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Fantasía: Ferrater Mora:
Platón usó el término φαντασία y términos semánticamente relacionados con el mismo (ψαντάζεσθαι, φαντασμα, etc.) en varios pasajes de sus diálogos. La fantasía es la representación que surge del φαίνεσθαι ο "aparecer" y en este sentido se contrapone al conocimiento del ser o de la realidad, o)/nta . Los φαινoμενα son las sombras y reflejos producidos por las "cosas verdadera" (Rep., VI). El φαινόμενον es asimismo lo representado en el arte ("representativo") (Rep., X 598 B). Platón califica al sofista de "forjador" de φαντάσματα pues su arte es una φανταατική τέχνη (un "arte de meras figuraciones") (Cfr. Soph., 235 Β et al). Parece que Platón tiende a considerar la fantasía como una manifestación de la "opinión", δόξα , la cual engendra simples "imágenes", ei)/dola , en vez de producir formas o "ideas", ei)dh , pero no obstante el abundante uso del concepto de fantasía o conceptos análogos es difícil encontrar en Platón una teoría sistemática de la fantasía como concepto central filosófico.
Esta teoría sistemática se halla, en cambio, en Aristóteles. Este autor se ha referido a la cuestión de la fantasía en numerosos pasajes de sus obras, pero es especialmente importante lo que dice acerca de la fantasía y de los φαντάσματα ο "representaciones" en De an., III, 3, 427 b 10 y sigs. Según Aristóteles, la fantasía ["imaginación"] no puede ser equiparada ni con la percepción ni con el pensamiento discursivo, bien que no haya fantasía sin sensación ni juicio sin fantasía. La fantasía radica en nuestro poder de suscitar ("conjurar") imágenes aun cuando no se hallen inmediatamente presentes los objetos o fuentes de las sensaciones. Por eso la fantasía no equivale a la "mera opinión". En esta última hay creencia y convicción, mientras que en la fantasía no las hay. Los productos de la fantasía permanecen en los órganos de los sentidos y se parecen a las sensaciones. Pero no se equiparan simplemente con éstas. Por otro lado, la fantasía no es un mero sustituto de la sensación (aun cuando Aristóteles indica asimismo que hay fantasía sobre todo cuando, como en los sueños, falta la sensación de la visión efectiva). La fantasía es menos sustitutiva que anticipadora (De an., III, 3, 433 b 29). En efecto, los animales tienen potencia apetitiva justamente porque poseen fantasía, la cual puede entonces dirigir los movimientos apetitivos hacia algo deseado, esto es, previamente representado como apetecible. Los φαντάσματα son, pues, representaciones en potencia o "ideas" actualizables por medio de percepciones. Sin duda que dada la "libertad" de los φαντάσματα con respecto a las sensaciones, puede concluirse que los φαντάσματα tienen lugar únicamente en el sueño (como proponían los estoicos). Pero puede asimismo destacarse el elemento de "posibilidad" en ellas. La fantasía es entonces la facultad de suscitar y combinar representaciones y de "dirigir" de este modo una parte de la vida del ser orgánico poseedor de apetitos. No obstante las diferencias de opinión entre Aristóteles y los estoicos sobre el concepto de φαντασία hay de común entre ellos el considerar este concepto desde el punto de vista "psicológico" y "gnoseológico". Ello se manifiesta en los estoicos en el desarrollo dado a la noción de "representación comprehensiva" — una de las expresiones por medio de las cuales se ha traducido su fantasi/a katalhp-tikh/. Nos hemos referido a este punto con más detalle en el artículo Cataléptico.
El sentido de φαντασία como "imaginación estética' de que se han ocupado muchos autores modernos se halla, al parecer, sólo en Longino, De sublímitate, caps. 3 y 15 especialmente. Muchos autores medievales emplearon los términos phantasia e imaginatio (imaginatio fue el vocablo latino por medio del cual se tradujo φαντασία ) dándoles con frecuencia un sentido similar, si no idéntico. Algunos autores, especialmente los que seguían la tradición neoplatónica, consideraron la phantasia como una actividad de naturaleza intelectual, o predominantemente intelectual. Otros —siguiendo a San Agustín en De gen. ad litteram, IX— estimaron que la fantasía es una vis animae de carácter inferior, más vinculada a la sensibilidad que al intelecto (si bien el propio San Agustín, en De vera rel., X, 18, parece ligar la fantasía al ejercicio intelectivo). Santo Tomás y los autores tomistas tomaron como base los análisis aristotélicos.
