
  Sahara
Sahara:
La inseguridad es algo que ha acompañado al hombre desde sus orígenes. El hombre es un lobo para el hombre que podríamos extrapolar a las naciones. Las sociedades organizadas en un marco nacional o internacional han invertido enormes esfuerzos para lidiar con el caos creado por la inseguridad. Se han articulado sistemas nacionales -llamados Estado de derecho- e internacionales, hoy representados por la Carta de la ONU, que convergen en la idea esencial resumida por Benito Juárez cuando dijo aquello de “entre los individuos como entre las naciones, la paz es el respeto al derecho ajeno”.
Marruecos se resiste a aceptar esta verdad y recurre a una táctica de diversión, al argumento de la seguridad, espoleando el temor de otros, presentándose como la garantía absoluta ante el miedo, en la esperanza de que sea considerado como factor exclusivo y determinante en la solución del conflicto del Sáhara Occidental. Marruecos, como cualquier otro país en estos tiempos, tiene problemas de seguridad, pero éstos no son evidentemente fruto o resultado de la independencia del Sáhara Occidental, ya que sigue estando bajo ocupación, ni están relacionados con dicha independencia.
Resulta obvio también que los esfuerzos que Marruecos ha venido haciendo para convencer a ciertas capitales sobre una relación entre el Frente Polisario y cualquier conato de inseguridad en la llamada región del Sahel no son creíbles. Es arar en el mar.
Debemos sin embargo ser ecuánimes. Marruecos agrava su propia inseguridad y la de la vecindad geográfica al perseverar en el prolongado y costoso intento de modificar por la fuerza las fronteras heredadas de la época colonial, que es el principio básico sobre el que descansaba la seguridad y estabilidad del conjunto regional. La propuesta de autonomía que ofrece como la “única solución” al conflicto significa legitimar esa modificación de las fronteras y hacer tabla rasa del principio de autodeterminación para una cuestión de descolonización, sin darse cuenta tal vez de que con ella no hace sino abrir una caja de Pandora dentro del propio Marruecos que haría verídico aquello de ir por lana y regresar trasquilado.
No es por tanto la vía más apropiada para resolver el conflicto actual ni para afianzar la seguridad tanto de Marruecos como de la región y por consiguiente de España. El reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por la Unión Africana y particularmente por los países de la región -Argelia, Mauritania y Malí- no ha podido ser zarandeado por la diplomacia marroquí porque a través de ese reconocimiento el Continente y la región insisten en subrayar la íntima relación entre la seguridad, la libre autodeterminación y la intangibilidad de las fronteras que cada país heredó de la época colonial.
Es más fácil volver al compromiso inicial que Marruecos había suscrito ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas consistente en cooperar con la Comunidad Internacional en la organización de un referéndum de autodeterminación abierto a todas las opciones reconocidas por la ONU, que incluyen la independencia del Sáhara Occidental, y trabajar con los ojos puestos en el futuro para que las relaciones con la RASD sean de amistad y cooperación privilegiada, incluido el ámbito de la seguridad regional. Esto fue lo que hemos ofrecido a Marruecos a través de la propuesta de solución de la que tomó nota el Consejo de Seguridad en abril de 2007.
Marruecos finge que no ha firmado varios planes de paz, que no ha visto nada, que no ha oído nada, porque en el fondo no está interesado en una solución del conflicto. Parece insinuar que la no solución es la mejor solución ya que sus dividendos internos son por ahora tangibles, hasta el día en que el cántaro de la lechera se rompa. Es en reflejo de ello como se explica la insistencia en otra operación de diversión. La acusación a Argelia, que algunos en España asumen como propia. Tal acusación es cuanto menos infantil, poco seria, y particularmente contraproducente para Marruecos y para los intereses estratégicos de España.
De un lado, España obtiene de Argelia parte esencial de la energía que protege a millones de familias del crudo invierno. La relación de confianza existente entre los dos países se refleja en el acuerdo sobre un nuevo gasoducto que llegará a Almería. Grandes empresas españolas se benefician de suculentos contratos firmados con este país que por sus riquezas naturales tiene medios para sufragar grandes proyectos económicos. Argelia no tiene ningún contencioso territorial con España ni ha enviado, ni amenaza con hacerlo, a miles de “emigrantes” a las costas españolas. Su contribución a la seguridad regional e internacional es reconocida y apreciada por las grandes potencias. Argelia es, se quiera o no, la potencia regional indispensable sin cuyo consentimiento y aprobación nada podrá ser considerado como definitivo en la región del Magreb.
