Amistad:
Existen tantas amistades como formas de amor: de padre a hijo, del joven al anciano, del marido a la esposa.n Esta última es la forma más natural y en ella confluyen la utilidad y el placer. El fundamento de la amistad puede ser la utilidad recíproca, el placer o el bien. Pero mientras la amistad fundada en la utilidad o el placer está destinada a concluir cuando el placer o la utilidad terminan, la amistad fundada sobre el bien es la más estable y firme y, por lo tanto, la verdadera amistad. Este análisis aristotélico, que es el más bello y completo que la filosofía haya dado del fenómeno de la amistad, se engarza en los siguientes puntos: 1) La amistad es una determinada comunidad, o sea una participación solidaria de personas en actitudes, valores o bienes determinados; 2) la amistad se halla en conexión con el amor y sigue sus formas, pero no se identifica con él; 3) la amistad se acerca más bien a la benevolencia y, por lo tanto, se encuentra ligada con los afectos positivos, que son los que implican solicitud, cuidado, piedad, etc. La amistad, concebida de tal manera es según Aristóteles más amplia que el amor, que es limitado y está condicionado por el goce de la belleza. Y es diferente al amor, por su carácter activo y selectivo, lo que hace decir a Aristóteles que el amor es una afección, o sea una modificación súbita, en tanto la amistad es un hábito (como lo es la virtud), o sea una disposición activa y comprometida de la persona.
Después de Aristóteles la amistad encontró sus más grandes exaltadores en los epicúreos, que hicieron de ella uno de los pilares de su ética y de su conducta práctica. Pero en esta escuela adquiere un carácter aristocrático; constituye una de las manifestaciones de la vida del sabio y no es, como sostenía Aristóteles, inherente a las relaciones humanas como tales. En los testimonios epicúreos que nos han quedado, reaparecen algunas notas aristotélicas, ésta por ejemplo: La amistad ha nacido de la utilidad, pero es un bien por sí misma. No es amigo el que busca siempre la utilidad, ni tampoco el que no la liga nunca con la amistad. El primero considera la amistad como un tráfico ventajoso, pero el segundo destruye la confiada esperanza de ayuda, que también es parte importante de la amistad (Bignone).
Con el predominio del cristianismo decae en la literatura filosófica la importancia de la amistad como fenómeno humano primario. El concepto más extendido y más importante resulta ser el del amor, el amor hacia el prójimo, falto de los caracteres selectivos y específicos que Aristóteles había reconocido en la amistad. El prójimo es aquel con el que nos encontramos o que se encuentra en relación con nosotros, en la forma que fuere, como amigo o enemigo. La máxima aristotélica de la amistad comportarse con el amigo como con uno mismo, ver en él otro sí mismo, es extendida por el cristianismo a todos los prójimos.
(Nicola Abbagnano)
Kiarostami:
En general, la comunidad de dos o más personas ligadas entre sí por aptitudes concordantes y por afectos positivos. Los antiguos tuvieron de la amistad un concepto mucho más amplio que el que actualmente se admite y adopta por lo común, como se observa en el análisis que de ella diera Aristóteles en la Etica a Nicómaco. La amistad es para Aristóteles una virtud o algo estrechamente enlazado con la virtud. De todos modos, es lo más necesario a la vida, ya que los bienes que ésta ofrece, tales como la riqueza, el poder, etc., no se pueden ni conservar ni utilizar bien sin los amigos. La amistad se distingue, en primer lugar, de las dos cosas a las cuales parece ser máas afín, o sea, del amor y de la benevolencia. Se distingue del amor en virtud de que éste es similar a una afección en tanto que la amistad es similar a un hábito. Asi, pues, el amor también se puede dirigir a cosas inanimadas, en tanto que el reamor, que es inherente a la amistad, implica una elección que resulta de un hábito. El amor es acompañado por la excitación y el deseo, que son extraños a la amistad. Al contrario de la amistad, el amor es provocado por el gozo que otorga la vista de la belleza. La amistad se distingue de la benevolencia, ya que ésta puede dirigirse aun a personas desconocidas y también permanecer oculta; lo que no acaece con la amistad. La amistad es una especie de concordia que no reposa en la identidad de las opiniones, sino más bien, como la concordia de las ciudades, en la armonía de las actitudes prácticas. A justo título se denomina amor civil a la concordia política. La amistad es, así, ciertamente, una comunidad, en el sentido de que el amigo se comporta con el amigo como consigo mismo. Existen tantas especies de amistades como de comunidades, que son las partes de la sociedad civil: las existentes entre navegantes, entre soldados, entre los que efectúan cualquier trabajo común. Puede existir también amistad entre el amo y el esclavo, en el supuesto de que el esclavo sea considerado como un hombre y no como un mero instrumento animado. Solamente en las tiranías existe escasa amistad, o incluso nula, ya que en ellas no existe nada en común entre el que manda y el que obedece, y la amistad resulta tanto más fuerte cuanto mayor sea el número de las cosas comunes entre iguales.