Era común entre los tomistas distinguir entre una fantasía sensible y una fantasía intelectual. Pero la tendencia predominante era la de estimar la phantasia como una facultas sensitiva (Cfr. por ejemplo, Quaest. de an., a 13; S. theol, I). La phantasia produce phantasmata. Éstos pueden ser de varias clases: imágenes que reproducen sensaciones; imágenes relacionadas con especies del entendimiento posible; apariencias no correspondientes a un objeto externo. En este último caso la fantasía es "pura imaginación". En los demás casos, la fantasía es una facultad combinatoria que puede servir de auxilio para la formación de las "ideas". Los escolásticos, especialmente los de tendencia tomista, discutieron una cuestión que ocupó de modo muy apreciable a muchos autores modernos: la de si la fantasía es meramente receptiva o reproductiva o si es de algún modo productiva. Nos hemos referido con más detalle a este problema en el artículo sobre el concepto de imaginación.
En tal artículo discutimos asimismo las diversas concepciones modernas de la fantasía en tanto que imaginación. Durante algún tiempo los dos conceptos fueron equiparables. Pero desde fines del siglo XVIII se tendió a distinguir entre ellos, considerándose la fantasía como una imaginación desenfrenada. Ahora bien, en la medida en que tal tipo de fantasía podía contribuir a la creación (como modelo de la cual se citaba la creación artística), la fantasía no era ni mucho menos despreciada. En muchos casos la fantasía era considerada como el aspecto productor y creador (no simplemente reproductor) de la imaginación. En otras casos, se estimaba que le fantasía va inclusive más lejos que la imaginación productiva. En los sistemas del idealismo alemán (Fichte y Schelling principalmente) es difícil saber si se habla de una fantasía creadora o de una imaginación productora. En época más reciente se ha tratado la fantasía como una actividad imaginativa, pero con frecuencia distinta de la imaginación productora de
que hablaba, por ejemplo, Kant. Así ha ocurrido con autores como Dilthey y Croce, quienes han examinado la fantasía desde el punto de vista estético más bien que desde el ángulo cognoscitivo. Según Dilthey, la fantasía poética es el fundamento de la creación libre, en virtud de la energía propia poseída por ciertas vivencias.
Algunos autores, como Müller-Freienfels, distinguen entre la fantasía creadora y la fantasía lúdica. La primera engendra posibilidades de representación (y tiene un sentido muy parecido al aristotélico); la segunda juega libremente con las representaciones y hasta puede producir representaciones "nuevas". Croce ha destacado el carácter productor de la fantasía en el campo artístico, a diferencia del carácter combinatorio de imágenes de la imaginación llamada asimismo "productiva".
En dos casos se ha considerado la fantasía como fundamento de un sistema filosófico. Uno de estos casos es el de Jakob Frohschammer (1821-1893), el cual admitió un principio único y fundamento de conocimiento, la llamada Phantasie (Die Phantasie als Grundprinzip des Weltprozesses, 1877). Fundándose en algunas doctrinas idealistas (de C. H. Weisse e I. H. Fichte), Frohschammer estimó que sin el principio de fantasía no puede entenderse ninguna novedad y ningún cambio en el universo. La fantasía es el principio del mundo como ser "orgánico" y del alma como ser "espiritual". Es asimismo el principio de Dios, el cual produce el mundo por medio de la fantasía.
