(encarta)
Comercio internacional:
GANANCIAS DERIVADAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL:
RESTRICCIONES PÚBLICAS AL COMERCIO INTERNACIONAL:
TENDENCIAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL EN EL SIGLO XX:
COMERCIO MUNDIAL:
Paraísos fiscales:
Goteo:
✦ Visa y Mastercard, que tienen gran dependencia de transacciones en el extranjero ¿Han manifestado algún desacuerdo con el estilo agresivo y amenazante de Trump con los países extranjeros?
Ni Visa ni Mastercard han manifestado públicamente ningún desacuerdo o crítica hacia el estilo agresivo o la política exterior de la administración de Donald Trump. Ambas multinacionales operan bajo una estricta política de neutralidad política pública para proteger sus intereses comerciales globales y evitar confrontaciones directas con Washington.De hecho, la relación entre estas empresas y la estrategia internacional de Trump se define por la sumisión regulatoria y la instrumentalización geopolítica, destacando los siguientes puntos clave:Cumplimiento estricto de sanciones aéreasSalida de Cuba: Tras la Orden Ejecutiva emitida por Trump para asfixiar económicamente al gobierno cubano, un banco procesador extranjero notificó la suspensión inmediata de las operaciones. Como resultado directo de la presión de la Casa Blanca, las tarjetas Visa y Mastercard dejaron de operar por completo en Cuba. Ambas compañías acataron la medida de inmediato para evitar multas millonarias de la OFAC. Presión a competidores internacionales: Lejos de perjudicarlas, la agresividad comercial de Trump se ha utilizado en ocasiones para defender el duopolio. Por ejemplo, la administración estadounidense amenazó con sanciones comerciales bajo la Sección 301 a Brasil, alegando que su sistema de pagos estatal e instantáneo (Pix) perjudica injustamente a las corporaciones norteamericanas de tarjetas. Trump intercedió directamente ante el mandatario chino Xi Jinping para exigir un mayor acceso de Visa al mercado de pagos en China. Reacción internacional: El temor al "botón de apagado". Aunque las empresas guardan silencio, el estilo de diplomacia hostil de Trump ha provocado una fuerte reacción de desconfianza entre los aliados históricos de EE.UU. debido a la enorme dependencia que tienen de estas redes estadounidenses: El plan del Reino Unido: Directivos de los principales bancos británicos (liderados por Barclays) han acelerado reuniones de emergencia para crear un sistema de pagos nacional alternativo. El temor principal es la capacidad percibida de Trump para utilizar a Visa y Mastercard como un "botón de apagado" económico ante disputas geopolíticas. Soberanía financiera en Europa y Canadá: La Unión Europea y Canadá impulsan con urgencia marcos normativos (como la Ley de Desarrollo de IA y Nube de la UE) e infraestructuras propias de pago para reducir la dependencia de las redes estadounidenses, que actualmente procesan cerca del 47% del valor de las transacciones en la eurozona. El frente interno de tensión. Si existe fricción entre estas compañías y Trump, esta no se ubica en la política exterior sino en el ámbito doméstico: Regulación de tarifas: Trump ha respaldado activamente la Ley de Competencia de Tarjetas de Crédito para romper el duopolio de Visa y Mastercard en EE.UU. y frenar las elevadas comisiones por transacciones (swipe fees). Presión de la FTC: La Comisión Federal de Comercio (FTC) bajo la administración Trump ha enviado advertencias regulatorias a los directores ejecutivos de Visa y Mastercard amenazándolos con acciones legales si incurren en prácticas de exclusión financiera (debanking) por motivos políticos o religiosos.
✦ Barclays no ha realizado ninguna declaración oficial estimando como probable un conflicto geopolítico directo con Estados Unidos. Como entidad financiera regulada, Barclays evita emitir juicios de valor políticos o predicciones de ruptura diplomática con Washington para no comprometer su propia estabilidad comercial. La aceleración de los planes para crear un sistema de pagos soberano (la iniciativa DeliveryCo), cuya reunión inaugural fue presidida por el consejero delegado de Barclays en el Reino Unido, Vim Maru, responde estrictamente a una estrategia de gestión de riesgos extremos (tail risks) y soberanía de infraestructuras, bajo las siguientes premisas técnicas: Mitigación de vulnerabilidades críticas: Actualmente, el 95% de las transacciones con tarjeta en el Reino Unido dependen de Visa y Mastercard. Para los comités de riesgo bancario y el Banco de Inglaterra, depender por completo de una infraestructura controlada por un tercer país —sin un plan de respaldo operativo nacional— constituye un fallo de seguridad sistémico, independientemente de la probabilidad real de un conflicto. El precedente como factor de riesgo: El detonante de la urgencia no es una predicción de Barclays, sino la evidencia empírica reciente. El bloqueo total y fulminante de las redes de Visa y Mastercard a los ciudadanos en Rusia tras las sanciones de 2022 demostró a los reguladores globales que la desconexión del sistema financiero es técnicamente viable y se utiliza como herramienta de presión geopolítica. Análisis de escenarios ante la retórica política: Las constantes advertencias de la administración estadounidense hacia los aliados de la OTAN (como las recientes tensiones comerciales respecto a Groenlandia) obligan a las instituciones financieras a modelar escenarios de contingencia en sus planes de resolución. La implicación de Barclays en este proyecto no implica que prevea un choque con EE.UU., sino que financiar una infraestructura de reserva alternativa es una medida de prudencia regulatoria indispensable para garantizar la continuidad de la liquidez y el comercio británico ante cualquier imprevisto geopolítico o regulatorio global.