En sus films A través de los olivos y Copia Certificada, Abbas Kiarostami abordó el amor. En la primera, en una pequeña población del campo iraní, un equipo de filmación escoge a dos jóvenes, un chico y una chica, para participar en el rodaje. El chico está perdidamente enamorado de la chica pero el padre de ella no autoriza la boda porque el joven carece de una propiedad. Debido a que en la zona un terremoto ha devastado los poblados, el joven especula con el hecho de que como nadie conserva su casa todos están en su misma condición. El problema de clase que obstaculizaba su relación ha sido solventado gracias al apoyo espontáneo de la naturaleza. En una sociedad rural, aferrada a normas ancestrales pero con una concepción del amor que llega de extramuros, los dos jóvenes son reclutados para actuar en la película como pareja, dándole al chico una posición de ventaja para alcanzar su fin sentimental.
Durante un descanso en el rodaje, luego de filmar la escena en la que le recrimina a la chica, de malas formas y alzando la voz, su incapacidad para las labores de la casa, el chico le dice: “Quiero dejar claro que de casarnos esto no sería así. No soy yo quien reclama, este es el personaje que debo interpretar. Pero quiero que estés segura, nunca sería tan irresponsable. Yo haría todo en casa y tú estudiarías”. Está claro que esta visión viene de occidente a través de quienes filtran su existencia en los medios locales y que junto con esta equiparación de los sexos también aparece una concepción platónica del amor.
Kiarostami, que entiende la globalización no como un mero mercado único sino como un destino común donde convergen miradas distintas, múltiples interpretaciones del ejercicio de vivir, vuelve a abordar el amor en Copia Certificada pero desde una perspectiva inesperada. Sus personajes son europeos y el escenario donde transcurre su historia es un pueblo de la Toscana. Durante una hora y media, la actriz Juliette Binoche y el barítono William Shimell dialogan a través de dos personajes que cruzan una jornada completa, entre dos pueblos toscanos, para dar cuenta del estado de los sentimientos de una pareja de edad intermedia en el escenario europeo actual.
Lo primero que llama la atención es que el espectador se entera de que está ante una pareja casada y que tienen un niño cuando se cumple casi la hora de metraje. Él es escritor y pasa la mayor parte del tiempo en Londres; ella posee una pequeña galería en uno de los pueblos en que transcurre la acción de la película donde vive con el hijo adolescente de ambos. La película cuenta la imposibilidad de compatibilizar los intereses afectivos y profesionales de ambos personajes después de más de tres lustros de matrimonio. Ella, en un acto de entrega, intenta deponer las diferencias y buscar una y otra vez intersecciones desde las que inyectar vida y pasión a la pareja, en tanto que él lucha entre el deseo aún latente y su pulsión por dar protagonismo a una individualidad que anula todo acercamiento.
Erich Fromm opina que en el amor individual no se encuentra satisfacción pero que es muy difícil no ejercerlo porque una cultura en la que las cualidades son escasas, la conquista de la capacidad de amar se convierte necesariamente en un raro logro. En un momento de la película, el personaje que interpreta Juliette Binoche cuenta la relación de profundo amor de la hermana con su marido tartamudo, que cuando se dirige a ella le dice “Ma-Ma-Marie”. A su hermana, según nos cuenta la protagonista, le fascina el modo en el que el marido la llama. Sutilmente, con esta anécdota ingenua y simple, Kiarostami nos marca la clave de un amor al que no pueden acceder sus personajes: la diferencia, incluso la de una patología, sirve para incorporar al otro a la vida propia y así concebir una relación posible, construir el amor.
Hacer el amor y no su fantasma, el “producto” que circula en el mercado y desde el cual pretendemos redimir todas las demás frustraciones. Un amor que linda con la perfección, con la idea que de él se construye. Llamamos amor platónico a aquel que no se resuelve con los cuerpos porque solo queda en la idea del mismo, en un esbozo. Cuando este pasa al acto, con esa misma intensidad, Stendhal apenas le asigna un encuentro (“creemos amar a alguien toda la vida durante una noche”); Pere Gimferrer, al menos según consta en las anotaciones que deja en los poemas de Amor en vilo, le concede un largo año. Kiarostami no lo ve así y lo pone en duda cuando en el terreno se comprueba que lo que se busca, siguiendo solo la idea del amor, es que el otro condense la totalidad de nuestras aspiraciones. Un amor de mercado, el amor como producto: el amor a sí mismo.
(Miguel Roig, 19/08/2013)
