Irak             

 

Irak:
[Libertades ciegas:] 1. Una de las pocas alegrías profundas que depara la historia es el fin de los déspotas, trátese de que pierdan su poder o de que mueran. La caída de sus estatuas, la destrucción de sus imágenes simbolizan ese momento. Hitler, Stalin, Franco, Pinochet, Ceaucescu, Mobutu, Milosevic, Sadam... la lista no tiene fin. Es previsible la caída de Castro, Mugabe, Kim Jong Il y una docena más; cada día que siguen en el poder cuesta vidas humanas. La alegría triunfal que se siente cuando pasa a mejor vida una de estas figuras se basa en que uno les ha sobrevivido. Aquello que, según Canetti, es el principal motivo que anima el déspota -el ansia de ver morir a la mayor cantidad posible de hombres antes de que le toque a él- encuentra su reflejo en aquellos que le detestan. En esa medida, incluso esta maravillosa sensación conserva algo de bárbaro, pese a que se dirija contra los enemigos de la humanidad.

2. ¿Debe uno alegrarse, o no? Las imágenes de la caída de Sadam Husein son, aun si no están falsificadas, sumamente sospechosas. El alivio es un impulso al que es mejor no ceder. Es más meritorio avisar y advertir, y si, a regañadientes, los pacifistas dicen alguna palabra sobre la victoria, lo que dicen suena forzado. ¡No deja de ser embarazoso que haya iraquíes que saluden a sus ocupantes! A nadie le gusta quedarse en evidencia. No es el primer planchazo de los que avisan y advierten; no es la primera vez que las arrugas de preocupación que surcan la frente alemana demuestran ser precipitadas. No hace tanto que aquí considerábamos inconmovible la RDA; se pensaba que era una de las naciones industriales de mayor éxito mundial. La socialdemocracia hizo cuanto pudo para entablar un cordial diálogo con el antiguo SED, el partido comunista de Alemania oriental; el sindicato polaco Solidaridad se consideraba un peligroso perturbador de la paz. La estabilidad lo era todo, la Unión Soviética un coloso inexpugnable al que sólo provocaban los estadounidenses y otros combatientes de la guerra fría, mientras que los heroicos sitiadores de Mutlangen [base estadounidense en Alemania, en la que se almacenaban misiles nucleares, frente a la que hubo numerosas protestas pacifistas en los ochenta] se movilizaban contra la provocadora espiral armamentista de EE UU. ¡Qué extraño, y también qué molesto para mucha gente de izquierda, que el coloso resultara tener los pies de barro! También se hubiera querido tratar con guante de seda a la Serbia de Slobodan Milosevic, por mor de la paz sacrosanta: cualquier intervención en los Balcanes amenazaba con provocar un incendio de incalculables proporciones. ¡Y qué decir de los talibanes! Quien les atacara se echaría encima a todo el mundo islámico, una imagen apocalíptica. En el caso de Irak hemos asistido a una unanimidad semejante. Se ejercitó una especie de mirada hipnotizada por el horror en la que el pacifista adoptaba el lugar del conejo ante la serpiente: "El Gobierno dispone de diversos estudios, entre ellos documentos de la ONU, según los cuales se calculan entre 40.000 y 200.000 las víctimas de las acciones militares. Se teme que otras 200.000 personas mueran como consecuencia indirecta de la guerra" (Jürgen Trittin, ministro de Medio Ambiente alemán). "Los iraquíes han tenido un año para preparar la guerra. Y se ve que se han preparado bien... por lo que semejante intento sin duda acabará con una gran batalla por Bagdad" (Stig Förster, historiador militar). "Un ataque tendría como consecuencia el estallido de Oriente Próximo" (Angelika Beer, presidenta de Los Verdes). 