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El arte de la guerra en la Ilíada:
- Los aqueos desembarcan en una amplia playa, donde varan sus naves y edifican una empalizada con un muro y un foso con estacas afiladas. Canto I, verso 34. Canto XII. Versos 61-63; 440-441. La fortificación dispone incluso de puertas principales protegidas con cerrojos. Sin embargo debía tratarse ante todo de una defensa de ocasión: Los troyanos la superan sin problemas a pesar de no contar con herramientas de ningún tipo. Canto XII. Versos 445 y ss. La debilidad del campamento se justifica por motivos religiosos: Los aqueos no realizaron los sacrificios rituales debidos para asegurar la fortaleza de sus muros.
- A una distancia notable ( los troyanos tienen que pernoctar en campo abierto durante su asedio al campamento argivo) se sitúa la ciudad de Troya, tras 2 ríos y en una elevación del terreno. Canto VIII. Versos 487-542. Solo hay 2 árboles en todo el llano, una encina y una higuera junto al muro. Cuando necesitan leña, los aqueos tienen que desplazarse hasta el monte Ida.
- Las fortificaciones de Troya son masivas, sorprendentes incluso para los aqueos, que no obstante conocen su punto mas débil y concentran en el sus ataques informados por un oráculo. Canto VI- Versos 435-440. Las puertas de la ciudad se refuerzan con grandes torres. Canto VI. Versos 384. Canto XXI. Versos 443-448/526. Se justifica su poder atribuyendo su construcción a los dioses, y a un humano en el sector débil.
- El carácter mítico de los héroes se refuerza cuando se señala que su fuerzas es muy superior a la de “los hombres actuales”.
- Ni los aqueos fuerzan un asedio cerrado ni los troyanos defienden las murallas. Se combate siempre a campo abierto. Solo Patroclo trata de asaltar las murallas en un gesto que se califica de insensato.
- Ambos bandos combaten con la intención de capturar botín y saquear los cadáveres del adversario como motivación principal. Canto V-Versos 433-434. Canto XIII 383-384. Incluso se cita el valor de estas armas: 9 bueyes. Canto VI verso 236. Los triunfos en los combates singulares son más importantes que el triunfo del propio bando. Los guerreros se insultan unos a otros y humillan a los cadáveres del modo más cruel, especialmente en Canto XIII 347-382. La necesidad de vengarse lleva incluso al sacrilegio: El principal deseo de Aquiles no es solo matar a Héctor, también necesita profanar su cadáver. XXII 331-335. Canto XI 450-456, Ulises desea lo mismo.
- Los aqueos mantienen el asedio con suministros de las islas cercanas y saqueando regularmente las ciudades del entorno de Troya. Tampoco parece que los troyanos tengan problemas de suministro. De hecho la cólera de Aquiles se desata por desacuerdos en el reparto del botín de una expedición reciente. Canto I.
- Frente a la pléyade de reyes aqueos que combaten, hay una alianza de Troyanos con sus auxiliares. Las fuerzas se muestran tan equilibradas que los troyanos llegan a asaltar el campamento argivo. El catálogo del Canto II cita 1.186 naves, 46 comandantes y 16 naciones aqueas. En cambio, solo 26 comandantes y 11 naciones del bósforo. El hecho de que el catálogo cite lugares que en un 75% han sido verificados como poblados en época micénica, pero despoblados en tiempos de Homero permite afirmar que es una de las partes que puede aceptarse como contemporánea de la guerra de Troya.
- Los troyanos no hablan la misma lengua que sus auxiliares: Canto II. Versos 804-806. Pero si la misma que los aqueos, con los que se comunican sin problemas aunque solo sea para insultarse.
- Aunque la evidencia arqueológica no lo corrobora, los 2 bandos emplean armaduras pectorales y grebas, con escudos de un tamaño relativo. Es un tipo de protección que les permite abandonar sus carros y moverse con agilidad. Nada demuestra que usasen las armaduras de cuerpo entero que la arqueología ha encontrado en Grecia. Canto XI-Versos 13-47. De hecho parecen mas cercanas a las primeras defensas de campana, supuestamente varios siglos posteriores.
- Aunque usan espadas, el arma principal es la lanza. No la jabalina, de las que pueden llevarse 2 en la mano y que Patroclo prefiere a la lanza de embestida. Canto XVI. Versos 130-139.Canto XX. Versos 306-331. Héctor, armado solo con su espada sabe que no puede vencer a Aquiles que conserva la lanza.
- Junto a los numerosos campeones, pertenecientes a una casta guerrera de tipo feudal que recibe tierras a cambio de sus servicios, Canto IX versos 150-162,se agrupan grandes cantidades de infantes escasamente protegidos. Posiblemente usasen apenas una lanza y un escudo de pieles a los que se hace continua referencia. La narración apenas les presta atención, igual que apenas menciona a los arqueros salvo en circunstancias especiales. De hecho es común que un solo campeón acabe con “falanges” enteras.
