Retractación de Galileo (1633):
El edicto de 5 de marzo de 1616 por el que se condenaba el movimiento de la Tierra y la doctrina coperniciana no mencionaba a Galileo para nada.
En 1616 Galileo se reune con el cardenal Belarmino y ambos acordaron que mientras Galileo mantuviera el heliocentrismo como una hipótesis nada tendría que temer.
Entre los estudiosos la figura de Galileo destaca como aportador de evidencias con poder de convicción que apuntan al heliocentrismo.
En ocasiones fue elogiado y defendido por Maffeo Barberini, hombre culto, amante de las artes y la ciencia, y gran admirador del intelecto de Galileo.
En 1623 ocupó el solio pontificio el cardenal Barberini (Urbano VIII), antiguo alumno de Galilei, que le reiteró la libertad de la que gozaba para escribir lo que quisiera mientras quedara claro que el heliocentrismo era una hipótesis como ya había acordado con el cardenal Belarmino que había fallecido en 1621.
Durante 1624 Galileo y Urbano VIII mantuvieron seis largas audiencias privadas.
El pontífice sostenía que Dios podía mover los cielos de formas que los humanos no entendemos.
Durante 16 años Galileo mantuvo una actitud que evitaba la confrontación.
En 1632 Galilei publica sus Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo, el ptolemaico y el coperniciano. En ella, Galileo, por fin, se decide a reírse descaradamente del sistema geocéntrico y a apoyar el heliocentrismo.
El defensor del geocentrismo en la obra, que compartía la postura adoptada por Urbano VIII, fue aderezado con algunos aspectos ridículos.
El personaje llamado Simplicio, cuyo nombre venía del filósofo Simplicio de Cilicia, en italiano sonaba a simplón o tonto.
Se constituyó una comisión para juzgar la obra y Galileo se dedicó a darle largas al asunto pretextando estar enfermo. Así pasaron unos meses hasta que ya no le cupo otro remedio que acudir a Roma donde comenzó el juicio en febrero de 1633.
Ya en la segunda sesión, en abril de 1633, Galileo niega lo que había escrito atribuyéndolo a un error de su pluma porque él en modo alguno pensaba que el heliocentrismo fuera cierto. En mayo, ya estaba pidiendo clemencia ante sus errores. En junio escribió y firmó su retractación:
"... teniendo ante mis ojos los Santísimos Evangelios y poniendo sobre ellos mi propia mano, juro que siempre he creído, creo ahora y que, con la ayuda de Dios, creeré en el futuro todo lo que la Santa Iglesia Católica mantiene, predica y enseña.
Pero como yo, tras haber sido amonestado por este Santo Oficio a abandonar completamente la falsa opinión de que el Sol es el centro inmóvil de universo, y que la Tierra no es el centro del universo y se mueve, y a no sostener, defender o enseñar de ninguna manera, ni oralmente ni por escrito, la mencionada falsa doctrina; y tras haberme sido notificado que dicha doctrina es contraria a las Santas Escrituras, escribí y di a la imprenta un libro en el que trato de dicha doctrina ya condenada, y presento argumentos de mucha eficacia en su favor, sin llegar a ninguna conclusión: he sido hallado vehementemente culpable de herejía, es decir, de haber mantenido y creído que el Sol es el centro inmóvil del universo, y que la Tierra no está en el centro del universo y se mueve.
Sin embargo, deseando eliminar de las mentes de vuestras Eminencias y de todos los fieles cristianos esta vehemente sospecha razonablemente concebida contra mí, abjuro con corazón sincero y piedad no fingida, condeno y detesto los dichos errores y herejías, y generalmente todos y cada uno de los errores y sectas contrarios a la Santa Iglesia Católica..." (Texto citado en A hombros de gigantes. Las grandes obras de la Física y la Astronomía. Ed. Crítica. Págs. 351-352)
Urbano VIII no intervino para salvar a Galileo de la humillación de la abjuración de rodillas.
Conmutó la pena de prisión por arresto domiciliario de por vida.
Se sintió políticamente traicionado y nunca le perdonó.
Después de la muerte de Galileo el Papa se opuso a que se le construyera un monumento funerario en la Basílica de Santa Croce.
Roberto Belarmino (1542-1621):
Toscano de Montepulciano sobrino del papa Marcelo II. Fue arzobispo, inquisidor y cardenal de la Compañía de Jesús. Defendió la fe y la doctrina católica durante y después de la Reforma Protestante, por lo que fue llamado el martillo de los herejes.
Entró en 1560 en la Compañía de Jesús.
En 1598 se le encarga la dirección del proceso de la Inquisición contra Giordano Bruno (quien tras su negativa a retractarse de sus ideas sobre los múltiples sistemas solares y la infinitud del universo, pasaría ocho años en prisión y sería quemado vivo en la hoguera). En 1616 dirige también el primer proceso contra Galileo, donde se censura su teoría heliocéntrica y se le exige presentarla únicamente como hipótesis. Fue beatificado y canonizado por el papa Pío XI en 1930. Fue declarado doctor de la Iglesia en 1931.