3. Según datos iraquíes, 1.300 civiles han muerto en esta campaña; parece que han caído 153 soldados por parte de la coalición. Aunque no se puede aceptar sin más estas cifras, lo que sí está claro es que jamás ha habido una guerra de tales dimensiones con tan pocas víctimas. Nunca se han exhibido estas víctimas con tanto énfasis en todos los medios de comunicación del mundo, incluidos los de los vencedores. Esta compasión está en peculiar contraste con la ceguera frente a otros hechos: durante el conflicto de Irak, en el Congo han sido asesinados al menos mil civiles en las denominadas guerras tribales; para los grandes medios de comunicación, eso es harina de otro costal. En todo el mundo arrastran una existencia fantasmal otras treinta guerras, frecuentemente mucho más crueles. Los alemanes de Hamburgo, Colonia, Núremberg, Berlín y Dresde tampoco parecen acordarse; quizá porque cualquier comparación mostraría con cuánta cautela ha actuado esta vez la coalición anglo-estadounidense. En general, entre los animados por la paz predomina la extraña idea de que en esa guerra que querían evitar, cuando a pesar de todo se desencadenó, en ningún caso podía haber muertos; una exigencia que podríamos llamar conmovedora si no permitiera inferir una pérdida de contacto con la realidad que políticamente no augura nada bueno. Pérdida de contacto que sólo es superada por la negación de la realidad del mundo árabe, donde la costumbre más preciada es el autoengaño. Allí parece que impera sin límites el deseo como padre del pensamiento, y cuanto más fatal sea un modelo, tanto más celosa la adhesión que suscita: Nasser, Arafat, Gaddafi, Bin Laden, Sadam Husein...

4. Cuántas veces, y con cuán poco resultado, se ha repetido que el código de la política no coincide con el de la moral. Muchos de los que se indignan no logran captar esa distinción. Su peculiar postura timorata va acompañada de una altivez moral que maravilla. Quizá ése sea el motivo por el que su crítica desprenda un tufillo específico. El fariseísmo y la hipocresía alcanzan, antes o después, a la mayoría de los que protestan. "No a la sangre por petróleo" un eslogan eficaz, aunque resuene en boca de gente que da el máximo valor a su coche, su calefacción, sus vacaciones, y cuya indignación rápidamente encontraría otro objeto si las gasolineras estuvieran vacías, el termómetro cayera bajo cero y se anularan los vuelos a Mallorca. Por lo que toca al eje París-Berlín-Moscú, a los estadounidenses se les suponen motivos ruines, materiales, egoístas, aunque se escamoteen los propios. Rusia y Francia tienen enormes intereses económicos en Irak, no en última instancia en el negocio del petróleo y de las armas, y Alemania ha destacado durante años por sus exportaciones de armas a Irak. Es un hecho que las sanciones decretadas por las Naciones Unidas han tenido consecuencias mucho más devastadoras que la guerra para la población iraquí; las víctimas se calculan en cientos de miles. Los pacifistas siempre las denuncian por ese motivo. Si por ellos hubiera sido, el régimense habría mantenido, y con él las sanciones acordadas por la ONU. 5. Un deseo más piadoso que el de preservar en la medida de lo posible la tiranía iraquí es el de crear una situación democrática en aquel país. Se objeta a esto que las tradiciones religiosas y políticas de la región hacen ilusorio tal deseo. Aun prescindiendo de que tales argumentos no carecen totalmente de arrogancia colonial, pasan por alto que un régimen como el iraquí tiene poco que ver con las formas tradicionales de dominio en el mundo árabe; éste es, en el más fatal de los sentidos, moderno, y debe algunos elementos decisivos al modelo de la Alemania nazi y de la Unión Soviética. Pero no hay nada que una sociedad pague más caro que un sistema totalitario. El terror que ejerce no es sólo de tipo físico; no se limita a la tortura y al asesinato. Un dominio de este tipo provoca pérdidas de sustancia humana que se dejan sentir decenios después de su fin. Empieza con la expulsión y huida de los mejores, una pérdida de la que una sociedad jamás se repone totalmente (Rusia, 1917- ; Alemania, 1933- ; España, 1936- ; Irán, 1953- ; Argentina, 1976- ; Yugoslavia, 1991- ; etcétera, la lista podría prolongarse a voluntad). Se transforma la mentalidad de la mayoría, que se queda en el país, transformación tanto más duradera cuanto más prolongada sea la tiranía. Los déficit de civilización, la ausencia de ley y responsabilidad prevalecen, se producen perturbaciones de la percepción y caen todos los umbrales de inhibición. Hasta que no se derrumba un régimen de este tipo no se manifiestan estos daños a largo plazo. La resocialización de pueblos enteros, y eso es algo que no se les debería haber escapado a los alemanes, es un proceso extremadamente prolongado y complejo. Podemos estar seguros de que cualquier problema que se produzca en estos casos se achacará a quienes han puesto fin al régimen. Incluso aunque los estadounidenses y británicos hagan maravillas en Irak, eso no sería más que una prueba más de su pérfida astucia. 