El debatido saldo de los logros del imperialismo:
|
Siglo XX:
Tras la Gran Guerra Alemania pierde sus territorios africanos. Británicos y franceses se repartieron Togo y Camerún, la actual Tanzania pasó a manos británicas y Bélgica se quedó con Ruanda y Burundi.
Cuando estaba cercana la mitad del siglo XX Alemania, Italia y Japón pretendían una considerable expansión de su territorio obtenida con la fuerza militar proporcionada por modernos efectivos bélicos.
El III Reich definía Lebensraum (espacio vital) como el territorio nacional imprescindible para el buen desarrollo de la población alemana.
La expresión fue tomada de Friedrich Ratzel (1844-1904), geógrafo alemán influido por el biologismo.
El geógrafo y exgeneral Karl Haushofer disertaba sobre el espacio disponible de Alemania tras el tratado de Versalles, sobre la necesaria defensa del espacio y sobre las conveniencias de ampliarlo.
En Mein Kampf se reclama la anexión como un derecho: los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población.
A la entidad política imaginada con una enorme ampliación de territorios se le puso el nombre oficial de Gran Reich Alemán.
Sobre su estrecho vínculo con sus posesiones africanas Francia imaginaba un futuro muy distinto del que iba a presentarse tras la Segunda Guerra Mundial.
Churchill actuaba siempre contando con que Gran Bretaña conservaría tras la guerra su presencia rectora en la India.
Durante los años en que la ayuda del ejército africano era vital, De Gaulle hubo de pronunciar un discurso en Brazzaville anunciando el proceso descolonizador francés.
Finalizada la guerra EE.UU. obliga a los holandeses a cambiar radicalmente de planes respecto a Indonesia.
Posguerra:
En la discusión que acompaña al conflicto norte-sur el tema protagonista es el balance entre la explotación y la aportación de progreso que dejaron los países colonizadores en los colonizados.
La verdadera magnitud de la dependencia económica de los países más pobres pronto se hace patente.
Los préstamos están condicionados al cumplimiento de requisitos establecidos por organismos como el Fondo Monetario Internacional.
La forma en que los bancos occidentales gestionan la concesión y recuperación de préstamos recibe críticas muy duras.
Se siguen acordando sucesivas condonaciones de la deuda de los países en vías de desarrollo más por realismo que por magnanimidad de los países acreedores.
En 1955 se crea el Movimiento de Países No Alineados que asume el reto de enfrentarse a intereses muy poderosos como alianzas militares y el sistema económico internacional.
Los países que lo integran buscan ampliar su cuota de poder intentando reforzar las competencias reales de la ONU y democratizando las relaciones internacionales.
En 1963 se crea la Organización para la Unidad Africana, que consiguió atenuar buen número de situaciones con riesgo de enfrentamiento armado.
Los conflictos regionales dificultaron el objetivo de poner freno al militarismo.
Para defender los intereses económicos de sus empresas las ex-metrópolis en ocasiones intervinieron en situaciones muy comprometidas.
En un acto que se calificó de neocolonialismo las potencias occidentales llegaron a promover la independencia de Katanga liderada por Tshombé, servidor de intereses occidentales.
Ante los planes de Nasser Francia y Gran Bretaña prepararon la toma militar del canal de Suez (1956).
|
● Está claro que ningún sistema colonial aportó a los africanos los beneficios que, en general, les ofrecían. La característica común de todos ellos fue la explotación del continente africano. De hecho, los europeos, con sus capitales, han alterado demográfica, económica y socialmente un continente en su propio beneficio, que ha disimulado bajo las grandes teorías colonialistas de asistencia y civilización. (Julia García Moreno)
Balance del imperialismo en los países colonizados:
¿Cuál es el legado del imperialismo desde la perspectiva de la historia de las ideas? Se trata de una pregunta compleja, y la respuesta no puede ignorar la evolución social, económica y política de las antiguas colonias en el mundo moderno. Durante muchos años, después de que tras la segunda guerra mundial el proceso de descolonización se acelerara, el imperialismo cargaba consigo una serie de connotaciones muy negativas: la palabra era sinónimo de racismo, explotación económica y arrogancia cultural por parte de los colonizadores y a expensas del «otro», los colonizados. Buena parte del movimiento posmoderno tenía como objeto la rehabilitación de las antiguas culturas colonizadas. El economista indio Amartya Sen, ganador del premio Nobel y profesor en Harvard y Cambridge, ha señalado que la India ha padecido menos hambrunas desde que los británicos dejaron el país.