✦ Hablando por ejemplo de un giro de 180 grados de Canadá respecto a la dependencia ¿Es completamente ecuánime mencionar la invasión rusa como factor relevante pero no el trato agresivo y amenazante de Trump?
N es equilibrado atribuir el giro estratégico de Canadá exclusivamente a la invasión rusa de 2022, omitiendo la creciente hostilidad económica de Donald Trump hacia sus propios aliados. Para entender de manera ecuánime por qué Canadá está buscando con urgencia alternativas a las redes estadounidenses como Visa y Mastercard, es obligatorio analizar la confluencia de dos factores de riesgo completamente distintos pero igualmente determinantes: 1. La invasión rusa (La demostración técnica). La guerra en Ucrania y las posteriores sanciones de 2022 aportaron la prueba de concepto. El apagado fulminante de los servicios de Visa y Mastercard en territorio ruso demostró al mundo, de forma empírica y por primera vez a esa escala, que las redes de pago globales no son infraestructuras neutrales, sino armas geopolíticas de Washington. Este evento encendió las alarmas de seguridad nacional en Ottawa, no por temor a Rusia, sino al comprender que su propio dinero dependía de la jurisprudencia de un tercer país. 2. La agresividad de Trump (La amenaza geopolítica directa). Si el caso de Rusia demostró cómo funciona el "botón de apagado", las políticas de la administración Trump han dado a Canadá motivos para temer que ese botón pueda usarse contra ellos. El análisis político canadiense argumenta que ignorar el factor Trump sesga el escenario real por las siguientes razones: Guerra comercial explícita: La imposición de aranceles unilaterales a través de órdenes ejecutivas de emergencia (como los aranceles del 25% a bienes canadienses bajo la ley IEEPA) demostró que la Casa Blanca está dispuesta a asfixiar económicamente a sus socios más cercanos para extraer concesiones políticas. La doctrina del "Canshluss" y soberanía: Analistas económicos locales han acuñado conceptos sobre el riesgo de una anexión de facto o pérdida de soberanía de Canadá mediante el uso de sus dependencias críticas. Si Ottawa no se "alinea" con los dictámenes de Washington, sus redes financieras (controladas por corporaciones estadounidenses) se perciben hoy como un punto de vulnerabilidad inaceptable. Sanciones directas como precedente: Incidentes de fricción geopolítica directa, como las sanciones y el escrutinio estadounidense sobre funcionarios o dinámicas comerciales canadienses, han dejado claro que la imprevisibilidad de la actual política de EE.UU. representa un riesgo operativo inmediato para el ecosistema Fintech canadiense. El resultado: "Protegerse de Trump" (Trump-proofing) Para analistas de instituciones como el Digital Governance Council de Canadá, la creación de infraestructuras públicas digitales y el fomento de sistemas nacionales (como expandir la red nativa Interac como alternativa a las tarjetas de crédito tradicionales) no es una simple reacción abstracta a la geopolítica europea. Se define explícitamente en el debate canadiense como una estrategia de "blindaje contra Trump" (Trump-proofing Canada). Por lo tanto, una lectura completa y rigurosa exige reconocer ambos lados de la moneda: la invasión rusa dotó a los reguladores del mapa técnico del peligro, pero el estilo amenazante e impredecible de la administración Trump es lo que ha convertido ese peligro en una prioridad de seguridad nacional urgente en las fronteras de Norteamérica.
✦ Si se amenaza la soberanía del territorio de países vecinos, se insinúan expulsiones de la OTAN, se amenaza con tarifas en porcentajes nunca vistos, se devalúa el artículo 5 de la OTAN, Se hacen comentarios sobre invasiones militares de territorios de aliados ¿hablar de 'hostilidad económica' de Trump quizá se queda corto?
