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China: Terminal portuaria China 2030:
«A lo largo de la historia, China siempre ha estado en el centro del universo; ahora solo estamos volviendo a la normalidad» (Ángel Gurría, secretario general de la OCDE). Brasil ocupa ya el puesto que separa a las siete grandes potencias (EE.UU, China, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia) del resto de mortales. India está por delante de Rusia y España. El mundo lleva un tiempo cambiando de rumbo. Los ricos (EE.UU., Europa occidental y Japón) ya no son los más ricos, y los pobres (China, Brasil e India, entre otros) empiezan a tomar el mando. La crisis global solo ha dado un acelerón a este proceso. En dos décadas, el gigante asiático ocupará el trono de Estados Unidos. En ese mismo periodo, el peso de España en el Producto Interior Bruto mundial pasará del 3% actual al 1%. O lo que es lo mismo: si hoy aporta 1,54 billones de dólares al conjunto de la riqueza global —cifrada en 61 billones—, en 2030, cuando la producción mundial alcance los 138 billones, la contribución española será de 1,96 billones, según las estimaciones hechas por la consultora Goldman Sachs en su estudio «El patrimonio de los emergentes en dos décadas: un mundo cambiante».

Lula En 2030 Francia dejará de tener el 5% de la economía mundial y tendrá que conformarse con un 3% de la tarta; Italia pasará del 4% al 2%; Reino Unido del 4% al 3%, y Alemania, el motor de la UE, perderá tres puntos, pasando su participación en la riqueza global del 6% al 3%. «A la Unión Europea le faltó pegada para sustituir a la URSS en aquel mundo bipolar cuando esta cayó, y en su lugar han surgido los países emergentes», dijo Pedro Solbes, ex vicepresidente del Gobierno español y ex ministro de Economía, en un reciente foro sobre gobernanza mundial celebrado en Madrid. Las economías emergentes crecen extraordinariamente y están ocupando el centro de gravedad de la economía mundial. A día de hoy, el Norte representa el 63% del PIB global. En 2030, será el 41%. El Sur, en cambio, aumentará su peso en la riqueza mundial del 37% al 59%, según el análisis de Goldman Sachs. Países emergentes Ese año, la riqueza mundial será de 138 billones de dólares. De ellos, Occidente habrá «fabricado» 56 billones, y 82 billones serán obra de los hoy llamados emergentes. Solo Brasil, Rusia, India y China aportarán unos 50 billones. China, que actualmente representa el 9% de la producción global, será en 2030 el 23% del total. Y Estados Unidos, hoy la primera potencia, pasará de tener el 24% al 17% del PIB mundial.

Retroceso de España:
España ostentó durante los últimos siete años el lustroso título de ser la octava economía del mundo. Fantaseó incluso, en 2007, con subir un peldaño más. Quizá todo fue un sueño y ahora toca despertarse. Previsiblemente la economía española sufrirá un largo estancamiento. India acaba de superar a la economía española, que ya está fuera del «top ten». En 2030 nuestro peso en la riqueza mundial se reducirá al menos en dos tercios, colocándose a la altura de Filipinas y Malasia. Las economías emergentes son las que ahora están experimentando el mismo «milagro» que España vivió en las últimas dos décadas. «Es lo lógico, porque es prácticamente imposible que se repitan esos crecimientos de entre el 6% y el 8% que vivimos en los años 80 y 90... Crecer ahora a un 2,5% ya sería todo un éxito» (Andrew Hazell, portavoz de Goldman Sachs) Por aquel entonces, España se abría al mundo y crecía de forma sensacional, convergiendo con las economías avanzadas de su entorno.

Fórmula de crecimiento:
Explicar qué han hecho los emergentes para llegar a esta situación es hablar de la receta contraria a la que aplicó el mundo desarrollado en los años de bonanza. En otras palabras, evitar los excesos. Y sortear esa costumbre tan humana de tropezar dos veces en la misma piedra. Su gran crisis financiera tuvo lugar en 1997. Aprendieron la lección y desde 2003 vienen aplicando políticas monetarias y fiscales ortodoxas, haciendo un esfuerzo descomunal de ahorro. «Ahora tienen leyes de responsabilidad fiscal que sancionan a quien traspasa los límites de déficit fiscal, y eso no se hace en Europa. Los países emergentes están más disciplinados», explica Blanca Moreno-Dodson, economista senior del Banco Mundial. No solo eso. Mejoraron mucho sus sistemas financieros y bolsas. Y el empuje definitivo lo dio la demografía. Primero, por contar con una población mucho menos envejecida y con una esperanza de vida en aumento. Y, segundo, porque en muchos países de Asia e Iberoamérica se está consolidando poco a poco una gran clase media, fruto de los avances sociales en educación, formación, sanidad, innovación y tecnología, infraestructuras y seguridad ciudadana. «Son economías que están creciendo mucho más rápido, que son más emprendedoras y que en varios sentidos están dejando atrás a Europa y Estados Unidos», dice Moreno-Dodson, quien ve en ello un «reequilibrio de las fuerzas mundiales». De hecho, tanto el G-20 como el FMI y la OCDE han puesto ya sobre la mesa la cuestión de cuánto peso deben tener ahora los emergentes en esos foros.