6. En el actual conflicto, el objeto del odio de los enemigos de la guerra no es Sadam Husein, sino G. W. Bush, un hecho que sin duda requiere explicación. Cuando se les pregunta por el dictador, porque por sí mismos son reacios a hablar de él y de su obra, los portavoces más radicales de la izquierda, de los islamistas y del nacionalismo árabe hablan de una simetría perfecta entre Bush y Sadam; en todo caso, afirman, es más peligroso el primero. El mismo maniqueísmo que reprochan al presidente americano sus críticos es el que les caracteriza a ellos. Ambos quisieran localizar inequívocamente el mal, unos en Irak, los otros en EE UU. Ni con su mejor voluntad pueden concebir que, antropológicamente, el bien y el mal habitan siempre en el mismo pecho. Parecen ignorar, o consideran irrelevante, la diferencia entre los sistemas políticos de los Estados Unidos de América y de la República de Irak. Nada tiene de extraño que los europeos orientales no acaben de entender esa equiparación. A ellos, la falta de imaginación de los enemigos de la guerra les resulta grotesca; sus experiencias históricas le facilitan la percepción de matices tales como la diferencia entre la vida y la muerte. Especialmente llamativa es la circunstancias de que muchos alemanes hagan suya la retórica del appeasement (apaciguamiento), exactamente como si jamás hubieran vivido bajo un régimen totalitario. La mayoría no ve que haya razones suficientes para poner fin a la tiranía de Irak; no es que le deseen vida eterna, eso sería mucho decir, pero se rechaza todo paso decisivo que pueda servir para acabar con ella. ¿A pesar de las experiencias alemanas, o a fin de cuentas precisamente a causa de ellas? Quizá sea admisible recordar cuán difícil les resultó y les resulta a los alemanes interpretar la derrota del régimen como liberación: derrota a la que se denominó "colapso", mientras que los aliados eran "la ocupación". Entre los primeros graffiti de la posguerra se cuenta la sentencia "Ami go home". Tampoco el final de la dictadura en la Alemania oriental fue del agrado de todos los habitantes del país. Admitamos que la gratitud no es una categoría política. El hecho de que Alemania fuera salvada por los aliados occidentales y de que sin ellos el muro seguiría hoy en pie no permite por tanto esperar ninguna clase de agradecimiento. En cualquier caso, sorprende la falta de memoria que se manifiesta aquí. Sin embargo, en este contexto quizá no hiciera daño un poco más de valor para la libertad, un ápice menos de arrogancia. (Hans Magnus Enzensberger, 2003)


George W. Bush mintió sobre las armas de destrucción masiva:
Las mejores estimaciones disponibles sugieren que más de 250.000 personas han muerto como resultado de la decisión de George W. Bush y Tony Blair de invadir Irak en 2003. Un informe de investigación recientemente publicado por el gobierno del Reino Unido sugiere que los funcionarios de inteligencia sabían de antemano que la guerra causaría una inestabilidad masiva y un colapso social y empeoraría el problema del terrorismo, y que Blair y Bush continuaron con el esfuerzo de todos modos. La respuesta correcta a esta situación es desesperarse por el hecho de que los gobiernos de EE. UU. y el Reino Unido crearon una tragedia humana tan horrible sin ningún motivo. Sin embargo, los rencores partidistas son profundos, y algunos en la derecha han argumentado que el informe Chilcot del Reino Unido demuestra que los verdaderos actores cobardes son liberales que acusaron a Bush y Blair no solo de confiar en inteligencia defectuosa que sugería que Irak