Venezuela: Inmigrantes canarios 1700-1830             

 

Venezuela: Inmigrantes canarios 1700-1830:
[Entre la élite y las masas]. En junio de 1813, durante su estadía en la localidad venezolana de Trujillo, Simón Bolívar firmó el decreto en que se declaraba la guerra a muerte y singularizaba a los canarios como particulares enemigos. "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obrais activamente en obsequio de la libertad de Venezuela". Los canarios fueron denunciados por los líderes republicanos como realistas, godos y enemigos y sufrieron fatales consecuencias a raíz del conflicto. No sabemos cuántos canarios perdieron la vida en una de las guerras independentistas más sangrientas, pero entre las 262.000 personas que se estima murieron en Venezuela, muchos eran canarios que lucharon al lado de los realistas. Casi veinte años más tarde, una vez que terminó la guerra, la nueva república de Venezuela promovió y dio su bienvenida a la inmigración canaria. En su Autobiografía, el General Páez elogió la ley de inmigración aprobada por el Congreso en julio de 1831 manifestando: "uno de los más importantes decretos del Congreso fue el que tenía por objeto promover la inmigración de los canarios... La experiencia había demostrado que los habitantes de Canarias eran los que con mayores ventajas y con mejores seguridades de buen éxito podían satisfacer los deseos y exigencias de los hacendados, y así el Congreso autorizó al Ejecutivo para promover con ofertas generosas la emigración de aquellas islas". ¿Cómo podemos explicar este súbito cambio de rol experimentado por los canarios? ¿Cómo podemos explicar la posición política de los canarios? La transición sufrida por los canarios de odiosos realistas a inmigrantes que eran bienvenidos en un período tan corto de tiempo, apunta hacia una posición especial de este, grupo en la economía y la sociedad venezolana. La explicación de esta situación tan peculiar debe buscarse en el siglo dieciocho, búsqueda que constituirá el primer objetivo de esta conferencia. El segundo objetivo será considerar su rol en la guerra de independencia.

LOS CANARIOS Y LA ESTRUCTURA SOCIAL VENEZOLANA:
Venezuela registró su primer período de crecimiento económico en el siglo diecisiete. Este evento tuvo lugar independientemente de España y de la Carrera de Indias. Para exportar nuevos productos tales como el cacao, el tabaco y los cueros, los venezolanos establecieron relaciones comerciales directas con los holandeses, quienes asumieron el rol de agentes de exportación de cacao en Europa. La colonia también comerciaba con México,el cual se convirtió en su principal mercado de cacao. Sin embargo, durante el siglo dieciocho,se registró un cambio en los patrones 'de comercio. Empeñados en su gran proyecto de reforma, la administración borbónica decidió incorporar a Venezuela a la economía imperial para eliminar el contrabando, especialmente el comercio ilegal que tenía lugar con los holandeses, y para terminar con el temprano proceso de autonomía colonial. El instrumento de la reconquista económica fue la Compañía de Caracas, una empresa dominada por los vascos a la cual se le otorgó el monopolio del comercio con Venezuela y que muy pronto produjo un nuevo impulso para la producción y la exportación local y proveyó un mercado para España. En ese momento parecía que Venezuela podría al fin realizar todo su potencial y, bajo el estímulo de la Compañía, orientar su economía hacia el mercado externo. Éste fue el factor que atrajo a los nuevos inmigrantes desde las Canarias,una economía que requería mayor número de productores agrícolas y una organización que les aseguraba la venta de sus productos. El factor que empujaba a los canarios a emigrar era la incapacidad de la economía y de la tierra islefta de soportar una población que crecía inexorablemente. En el curso del siglo dieciocho una combinación de diversos factores adversos -condiciones climáticas, un serio desequilibrio orientado hacia la exportación agrícola, el crecimiento demográfico- provocó una crisis de subsistencia que movió a muchos canarios a emigrar. Por supuesto, la primera ola inmigratoria canaria en Venezuela precedió al siglo dieciocho. Pero la nueva conjunción causada por el crecimiento de la población y la depresión económica brindó un nuevo impulso a la migración; miles de canarios entraron a Venezuela cada afta, algunos con licencia del gobierno de Espafta, otros de modo ilegal. Sin tierras en su propio país, los canarios la buscaron en Venezuela. Éste era su primer objetivo, y fue también la causa para la primera desilusión. La aristocracia terrateniente venezolana, los grandes cacaos, concentraba· en sus manos las mejores tierras del centronorte del país y estaban embarcados en el proceso de establecer grandes haciendas dedicadas a la producción y exportación de productos tropicales, principalmente cacao. No obstante, aún quedaban tierras vacas. En los llanos del interior y las regiones orientales y occidentales había tierras que no habían sido apropiadas y que podían ser usadas para la agricultura y el pastoreo, si bien eran tierras de una calidad inferior, menos fértiles y que demandaban más trabajo. Éstas fueron las tierras marginales que el gobierno colonial dividió y distribuyó entre los inmigrantes canarios. Algunos inmigrantes perseveraron y se conformaron