arte. Las desordenadas emociones y la pasión indomable que Tadzio-Dionisos le inspira, le obligarán a admitir que esa convicción es una falacia. Los elementos míticos de la novela ofrecen el contexto necesario para trazar un retrato de la homosexualidad. Escrita con sutileza y con una profunda penetración psicológica, esta obra es un vivido relato de lo que significa enamorarse. La novela corta era tal vez la forma artística ideal para Thomas Mann; e indudablemente, desde sus primeros presagios inquietantes hasta el patético clímax final, es una obra maestra en su género. Publicada en 1912, esta novela cimentaría la fama de Mann, que en 1929 recibió el premio Nobel.

La montaña mágica [Der Zauberberg] (1924):
Novela de Thomas Mann que se publicó en 1924. Es considerada la novela más importante de su autor y un clásico de la literatura en lengua alemana del siglo XX que ha sido traducido a numerosos idiomas. Thomas Mann comenzó a escribir la novela en 1912, a raíz de una visita a su esposa en el Sanatorio Wald de Davos en el que se encontraba internada. La concibió inicialmente como una novela corta, pero el proyecto fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en una obra mucho más extensa. La obra narra la estancia de su protagonista principal, el joven Hans Castorp, en un sanatorio de los Alpes suizos al que inicialmente había llegado únicamente como visitante. La obra ha sido calificada de novela filosófica, porque, aunque se ajusta al molde genérico de la novela de aprendizaje, introduce reflexiones sobre los temas más variados, tanto a cargo del narrador como de los personajes (especialmente Naphta y Settembrini, los encargados de la educación del protagonista). Entre estos temas ocupa un lugar preponderante el del «tiempo», hasta el punto de que el propio autor la calificó de «novela del tiempo», pero también se dedican muchas páginas a discutir sobre la enfermedad, la muerte, la estética, la política, etc.

Las historias de Jaacob (1933):
La tetralogía José y sus hermanos (1933-1943) es una obra fundamental de la literatura alemana, una imaginativa versión de la historia bíblica de José, relatada en los capítulos 37 a 50 del Libro del Génesis. El primer volumen cuenta el establecimiento de la familia de Jaacob, el padre de José. El segundo relata la vida del joven José, que aún no ha recibido las grandes dotes que le esperan, y su enemistad con sus diez hermanos, los cuales acaban traicionándolo y vendiéndolo como esclavo a Egipto. En el tercer tomo José se convierte en mayordomo de Putifar, pero acaba encarcelado al rechazar las insinuaciones de la esposa de su benefactor. El último libro muestra al maduro José en el cargo de administrador de los graneros de Egipto. El hambre atrae a los hermanos de José a este país, y José organiza hábilmente una escena para darse a conocer a aquéllos. Al final, la reconciliación reúne de nuevo a toda la familia. El autor de La montaña mágica levanta con esta tetralogía una catedral verbal donde tienen cabida la leyenda bíblica —la historia de José— y materiales eruditos, es decir, elementos de la arqueología, de la mitología, de la historia de las religiones, de la dialectología. Esta aventura narrativa constituye todo un acontecimiento en el panorama editorial hispanoamericano.

Doktor Faustus (1947):
Thomas Mann, dando fe de su exquisita prosa y tomando como base el inmortal mito de Fausto, da voz a Serenus Zeitblom, doctor en filosofía, para que relate la vida y tragedia de su amigo Adrian Leverkühn, un compositor de opera cuya obsesión por lograr la más bella de las creaciones musicales le lleva a rubricar un pacto con El Diablo, un pacto cuya gestación es descrita por Leverkühn cuando, consciente de que ha tocado a su fin el tiempo comprado con su alma, decide compartir con los suyos la desesperación espiritual que le ha reportado alcanzar el éxito profesional.