tenía armas de destrucción masiva, sino de mentir sobre la inteligencia que tenían. tener. Hasta cierto punto, esto no viene al caso; incluso si hubieran sido totalmente cautelosos y cuidadosos al caracterizar la inteligencia, la guerra aún habría sido un error catastrófico que tuvo un costo humano inmenso. Pero la verdad también importa, y lo cierto es que hubo numerosas ocasiones en que Bush y sus asesores hicieron declaraciones que las agencias de inteligencia sabían que eran falsas, tanto sobre las ADM como sobre los inexistentes vínculos de Saddam Hussein con al-Qaeda. El término comúnmente utilizado para hacer afirmaciones que uno sabe que son falsas es "mentir". David Corn de Mother Jones ha sido excelente en la crónica de ejemplos específicos a lo largo de los años. Aquí hay algunos:

En octubre de 2002, Bush dijo que Saddam Hussein tenía una "reserva masiva" de armas biológicas. Pero como señaló el director de la CIA , George Tenet , a principios de 2004, la CIA había informado a los políticos que "no tenía información específica sobre los tipos o cantidades de agentes de armas o reservas a disposición de Bagdad". La "reserva masiva" se inventó literalmente. En diciembre de 2002, Bush declaró: "No sabemos si [Irak] tiene o no un arma nuclear". Eso no fue lo que dijo la Estimación de Inteligencia Nacional. Como Tenet testificaría más tarde, "Dijimos que Saddam no tenía un arma nuclear y probablemente no habría podido fabricar una hasta 2007 a 2009". Bush sabía si Irak tenía o no un arma nuclear, y mintió y dijo que no sabía para exagerar la amenaza. En CNN en septiembre de 2002, Condoleezza Rice afirmó que los tubos de aluminio comprados por Irak "sólo eran realmente adecuados para los programas de armas nucleares". Esto era precisamente lo contrario de lo que decían los expertos nucleares del Departamento de Energía ; argumentan que no solo era muy posible que los tubos fueran para fines no nucleares, sino que también era muy probable que lo fueran. Los funcionarios de la administración exageraron evaluaciones aún más nefastas sobre los tubos de otras agencias y, en cualquier caso, la afirmación de que "solo son realmente adecuados" para las armas nucleares es simplemente falsa. En numerosas ocasiones, Dick Cheney citó un informe de que el conspirador del 11 de septiembre, Mohammed Atta, se había reunido en Praga con un oficial de inteligencia iraquí. Dijo esto después de que la CIA y el FBI concluyeran que esta reunión nunca se llevó a cabo . De manera más general, sobre la cuestión de Irak y al-Qaeda, el 18 de septiembre de 2001, Rice recibió un memorando que resumía la inteligencia sobre la relación , que concluía que había poca evidencia de vínculos. No obstante, Bush siguió afirmando que Hussein era "una amenaza porque está tratando con al-Qaeda" más de un año después. En agosto de 2002, Dick Cheney declaró : "En pocas palabras, no hay duda de que Saddam Hussein ahora tiene armas de destrucción masiva". Pero como señala Corn , en ese momento "no había inteligencia confirmada en este momento que estableciera que Saddam había reactivado una importante operación de armas de destrucción masiva". El general Anthony Zinni, que había escuchado la misma inteligencia y asistió al discurso de Cheney, diría más tarde en un documental : "Fue un shock total. No podía creer que el vicepresidente dijera esto, ¿sabes? Al trabajar con el CIA sobre las armas de destrucción masiva de Irak, a través de todos los informes que escuché en Langley, nunca vi una pieza de evidencia creíble de que había un programa en curso". En numerosas ocasiones, la administración Bush exageró o fabricó completamente conclusiones de inteligencia en sus declaraciones públicas. Bush realmente mintió, y la gente realmente murió como resultado de la guerra para la cual esas mentiras estaban destinadas a construir un caso. Esos son los hechos. El fracaso de Irak no fue simplemente un caso de políticos bien intencionados pero incompetentes que se precipitaron hacia lo que deberían haber sabido que sería un desastre. Es la historia de esos políticos que engañan repetidamente al público sobre por qué, exactamente, comenzó la guerra. (Dylan Matthews | Vox.com 2016 )