con un estilo de vida modesto. Otros buscaron formas alternativas para acumular riquezas, especialmente en el área del comercio, lo cual los envolvió rápidamente con el contrabando. Los cosecheros canarios embarcaban utilizando los canales establecidos por sus compatriotas hacia México. Los canarios también se integraron al comercio minorista y trataron de importar productos evadiendo el monopolio peninsular, reduciendo las importaciones oficiales. De este modo una gran parte del comercio venezolano interno cayó en las manos de los nuevos inmigrantes españoles, muchos de ellos canarios, pero también figuraban vascos y catalanes. Estos tres grupos dominaban el comercio minorista de Cumaná. Usualmente comenzaban con una empresa menor dedicada a la navegación costera y en pocos aftas acumulaban suficientes capitales como para dirigir sus acciones hacia negocios de una escala mayor. La inmigración canaria, en consecuencia, fue una empresa esencialmente privada en la cual los inmigrantes tenían que sobrevivir, no a través del patronazgo o los privilegios que les pudiera brindar el sistema, sino utilizando sus propias iniciativas, la astucia y el talento empresarial. Por sobre todo, los canarios buscaron evadir una actividad en particular: las labores agrícolas. La razón que les movía a evadir el trabajo de peón era evidente y se derivaba del sistema de trabajo que imperaba en las haciendas; allí se utilizaba mano de obra esclava y trabajar como peón significaba descender al nivel de los esclavos. Los canarios no habían emigrado a Venezuela para conformarse con ese destino. Los orígenes y las funciones desempeftadas por los canarios determinaron su lugar en la estructura social de Venezuela. Los blancos en Venezuela no constituían una clase homogénea, sino que estaban divididos en por lo menos tres categorías. En primer lugar estaban los espaftoles peninsulares, que ocupaban los puestos más altos de la administración y monopolizaban el comercio trasatlántico, el cual incluía también un número de inmigrantes vascos y catalanes. Próximos a este grupo estaban los criollos de la élite local, los así llamados mantuanos, cuya riqueza principal residía en la tierra y cuyas propiedades consistían usualmente en grandes haciendas, numerosos esclavos y una residencia en Caracas; había también otros criollos, algunos de ellos "blancos pobres" ("blancos de orilla"), que se distinguían por su aguda conciencia de las diferencias que les separaban de las castas. Finalmente, en tercer lugar, estaban los canarios, muchos de ellos pequeftos comerciantes y almaceneros, artesanos, marinos, militares y transportistas y, en algunos casos, mayordomos de haciendas. Si bien el factor racial no fue el único factor determinante en la estructura social colonial, en una sociedad como la venezolana fue un elemento de importancia. Venezuela contaba con un gran número de negros, el cual fue constantemente reforzado en el siglo dieciocho a través de un creciente comercio de esclavos. Los pardos, los negros libres y los esclavos ocupaban los eslabones más bajos de la pirámide social; no obstante, durante el siglo dieciocho llegaron a constituir más de un cincuenta por ciento de la población total. Más bajos que los criollos, los canarios ocupaban un lugar superior al de los pardos, y no sufrían la opresión que restringía a los sujetos de ancestro negro. No existía legislación que les negara acceso a la administración, a las profesiones, a la milicia o a la universidad, como ocurría con los pardos. En un sentido los canarios eran superiores a los criollos. Los canarios eran blancos puros, mientras muchos de los criollos, incluso aquellos que pertenécían a la élite, no poseían dicha pureza y eran conscientes de la mezcla racial que corría por sus venas. Éste puede haber sido un factor que explica la animosidad mostrada por los criollos hacia los canarios, una animosidad que empujaba a los terratenientes patricios contra los inmigrantes vulgares quienes, de acuerdo a los criterios de la época, eran racialmente superiores. En estas condiciones se puede entender la actitud social asumida por los canarios en Venezuela, la cuai se caracterizaba por dos quejas particulares contra la sociedad en que les tocaba vivir. En primer lugar, los canarios tenían un resentimiento contra los peninsulares que monopolizabaa el comercio de exportación e importación. En su condición de pequeftos productores, lo que demandaban eran mejores precios para sus productos. Como comerciantes minoristas y dedicados al abastecimiento de los mercados del interior, los canarios deseaban precios más bajos para las importaciones. En una palabra, lo que querían era más competencia y mayores opciones, las que creaban recurriendo incluso al contrabando. Esta situación debía, y en más de una ocasión actuó en ese sentido, convertir a los canarios en aliados de los patricios criollos y los productores agrícolas mayoristas, cuyas demandas coincidían con las de los isleños. Pero un segundo factor, el factor social, impedía que se formara una alianza estable y contribuyó a que ambos grupos sociales se mantuvieran divididos y aparte. La estructura social estaba balanceada contra los canarios y los hacía ser permanentemente conscientes de la posición inferior que ocupaban en sus relaciones tanto con lo.s peninsulares como con los criollos.