Confesiones del estafador Félix Krull (1954):
Probablemente la novela más juvenil jamás escrita por un anciano, es el más perfecto ejemplo de la ironía que caracteriza buena parte de la obra de Thomas Mann. A tenor de esta concepción estética de la vida, las trampas, los robos y las imposturas acaban no sólo por justificarse, sino incluso por constituir un estilo de vida de moralidad irreprochable. Thomas Mann, autor de obras tan profundas y reflexivas, como La montaña mágica, Muerte en Venecia, Doktor Faustus o Los Buddenbrook, legó a la posteridad una última novela desconcertante, irónica, burlona y probablemente una de las más sagaces y divertidas de todos los tiempos, sin rebajar un ápice su exigencia literaria. Probablemente, no hay modo más divertido de acercarse a este gran clásico de la literatura universal que leyendo esta novela.

Richard Wagner y la música (1963):
La evolución de una pasión durante toda una vida: el arte de Richard Wagner según Thomas Mann. «Realmente, no es difícil advertir un hálito del espíritu que anima El anillo de los Nibelungos en mis Buddenbrook, en esa procesión épica de generaciones unidas y entrelazadas gracias a un conjunto de motivos centrales». Thomas Mann. Thomas Mann reservó su entusiasmo y sabiduría de lector meticuloso para aquellos autores cuyas obras le hicieron soñar. Como figura central de este panteón de padrinos culturales se alza Richard Wagner, pasión fundamental del escritor y piedra de toque de algunas de sus novelas. Este libro ofrece una visión plural y cambiante del compositor, a quien Mann admiró sobre todo por haber sabido trascender las limitaciones específicas de su campo y aspirar a la universalidad.

Defensa de la Kultur: Durante su juventud Thomas Mann mantuvo una actitud profundamente combativa, desafiante y nacionalista, pero esta no se basaba en la conquista de tierras (Lebensraum), sino en lo que él llamaba una guerra cultural. Su postura durante esa etapa juvenil y beligerante: Kultur frente a Zivilisation. El núcleo del pensamiento combativo del joven Mann quedó plasmado en sus ensayos bélicos, como Pensamientos en la guerra (1914) y su densa obra [Consideraciones de un apolítico (1918)]. En ellos defendía apasionadamente el esfuerzo de guerra alemán utilizando una dicotomía puramente filosófica: La Kultur (Cultura): Representada por Alemania. Para Mann, era sinónimo de profundidad espiritual, arte, música, misticismo, moralidad interna y el derecho a tener un Estado autoritario propio que protegiera esa alma colectiva. La Zivilisation: Representada por las democracias occidentales (Francia e Inglaterra). Mann las atacaba con desdén considerándolas superficiales, obsesionadas con el dinero, el utilitarismo, la política parlamentaria y el aburrido racionalismo ilustrado. Su actitud era desafiante porque justificaba que Alemania rompiera el orden internacional burgués para salvar su verdad espiritual. Una defensa del intelecto, no de la geografía. A diferencia de los militares prusianos o los pangermanistas de la época, que sí deseaban anexionarse territorios en Europa Oriental, el chovinismo del joven Thomas Mann era estrictamente metafísico y literario. No le interesaba la expansión militar ni las colonias; le interesaba defender el aislamiento protector de la psique alemana frente a la influencia corruptora del liberalismo occidental. Llegó incluso a enfrentarse duramente con su propio hermano, el también escritor Heinrich Mann, quien era pacifista y partidario de la democracia francesa. La conversión democrática posterior. Esta fase combativa y reaccionaria fue un tormento intelectual del que Mann se retractaría por completo pocos años después. Alrededor de 1922, impactado por el colapso de la guerra y el asesinato de líderes políticos a manos de la extrema derecha alemana (como Walther Rathenau), Thomas Mann dio un giro de 180 grados. Pronunció su famoso discurso De la república alemana, donde abrazó formalmente los valores de la República de Weimar, la democracia parlamentaria y el humanismo. A partir de ese momento, y especialmente con el auge de Hitler, Mann se convirtió en uno de los azotes intelectuales más firmes del nazismo, denunciando precisamente que la obsesión racial y el expansionismo del Lebensraum eran la destrucción absoluta de la verdadera cultura alemana.