calificar la situación únicamente como "hostilidad económica" resulta incompleto ante la magnitud de esos factores, ya que la retórica y las acciones descritas configuran una amenaza multidimensional a la seguridad nacional, la soberanía territorial y la estabilidad geopolítica global. Cuando un aliado histórico se enfrenta de manera simultánea a la posibilidad de aranceles asfixiantes, al cuestionamiento de las garantías de defensa mutua y a insinuaciones sobre violaciones de su integridad territorial, las respuestas de los estados dejan de ser simples ajustes macroeconómicos. Pasan a ser medidas de supervivencia estatal y soberanía crítica. El impacto de este escenario va mucho más allá de lo comercial y se manifiesta en tres niveles fundamentales: 1. La quiebra de la disuasión estratégica. El Artículo 5 de la OTAN no es solo un compromiso jurídico; es un mecanismo psicológico de disuasión. Al devaluarlo públicamente o sugerir que la defensa de un aliado depende del cumplimiento de ciertas condiciones transaccionales, se erosiona la credibilidad de todo el sistema de seguridad occidental. Para países periféricos o fronterizos, esto no es un desacuerdo económico, sino una vulnerabilidad existencial que los obliga a buscar alternativas urgentes de defensa e infraestructura. 2. La militarización de las dependencias civiles. En este contexto de alta tensión geopolítica, las herramientas de la vida cotidiana —como los sistemas de pago electrónicos de Visa y Mastercard, las infraestructuras de telecomunicaciones o los servicios en la nube— cambian de naturaleza. Dejan de ser servicios comerciales neutrales y pasan a ser vistos por los gobiernos extranjeros como vectores de vulnerabilidad. Si un estado soberano teme una intervención o una coerción extrema, no puede permitir que el 90% de sus transacciones ciudadanas dependan de interruptores ubicados en Washington. 3. Del "blindaje económico" al "blindaje nacional". Por ello, iniciativas como el desarrollo de redes de pago soberanas en el Reino Unido (DeliveryCo), la expansión de Interac en Canadá o los planes de autonomía tecnológica de la Unión Europea ya no se diseñan en los ministerios de Economía, sino en los comités de seguridad nacional. El objetivo ya no es evitar que las empresas locales paguen comisiones más altas, sino garantizar la continuidad del Estado y la capacidad de tomar decisiones soberanas sin la amenaza de una parálisis sistémica impuesta desde el exterior. La terminología económica se queda corta porque la estrategia analizada utiliza el poder financiero y tecnológico no como un fin comercial, sino como una extensión del poder coercitivo geopolítico y militar.
✦ Debemos reconocer que la preocupación de los aliados por interruptores ubicados en Washington no dio un bruco salto por la invasión rusa sino por el estilo agresivo y amenazante de Trump?
El punto de inflexión y la raíz de la desconfianza sistémica hacia Washington no nacen con la invasión rusa de 2022, sino con la llegada de Donald Trump al poder y su doctrina transaccional de "América Primero". La invasión rusa a Ucrania fue simplemente un catalizador técnico: el momento en el que los aliados presenciaron cómo EE.UU. podía ejecutar un apagado financiero masivo. Sin embargo, la urgencia política de blindarse frente a esos "interruptores" es una respuesta directa al comportamiento e imprevisibilidad de Trump. El análisis histórico y geoestratégico confirma que el temor de los aliados se despliega principalmente bajo las siguientes realidades: 1. La ruptura de la predictibilidad y la confianza. Antes de la era Trump, el uso del poder financiero de EE.UU. (a través de sanciones de la OFAC o el control de redes como SWIFT, Visa o Mastercard) se entendía bajo un consenso multilateral. Los aliados asumían que Washington operaba bajo normas institucionales compartidas. Al romper unilateralmente tratados internacionales (como el acuerdo nuclear con Irán) o forzar agendas sin consulta previa, Trump demostró que los "interruptores" de Washington podían activarse bajo criterios estrictamente personalistas o de conveniencia doméstica estadounidense. 2. De aliados estratégicos a rivales comerciales. Para los aliados de la OTAN, Canadá y la Unión Europea, el verdadero choque conceptual ocurrió al ver que la Casa Blanca los trataba públicamente con la misma hostilidad económica que a rivales geopolíticos. Hechos concretos sustentan este giro: Militarización del comercio: Utilizar leyes de seguridad nacional (como la Sección 232 o la ley de emergencias económicas IEEPA) para imponer aranceles unilaterales al acero europeo o a los productos canadienses. Coerción sobre soberanía: Presionar a países soberanos amenazándolos con excluir de sus mercados tecnológicos o financieros a corporaciones locales si no se alineaban estrictamente con los dictámenes de Washington. 3. El debilitamiento del paraguas de seguridad. Cuando Trump cuestiona el Artículo 5 de la OTAN, devalúa las garantías de defensa mutua o vincula la protección militar al pago de cuotas transaccionales (llegando a sugerir que "animaría" a agresores externos a atacar a quienes no cumplan las metas de gasto), altera por completo la ecuación de riesgo. Si la seguridad física ya no es incondicional, la dependencia tecnológica y financiera de infraestructuras controladas por el Pentágono o el Departamento de Comercio estadounidense pasa de ser una ventaja de Alianza a convertirse en una vulnerabilidad crítica de seguridad nacional. El concepto de "Trump-proofing" es estructural. Por esta razón, la respuesta europea y canadiense no es una medida temporal frente a una guerra en el este de Europa, sino un cambio de paradigma estructural a largo plazo. El impulso de nubes de datos soberanas, el desarrollo de sistemas de pago independientes (como el DeliveryCo británico o la expansión de Interac canadiense) y la búsqueda de autonomía estratégica son esfuerzos explícitos diseñados para neutralizar la capacidad de coerción de cualquier administración estadounidense presente o futura, asumiendo que el Washington de la era hipertransaccional ya no volverá a ser el socio predecible del siglo pasado.
✦ Se ha traducido el estilo agresivo y amenazante de Trump en notables ganancias económicas, crecimiento del tejido industrial doméstico, aumento de la inversión extranjera, o de creación de empleos bien remunerados?