REVUELTA CONTRA LA COMPAÑÍA DE CARACAS:
Durante el siglo dieciocho Venezuela no fue una colonia estable. De una parte, la estructura social contenía una serie de elementos hostiles -mantuanos contra canarios, blancos contra negros, venezolanos contra vascos que creaban tensión y violencia. De otra parte, la nueva política imperial de los barbones alteraba la balanza política tradicional y exageraba las tensiones que existían bajo la superficie. La coyuntura creada por la política borbónica y las condiciones sociales vigentes condujeron a la protesta y la revuelta. En Venezuela se registraron dos tipos de movimientos. El primer tipo lo constituyeron las luchas de los negros y los esclavos contra la dominación de las haciendas, yen algunos casos contra la población blanca en general. El segundo tipo consistió en alianzas de diversos grupos sociales -criollos, blancos pobres y pardos- que se unían contra la Compañía de Caracas, cuyo monopolio comercial y acciones contra los contrabandistas hería los intereses tanto de los productores como de los consumidores a todos los niveles de la sociedad. En este segundo tipo de movimientos los canarios jugaron un papel activo y significativo. Las principales críticas que emergían contra la Compañía de Caracas estaban dirigidas contra el papel exclusivo que jugaba como comprador y exportador de los productos venezolanos y el abierto favoritismo que mostraba hacia los mercados peninsulares. En la medida que la Compañía de Caracas estuvo en condiciones de ejercer un control más estrecho sobre la economía venezolana, las posiciones asumidas por los diversos sectores sufrieron un endurecimiento. El patriciado criollo tenía dos razones para quejarse. Como productores, existía entre ellos un marcado resentimiento contra el monopolio comercial de la Compañía que controlaba el comercio de exportación e importación. Como miembros de la élite política, el poder político de los peninsulares, especialmente el de los vascos, cuyo control de la Compañía había crecido paralelamente a su predominio en los puestos de la administración local, produjo un sentimiento similar. Los blancos pobres, los canarios, también se sentían destituidos y postergados. En primer lugar, sentían que no se les permitía gozar de los frutos de la tierra, porque se les asignaban tierras de calidad inferior y se les impedía obte ner precios favorables para los productos de exportación e importación a causa del monopolio de la Compañía. En segundo lugar, en sus roles de productores o de contrabandistas, sufrían bajo la creciente represión que afectaba al comercio ilegaL En tercer lugar, también sentían que desde un punto de vista político perdían capacidad de representación; mientras en las primeras décadas del siglo dieciocho no era poco común contar con un isleño como Gobernador, ahora el puesto parecía estar monopolizado por los vascos. Quejas de este estilo llevaron a los canarios a encabezar la revuelta contra la Compañía de Caracas en 1741; de sus filas salieron los sectores populares que formaron una parte de la coalición rebelde en unión con el patriciado crio llo. El caudillo principal, Juan Francisco de León, era un terrateniente y productor canario que se rebeló contra la Compañía cuando se le separó de su cargo de Teniente de Justicia en Panaquire, al este de Caracas. En su lugar se designó a un vasco, medida que fue acompañada con una etapa de renovada represión contra los contrabandistas. La turba rebelde que marchó encabezada por León desde el valle de Tuy hasta Caracas estaba compuesta por canarios, pardos, indios y negros. Los líderes menores que apoyaban a León eran bien conocidos por sus actividades comerciales ilícitas en la región. En la marcha subsecuente contra La Guayra, León movilizó más de cinco mil hombres, la mayoría de ellos provenientes de los sectores populares. La rebelión fue un movimiento de protesta económica, con una base social fundada principalmente entre pequeños agricultores y comerciantes, que provenían de Canarias. En Caracas los sublevados demandaron públicamente la celebración de un Cabildo Abierto, petición que fue apoyada por los criollos ricos y los sectores sociales más altos, quienes representaron en una asamblea las principales demandas de los rebeldes contra la Compañía: se le acusaba que importaba y exportaba muy poco, pagando poco por las exportaciones y cargando precios exorbitantes por las importaciones. La demanda básica era la abolición de la Compañía. Todos los sectores coincidían. Sin embargo, la rebelión descansaba sobre una coalición temporal, como otros movimientos sociales durante el siglo dieciocho, en la cual se unieron