✦ Fantasía lúdica y moralistas:
Durante la época de la Reforma y los periodos de intensa reforma moral en los siglos XV y XVI, religiosos y moralistas como Lutero, Calvino, Zwinglio y Savonarola adoptaron una postura mayoritariamente crítica, vigilante y, en varios casos, de abierta confrontación o censura hacia la fantasía lúdica, el arte profano y las licencias creativas de los artistas. Para estos pensadores, el arte debía estar estrictamente supeditado a la verdad bíblica, la edificación moral y la devoción, rechazando los elementos que consideraban distractores, idólatras o inmorales. Existieron matices importantes entre ellos. Savonarola fue el más radical en su acción directa. Consideraba que la fantasía lúdica, el humanismo renacentista y las obras con motivos paganos o sensuales eran una degradación moral. Organizó las famosas «Hogueras de las vanidades» en Florencia (1497), donde se quemaron miles de objetos considerados pecaminosos, incluyendo libros de poesía, instrumentos musicales y pinturas de maestros como Botticelli (quien, influenciado por el fraile, llegó a destruir parte de su propia obra). Calvino adoptó una postura de extrema sospecha y restricción. Calvino argumentaba que la mente humana es una "fábrica perpetua de ídolos". Rechazó cualquier tipo de representación visual de Dios o de lo sagrado en los templos (iconoclasia) y limitó el arte lúdico o libre en el espacio público, exigiendo que las artes se confinaran a plasmar la naturaleza visible creada por Dios o temas históricos útiles, despojados de fantasía o alegorías complejas. La postura de Zwinglio en Suiza fue radical en el plano eclesiástico, promoviendo la destrucción y retirada total de imágenes, retablos y órganos de las iglesias de Zúrich. Zwinglio veía en la ornamentación artística y la creatividad lúdica aplicadas al culto una distracción peligrosa que alejaba al creyente de la verdadera adoración espiritual e interior. Lutero fue el más moderado y pragmático del grupo. Aunque rechazaba los excesos del arte lúdico que rozaban la irreverencia o la superstición eclesiástica, no compartía el impulso destructor de Zwinglio o los iconoclastas radicales (como Andreas Karlstadt). Lutero valoraba la música y las artes visuales como herramientas pedagógicas y didácticas excelentes para instruir al pueblo en las Escrituras, siempre y cuando el ingenio del artista estuviera al servicio del mensaje evangélico y no de la pura vanidad o el entretenimiento secular vacío. A pesar de sus diferencias teológicas coincidían en que la imaginación y la libertad creativa no debían ser fines en sí mismos ("el arte por el arte"). La fantasía del artista era vista como una fuerza poderosa que, si no se subordinaba a la disciplina moral y a la palabra divina, degeneraba fácilmente en idolatría, lascivia y desvío espiritual.
✦ Interpretaciones de la fábrica perpetua de ídolos:
El análisis de la cita de Calvino sobre la mente como una «fábrica de ídolos» y la mirada restrictiva de la Reforma hacia la fantasía no fue comentado de forma literal o directa en los textos principales de Freud, Lacan o Cassirer. Jung sí abordó explícitamente el impacto psicológico del calvinismo y la iconoclasia. A pesar de la falta de alusiones directas en algunos de ellos, el postulado de Calvino y la visión reformista de la imaginación conectan notablemente con los núcleos teóricos de estos pensadores.