De otro, el primer gasoducto que llevó gas argelino a España pasa todavía por territorio marroquí. Fue una decisión política de amistad hacia Marruecos que le sigue permitiendo a Rabat percibir anualmente 100 millones de dólares. Fue una invitación al futuro, de apuesta concreta por el proyecto magrebino que no fue correctamente apreciada por las autoridades marroquíes.
La amistad de Argelia con la RASD no es un secreto; pero insinuar que de esa amistad y de la densidad actual de sus relaciones con Madrid emergería un peligro para Marruecos o para España cuando la Historia, los hechos y las intenciones prueban lo contrario, es una insinuación que no concuerda con la lógica.
Nadie está más interesado por la seguridad en el área que la RASD y sus amigos en la región, y tenemos experiencia y voluntad política para asumir la parte que nos corresponde para contribuir, hoy y mañana, a la seguridad de todos, en el marco de una seguridad compartida, en perfecta consonancia con el principio de legalidad internacional.
Éstos son hechos e intenciones verificables. No profecías.
(12/02/2010)
Ahmed Bujari es representante del Frente Polisario ante la ONU.
Haidar y los derechos humanos:
40 años:
Guerra de Ifni (1957-1958):
El asalto de Ifni
El 21 de noviembre, la inteligencia española en Ifni informó de la inminencia de ataques por parte de marroquíes que operaban desde Tafraout. Dos días después, las líneas de comunicación españolas quedaron cortadas y una fuerza de 2.000 marroquíes asaltó las guarniciones y armerías españolas en Ifni y sus alrededores.
Aunque el avance marroquí sobre Sidi Ifni fue fácilmente rechazado, dos puestos avanzados españoles cercanos fueron abandonados ante los ataques enemigos y muchos otros permanecieron bajo un duro asedio.
En Tiluin, 60 Tiradores de Ifni (infantería indígena reclutada localmente, junto con oficiales españoles y personal especializado) lucharon para contener a una fuerza de varios cientos de marroquíes. El 25 de noviembre, se autorizó un intento de relevo. Cinco bombarderos CASA 2.111 (variantes españolas del Heinkel He-111) bombardearon posiciones enemigas, mientras que un número igual de transportes CASA 352 (versiones españolas del Junkers Ju-52/3m) lanzaron una fuerza de 75 paracaidistas sobre el puesto avanzado.
El 3 de diciembre, llegaron soldados del 6.º Batallón de la Legión Española (VI Bandera), rompiendo el asedio y recuperando el aeródromo. Todo el personal militar y civil fue evacuado por tierra a Sidi Ifni.
El relevo de Telata fue menos exitoso. Partiendo de Sidi Ifni el 24 de noviembre a bordo de varios camiones viejos, un pelotón del batallón paracaidista de la Legión Española, al mando del capitán Ortiz de Zárate, avanzó lentamente por terreno difícil. Este problema se agravó por las frecuentes emboscadas marroquíes, que al día siguiente dejaron varios heridos y obligaron a los españoles a abandonar el camino. El 26 de noviembre, se acabaron los víveres. Los españoles, con escasez de municiones, reanudaron su avance, solo para atrincherarse de nuevo ante los repetidos ataques enemigos.
Se lanzaron raciones por aire, pero las bajas españolas seguían aumentando. Uno de los muertos fue el capitán Ortiz de Zárate. El 2 de diciembre, una columna de infantería, entre ellos los antiguos defensores de Telata, rompió las líneas marroquíes y expulsó al enemigo. Los supervivientes del destacamento paracaidista llegaron de nuevo a Sidi Ifni el 5 de diciembre. La compañía había sufrido dos muertos y catorce heridos.
Asedio de Sidi Ifni
Los ataques marroquíes iniciales habían sido, en general, exitosos. En dos semanas, los marroquíes y sus aliados tribales habían tomado el control de la mayor parte de Ifni, aislando de la capital a las unidades españolas del interior. Se habían lanzado ataques simultáneos por todo el Sáhara español , arrasando guarniciones y tendiendo emboscadas a convoyes y patrullas.