✦ Antes de 1914 Thomas Mann no sospechaba que el militarismo alemán provocaría una catástrofe. Recibió el estallido de la Primera Guerra Mundial con entusiasmo patriótico y fervor nacionalista. Antes de 1914, Mann no veía el expansionismo de su país como un peligro continental, sino que compartía la postura conservadora y monárquica de la burguesía de la época. Su postura política e intelectual: El entusiasmo de 1914 y la "guerra purificadora". Cuando la guerra estalló en agosto de 1914, Mann la interpretó como un acontecimiento necesario y purificador. En su ensayo inmediato, Gerdanken im Kriege (Pensamientos en la guerra, 1914), defendió las acciones alemanas bajo premisas muy claras: Cultura frente a Civilización: Para Mann, la Alemania imperial defendía la verdadera Kultur (espiritual, profunda, artística y monárquica) frente a la Civilisation occidental (superficial, racionalista, democrática y encarnada por Francia e Inglaterra). Aceptación del militarismo: Lejos de repudiar el militarismo prusiano, lo asimiló al espíritu del artista por su disciplina, ascetismo y capacidad de sacrificio. El chovinismo de Thomas provocó una profunda fractura con su hermano Heinrich. Heinrich era un intelectual de izquierdas, pacifista y defensor de la democracia que condenó firmemente el belicismo alemán. Esta disputa familiar llevó a Thomas a escribir Consideraciones de un apolítico (1918), un extenso tratado donde defendió el orden autoritario alemán y atacó los valores liberales occidentales. El shock de la crisis de Agadir (1911). El único momento previo a la guerra en el que Mann mostró inquietud real por las tensiones internacionales fue durante la Crisis de Agadir en 1911. El roce militar entre Alemania y Francia en Marruecos le hizo ver el riesgo de una confrontación. Sin embargo, su preocupación no nacía de una crítica al imperialismo alemán, sino del temor a que un conflicto prematuro desestabilizara la paz burguesa europea, una experiencia ambiental que volcó directamente en el diseño de su obra maestra, La montaña mágica. Evolución posterior. La transformación de Thomas Mann en el célebre defensor de la democracia y activo militante antifascista ocurrió únicamente después de la derrota alemana, consolidándose formalmente en 1922 con su apoyo público a la República de Weimar tras el asesinato del ministro Walter Rathenau por la extrema derecha.

✦ La expresión "conflicto prematuro" en la mentalidad del Thomas Mann anterior a 1914 no implicaba una sospecha lúcida, una denuncia moral o un rechazo hacia las élites expansionistas alemanas. Su temor radicaba en que el estallido militar ocurriera antes de que Alemania estuviera lo suficientemente preparada para ganar. La posición estética y política de Thomas Mann ante el complejo entramado (Káiser, Moltke, Schlieffen, Tirpitz, Ludendorff o las tesis belicistas de Friedrich von Bernhardi) se define por los siguientes factores históricos: La guerra no como catástrofe, sino como "solución". Para el Mann de esa época, la concentración de tropas, la carrera armamentística naval de Tirpitz y el expansionismo no eran síntomas de una enfermedad que destruiría Europa, sino los instrumentos necesarios para que el Imperio Alemán rompiera el "cerco" de las democracias occidentales. Cuando temía un conflicto en 1911, su angustia era de carácter geopolítico e histórico-artístico: la interrupción abrupta de la paz burguesa y de su propio estilo de vida acomodado antes de que el destino imperial de Alemania estuviera maduro. Fascinación por la mística militar. Lejos de ver a las instituciones castrenses y al Estado Mayor como una amenaza ciega, Mann los idealizaba. En sus textos de 1914 y en su correspondencia privada dejó claro que: Veía el Plan Schlieffen y la disciplina militar prusiana como un equivalente del rigor formal del artista. El chovinismo no le parecía un error ideológico, sino la expresión legítima del Volk alemán reafirmando su identidad frente al cosmopolitismo francés. Admiraba la sobriedad y el sentido del deber de figuras autoritarias, un rasgo que se observa en la construcción psicológica de personajes rectos y prusianos como el general de sus relatos o el militarismo latente en La montaña mágica. El contraste con la verdadera sospecha (Heinrich Mann). Quien sí sospechaba con absoluta precisión milimétrica que ese cóctel de armamentismo, líderes megalómanos y ansias de dominio provocaría una carnicería continental a corto plazo era su hermano Heinrich Mann. Heinrich ya denunciaba en ensayos y en su novela El súbdito (Der Untertan) que la idolatría hacia el Káiser Guillermo II y la maquinaria militar prusiana arrastrarían a Alemania al desastre. Thomas Mann consideraba que estas advertencias de su hermano eran "traiciones" racionalistas y superficiales a la esencia espiritual alemana. El Thomas Mann de 1911-1914 estaba ideológicamente ciego ante las consecuencias destructivas del militarismo de su propio país. Lo que la historia posterior demostró que era una marcha suicida hacia el abismo liderada por el Estado Mayor y el chovinismo, Mann lo leyó, hasta el armisticio de 1918, como una gloriosa necesidad metafísica. Su genialidad literaria le permitió captar la atmósfera de decadencia y tensión de la Europa prebélica en La montaña mágica, pero su brújula política de la época estaba completamente alineada con el orden que provocó el desastre.