momentáneamente diversos intereses y demandas que muy pronto se dividirían a raíz de la dinámica que adquiría el proceso. En este sentido, los criollos eran aliados poco confiables, pues si bien se mostraban dispuestos a usar la base popular que les proveían los canarios, también estaban dispuestos a retirar su apoyo si el movimiento desarrollaba objetivos sociales demasiado peligrosos. Al final la rebelión continuó siendo un movimiento moderado, esencialmente pacífico, encabezado por un hombre que de ninguna manera podía ser descrito como revolucionario. Por sobre todo, careció de objetivos políticos. Su principal blanco era remover la Compañía, eliminar el monopolio que ejercía sobre las importaciones y las exportaciones. El movimiento no fue una rebelión contra el gobierno de Madrid ni contra la presencia colonial. La administración logró sofocar la revuelta, pero al mismo tiempo puso atención a las demandas y corrigió la situación. Los venezolanos contaban ahora con el derecho a comerciar directamente con Veracruz y se les permitía comprar acciones' de la Compafiía; la Compañía, por su parte, expandió sus esferas de desenvolvimiento económico y comenzó a exportar mayores cantidades.de productos venezolanos. La rebelión encabezada por Juan Francisco de León no cambió el patrón que regulaba la participación de los canarios en la vida social venezolana. Los inmigrantes continuaban fluyendo hacia el país y expandían sus actividades económicas en dos direcciones específicas. Durante la segunda mitad del siglo dieciocho una serie de canarios ganaron acceso a los estratos más altos de la jerarquía mercantil. Un ejemplo notable fue el establecido por Fernando Key. Originario de Canarias, Key emigró a muy temprana edad a Venezuela donde desarrolló una exitosa carrera en el ramo comercial, convirtiéndose en un prestigioso exportador y astillero en Caracas y La Guayra.

LOS CANARIOS EN EL MOMENTO DE LA INDEPENDENCIA:
La experiencia colonial de los canarios explica la posición que ocupaban al momento de la independencia. Debido a sus intereses económicos y el status social que se les concedía, era muy difícil para ellos identificarse automáticamente ya sea con la élite peninsular o la oligarquía criolla. Al comienzo la mayoría de los canarios abrazó la causa patriota y dieron su apoyo a la Junta, a la espera quizás de cambios sociales radicales. En noviembre de 1810 más de cien canarios firmaron un pliego de felicitaciones. Ciento treinta y cuatro islefios más elogiaron la revolución y ofrecieron sus servicios, manifestando que "éstos son los sentimientos generales de todos los naturales de las Islas Canarias". No obstante, en el curso de 1812, los canarios se sumaron a las fuerzas contrarrevolucionarias, inspirados aparentemente no tanto por sus convicciones ideológicas como por una serie de otras razones. La inercia de la Primera República frente al estado de desorden e inseguridad que reinaba en el país y la creciente depresión económica, sin duda jugaron un importante rol. Pero la razón principal fue la arrogancia social y el exclusivismo que continuaba impregnando la mentalidad de los oligarcas republicanos. Así, el descontento canario se manifestó en una serie de revueltas realistas durante 1811. El 11 de julio de mil ochocientos once, un grupo integrado por sesenta canarios se levantó en Los Teques. Pobremente armados y escasamente organizados, los rebeldes no pudieron contener la represión que la república desató en su contra; dieciséis canarios fueron ejecutados y sus cabezas fueron puestas en exhibición pública en Caracas. En la rebelión de Valencia, exitosamente derrotada por Miranda con severas bajas en ambos bandos, los canarios tomaron parte apoyando la facción realista. La Primera República fue establecida y controlada por la élite criolla de Caracas. El resto de las provincias no aceptó su mandato de modo unánime, ni tampoco contó con el apoyo incondicional de los sectores populares; en ambas esferas existía resentimiento contra los esfuerzos que se hacían para excluirlos del proceso de toma de decisiones. Guayana, Maracaibo y Coro, que contaban con poderosas oligarquías regionales, permanecieron al margen. El mismo camino fue seguido por los pardos, los negros y los canarios. No obstante, las diversas facciones requerían un liderazgo fuerte. Este liderazgo fue proveído por Domingo de Monteverde, un canario de origen noble, que contaba con el rango de capitán naval y tenía las dotes naturales de un caudillo. Monteverde convirtió a Coro en la base de su programa contra-revolucionario, reclutando curas y vastos números de sujetos provenientes de los sectores populares. Los canarios, en