En consecuencia, las unidades marroquíes, reabastecidas y considerablemente reforzadas, intentaron rodear y sitiar Sidi Ifni con la esperanza de incitar un levantamiento popular. Sin embargo, los marroquíes subestimaron la fuerza de las defensas españolas. Abastecida por mar por la Armada Española y protegida por kilómetros de trincheras y puestos avanzados, Sidi Ifni, que contaba con 7.500 defensores para el 9 de diciembre, resultó inexpugnable. El asedio, que se prolongó hasta junio de 1958, transcurrió sin incidentes y prácticamente sin derramamiento de sangre, ya que España y Marruecos concentraron sus recursos en los frentes saharianos.
Batalla de Edchera
En enero de 1958, Marruecos redobló su compromiso con la campaña española, reorganizando todas las unidades del ejército en territorio español como "Ejército de Liberación del Sahara".
El 12 de enero, una división del Ejército de Liberación del Sahara atacó la guarnición española en El Aaiún. Repelido y obligado a retirarse por los españoles, el ejército centró sus esfuerzos en el sureste. Al día siguiente, se presentó otra oportunidad en Edchera, donde dos compañías del 13.º batallón legionario realizaban una misión de reconocimiento. Infiltrándose sin ser vistos en las grandes dunas cercanas a las posiciones españolas, los marroquíes abrieron fuego.
Emboscados, los legionarios lucharon por mantener la cohesión, repeliendo los ataques con morteros y armas ligeras. El 1.er pelotón presenció combates notables, negando tenazmente el avance de los marroquíes hasta que las fuertes pérdidas lo obligaron a retirarse. Los sangrientos ataques continuaron hasta el anochecer, siendo ferozmente resistidos por los españoles, quienes infligieron numerosas bajas. Al anochecer, los marroquíes estaban demasiado dispersos y con pocos hombres para continuar su asalto, por lo que se retiraron en la oscuridad.
En febrero de 1958, una fuerza combinada franco-española lanzó una ofensiva que desmanteló el Ejército de Liberación de Marruecos. Francia y España desplegaron una flota aérea conjunta de 150 aviones. Los españoles contaban con 9.000 efectivos y los franceses con 5.000.
Las primeras en caer fueron las fortalezas montañosas marroquíes de Tan-Tan. Bombardeadas desde arriba y con cohetes desde abajo, el Ejército de Liberación sufrió 150 muertos y abandonó sus posiciones.
El 10 de febrero, los batallones 4, 9 y 13 de la Legión Española, organizados en un grupo motorizado, expulsaron a los marroquíes de Edchera y avanzaron hacia Tafurdat y Smara .
El ejército español en El Aaiún, en conjunto con fuerzas francesas de Fort Gouraud, atacó a los marroquíes el 21 de febrero, destruyendo las concentraciones del Ejército de Liberación del Sahara entre Bir Nazaran y Ausert.
España conservó la posesión de Ifni hasta 1969, cuando, bajo cierta presión internacional (resolución 2072 de las Naciones Unidas de 1965), devolvió el territorio a Marruecos. España mantuvo el control del Sáhara Occidental hasta la Marcha Verde de 1975 y la invasión del ejército marroquí provocó una retirada.
El 2 de abril, los gobiernos de España y Marruecos firmaron el Tratado de Angra de Cintra, llamado así por la gran bahía de la zona. Marruecos obtuvo la región de Tarfaya ( Cabo Juby ), entre el río Draa y el paralelo 27° 40′, excluyendo las colonias de Sidi Ifni y el Sáhara español.
(alchetron.com)
Marcha verde:
La provincia del Sahara (1971):
Canarias, África y el porvenir:
Africa Addio!
Con el final de la guerra, lógicamente, advino el nuevo orden internacional.
y con éste, no menos lógicamente, maduró la nueva guerra fría entre los dos Hermanos Mayores de la política mundial, antagónicos nominalmente. Pero que de hecho han instituido un doble hegemonismo que siguen usufructuando hasta la actualidad (plasmado en las Actas de las conferencias de Helsinski y Belgrado) a través de una serie de despiegues estratégicos (coexistencia pacífica, détente, mutuo hostigamiento que evita traspasar el umbral de la conveniencia y de los intereses y derechos adquiridos) luego de treinta años de dominación internacional bipolarizada.