David Harvey: Irak: saqueo: David Harvey afirma que el saqueo de los activos estatales de Irak fue un objetivo central y un resultado inevitable de la invasión, pero lo enmarca dentro de una causa principal más amplia: la necesidad de Estados Unidos de mantener su hegemonía global y resolver sus propias contradicciones económicas internas a través de la "acumulación por desposesión". El saqueo no fue un simple robo oportunista, sino una parte integral de una estrategia geopolítica y económica mucho más grande. Aquí está el desglose del argumento de Harvey, principalmente de su libro "El Nuevo Imperialismo": 1. La Causa Principal: El Control del Petróleo como Palanca de Poder Global Para Harvey, la razón fundamental de la invasión fue el control del petróleo de Oriente Medio. Pero no se trataba simplemente de que las empresas estadounidenses quisieran el petróleo para sí mismas. Se trataba de algo mucho más estratégico: * Mantener la Hegemonía del Dólar: Al controlar el grifo del petróleo mundial, Estados Unidos asegura que el petróleo se siga cotizando en dólares, lo que obliga a todos los países a demandar dólares y financia el déficit estadounidense. * Controlar a los Rivales: Al controlar el suministro de energía, EE.UU. obtiene una palanca de poder inmensa sobre sus principales competidores económicos, que dependen de la energía de Oriente Medio (Europa, Japón y, cada vez más, China). * La Amenaza de Saddam Hussein: Saddam Hussein no solo era un dictador brutal, sino que había comenzado a vender el petróleo iraquí en euros en lugar de dólares. Esto representaba una amenaza existencial para la hegemonía del dólar y no podía ser tolerado. 2. El Mecanismo: La "Acumulación por Desposesión" Aquí es donde entra directamente el saqueo de los activos estatales. La invasión fue, para Harvey, un caso de libro de texto de "acumulación por desposesión". Una vez que se tomó el control militar, se implementó una estrategia de "terapia de choque" para desmantelar el Estado iraquí y transferir su riqueza a manos privadas, principalmente a corporaciones estadounidenses. * El Saqueo como Estrategia Deliberada: Harvey cita las órdenes emitidas por la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA), dirigida por Paul Bremer. Estas órdenes no fueron accidentales, sino que diseñaron un plan sistemático para: * Privatizar las empresas estatales iraquíes: Se pusieron a la venta cientos de empresas públicas en sectores como el cemento, los productos farmacéuticos, los textiles, etc. * Abrir la economía a la inversión extranjera: Se permitió que las corporaciones extranjeras tuvieran el 100% de la propiedad de los activos iraquíes y que repatriaran el 100% de sus beneficios sin restricciones. * Reescribir las leyes de propiedad intelectual y patentes en beneficio de las corporaciones occidentales. * El Petróleo como Joya de la Corona: Aunque la privatización directa de la extracción de petróleo resultó políticamente demasiado difícil, se impusieron "Acuerdos de Producción Compartida" (PSA) extremadamente favorables a las grandes petroleras occidentales (ExxonMobil, BP, Shell), dándoles control a largo plazo sobre los campos petroleros más grandes de Irak y garantizándoles enormes beneficios. El Saqueo como Parte de un Plan Mayor Harvey afirma que el saqueo de los activos estatales de Irak fue una causa y un objetivo central de la invasión. No lo ve como un simple acto de pillaje aislado. Lo ve como la manifestación concreta y el mecanismo principal ("acumulación por desposesión") de una causa geopolítica más profunda: la necesidad de Estados Unidos de reafirmar su control sobre el petróleo de Oriente Medio para mantener su posición hegemónica en declive en el sistema mundial. El saqueo no fue solo para enriquecer a unas pocas corporaciones (aunque ciertamente lo hizo), sino para reestructurar por la fuerza la economía de un estado soberano clave y ponerla al servicio de los intereses imperiales de Estados Unidos.