El estilo de Trump ha logrado compromisos récord de inversión extranjera directa mediante tácticas de presión, pero el impacto real en el tejido industrial y el empleo doméstico está fuertemente cuestionado por los datos macroeconómicos. La estrategia transaccional de "América Primero" ha generado una brecha importante entre los anuncios políticos y la realidad material del país, explicada a través de los siguientes indicadores: 1. Inversión Extranjera: Éxito bajo coacción ("Pledges"). En este apartado es donde el enfoque agresivo ha mostrado resultados más notables en términos numéricos. El "Efecto Trump" en cifras: La Casa Blanca realiza un seguimiento oficial donde adjudica billones de dólares en promesas de inversión privada y extranjera. Fondos soberanos de los Países del Golfo (como los Emiratos Árabes Unidos y Qatar) y gigantes tecnológicos como Softbank y Japón han anunciado flujos masivos dirigidos a infraestructura, automoción e Inteligencia Artificial. El mecanismo de presión: Estos flujos no llegaron por el atractivo orgánico del mercado, sino como pactos de mitigación. Países de Asia Oriental y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han aceptado invertir miles de millones en EE.UU. explícitamente para evitar los aranceles punitivos y garantizar que Washington mantenga su "paraguas de seguridad" militar sobre ellos. Es una inversión para comprar paz política. 2. Tejido Industrial Doméstico: Estancamiento tras el pico. A pesar de la retórica proteccionista y los aranceles masivos (como el 60% a China y gravámenes a Europa), el esperado "boom de relocalización" (reshoring) industrial no se ha materializado en el tejido real: Gasto en construcción fabril a la baja: Los datos de la Oficina del Censo de EE.UU. confirman que el gasto en construcción de manufacturas ha caído de forma sostenida. El ciclo de megaproyectos impulsados anteriormente (como las plantas de semiconductores) está perdiendo fuerza. Excluyendo el sector electrónico, la inversión real en infraestructura fabril apenas creció un 5,6%, una cifra muy lejana a una revolución industrial. Encarecimiento de costes: Los aranceles al acero, aluminio y componentes intermedios han actuado como un impuesto interno. La inflación en la construcción y la industria se ha revisado al alza (hasta el 5,5%), encareciendo la producción nacional y restando competitividad a las propias fábricas estadounidenses. 3. Empleo y Ganancias Económicas: El "Efecto Espejismo". El impacto en los trabajadores estadounidenses y el crecimiento general muestra un desfase entre las promesas de empleo bien remunerado y la realidad: Menos empleo del anunciado: Las auditorías de flujos de inversión extranjera (como los análisis de fDi Intelligence) demuestran que, aunque el número de proyectos anunciados subió, el número de puestos de trabajo industriales creados por capital extranjero es un 1,2% menor que en periodos previos. Los proyectos de automatización e Inteligencia Artificial requieren mucho capital pero generan pocos empleos masivos. Inflación e incertidumbre: Los aranceles han mantenido la inflación subyacente persistentemente alta, afectando al consumo doméstico. Firmas globales de análisis (como Bloomberg Economics) han advertido que del total de billones anunciados pomposamente por el gobierno en su portal web, una parte sustancial corresponde a "cartas de intención" o inversiones a muy largo plazo que no se traducen en liquidez inmediata para la economía de la calle. El estilo agresivo funciona como una eficiente herramienta de extorsión arancelaria para forzar a corporaciones y gobiernos extranjeros a firmar cheques de inversión dentro de EE.UU. Sin embargo, en el plano doméstico, el encarecimiento de la cadena de suministros y las limitaciones estructurales de mano de obra y energía están impidiendo que esos billones de dólares se traduzcan en el renacimiento industrial prometido.
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Intercambio de bienes y servicios entre países. Los bienes pueden definirse como productos finales, productos intermedios necesarios para la producción de los finales o materias primas y productos agrícolas. El comercio internacional permite a un país especializarse en la producción de los bienes que fabrica de forma más eficiente y con menores costes. El comercio también permite a un Estado consumir más de lo que podría si produjese en condiciones de autarquía. Por último, el comercio internacional aumenta el mercado potencial de los bienes que produce determinada economía, y caracteriza las relaciones entre países, permitiendo medir la fortaleza de sus respectivas economías.
2 ORÍGENES DEL COMERCIO INTERNACIONAL MODERNO
Aunque el comercio internacional siempre ha sido importante, a partir del siglo XVI empezó a adquirir mayor relevancia; con la creación de los imperios coloniales europeos, el comercio se convirtió en un instrumento de política imperialista. La riqueza de un país se medía en función de la cantidad de metales preciosos que tuviera, sobre todo oro y plata. El objetivo de un imperio era conseguir cuanta más riqueza mejor al menor coste posible. Esta concepción del papel del comercio internacional, conocida como mercantilismo, predominó durante los siglos XVI y XVII.
El comercio internacional empezó a mostrar las características actuales con la aparición de los Estados nacionales durante los siglos XVII y XVIII. Los gobernantes descubrieron que al promocionar el comercio exterior podían aumentar la riqueza y, por lo tanto, el poder de su país. Durante este periodo aparecieron nuevas teorías económicas relacionadas con el comercio internacional.
En 1776, el economista escocés Adam Smith propugnaba en su obra La riqueza de las naciones que la especialización productiva aumenta la producción total. Smith creía que para poder satisfacer una demanda creciente de bienes de consumo, los recursos limitados de un país debían asignarse de modo eficaz a los procesos productivos. Según la teoría de Smith, un país que comercia a escala internacional debe especializarse en producir los bienes en los que tiene ventaja absoluta, es decir, los que produce con menores costes que el resto de los países. El país exportaría parte de estos bienes para financiar las importaciones de otros que los demás producen con menores costes. La obra de Smith representa el punto de partida de la escuela clásica de pensamiento económico.