✦ Thomas Mann no incluye elementos del movimiento Völkisch en Los Buddenbrook (1901), que retrata un mundo burgués y cosmopolita diametralmente opuesto a los ideales del movimiento Völkisch. Refleja la mentalidad de la patricial alta burguesía comercial de Lübeck durante el siglo XIX, un grupo social racionalista, profundamente anclado en el capitalismo urbano, la ilustración y las conexiones internacionales. El movimiento Völkisch era un fenómeno etnonacionalista, agrario, antisemita, romántico y obsesionado con la doctrina de "sangre y tierra" (Blut und Boden). Aunque los protagonistas repudian indirectamente esa corriente, Mann introduce elementos contextuales de las corrientes proto-völkisch y nacionalistas de la época mediante el contraste y la sátira: El nacionalismo estudiantil exacerbado (Los colores de la Confederación). El único roce directo de la novela con la retórica chovinista o proto-völkisch aparece en los personajes secundarios o jóvenes influenciados por la unificación alemana de 1871. El patriotismo de los Buddenbrook es local y hanseático, fiel a su ciudad-estado. Ven con desconfianza el nacionalismo centralizado y militarista prusiano (que alimentaba al movimiento Völkisch). Mann retrata las ansias de homogeneidad nacional como una fuerza tosca que amenaza con disolver la identidad cultural de las viejas repúblicas comerciales. El rechazo a la industrialización y la nostalgia romántica. Un pilar del pensamiento Völkisch era el rechazo a la modernidad urbana, las finanzas y la alienación de las ciudades. En Los Buddenbrook, este malestar de fin de siglo se canaliza a través de la decadencia biológica y espiritual de la familia. Thomas y, sobre todo, el joven Hanno Buddenbrook sufren una "pérdida de vitalidad" provocada por el refinamiento y el exceso de civilización. La respuesta de Mann a este malestar no es el retorno a la tierra o a la pureza de la raza (propio del dogma Völkisch), sino el refugio en el pesimismo de Arthur Schopenhauer y el escapismo estético de la música de Richard Wagner. La "degeneración" de la estirpe frente al vigor natural. El movimiento Völkisch y el darwinismo social de finales del siglo XIX teorizaban constantemente sobre la pureza, la regeneración y el vigor físico de los pueblos. En la novela, Mann subvierte este concepto de manera genial: la salud financiera y social de la familia decae a medida que sus miembros se vuelven más sensibles, artísticos y reflexivos. Los personajes "fuertes" que terminan triunfando sobre las ruinas de los Buddenbrook (como la familia Hagenström) son vistos como arribistas más pragmáticos y brutales, carentes de la espiritualidad tradicional de la vieja burguesía. Los Buddenbrook no incluye elementos del movimiento Völkisch como una defensa ideológica, sino que funciona como el testimonio de una clase que iba a ser devorada por las fuerzas nacionalistas y colectivistas que ese movimiento promovía. La novela fue quemada y prohibida por los estudiantes nazis en 1933 por ser considerada un reflejo "decadente, burgués y antialemán", lo que demuestra la incompatibilidad absoluta entre el mundo de Mann en 1901 y el etnonacionalismo germánico.

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