Amistad:
(Nicola Abbagnano)
Bergson y Sartre:
Los análisis de Scheler constituyen, dentro de la filosofía contemporánea, la primera tentativa de sustraer la noción del amor al ideal romántico de la absoluta unidad. La sugestión y la acción de estos ideales pueden vislumbrarse, sin embargo, en dos doctrinas contemporáneas aparentemente heterogéneas: la doctrina del amor místico de Bergson y la doctrina del amor sexual de Sartre. Según Bergson, la fórmula del misticismo es la siguiente: Dios es amor y objeto de amor. Aun cuando se pueda dudar acerca de la exactitud de la primera parte de esta fórmula, porque difícilmente puede encontrarse en los místicos la tesis de que Dios ame al hombre (lo que Dios ofrece al hombre que lo ama es la salvación y la beatitud y la participación de su gloria), lo que Bergson quiere decir es que el arranque místico se realiza como una unidad entre el hombre y Dios. No hay ya separación completa entre el amante y el amado: Dios está presente y la alegría es ilimitada. Debido a esta unidad, el amor del hombre hacia Dios es el amor de Dios por todos los hombres. A través de Dios, con Dios, ama a toda la humanidad con amor divino. Pero este amor no es la fraternidad del ideal racional ni la intensificación de una simpatía innata del hombre por el hombre: es la prosecución de un instinto que está en las raíces de la sensibilidad y de la razón como de todas las otras cosas y se identifica con el amor de Dios por su obra. Amor que ha creado todas las cosas y que está en situación de revelar el misterio de la creación al que sepa interrogarlo. A este amor corresponde perfeccionar la cración de la especie humana y volver a dar al universo su función esencial, esto es, la de ser una máquina destinada a crear dioses. El carácter spinozaiano, romántico y panteísta de estas afirmaciones resulta evidente y pone en claro la noción que tales afirmaciones presuponen, o sea la del amor como unidad que es identidad.