Petrodólares: Una abrumadora mayoría de la producción petrolífera mundial se cotiza y se paga efectivamente en dólares estadounidenses. Aunque es difícil dar una cifra exacta y universalmente aceptada que fluctúe diariamente, las estimaciones consistentes sitúan la proporción en torno al 80% o más. Este sistema, conocido como el "petrodólar", es un pilar fundamental de la economía global y de la hegemonía de Estados Unidos. Aquí están los puntos clave para entenderlo: * Cotización (Pricing): Prácticamente todo el petróleo en el mercado internacional se cotiza en dólares por barril. Los principales índices de referencia del petróleo, como el Brent y el West Texas Intermediate (WTI), están denominados en dólares. Esto significa que, independientemente de quién compre o venda, el precio de referencia es en dólares. * Pago (Settlement): La gran mayoría de las transacciones se liquidan o pagan efectivamente en dólares. Esto significa que un país como Japón, al comprar petróleo a Arabia Saudita, generalmente no paga en yenes o riales, sino que debe adquirir dólares estadounidenses para completar la transacción. ¿Por qué sigue siendo así? 1. El Acuerdo Original: El sistema se consolidó en la década de 1970, cuando Estados Unidos llegó a un acuerdo con Arabia Saudita (y por extensión, con la OPEP) para cotizar el petróleo exclusivamente en dólares a cambio de seguridad militar. 2. Moneda de Reserva Mundial: El dólar es la principal moneda de reserva del mundo. Los bancos centrales de todo el planeta mantienen enormes cantidades de dólares, lo que crea una demanda constante y una gran liquidez. 3. Profundidad de los Mercados Financieros de EE. UU.: Los mercados financieros estadounidenses son los más grandes y líquidos del mundo, lo que facilita la gestión de las enormes sumas de dinero generadas por el comercio de petróleo. 4. Inercia y Estabilidad: El sistema ha estado en vigor durante tanto tiempo que tiene una enorme inercia. Cambiar a otra moneda sería un proceso complejo y potencialmente desestabilizador para la economía mundial. Desafíos al Sistema del Petrodólar A pesar de su dominio, el sistema enfrenta desafíos crecientes, un proceso conocido como "desdolarización": * China: Ha introducido contratos de futuros de petróleo cotizados en su propia moneda, el yuan, y está presionando a sus proveedores (como Rusia y los países del Golfo) para que acepten pagos en yuanes. * Rusia e Irán: Debido a las sanciones de EE. UU., estos países han buscado activamente realizar transacciones petroleras en otras monedas (euros, yuanes, rublos) para eludir el sistema financiero estadounidense. * Acuerdos Bilaterales: Países como India han explorado acuerdos para pagar el petróleo en sus propias monedas con ciertos proveedores. Aunque hay un movimiento gradual hacia la desdolarización, en la actualidad y en el futuro previsible, la gran mayoría del petróleo mundial (alrededor del 80% o más) sigue cotizándose y pagándose en dólares estadounidenses. Este hecho sigue siendo una de las principales fuentes del poder geopolítico y económico de Estados Unidos, y es una de las razones por las que teóricos como Harvey y Amin ven el control de las regiones productoras de petróleo como un imperativo estratégico para Washington.