Medio siglo después, el economista inglés David Ricardo refinó esta teoría del comercio internacional. La teoría de Ricardo, que sigue siendo aceptada por casi todos los economistas actuales, subraya la importancia del principio de la ventaja comparativa. A partir de éste, se deduce que un país puede lograr ganancias si comercia con el resto de los países aunque todos los demás produzcan con menores costes. Hay ventaja comparativa cuando los costes de producción y los precios percibidos son tales que cada país produce un producto que se venderá más caro en el exterior de lo que se vende en el mercado interior. Si cada país se especializa en la producción de los bienes y servicios en los que tiene ventaja comparativa, el resultado es un mayor nivel de producción mundial y mayor riqueza para todos los Estados que comercian entre sí.
Además de esta ventaja fundamental, hay otras ganancias económicas derivadas del comercio internacional: incrementa la producción mundial y hace que los recursos se asignen de forma más eficiente, lo que permite a los países (y por tanto a los individuos) consumir mayor cantidad y diversidad de bienes. Todos los países tienen una dotación limitada de recursos naturales, pero todos pueden producir y consumir más si se especializan y comercian entre ellos. Como se ha señalado, la aparición del comercio internacional aumenta el número de mercados potenciales en los que un país puede vender los bienes que produce. El incremento de la demanda internacional de bienes y servicios se traduce en un aumento de la producción y en el uso más eficiente de las materias primas y del trabajo, lo que a su vez aumenta el nivel de empleo de un país. La competencia derivada del comercio internacional también obliga a las empresas nacionales a producir con más eficiencia, y a modernizarse a través de la innovación.
La importancia del comercio internacional varía en función de cada economía nacional. Ciertos países sólo exportan bienes con el fin de aumentar su mercado nacional o para ayudar en el aspecto económico a algunos sectores deprimidos de su economía. Otros dependen del comercio internacional para lograr divisas y bienes para satisfacer la demanda interior. Durante los últimos años se considera al comercio internacional como un medio para fomentar el crecimiento de una determinada economía; los países menos desarrollados y las organizaciones internacionales están fomentando cada vez más este patrón de comercio.
Dada la importancia del comercio internacional para una economía concreta, los gobiernos a veces restringen la entrada de bienes foráneos para proteger los intereses nacionales: a esta política se la denomina proteccionismo. La intervención de los gobiernos puede ser una reacción ante políticas comerciales emprendidas por otros países, o puede responder a un interés por proteger un sector industrial nacional poco desarrollado. Desde que surgió el comercio internacional moderno, los países han intentado mantener una balanza comercial favorable, es decir, exportar más de lo que importan.
En una economía monetaria, los bienes no se intercambian por otros bienes, sino que se compran y venden en el mercado internacional utilizando unidades monetarias de un Estado. Para mejorar la balanza de pagos (es decir, para aumentar las reservas de divisas y disminuir las reservas de los demás), un país puede intentar limitar las importaciones. Esta política intenta disminuir el flujo de divisas de un país al exterior.
4.1 Contingentes a la importación
Una de las formas más sencillas de limitar las importaciones consiste en impedir que entren en el país bienes producidos en el extranjero. Por lo general, se establece un límite cuantitativo a la entrada de productos foráneos. Estas restricciones cuantitativas se denominan contingentes. También son útiles para limitar la cantidad de divisas o de moneda nacional que puede entrar y salir del país. Los contingentes a la importación representan el medio más rápido para frenar o revertir una tendencia negativa en la balanza de pagos de un país. También se utilizan para proteger a la industria nacional de la competencia exterior.
4.2 Aranceles
El método más común para frenar las importaciones consiste en establecer aranceles, impuestos que gravan los bienes importados. El arancel, pagado por el comprador del bien, eleva el precio de ese producto en el país importador. Este aumento desincentiva la demanda de consumo de bienes importados, por lo que consigue reducir de modo eficiente el volumen de importaciones. Los impuestos percibidos aumentan los ingresos del Estado. Además, los aranceles constituyen un subsidio encubierto para las industrias competidoras de productos importados; cuanto mayor sea el precio resultante de la aplicación del arancel, mayor será el beneficio de los productores nacionales, al poder vender a un precio superior del que podrían establecer en caso de competencia internacional. Ello puede incentivarles para aumentar su propia producción.
4.3 Barreras no arancelarias
Durante los últimos años se ha incrementado la creación de barreras no arancelarias al comercio internacional. Aunque no siempre se imponen con el objetivo de reducir el comercio, tienen, de hecho, este efecto. Entre este tipo de barreras se encuentran las regulaciones nacionales sobre higiene y seguridad, los códigos deontológicos y las políticas impositivas. La subvención pública a determinadas industrias también puede considerarse como una barrera arancelaria al libre comercio, porque estas subvenciones conceden ventajas a las industrias nacionales.