Made in China Oportunidad para el Norte decadente:
Más cambios: si el 69% de la capitalización bursátil global tiene lugar hoy en el Norte, en 2030 el 55% se generará en el Sur. Por eso, lejos de ver este relevo en el orden económico mundial como una amenaza, los analistas advierten de que es una oportunidad para las economías desarrolladas y sus empresas. «El crecimiento de una parte del mundo siempre es positivo para los demás, y China está tirando del resto del mundo», señala Rafael Pampillón. Hay, en los países emergentes, sectores y campos muy interesantes para la inversión extranjera. «En el de las telecomunicaciones, Europa y EE.UU. seguirán siendo líderes, pero en el de la energía no tanto», explica Federico Steinberg. Goldman Sachs cifra en unos 21 billones de dólares, en su estimación más conservadora, los ingresos que podría hacer la banca occidental en estos mercados en las próximas dos décadas. Eso sí, los expertos hablan también de cierto riesgo. Por ejemplo, hacer un sobreesfuerzo inversor, creando una burbuja como la tecnológica de los años 90 y truncando la posibilidad de subirse al tren que hoy circula más rápido y lastrando además las esperanzas de estos países que quieren dejar de ser los últimos. Fuente: Moncho Veloso

Ejército: China tendrá una población cuantitativamente suficiente para mantener un Ejército masivo en las próximas décadas, pero sufrirá graves problemas de calidad, costes y estructura familiar debido a su crisis demográfica. Aunque la población china comenzó a contraerse (alcanzando unos 1.423 millones de habitantes) y su tasa de fertilidad está muy por debajo del nivel de reemplazo, los análisis de centros de estudios globales como la RAND Corporation estiman que la población juvenil de China seguirá siendo tres veces mayor que la de EE.UU. a medio plazo. El Ejército Popular de Liberación (EPL), con un cuerpo activo de unos 2,03 millones de soldados, no sufrirá por falta de voluntarios absolutos, sino por tres factores críticos: El síndrome del "hijo único": La política implementada en el pasado ha creado generaciones de hijos únicos. Existe una enorme resistencia cultural y familiar a enviar al único heredero y sustento de los padres a profesiones de alto riesgo o a la guerra. Requisitos tecnológicos frente a salud física: El EPL está inmerso en una profunda transición hacia la "guerra informatizada e inteligentizada" (IA, drones y ciberguerra). Esto exige reclutas con educación superior, pero el ecosistema urbano chino enfrenta altas tasas de miopía, sedentarismo y problemas de densidad muscular en la juventud, lo que ha obligado a relajar los estándares físicos de reclutamiento. Efecto de atracción presupuestaria: Para competir con el sector privado y atraer el talento tecnológico necesario, las fuerzas armadas chinas se ven obligadas a incrementar sustancialmente los salarios y beneficios de los soldados. Esto encarece el coste de personal, lo que reduce proporcionalmente el dinero disponible para fabricar nuevo armamento a gran escala. Planes presupuestarios y de capacidad ofensiva del PCCh: No planea iniciar un "mega-presupuesto" de choque, sino que ejecuta una estrategia de expansión disciplinada y constante a largo plazo, enfocada en la modernización tecnológica profunda. El presupuesto de Defensa de China aprobado para este año se fijó en 1,94 billones de yuanes (unos 275.000-281.000 millones de dólares), reflejando un incremento interanual del 7%. Para comprender la proyección de su capacidad ofensiva frente a EE.UU., se deben considerar los siguientes ejes estructurales: Indicador Estratégico Realidad Presupuestaria de China Comparativa con EE.UU. Gasto oficial vs. Real Su presupuesto oficial se mantiene estrictamente por debajo del 1,5% de su PIB. Sin embargo, agencias como el Pentágono o el SIPRI estiman que el gasto real es de un 30% a un 40% superior (entre $330.000 y $470.000 millones), al camuflar partidas de I+D militar y la Guardia Costera dentro de fondos civiles. EE.UU. gasta más del 3,1% - 3,5% de su PIB (superando los $900.000 millones anuales). No obstante, el dinero rinde más en China debido a costes de fabricación y mano de obra mucho más baratos (Paridad de Poder Adquisitivo o PPA). Hitos de Modernización Beijing no busca una paridad numérica inmediata en presupuestos globales. Su planificación está fijada por fases: mecanización y digitalización completa, modernización global para 2035, y un Ejército de "clase mundial" para 2049. Mientras EE.UU. financia una red global con cientos de bases en todo el mundo, China concentra la mayor parte de sus recursos en proyección regional (Indopacífico), optimizando su capacidad ofensiva en áreas clave como Taiwán y el Mar de China Meridional. Prioridades de Inversión El PCCh prioriza la asimetría tecnológica avanzada en lugar de gastar en mantener fuerzas terrestres sobredimensionadas. Las mayores subidas presupuestarias van destinadas a Inteligencia Artificial, misiles hipersónicos, capacidades aeroespaciales y una agresiva expansión nuclear. Su armada ya superó en número de buques a la estadounidense, y está enfocada en acortar la brecha tecnológica con el desarrollo de portaaviones avanzados con catapultas electromagnéticas y submarinos nucleares de nueva generación. El PCCh no pretende arruinar su economía compitiendo dólar por dólar con Washington en presupuestos abiertos de corte militarista. Su plan consiste en sostener un crecimiento militar constante de un solo dígito por encima del PIB real, con el fin de consolidar fuerzas ofensivas tan tecnológicamente letales y regionalmente densas que dejen de depender del número bruto de soldados.

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