particular, se convirtieron en la columna central de su movimiento realista reaccionario, rol que fue inmediatamente recompensado por Monteverde quien les otorgó los principales puestos en la administración y en el ejército. Monteverde actuaba como un potencial caudillo. Distribuía premios y favores a sus clientes, los canarios, y éstos se convertían en su principal base de poder. Los historiadores venezolanos liberales han condenado usualmente la contra-revolución de 1812-1813 por sus detalles de crueldad y afanes vengativos. En realidad, si bien fue un proceso opresivo no fue un evento particularmente violento o inspirado solamente por el afán de derramar sangre; como se sabe bien, muchos de íos jefes republicanos, incluido entre ellos Bolívar, fueron autorizados para abandonar el país sin que se les causara molestia alguna. De otra parte, las contrarevoluciones desatadas en Chile, Perú y México fueron mucho más sangrientas y condujeron a la muerte a un número superior de patriotas. El verdadero crimen de la contra-revolución venezolana en los ojos de la historiografía tradicional es que fue liderada por los canarios, gente de status bajo, y que fue dirigida contra los criollos, que componían la élite. La animosidad que prevalecía entre los islefios y los mantuanos pareciera haberse reproducido en la discusión historiográfica. ParraPérez llama a la contra-revolución "la conquista canaria" . Otros la han descrito como el "gobierno de los almaceneros" . Los canarios, sin duda, se aprovecharon del momento y Monteverde les recompensó con creces. El movimiento les permitió saciar sus afanes de venganza contra los criollos de las clases altas y denunciarlos ante el régimen imperial. Las listas de sospechosos fueron confeccionadas principallnente por los canarios, y fueron cuadrillas de canarios las que se encargaron de capturarlos y presentarlos ante los Tenientes de Justicia Canarios para luego encarcelarios. Los canarios usaron además la influencia que habían ganado con Monteverde para conseguir nombramientos en los principales puestos, si bien carecían de suficientes calificaciones. De esta manera los isleños se convirtieron en oficiales del ejército, magistrados y miembros de la Junta de Secuestros. Este tribunal fue creado por Monteverde para confiscar las propiedades de los republicanos. A su cabeza fue puesto José Antonio Díaz, a quien el Regente Heredia describió como "canario zafio y cerril, que apenas sabía firmar, y que por su tosca figura y tarda explicación se distinguía entre sus paisanos, que son reputados comúnmente en Venezuela (como) el sinónimo de la ignorancia, barbarie y rusticidad". De acuerdo con Pedro Urquinaona, el oficial español enviado por la Regencia en una misión pacificadora, algunos de los canarios que luchaban junto a Monteverde habían previamente apoyado la revolución previa y se habían enriquecido con las propiedades que secuestraron a los realistas. Ahora simplemente habían cambiado de lado y denunciaban a los antiguos realistas,. cuyas propiedades gozaban, como republicanos. No obstante, era más común que fueran antiguos realistas que habían perdido propiedades a manos de los rebeldes patriotas y que demandaban a Monteverde su restauración. La caída de Monteverde y el surgimiento de la efímera Segunda República en mil ochocientos catorce forzó a los canarios y a los peninsulares a buscar un nuevo líder; eventualmente se agruparon en torno al asturiano José Tomás Boves, probablemente el caudillo más violento y sanguinario de la época. Lo que les atraía hacia Boves era su marcado anti-criollismo y las tierras y botines que acostumbraba a distribuir entre sus partidarios. La política de Boves ha sido objeto de debate entre los historiadores. Se duda si Boves fue un populista auténtico que ofreció una reforma agraria a los llaneros. Lo importante es que consiguió reclutar numerosos partidarios que provenían de los sectores populares debido a la política de concentración de tierras que desarrollaron los criollos durante la Primera República y que había sido perjudicial a esos grupos. Los canarios, por su parte, se podían identificar con Boves quizás porque sentían que con él tenían más posibilidades de adquirir tierras que con ningún otro líder. El oficial mejor conocido del ejército de Boves fue el brigadier Francisco Tomás Morales, originario de las Canarias, que arribó joven a Venezuela y comenzó su carrera como sirviente, contrabandista y pulpero. Morales admiraba a Boves por su populismo y por el liderazgo que ejercía sqbre los llaneros. Los líderes guerrilleros realistas como Morales odiaban a los oficiales españoles de corta residencia en el país.