Irak y Afganistán: Gasto astronómico: Existe un consenso casi universal entre los economistas más reconocidos de Estados Unidos, independientemente de su afiliación política, de que el gasto ocasionado por las guerras de Irak y Afganistán fue extraordinariamente oneroso, fiscalmente imprudente y económicamente perjudicial para el país. Las críticas no provienen solo de economistas de izquierda, sino también de figuras centristas y conservadoras. El debate no es tanto sobre si fue oneroso, sino sobre cuán desastroso fue y cuáles fueron sus peores consecuencias. 1. El Costo Directo y su Financiación Imprudente * Cifras Astronómicas: Economistas como Joseph Stiglitz (Premio Nobel, de tendencia progresista) y Linda Bilmes (de la Harvard Kennedy School) publicaron el libro de referencia sobre este tema, "La guerra de los tres billones de dólares". Argumentan que la estimación inicial de la administración Bush (50-60 mil millones de dólares) fue una subestimación grotesca. Sus cálculos, que incluyen los costos a largo plazo, superan los 3 billones de dólares, y estudios más recientes del "Costs of War Project" de la Universidad de Brown elevan la cifra a más de 8 billones de dólares si se incluyen los intereses y el cuidado de los veteranos hasta 2050. * Financiación con Deuda: Esta es la crítica fiscal clave. A diferencia de guerras anteriores (como la de Corea o Vietnam), que se financiaron en parte con aumentos de impuestos, las guerras de Irak y Afganistán se financiaron casi en su totalidad con deuda, mientras que, al mismo tiempo, la administración Bush recortaba los impuestos. Los economistas consideran esto una de las decisiones fiscales más imprudentes de la historia de EE.UU. Aumentó masivamente la deuda nacional, y los costos de los intereses de esa deuda se seguirán pagando por generaciones. 2. Los Costos Indirectos y de Oportunidad Muchos economistas argumentan que los costos indirectos fueron aún mayores que los directos. * Costo de Oportunidad: ¿Qué se podría haber hecho con esos billones? Economistas de todo el espectro señalan que ese dinero podría haberse invertido en infraestructura, educación, investigación y desarrollo, transición a energías limpias o sanidad, lo que habría generado un crecimiento económico mucho mayor y más sostenible. Lawrence Summers (Secretario del Tesoro con Clinton, economista centrista) ha argumentado en esta línea. * Impacto en el Precio del Petróleo: La inestabilidad creada en Oriente Medio por la guerra de Irak contribuyó a un aumento masivo de los precios del petróleo en los años previos a la crisis financiera de 2008. Esto actuó como un "impuesto" sobre los consumidores y las empresas estadounidenses, frenando la economía. * Distorsión del Gasto en Defensa: El enfoque en la contrainsurgencia en Irak y Afganistán desvió recursos y atención de otras amenazas emergentes. Se gastaron miles de millones en equipos (como los vehículos MRAP) que tienen una utilidad limitada en otros tipos de conflictos. 3. El Impacto en la Crisis Financiera de 2008 Aunque no fue la causa principal, economistas como Stiglitz argumentan que el gasto de guerra fue un factor contribuyente significativo a la crisis financiera. * La Reserva Federal Mantuvo los Tipos Bajos: Para ayudar a financiar la guerra y estimular una economía lastrada por los altos precios del petróleo, la Reserva Federal, bajo Alan Greenspan, mantuvo los tipos de interés extremadamente bajos durante demasiado tiempo. Esto alimentó la burbuja inmobiliaria que finalmente estalló y causó la crisis. Voces que Coinciden * Joseph Stiglitz (Progresista): El crítico más prominente y detallado. * Paul Krugman (Progresista): Ha escrito extensamente sobre la irresponsabilidad fiscal de financiar guerras con recortes de impuestos. * Lawrence Summers (Centrista): Ha hablado repetidamente del enorme costo de oportunidad. * N. Gregory Mankiw (Conservador/Republicano): Aunque apoya los recortes de impuestos, incluso economistas de su escuela de pensamiento han reconocido que financiar un gasto masivo con deuda pura es problemático. * El "Costs of War Project" (Académico/No partidista): Un consorcio de académicos que ha producido las estimaciones más exhaustivas y citadas, concluyendo que los costos son astronómicos y sostenidos en el tiempo. Hay un consenso abrumador. Los economistas más reconocidos de EE. UU. ven el gasto en las guerras de Irak y Afganistán no solo como una cantidad onerosa, sino como un error estratégico de primer orden que debilitó la economía del país, disparó su deuda, tuvo un costo de oportunidad masivo y contribuyó a la inestabilidad económica global, todo ello financiado de la manera más imprudente posible.