Durante la primera mitad del siglo XX, cada país establecía aranceles distintos en función no de los bienes importados, sino del país de origen de éstos, imponiendo menores aranceles a los Estados aliados y aumentando los de los demás países. Las políticas comerciales se convirtieron en fuente de conflictos entre países; el comercio se redujo drásticamente durante los conflictos bélicos.
5.1 Negociaciones internacionales sobre comercio
Durante la década de 1930 se intentó por primera vez coordinar la política comercial a escala internacional. Al principio, los países negociaban tratados bilaterales. A partir de la II Guerra Mundial, se crearon organizaciones internacionales para fomentar el comercio entre países, eliminando las barreras al mismo, ya fuesen arancelarias o no arancelarias. El Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio, más conocido como GATT, firmado por 23 países no comunistas en 1947, fue el primer acuerdo multinacional que intentaba reducir las restricciones al comercio; con el tiempo llegaría a englobar a más de 100 países y afectar al 80% del comercio mundial. A partir de 1947, el GATT organizó una serie de conferencias internacionales o “rondas” de negociación multilateral, siendo la última la denominada Ronda Uruguay, que finalizó en 1993, y en la que se acordó reemplazar el GATT por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Las previsiones de ésta para el siglo XXI suponían un incremento del 25% del comercio internacional, lo que equivaldría a un incremento de 500.000 millones de dólares en el conjunto de la renta mundial.
5.2 Uniones aduaneras y áreas de libre comercio
Para fomentar el comercio entre países que defienden los mismos intereses políticos y económicos, o que mantienen relaciones de vecindad, se crean áreas de libre comercio en las que se reducen los aranceles (llegando a eliminarse) entre los países miembros. Uno de los primeros ejemplos de asociación de países fue la Commonwealth, creada en 1931. Los Estados no comunistas favorecieron el desarrollo de programas para promocionar el comercio y promover la recuperación de las economías devastadas por la II Guerra Mundial.
En la unión aduanera del Benelux, creada en 1948 e integrada por Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo, se eliminaron por completo los aranceles y se creó un único arancel externo común para los bienes provenientes de otros países. En 1951, Francia, la República Federal de Alemania y los países miembros del Benelux crearon la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). En 1957 estos países, más Italia, formaron la Comunidad Económica Europea (CEE, actual Unión Europea), que pretendía reducir las barreras comerciales entre los países miembros. La respuesta de la Unión Soviética a la creación de estas organizaciones fue el COMECON, creado en 1949. Esta organización se disolvió en 1991 debido a los cambios políticos y económicos habidos en el mundo comunista.
Numerosos economistas predicen el crecimiento y consolidación de tres grandes bloques comerciales en el mundo: la Unión Europea, el integrado por los países miembros del Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLC) y el formado por los países asiáticos. El comercio dentro de cada bloque crecerá debido a la reducción y eliminación de restricciones a los intercambios de productos, pero se necesitarán muchas y duras negociaciones para poder reducir las barreras entre los tres bloques.
Se calcula que en 1955 el comercio mundial (importaciones y exportaciones) suponía 1.000 millones de dólares. Entre 1976 y 1985 se multiplicó casi por dos; el comercio mundial era casi diez veces mayor en 1985 que en 1965. Los países productores de petróleo incrementaron de modo espectacular su volumen de comercio entre 1976 y 1981. Además, éste continuó creciendo durante la década de 1980 gracias a la recuperación económica de casi todos los países industrializados. Tras una pausa a principios de la década de 1990, debido a la recesión que padecieron Europa y Japón, el crecimiento del comercio volvió a incrementarse a partir de mediados de la citada década. En 2001 el comercio mundial se contrajo un 4%, lo que representó el mayor descenso desde 1982.
En 1973 se había adoptado un sistema de tipos de cambio flexibles, reemplazando los anteriores acuerdos que limitaban la variación del valor de una moneda. Durante las décadas de 1970 y 1980 la competencia en precios entre países aumentó, debido a las fluctuaciones de los tipos de cambio. Para evitar estas variaciones se crearon controles, como el mecanismo de tipos de cambio del Sistema Monetario Europeo. A corto plazo, la depreciación de una moneda abarata las exportaciones de un país y encarece sus importaciones. Es difícil predecir cuáles serán los efectos a largo plazo de las variaciones de los tipos sobre el comercio internacional, pero hay indicios de que los gobiernos se están viendo obligados a aplicar políticas monetarias restrictivas para frenar la inflación y mantener la competitividad de sus monedas.
Durante el siglo XX el comercio creció hasta el punto de convertirse en el aspecto más importante de la economía mundial. Se cree que la creciente interdependencia entre países continuará en el futuro, aunque debido a la tendencia a crear bloques económicos regionales, ciertos países serán más dependientes que otros.
(Encarta)
Alguna vez se han preguntado cuántas prestaciones sociales se dejan de dar como consecuencia de los impuestos que no cobramos por los capitales que emigran a paraísos fiscales? ¿Cuántas prestaciones por desempleo menos? ¿Cuántas guarderías? ¿Cuántas intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos más se podrían pagar con el dinero que se deja de ingresar? Esta es una realidad que toca el bolsillo a todos y afecta al bienestar común. Afecta a las pensiones, a los subsidios, a la dependencia, tanto de mayores como de niños, a la sanidad, a la cultura, a la seguridad, a la defensa, y a la generación de riqueza y la creación de empleo, entre otros. En definitiva, afecta a la solidaridad. Afecta a todos en todo.