Compañía de Jesús:
Fue fundada en 1534 por Ignacio de Loyola.
En 1540 fue confirmada oficialmente por Pablo III.
La educación y difusión de conocimiento fue uno de sus principales objetivos.
Los primeros años tras su fundación coinciden con el avance del protestantismo y la persecución del erasmismo, considerado heterodoxo.
El grupo principal de fundadores se caracterizaba por su destacada formación académica y se otorgaría a la orden un papel importante en la Contrarreforma.
Destacaba por un notable mayor grado de modernidad en comparación con el resto de órdenes.
Hacia 1640 contaba con más de 500 centros de estudios superiores.
Erasmo de Rotterdam (1466-1536):
Consideraba que la razón, el estudio riguroso y la fe debían caminar juntos.
Se oponía firmemente al literalismo bíblico rígido, especialmente cuando este chocaba con la lógica o el conocimiento del mundo real.
Defendía que Dios había dotado al ser humano de intelecto y libre albedrío para investigar y comprender la creación. En Elogio de la locura, ridiculizó la ignorancia, la rutina ciega y el rechazo al conocimiento nuevo, promoviendo una mentalidad abierta.
Ersnt Cassirer (1874-1945):
Para Cassirer la cosmovisión eclesiástica del siglo XVII representa un momento de tensión dialéctica: un intento teológico por racionalizar el universo que, al mismo tiempo, se aferraba a un estrato mitológico profundo para mantener la cohesión de su autoridad espiritual y el sentido sagrado del orden cósmico. Sacralizar un espacio físico o geográfico es una herencia directa del pensamiento mítico primitivo, que la teología dogmática de la época heredó y normativizó. El Cosmos como un Todo Viviente y Antropocéntrico. El mito concibe el universo no como un mecanismo matemático regulado por leyes impersonales, sino como un escenario de fuerzas vitales, intenciones y simpatías de carácter emocional o divino. Cuando la Iglesia del siglo XVII rechazaba el universo infinito de Giordano Bruno o la física mecánica, intentaba salvaguardar un cosmos ordenado finalísticamente en torno al ser humano y a Dios.
Teilhard de Chardin (1881-1955)
Para él Iglesia del siglo XVII defendía un universo estático, ya acabado y completo desde la Creación (el fijismo).
La Iglesia se cegó porque sintió pánico a la idea de que si la Tierra se movía y el cosmos no era estático, el ser humano habría perdido su lugar central en la creación.
Cometió el error de mirar al pasado en lugar de mirar al futuro. Se encerró en una jaula conceptual escolástica.
Al condenar a Bruno y Galileo le dio la espalda a la verdad de la naturaleza, que es una revelación divina tan válida como la Escritura.
La verdad empírica siempre termina imponiéndose porque forma parte del desarrollo de la Noosfera (la capa del pensamiento humano en evolución).
Con el paso del tiempo la postura de oponerse a verdades evidentes es seguida de una humillante y tardía admisión a la fuerza.
La ciencia experimental y la fe cristiana no solo no se contradecían, sino que están destinadas a unirse en una síntesis cósmica.
La Iglesia volvió a cometer el mismo error metodológico ante la evidencia de los homínidos. Sostenía que los retrasos en admitir estas verdades evidentes dañan profundamente la credibilidad de la institución, proyectando una imagen de obcecación y autoengaño.
Joseph Ratzinger (1927-2022):
Fue destacado teólogo y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe antes de ser elegido papa con el nombre de Benedicto XVI.
En 1990 elaboró una autocrítica teológica matizada durante un discurso pronunciado en la Universidad de La Sapienza.
Reconoció explícitamente que la condena a Galileo fue un hecho trágico y un error judicial en el que la teología traspasó sus propios límites al intentar dirimir cuestiones físicas y astronómicas empíricas. Citó a filósofos de la ciencia modernos (como Paul Feyerabend y Carl Friedrich von Weizsäcker) para señalar que, en el contexto del siglo XVII, la postura de la Iglesia también intentaba defender la racionalidad de las apariencias y la estabilidad social frente a una teoría que en ese momento aún carecía de pruebas científicas completas. Concluyó que «la fe no crece a partir del resentimiento y del rechazo de la racionalidad», admitiendo que la Iglesia debe acoger las verdades de la razón sin miedo.
Promovió una postura de total apertura a la evidencia científica, rechazando cualquier tipo de creacionismo literal o "fijismo".
La teoría de la evolución y los hallazgos de la paleontología humana son datos científicos sólidos que la Iglesia debe aceptar con normalidad.
La lentitud o retraso de la Iglesia al asimilar los cambios cosmológicos y biológicos responde a una dinámica propia de la institución.
La Iglesia avanza despacio porque su prioridad es salvaguardar el núcleo doctrinal y pastoral para que los creyentes no caigan en el relativismo.
Una vez que la verdad científica queda plenamente demostrada, la teología está obligada a integrarla, ensanchando así su propia comprensión de Dios.
Y sin embargo, se mueve.