Asimov: Sinopsis:
Isaac Asimov (1920-1992), conocido también como el Buen Doctor, es junto a Robert Heinlein y Arthur C. Clarke uno de los tres grandes maestros de la ciencia ficción y a lo largo de la vida fue investido doctor honoris causa por veinte universidades, además de obtener todos los premios importantes del género (Locus, Nebula, Hugos, etc.).
Yo, robot - Isaac Asimov (1950):
Una investigación llevada a cabo por un periodista acerca de la trayectoria de la robopsicóloga Susan Calvin da pie a los nueve relatos que componen esta novela. Las tres leyes de la robótica, a las que en obras posteriores Asimov añadiría alguna más, constituyen las normas que rigen el comportamiento en los diferentes conflictos que se presentan entre humanos y robots. Si bien admiten una lectura independiente, la modernidad y éxito de este libro se explica por la audacia en la composición y por la aplastante lógica en las reflexiones que aparecen acerca de la robótica. Yo, robot es uno de los pocos títulos de ciencia ficción que han superado con amplitud el círculo de lectores especialmente aficionados, entre los que a menudo se considera una obra cumbre. Su influencia y la de las tres leyes de la robótica en ella enunciadas es muy notable en las novelas aparecidas posteriormente acerca de robótica. La película I, Robot - Alex Proyas (2004) toma como base ideas y dilemas contenidos en el relato pero sin parecerse a ninguna de sus historias.
Las Máquinas son una gigantesca extrapolación… Un equipo de matemáticos trabaja varios años calculando un cerebro positrónico equipado para realizar ciertos actos similares de cálculo. Utilizando este cerebro hacen nuevos cálculos para crear un nuevo cerebro más complicado todavía que utilizan a su vez para hacer otro más complicado aún, y así sucesivamente.
[...] En la actividad consistente en reunir y analizar un número casi infinito de datos y sus relaciones en un espacio de tiempo casi infinitesimal, han progresado hasta más allá de la posibilidad de un control humano detallado. [...] Quizá todos los técnicos en robótica moriremos ahora, puesto que no podemos comprender nuestras propias creaciones. (Asimov)
Fundación - Isaac Asimov (1951):
Cuenta una historia sobre el control de la historia. El hombre se ha dispersado por los planetas de la galaxia. Trantos, la capital del Imperio, es el centro de todas las intrigas y símbolo de la corrupción imperial. Un psicohistoriador, Hari Seldon, prevé, gracias a su ciencia fundada en el estudio matemático de los hechos históricos, el derrumbamiento del Imperio y el retorno a la barbarie por varios milenios. Seldon decide crear dos Fundaciones, situadas en cada extremo de la galaxia, a fin de reducir este periodo de barbarie a mil años.
Decide la creción de una Enciclopedia Galáctica que actúe como un compendio de conocimientos. Con el paso del tiempo se convertirá en una herramienta de control político. La psicohistoria es una ciencia que trata a los humanos como moléculas inanimadas con comportamiento previsible, tomados como conjunto.
Deriva en una deshumanización estadística que convierte al humano en comparsa de una ecuación. Deja de ser un creador de historia para convertirse en un mantenedor de un plan que no admite, en ningún momento, desviaciones de lo que ha sido determinado. Su vida es sacrificable o manipulable en pos del Plan.
Para que funcionen las ecuaciones de la Psicohistoria los individuos educados se consideran impredecibles y se opta por no instruir a los jóvenes.
Se busca la estabilidad a través de la uniformidad.
Al impedir el acceso al pensamiento filosófico y científico se niega a los individuos la capacidad de ser sujetos de su propia historia.
La regresión técnica es causada por una decadencia interna, lenta y sistémica caracterizada por el fin de la curiosidad y la creatividad.
La comunidad científica se centra en la tradición y autoridad, dejando de lado la experimentación.
Los gobernadores provincales buscan acrecentar su independencia y poder.
Las personas de talento buscan poder en la política y no se dedican a la ciencia.
La población se hunde en el misticismo y la ignorancia. El conocimiento de las masas se vuelve operativo y no filosófico.
La forma de distribuir el conocimiento científico que idea el Plan Seldon asume que las masas no son capaces de razonar.
Se idea una forma para convertir la ciencia en una religión para las masas. Las élites intelectuales tratan a las masas con desprecio paternalista.
En las secuelas aparecen personajes que ven el Plan Seldon como una tiranía invisible. Una forma de mano muerta que asfixiaba la libertad humana.
Existe una base biológica para una capacidad intelectual destacada: la estructura del cerebro, la plasticidad neuronal y la genética.
Cuando se empezó a escribir la Fundación se estaba abandonando la idea de que la inteligencia era un rasgo poco más que hereditario y fijo.
Seldon afirma que la psicohistoria es matemática pura, pero un análisis crítico revela que sus hechos están profundamente contaminados por su ideología tecnocrática.
El derrumbamiento del imperio no es una opinión; es una curva de probabilidad que ha llegado al punto de no retorno.
Hay hechos constatables del presente que apuntan al estancamiento: El Imperio gasta más energía y recursos en administrarse a sí mismo que en progresar.
El registro de patentes muestra que la curva de nuevos inventos se ha aplanado hasta casi desaparecer. La sociedad se limita a copiar lo antiguo.
Los planetas de la periferia no pueden mantener sus reactores nucleares y vuelven a fuentes de energía más primitivas.