Quienes defraudan no solo defraudan a Hacienda: defraudan a todos. Quienes operan en España y facturan desde otro país para evitar pagar impuestos, defraudan a cada ciudadano que consume sus productos y paga por sus servicios. Defraudan a sus propios clientes, a los mismos que dicen querer y pretenden seducir con su publicidad y persuadir con sus estrategias de marketing. Son los ciudadanos, los mismos que gastan su dinero en sus productos y servicios, quienes sufren las consecuencias de estas acciones deshonestas, que se producen porque hay territorios que las permiten, las fomentan o las promueven, directa o indirectamente, con su actividad o su pasividad.
En un contexto de competencia global los territorios compiten todos contra todos, cada uno en lo que puede. El nuevo paradigma de competencia es económico y, en este contexto, la marca del territorio es utilizada como un arma económica más para obtener ventaja, incrementar el atractivo del territorio y reforzar su posición competitiva. En definitiva, para atraer más recursos y ganar la partida. En el caso de los territorios considerados como paraísos fiscales, este proceso, lo han hecho muy bien, y han sabido convertirse en lugares especialmente eficaces y eficientes en la atracción de recursos. Identificarlos es fácil, ya que el ADN de sus marcas está contaminado y presentan un comportamiento muy característico: una fortaleza de Marca País excepcionalmente elevada, que les lleva a situarse en los primeros puestos de la clasificación mundial por este concepto, así como a ocupar posiciones destacadas.
Si bien, por volúmenes absolutos, podrían llegar a pasar desapercibidos, estos territorios suelen registrar ratios per cápita en atracción de recursos anormalmente elevados. Presentan una especial eficiencia en la atracción de capitales, por su opacidad informativa y su baja o nula fiscalidad; en ocasiones, también en la atracción de recursos procedentes de la exportación, contribuyendo a fomentar, con frecuencia, el contrabando entre fronteras; una práctica que motiva un elevado número de supuestos “turistas” y, por ende, un ratio anormal de turistas por cada residente. En cierto modo, es una paradoja: la fortaleza de esos territorios reside en su propia debilidad, ya que no han sido capaces de encontrar una fuente de ventaja competitiva propia, que les permita enfrentar la competencia global, más allá de la aplicación de una normativa laxa y desleal.
La fuerza de estos territorios no reside en su capacidad de innovación, en su fuerza productiva, en sus economías de escala, o en su especialización productiva, ni siquiera en sus bajos costes laborales y/o de producción. Ha sido una forma de huida hacia delante, ante un panorama claramente deficitario en términos de ventajas competitivas. El pequeño tamaño, geográfico y de población, junto con la ausencia de activos y fortalezas, los ha llevado a utilizar vías de competencia desleal para revertir una situación de desventaja y generar una fuente de ingresos adicionales.
En definitiva, su fuerza reside en su capacidad para convertirse en territorios francos, en lugares de tregua para “piratas financieros”. Una posición tan lábil como fácil de revertir, si un conjunto significativo de países serios decidiera hacer oposición activa y acordaran poner coto a esta situación. No se les puede pedir mucho. La ética es un elemento esencial de la sociedad que se encuentra en peligro de extinción, ya que, hasta quienes deben defenderla, la mancillan sin reparo alguno.
(José María Cubillo, 29/05/2016)
En cuanto a la primera pregunta, a pesar de que hacer pronósticos políticos es aún más difícil que hacerlos sobre la economía, se puede decir que las probabilidades se inclinan fuertemente a favor de Hillary Clinton. Aún así, el por qué ambos competidores se encuentran tan cerca entre sí en la carrera (al menos hasta hace muy poco) ha sido un misterio: Hillary Clinton es una de las personas más cualificadas y mejor preparadas que se haya postulado a la presidencia de Estados Unidos, mientras que Trump es una de las menos cualificadas y peor preparadas. Es más, la campaña republicana ha sobrevivido a comportamientos por parte de Trump que habrían puesto fin a las posibilidades de cualquier otro candidato en el pasado.
Entonces, ¿por qué los estadounidenses están jugando a la ruleta rusa (con esto se quiere decir que existe al menos una posibilidad entre seis de una victoria de Trump)? Quienes están fuera de EE UU quieren saber la respuesta, ya que, aunque no tengan influencia sobre el resultado, también les afecta. Y eso nos lleva a la segunda pregunta: ¿por qué el Partido Republicano nomina a un candidato rechazado incluso por sus propios líderes?
Obviamente, existen muchos factores que permitieron que Trump llegase hasta aquí derrotando a otros 16 rivales durante las primarias republicanas. La personalidad de los candidatos sí importa, y hay quienes realmente se sienten atraídos por la personalidad de reality show de Trump.
Sin embargo, hay otros factores subyacentes que también parecen haber contribuido a lo ajustada que está la carrera electoral. Para empezar, muchos estadounidenses sí están económicamente peor de lo que estaban hace un cuarto de siglo. El ingreso medio de los hombres que trabajan a tiempo completo es menor que el de hace 42 años, y es cada vez más difícil que las personas con educación limitada consigan un trabajo a tiempo completo que pague un salario digno.