los beneficios de las petroleras occidentales con concesiones en Irak compensan los 8 billones de gasto por las guerras de Irak y Afganistán? Los beneficios obtenidos por las petroleras occidentales en Irak no se acercan ni remotamente a compensar los 8 billones de dólares de gasto público ocasionado por las guerras de Irak y Afganistán. Comparar ambas cifras es como comparar el coste de construir una autopista interestatal con los beneficios de una sola gasolinera situada en uno de sus márgenes. La escala es completamente diferente. Aquí está el desglose de por qué esta compensación es imposible: 1. La Magnitud de las Cifras * Gasto de Guerra (un Costo Público): 8 billones de dólares (según la estimación del "Costs of War Project"). Este es un coste asumido por los contribuyentes estadounidenses a través de la deuda pública. Es dinero que sale de las arcas del Estado. * Beneficios de las Petroleras (una Ganancia Privada): Es difícil calcular la cifra exacta de beneficios netos obtenidos específicamente de los campos iraquíes, pero podemos hacer una estimación aproximada. * Los ingresos totales de las mayores petroleras (ExxonMobil, Shell, BP, Chevron) se cuentan en cientos de miles de millones de dólares al año, pero eso es a nivel global. Sus beneficios netos son una fracción de eso. * Los contratos en Irak, aunque muy favorables (Acuerdos de Producción Compartida o Contratos de Servicios Técnicos), les otorgan una porción de los ingresos, no la totalidad. * Incluso si, de manera extremadamente generosa, asumiéramos que estas compañías han obtenido cientos de miles de millones de dólares en beneficios netos de Irak durante los últimos 20 años, esa cifra sigue siendo menos del 5% de los 8 billones de dólares de gasto de guerra. La diferencia de magnitud es de, al menos, un orden de magnitud, probablemente más. 2. ¿Quién Paga y Quién se Beneficia? Este es el punto más crucial, un argumento central para críticos como Chomsky, Harvey o Stiglitz. * Los Costos se Socializan: Los 8 billones de dólares son una deuda pública. La paga el conjunto de la sociedad estadounidense, ya sea a través de futuros impuestos, recortes en otros servicios públicos (educación, sanidad, infraestructura) o la devaluación de la moneda. * Los Beneficios se Privatizan: Los beneficios de las petroleras van a un grupo muy reducido de personas: los accionistas y los ejecutivos de esas corporaciones. Por lo tanto, no hay una "compensación" para el país en su conjunto. Es una transferencia masiva de riqueza: el público asume una deuda astronómica, mientras que un sector privado muy específico obtiene ganancias. 3. El Argumento de la "Guerra por Petróleo" Revisitado Esto refina el argumento de que la guerra fue "por petróleo". * No fue para "robar" petróleo y bajar el precio de la gasolina: Si ese hubiera sido el objetivo, fracasó estrepitosamente, ya que los precios subieron. * No fue para que los beneficios del petróleo pagaran la guerra: Como hemos visto, las cifras no cuadran en absoluto. Fue, como argumentaría David Harvey, para asegurar el control geopolítico del flujo de petróleo y reestructurar la economía iraquí en beneficio del capital transnacional (acumulación por desposesión). Los beneficios de las petroleras no son el objetivo final, sino un subproducto y un incentivo para un objetivo estratégico mucho mayor: mantener la hegemonía global de EE. UU. Los beneficios de las petroleras occidentales en Irak son una pequeña fracción del coste de las guerras para el contribuyente estadounidense. La idea de que una cosa compensa la otra es económicamente insostenible. Lo que realmente ocurrió fue un esquema en el que los costos fueron masivamente socializados (pagados por el público) y los beneficios fueron altamente privatizados (concentrados en un pequeño sector corporativo). Lejos de ser una compensación, muchos economistas lo describirían como uno de los mayores y más costosos traspasos de riqueza del sector público al privado en la historia moderna.

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