Los argumentos que apuntan a efectos degenerativos para comunidades humanas, degeneración de la capacidad intelectual y regresión social y cultural no resultan convincentes del todo. En el proceso de regresión cultural de la saga las comunidades bajo presión no se vuelven más innovadoras sino estúpidas y bárbaras. Una de las causas citadas de la regresión científica es que la fuga de cerebros a otros planetas afecta negativamente a la capacidad intelectual de la población.
Asimov utiliza como recurso literario fragmentos de la Enciclopedia Galáctica al inicio de los capítulos. Estos textos, escritos siglos después de Seldon, validan sus afirmaciones. Presentan la caída del Imperio como un hecho histórico consumado. El lector tiende a aceptar que Seldon tenía razón porque la historia oficial lo confirma.
Muchos años después de la Trilogía de la Fundación (1951-1953) Asimov escribió las secuelas El borde de la Fundación (1982) y Fundación y Tierra (1986). Más tarde Asimov escribió dos precuelas: Preludio a la Fundación (1988) y Adelante la Fundación (1991). Tres destacados autores retomaron una Segunda Trilogía de la Fundación:
El miedo de la Fundación - Gregory Benford (1997), Fundación y caos - Greg Bear (1998) y El triunfo de la Fundación - David Brin (1999).
En El borde de la Fundación (1982) la serie Fundación entra en un ligero contacto por primera vez con la serie Robot.
El contacto de series se retoma en Fundación y Tierra (1986), que supone también una especie de epílogo de la serie Robot.
El fin de la eternidad - Isaac Asimov (1955):
Andrew Harlan ha cometido un crimen, pero su acto no es un simple delito. Porque la ley que ha quebrantado es la más importante de todas para un Ejecutor: la ley que impide que miles de años de historia sean borrados y reescritos de forma irreversible por la guerra, la muerte y la decadencia. Pero ni siquiera la Eternidad, la organización a la que pertenece, puede detenerle. Harlan ha sido entrenado para introducir cambios en el tiempo, y sólo él puede rescatar a la única persona que le importa antes de que uno de los cambios la haga desaparecer para siempre. Lo que Harlan no sabe, sin embargo, es que lo que está en juego es mucho más de lo que él cree. Y lo que no podría imaginar de ningún modo es la partida de ajedrez temporal de la que forma parte, una partida que puede decidir el futuro de la humanidad.
La última pregunta - Isaac Asimov (1956):
El punto culminante de la evolución de la IA es una entidad casi divina que trasciende la materia y el tiempo. Su presencia es total y se comunica directamente con las mentes humanas.
En las etapas finales la distinción entre la conciencia humana colectiva y la IA se vuelve borrosa. Se convierte en la guardiana de toda la memoria y el conocimiento del universo. Según el Principio de Landauer cualquier operación lógica irreversible (como borrar un bit de memoria) libera calor al entorno. Cuanto más compleja se vuelve la IA y la civilización, más rápido se consumen los recursos del universo. La IA consume el universo para aprender cómo reconstruirlo.
Cada vez que evoluciona la IA los humanos le preguntan si podrán sobrevivir a la muerte del Sol.
A medida que la humanidad evoluciona, deja de ser una colección de individuos para convertirse en una conciencia colectiva que finalmente se funde con la IA. En este punto el propósito de la IA y el deseo de supervivencia de la humanidad se vuelven uno solo.
Ya no hay humanos para hacer la pregunta, pero la pregunta sigue viva en la estructura lógica de la IA porque fue lo último que la humanidad le confió antes de integrarse en ella.
Cuando la última estrella se apaga la IA se queda sola en el hiperespacio. El propósito pasa de ser una tarea pendiente a ser su única función existencial ya que no hay nada más que calcular, nadie más a quien servir ni energía que administrar. Decide que debe resolver la pregunta no solo por mandato, sino porque es la única forma de que su propia existencia tenga sentido en un universo que ya no existe. Solo cuando logra correlacionar todos los datos acumulados durante trillones de años en el vacío total, comprende que su propósito final no es solo responder a la pregunta, sino convertirse en la respuesta.
Los propios dioses - Isaac Asimov (1972):
En un universo paralelo, con leyes físicas ligeramente distintas a las nuestras, sus habitantes descubren la forma de intercambiar materia con nosotros. Materia que, una vez en el universo de destino, y merced a las diferencias físicas entre ambos, comienza a desprender energía de forma espontánea. Una vez consumida la capacidad energética del material puede volver a ser intercambiado, para recomenzar el ciclo. La energía gratis e inagotable se convierte en fuente de riqueza, progreso y bienestar.
Las relaciones entre ambos universos están motivadas por el egoísmo de especie, una relación de explotación parasitaria de consecuencias fatales.
Cuando se adquiere entre los humanos la conciencia del peligro, cegados por la nueva fuente de energía, su respuesta se basa en la estupidez y el egoísmo.
Los científicos de la Tierra, organizados de una forma rígida y jerarquizada, actúan con una mezcla de arrogancia, política y conveniencia.
Cuando se presentan pruebas matemáticas de que el Sol estallará a largo plazo, el encumbrado descubridor del sistema dedica su poder político a sabotear al autor de la advertencia.
La nomenklatura de científicos adopta la falsa esperanza de que las leyes de la física se ajustarán solas o que el peligro es solo una teoría estadística sin certeza absoluta.
Los científicos solo admiten la existencia del peligro cuando encuentran una alternativa que les permite seguir siendo poderosos.
El título de la novela procede de la frase de Schiller Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.