LA EMIGRACIÓN POSTERIOR:
La derrota de los caudillos realistas dejó a los españoles que residían en Venezuela con la oportunidad de elegir entre tres opciones: el ejército español de ocupación, las fuerzas patriotas o el exilio. Los canarios ya no gozaban del distintivo rol que adquirieron en los pasados años, y en más de un sentido habían aceptado retornar al anonimato y a tolerar gradualmente la revolución. En el curso de los años veinte, cuando la república se consolidó, los canarios se integraron al nuevo régimen y sus filas volvieron a crecer con el arribo de nuevos inmigrantes provenientes de las islas. Cada año reportaba centenares de nuevos residentes provenientes de Canarias, los que concurrían a llenar el vacío demográfico creado por las guerras de la independencia. Éstos eran los inmigrantes a quienes el general Páez dio su bienvenida y que recibieron un trato especial cuando se pasó la Ley de Inmigración de junio de 1831. La nueva legislación les ofrecía naturalización inmediata, exención del servicio militar y liberación de los impuestos por los primeros diez años, además de tierras respaldadas con títulos legales. La escala que asumió la nueva ola inmigratoria puede ser apreciada observando las cantidades registradas en un año elegido al azar. En 1843 Venezuela recibió d.os mil doscientos sesenta y dos inmigrantes, de los cuales mil ochocientos veintiséis (ochenta por ciento) provenían de las Islas Canarias, trescientos setenta y cuatro de Alemania y sesenta y dos del resto de Europa. La inmigración total para el período mil ochocientos treinta y dos-mil ochocientos cuarenta y tres ascendió a diez mil trescientos veintidós sujetos, de los cuales ocho mil eran canarios. La mayoría de los nuevos isleños inmigraron utilizando los servicios facilitados por la agencia oficial de inmigración y contaron con la asistencia financiera del gobierno. Sin embargo, arribaban a un país cuya estructura social no había cambiado en sus rasgos básicos desde los años de la colonia. Esta situación no nos puede sorprender si recordamos que la independencia instaló en el poder a la élite criolla, precisamente la clase bajo la cual el régimen colonial había mantenido sometidos a los canarios y negado un trato igualitario en el seno de la sociedéld venezolana. Nuevamente, en consecuencia, los canarios tenían que comenzar en los peldaños más bajos para escalar en una sociedad altamente estratificada. La propiedad de la tierra estaba aún más concentrada una vez que concluyó la independencia. Las haciendas confiscadas a los realistas y las mejores tierras públicas fueron apropiadas por· los caudillos y otros líderes republicanos, quienes pasaron a reforzar las filas de los terratenientes. Las demandas de los grupos populares fUlron ignoradas y la mayoría de la pob.:lción rural fue solamente considerada por su valor como peones y jornaleros. Como observara un cónsul británico, "la verdad es que los inmigrantes son bienvenidos, no tanto por su condición de colonos como por el papel que pueden jugar sustituyendo la decadencia gradual de la mano de obra esclava". Los inmigrantes canarios, en consecuencia, solamente podían esperar adquirir tierras marginales o de inferior calidad, tal cual sucedía en el pasado; asimismo, el ascenso en la escala social era difícil e inseguro. Tendrían que pasar muchos años todavía para que los canarios pudieran integrarse totalmente a la sociedad civil. (JOHN LYNCH, 1986)

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