Carl Gustav Jung: El choque directo con el calvinismo y la imaginación: Carl Jung es quien analizó con mayor proximidad y literalidad este fenómeno. Al ser hijo de un pastor protestante suizo, Jung creció inmerso en la herencia de Zwinglio y Calvino, y dedicó gran parte de su obra a criticar y reformular sus consecuencias psicológicas: Sobre la «fábrica de ídolos»: Para Jung, la afirmación de Calvino describe a la perfección la tendencia autónoma e indomable de la psique inconsciente para proyectar arquetipos. Lo que Calvino llamaba «ídolos» (imágenes internas falsas), Jung lo identificaba como las formas en que el inconsciente se expresa de manera natural a través de símbolos. Sobre la censura a la fantasía: Jung fue un crítico acérrimo del iconoclasmo reformador. Sostenía que al vaciar las iglesias de imágenes y prohibir la fantasía religiosa, el protestantismo extirpó los "contenedores psíquicos" que protegían al ser humano de las fuerzas crudas del inconsciente. Para contrarrestar esta visión pesimista que tildaba a la imaginación de "mal inspirada", Jung desarrolló el método de la Imaginación Activa. Jung defendía que la fantasía no era un peligro moral, sino una herramienta de sanación indispensable para integrar la sombra y alcanzar la individuación. Freud: La fábrica de ilusiones y la neurosis del artista: Freud no citó a Calvino, pero resignificó el concepto de la "fábrica de ídolos" en términos estrictamente psicoanalíticos, transformándolo en la fábrica del deseo inconsciente y la ilusión religiosa. La mente como productora de ficciones: En obras como El porvenir de una ilusión, Freud coincide estructuralmente con Calvino en que la mente humana fabrica incansablemente representaciones (dioses, tótems, tabúes) creadas para calmar el desamparo humano. La fantasía frente al principio de realidad: Respecto a la sospecha reformista sobre la imaginación, Freud concordaba en que la fantasía opera bajo el principio del placer y a menudo sirve como refugio frente a una realidad hostil o insatisfactoria. Sin embargo, a diferencia del juicio moral de los reformadores, Freud no la veía como "pecado", sino como una defensa psicológica. Para Freud, el artista no está poseído por una mala inspiración; al contrario, es aquel capaz de transmutar esas fantasías y deseos reprimidos en obras de arte a través de la sublimación, salvándose así de caer en la neurosis.
Jacques Lacan: El "Fantasma" y el Gran Otro: Lacan tampoco teorizó sobre Calvino, pero reformuló la noción de la imaginación y la idolatría desde el estructuralismo y el lenguaje:
El registro de lo Imaginario: Para Lacan, el ser humano está atrapado constitutivamente en lo Imaginario, una dimensión engañosa donde construimos imágenes de nosotros mismos y de los demás para llenar una falta fundamental. En este sentido, la "fábrica de ídolos" calvinista equivale a la producción incesante de objetos del deseo (el objeto a) que el sujeto interpone para no enfrentarse al vacío del Real. La estructura del "Fantasma": Lo que los moralistas llamaban "fantasía mal inspirada", en Lacan se despoja de toda connotación moral y se convierte en el fantasma estructural (fantasme). El fantasma no es una simple ensoñación diurna peligrosa, sino la pantalla o el guion inconsciente necesario que permite al sujeto sostener su deseo y soportar la realidad cotidiana. Ernst Cassirer: El ser humano como Animal Simbólico: Desde la filosofía de la cultura y el neokantismo, Cassirer abordó de forma tangencial los periodos de iconoclasia a través de su obra monumental Filosofía de las formas simbólicas. La producción de mitos e ídolos: Cassirer argumentaba que el ser humano no es solo racional, sino un animal simbólico. La mente humana no puede evitar "fabricar" mitos, lenguaje y arte; es su manera de procesar y estructurar el universo. Por lo tanto, la aseveración de Calvino describe la función mítica inherente del cerebro. El conflicto con la imaginación: Cassirer analizó cómo los movimientos dogmáticos o puritanos malinterpretan la función del arte al exigirle una verdad literal o moral. Para Cassirer, la fantasía artística no compite contra la verdad moral (como temían los reformadores), sino que constituye una vía legítima y autónoma de conocimiento humano que libera al espíritu a través de la forma pura.
Perspectiva La "Fábrica de Ídolos" (Calvino) y La Fantasía / Imaginación
Para religiosos como Calvino y Zwinglio: Una muestra de la total depravación y ceguera del corazón humano sin Dios. Un peligro de desvío moral que debe ser estrictamente vigilado y censurado.
Freud: Proyección psicológica nacida del desamparo y la búsqueda de ilusiones. Refugio del principio del placer; el motor de la sublimación artística.
Jung: Actividad natural del inconsciente que produce símbolos y arquetipos. Herramienta vital de transformación psíquica (Imaginación Activa).
Lacan: Captura del sujeto en el registro engañoso de lo Imaginario. El marco estructural (fantasma) que sostiene el deseo del sujeto.
Cassirer: Manifestación de la ineludible función simbólica y mítica del hombre. Una forma autónoma de libertad y configuración de la cultura humana.
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