Sin embargo, descripciones recientes del imperialismo nos ofrecen un cuadro con muchos más matices. «Sin la difusión del dominio británico por todo el mundo, resulta difícil pensar cómo habrían podido establecerse firmemente las estructuras del capitalismo liberal en tantas economías diferentes… La India, la democracia más grande del mundo, le debe mucho más al dominio británico de lo que está de moda reconocer. Sus escuelas de élite, sus universidades, su funcionariado, su ejército, su prensa y su sistema parlamentario se fundan todos en modelos británicos. Y por último, tenemos el idioma inglés en sí… es indudable que el imperio decimonónico fue un pionero del libre comercio, de la libre circulación de capitales [lo que Lawrence James denomina “el imperceptible imperio del dinero”] y, con la abolición de la esclavitud, del trabajo libre. Invirtió enormes sumas en el desarrollo de una red global de comunicaciones. Difundió y promovió el imperio de la ley en vastas áreas del mundo». Niall Ferguson ha mostrado que en 1913, en el apogeo del imperio, el 63 por 100 de la inversión extranjera directa se destinaba a los países en desarrollo, mientras que en 1996 sólo lo hacía el 28 por 100. En 1913 cerca de un 25 por 100 de las reservas mundiales de capital estaba invertido en países con una renta per cápita equivalente a un 20 por 100 o menos del PIB estadounidense; para 1997 la cifra había caído al 5 por 100. En 1955, hacia el final del período colonial, Zambia tenía un PIB equivalente a la séptima parte del de Gran Bretaña; en 2003, tras unos cuarenta años de independencia, hablamos de un veintiochoavo. Una investigación reciente de cuarenta y nueve países ha mostrado que «los países basados en el derecho británico ofrecen una protección jurídica mucho mayor a los inversores que los países basados en el derecho civil francés». La gran mayoría de los países cuyo sistema se inspira en la jurisprudencia inglesa estuvieron alguna vez bajo dominación británica. El politólogo estadounidense Seymour Martin Lipset ha mostrado que los países que antiguamente fueron colonias británicas tenían significativamente mayores oportunidades de convertirse en «democracias perdurables» tras alcanzar la independencia que aquellos que estuvieron gobernados por otros países. Por otro lado, los efectos de la colonización fueron más negativos en aquellos países que estaban urbanizados y tenían una cultura propia desarrollada antes de la llegada de los imperialistas, como fue el caso de la India y de China, en el que los colonizadores se mostraron más interesados en el saqueo que en la construcción de nuevas instituciones. Ferguson considera que esto quizá explique la «gran divergencia» que hizo que estos dos países dejaran de ser prósperas civilizaciones (acaso hasta una fecha tan tardía como el siglo XVI) para verse reducidos a una relativa pobreza.
[Culturas:]
El imperialismo, por tanto, no fue sólo conquista. Fue una forma de gobierno internacional, de globalización, y no benefició únicamente a las potencias dominantes. Los colonialistas fueron no sólo Cecil Rhodes, sino también Warren Hastings y sir William Jones.
A finales del siglo XX, la cuestión de hasta qué punto el desarrollo del orientalismo constituyó un aspecto del imperialismo fue tema de muchos debates que se prolongan hasta hoy. La reflexión que más interés ha despertado es la propuesta por el crítico palestino Edward Said, recientemente fallecido y durante muchos años profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia en Nueva York. En dos libros muy influyentes, Said sostuvo en primer lugar que muchas obras de arte del siglo XIX describen un Oriente imaginario y estereotipado, una representación en la que abundan las caricaturas y las simplificaciones. La pintura de Jean-Léon Gérôme Encantador de serpientes (1870), por ejemplo, nos muestra a un joven, desnudo excepto por la serpiente que lo envuelve, sentado sobre una alfombra para entretenimiento de un grupo de hombres árabes de piel oscura, engalanados con rifles y espadas y apoyados en una pared recubierta de baldosas decoradas con arabescos y caligrafía árabe. Said consideraba que el poder político había corrompido la historia intelectual de los estudios orientales, tal y como se los practica en Occidente, que la noción de «Oriente» como una entidad única era absurda y que, además, suponía subestimar una región gigantesca, en la que convivían muchísimas culturas, religiones y grupos étnicos diferentes. Ejemplo de ello es la obra Chrestomathie arabe, del estudioso francés Silvestre de Sacy, publicada en 1806, con la que su autor intentaba colocar los «estudios orientales» a la par de los estudios latinos y helenísticos, y que contribuyó a crear la idea de que Oriente era tan homogéneo como la Grecia o la Roma clásicas. Fue de este modo, sostuvo, como el mundo pasó a estar compuesto por dos mitades desiguales y a basarse en un intercambio desigual cimentado en el poder político (imperial). Existe, afirmó, una «demonología imaginativa» del «Oriente misterioso» en la que los «orientales» son presentados invariablemente como haraganes, embaucadores e irracionales.
Said desarrolló aún más estas ideas en Cultura e imperialismo (1993).
(Peter Watson)
A las nuevas naciones independizadas les habría convenido unas salida mejor planeada, preparada y gradual por parte de las metrópolis.
El abandono precipitado de los belgas del Congo se convirtió en un auténtico caos.
La gran mayoría de los nuevos gobernantes locales carecían de experiencia en la administración y el funcionamiento de los órganos de gobierno.
Reino Unido, que había perdido tras una guerra sus colonias norteamericanas, ideó en el siglo XX un sistema para descolonizaciones amistosas y graduales.
Tras el colapso de la URSS en 1989 varias repúblicas independientes procuraron cortar lazos con Moscú.
Legados positivos de la colonización:
Al lado de los inconvenientes que causó se debe reconocer que mejoró el nivel de vida con la aportación de mejores técnicas de cultivo, la introducción de nuevas especies agropecuarias, conservación de alimentos, la práctica de profesiones antes desconocidas, un aumento general de la producción de los sectores agrícolas, industriales o artesanos y de servicios. La atención médica, la creación de centros hospitalarios y la construcción de sistemas sanitarios supuso el fin de enfermedades endémicas y el aumento de la esperanza de vida. La enseñanza elevó el nivel cultural y profesional de los indígenas. Promovió el concepto de Estado y las instituciones con base en principios democráticos. Desarrolló el comercio, las comunicaciones, la distribución de bienes y el uso de medios de pago. Ferrocarriles, carreteras, puertos, aeropuertos, distribución energética, sistema judicial.