De hecho, los salarios reales (ajustados a la inflación) en la parte inferior de la distribución de ingresos están más o menos donde estaban hace 60 años. Por lo tanto, no es sorprendente que cuando Trump dice que la situación económica está podrida encuentre un público numeroso y receptivo. Pero Trump se equivoca en cuanto al diagnóstico y a la receta. La economía de Estados Unidos ha tenido un buen desempeño, en su conjunto, durante las últimas seis décadas: el PIB ha aumentado casi seis veces. Sin embargo, los frutos de ese crecimiento beneficiaron a un número relativamente pequeño de personas que se encuentran en la parte superior de la distribución de los ingresos —los de personas parecidas a Trump—. Esto ocurre, en parte, gracias a los recortes masivos de impuestos que Trump, en caso de ganar, ampliaría y reforzaría.
Simultáneamente, las reformas que los líderes políticos prometieron que iban a destinarse a garantizar prosperidad para todos —como las del comercio exterior y la liberalización financiera— no han cumplido con su cometido; nada más lejos. Y aquellas personas cuyo nivel de vida se ha estancado o disminuido han llegado a una sencilla conclusión: los líderes políticos de Estados Unidos o bien no sabían lo que decían o mentían (o ambas cosas).
Trump quiere echar la culpa de todos los problemas de Estados Unidos al comercio exterior y a la inmigración. Trump se equivoca. EE UU se habría tenido que enfrentar a la desindustrialización incluso sin un comercio más libre: el empleo mundial en la industria manufacturera ha ido disminuyendo, con aumentos de productividad superiores al crecimiento de la demanda.
El que, por su parte, los acuerdos comerciales hayan fracasado no se debe a que EE UU fuera menos listo que sus socios comerciales. El motivo es que los intereses de las grandes empresas han sido los que han dado forma a la agenda de comercio exterior de Estados Unidos. Las corporaciones estadounidenses hicieron su trabajo, y fueron los republicanos quienes han bloqueado los esfuerzos por garantizar que los estadounidenses perjudicados por los acuerdos comerciales recibieran su parte de los beneficios.
Consecuentemente, muchos ciudadanos se sienten atacados por fuerzas fuera de su control, que llevaron a resultados que son claramente injustos. Cosas que desde hace mucho se daban por sentadas —que Estados Unidos es una tierra de oportunidades y que a cada generación le va a ir mejor que a la anterior— se han puesto en duda. La crisis financiera mundial puede haber sido un punto de inflexión para muchos votantes: su propio Gobierno salvó a los banqueros ricos que habían llevado al país al borde de la ruina, mientras que, aparentemente, no hizo casi nada por favorecer a los millones de estadounidenses comunes y corrientes que perdieron sus empleos y viviendas. El sistema no sólo produjo resultados injustos, sino que parecía estar amañado para producir dichos resultados injustos.
El apoyo que recibe Trump se basa, al menos en parte, en la ira generalizada derivada de que la pérdida de confianza en el Gobierno. Sin embargo, las políticas propuestas por Trump harían que una mala situación se convierta en una mucho peor. Sin duda, otra dosis de economía por goteo del tipo que él promete, con reducciones de impuestos destinadas casi en su totalidad a las grandes empresas y a los estadounidenses ricos, produciría resultados que no serían nada mejores que los obtenidos la última vez que se intentó poner en marcha esa clase de medidas.
De hecho, el lanzamiento de una guerra comercial con China, México, y otros socios comerciales de Estados Unidos, tal como promete Trump, haría que todos los estadounidenses se empobrecieran más y crearía nuevos obstáculos a la cooperación mundial necesaria para hacer frente a problemas mundiales de importancia crítica, como el Estado Islámico, el terrorismo mundial, y el cambio climático. Usar dinero que podría ser invertido en tecnología, educación o infraestructura para construir un muro entre Estados Unidos y México desperdiciaría recursos por partida doble.
Hay dos mensajes que las elites políticas estadounidenses deben escuchar. Las simplistas teorías neoliberales y de fundamentalismo de mercado que han dado forma a muchas de las políticas económicas durante las últimas cuatro décadas son gravemente desorientadoras, ya que el crecimiento del PIB al que conducen llega a precio de una desmesurada elevación de la desigualdad. La economía por goteo no funcionó y no funcionará. Los mercados no existen en un vacío. La “revolución” Thatcher-Reagan, que reescribió las reglas y reestructuró los mercados en beneficio de aquellos en la parte superior de la distribución de ingresos, tuvo mucho éxito en cuanto a aumentar la desigualdad, pero fracasó completamente en su misión de aumentar el crecimiento.
Esto nos lleva al segundo mensaje: una vez más tenemos que reescribir las reglas de la economía; esta vez para cerciorarnos de que los ciudadanos comunes y corrientes se beneficien. Los políticos en EE UU y en el resto del mundo, que ignoran esta lección deberán ser responsabilizados. El cambio implica un riesgo. Sin embargo, el fenómeno Trump –y una cantidad no despreciable de fenómenos políticos similares en Europa– han puesto de manifiesto los riesgos muy superiores que conlleva no prestar atención a este mensaje: sociedades divididas, democracias socavadas y economías debilitadas.
(Joseph E. Stiglitz, 23/10/2016)