- Los carros parecen más un símbolo de status que una herramienta de combate: De hecho, 2 de los reyes aqueos, Ulises y Ayante Telamonio carecen de ellos debido a la pobreza de sus territorios.
- El canto XXIII nos describe los rituales fúnebres. En realidad, bastante parecidos a los que conocemos para los vikingos, no desechando ni siquiera los sacrificios humanos. Verso 175.
- Por motivos puramente literarios Homero dota a sus personajes del don de la profecía: En al menos 4 ocasiones los personajes, ya fallecidos o a punto de morir, relatan hechos del futuro, frecuentemente anuncian sus propias muertes o las de seres queridos. Esto permite introducir a la Illiada de un modo mas efectivo dentro de todo el ciclo troyano.
- Aunque son varios los comandantes griegos, subordinados en teoría a Agamenón, canto I, es Héctor el comandante militar de los troyanos sin distinción, en sustitución de su anciano padre. Frente a un gran número de caudillos aqueos, solo Hector, y en menor medida Eneas, se distinguen en el campo troyano. Héctor es el personaje que mayor numero de veces recibe calificativos honoríficos: Semejante a un dios, homicida, querido de ares, fuerte en el grito de batalla, protector de la ciudad, domador de caballos, de tremolante penacho...Lo que resulta doblemente notable si tenemos en cuenta que no se le conocen hazañas militares anteriores ni puede presumir de ascendencia divina como Aquiles y Eneas, y otros muchos campeones de ambos bandos.
(Urogallo, 2004)
Troya: Mito y realidad:
El juicio de Paris. Detonante de la guerra de Troya
Todo había empezado cuando al apuesto París, uno de los cincuenta hijos del rey troyano Príamo, y hermano de Héctor y de la vidente Casandra, el dios Zeus le ordenó una engorrosa misión; dictaminar cuál era la diosa más bella entre Hera, Atenea y Afrodita. París se inclinó por esta última, que, dicho sea de paso, lo había sobornado prometiéndole el amor de Helena de Esparta, la mujer más hermosa del mundo entonces conocido. Pero había dos factores en contra de tales amoríos: Helena era griega y por añadidura, estaba casada con el rey espartano Menelao. Lo cierto es que al entregar la manzana “de la discordia” a Afrodita, en premio a su triunfo en el primer certamen de belleza de la historia, Paris se ganaba la venganza de las deidades despechadas. Y daría cumplimiento, así, a la profecía según la cual Troya sería destruida por su causa. Ocurrió, en efecto, que Atenea y Hera persuadieron a Príamo a que enviara a Paris a la corte de Menelao: presa de una fulminante pasión por Helena, Paris la sedujo y raptó, llevándosela a Troya. Menelao, su hermano Agamenón, rey de Micenas y Ulises, se asociaron para rescatarla. Primero reclamaron la devolución de la joven, lo que les fue negado. Todos los príncipes griegos se conjuraron entonces contra la insolencia troyana. Se desató así la Guerra de los Diez Años, en la que hasta aquellos dioses volubles y rencorosos participaron ayudando o saboteando a unos y a otros.
Otras versiones del mito juran que Zeus estaba harto de tantos hombres sobre la tierra, y provocó una “guerra depuradora”.
Hasta hace relativamente poco tiempo no habían salido a la luz pruebas creíbles sobre la existencia de Troya, o de las varias Troyas superpuestas. Ni sobre su arrasamiento. Ni su localización geográfica. Las exploraciones llegarían a contar hasta nueve Troyas destruidas y reedificadas unas sobre otras: la sexta, de la que aún subsistían las fuertes murallas de piedra rectangulares, sería la saqueada por los griegos en el siglo XII antes de Cristo. Más exactamente: hacia 1260 a.C. La novena capa correspondería a una época muy posterior, a los tiempos del Imperio Romano.
El asedio de Troya duró una década. Y aquí hay otro misterio: según Homero, los griegos en ningún momento bloquearon la urbe sitiada; no interceptaron sus provisiones; tampoco intentaron derruir sus fortificaciones; acamparon inclusive bien lejos de la ciudad. Eso sí: constantemente los bandos rivales se hostigaban y trenzaban en salvajes enfrentamientos. Los carros estremecían la tierra al mando del auriga. Por todos lados las piras de cadáveres humeaban oscureciendo el día; más allá, una pelea entre decenas de soldados podía interrumpirse bruscamente para admirar el duelo personal. Por ejemplo, cuando Aquiles atravesó con su pica el cuello de Héctor, atando luego su cuerpo al carro cuyos caballos azuzó. cuenta Homero: “Gran polvoreda levantaba el cadáver mientras era arrastrado; la negra cabellera se esparcía por el suelo; la cabeza, antes tan graciosa, se hundía en el polvo. Porque Zeus la entregó a los enemigos para que allí, en su misma patria, la ultrajaran”. Zeus, que al igual que Atenea se había entrometido para sellar el fin del comandante troyano. Un fin no muy diferente del que tendrían otros guerreros como Patroclo, Polidoro y el mismo Aquiles.
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