No obstante ha ocurrido que durante estos últimos treinta años de historia el mundo colonial se ha emancipado. La periferia de Occidente ha querido tomar en sus manos las riendas de su destino, aunque los grados de dependencia real -financiera y tecnológica, cultural a veces-, sean altos e hipotequen sin misericordia la voluntad tercermundista de protagonismo internacional.
África, por tanto, se ha escapado del control europeo durante los años cincuenta y sesenta. España, que encontró en Guinea y en Marruecos oportunidad de ejecutar un ensayo de colonialismo suplente tras el episodio de 1898, que más que un desastre fue el cumplimiento fatal que consigue a los pueblos que no poseen los medios de sus fines y objetivos, también hubo de lanzar su iAdiós a Africa! entre 1956 (descolonización hispano-francesa de Marruecos) y 1975 (apresurada evacuación del territorio del Sahara).
Con el sepelio del viejo "africanismo" español, gestado a fines del siglo XIX y coronado por la ocupación de Tánger en el verano de 1940, Canarias ha quedado inquietamente situada en una zona fronteriza con el Africa magreb, extremo occidente del ecumene islámico.
Inquietamente porque: 1) es palpable Que en el forcejeo internacional de los dos "Hermanos Mayores", África constituye, a la altura de los días que corren, uno de los escenarios continentales predilectos donde ensayar el acrecentamiento del hegemonismo soviético-americano, en detrimento de una de las dos partes supremas en el juego.
Casi siempre, en este juego, los epicentros utilizan a sus peones de turno, o naciones interpuestas; esto también parece un postulado admisible, por verificable.
2) la apresurada descolonización española del Sahara occidental -en circunstancias lamentablemente grotescas de todos recordadas, - ha contribuido a transformar en "zona caliente" el antiguo hinterland africano de Río de Oro, negociado con Francia y Gran Bretaña por León y Castillo entre 1900-04, en los días de apoteosis del imperialismo colonial.
3) aparte de los graves trastornos económicos causados a sectores productivos del Archipiélago por el grado de ebullición existente en el antiguo Sahara español, hoy provincia teórica del reino de Marruecos, Canarias no puede ignorar que, de acuerdo con el principio Monroe, ratificado ad nauseam por el Departamento de Estado americano, los Estados Unidos contemplarán con desagrado cualquiera alteración del equilibrio internacional instituido en la Conferencia de Potsdam y en los sucesivos reajustes sovietico-americanos acordados desde entonces acá. Con más motivos si ese desequilibrio afecta al occidente de Europa, al noroeste de Africa y a los Archipiélagos hispano-portugueses, (Canarias preferentemente, debido a su infraestructura portuaria y aérea, con mucho, más sofisticada que la de Azores o Madera). De siempre, estos "terminales" del continente y sus plataformas insulares han sido objeto de vigilancia prioritaria por parte de los Estados Unidos, desde que la Federación americana ha asumido el rol de gendarme en el seno de la OTAN a finales de la década de los años cuarenta.
El alegre Adiós a Africa del último gobierno español de la Dictadura ha puesto a Canarias en un brete verídico. Potencialmente existía el peligro-, ya se ha visto al principio de estas notas cómo estuvo a punto de desplegarse la posibilidad de su contingencia en los dos ciclos bélicos de este siglo-pero a partir de 1975, si no antes, ha dejado al descubierto a la única región atlántica del Estado español.
El porvenir de Canarias
No parece un desatino afirmar que se acercan tiempos difíciles para el Archipiélago; ello sin parar mientes en la crisis presente, en la que las islas andan- como el que más-sumergidas hasta el pescuezo.
Internacionalmente vista la cuestión, todo ello se agrava por un proceso de razonamiento tristemente realista:
España, en cuanto Nación-Estado de la cual forma parte Canarias. no ha logrado trazar las coordenadas precisas de su nueva política exterior en régimen de democracia parlamentaria.
Todavía se sigue oyendo formular un discurso oficial que comparte lealtades. De acuerdo con su tenor, España es un país y una cultura de vocación tricontinental; en Europa tiene su tegumento histórico, en el Magreb y en el ecumene árabe un término de referencia obligado; y en lberoamérica una proyección inagotable.
Sin embargo, este tipo de visión -nada incorrecta, y muy halagadora de poco vale si no es servido concienzuda y hábilmente por una política exterior previsora, máxime en los días que corren, cuando el bloque internacional del Tercer Mundo aspira crecientemente en devenir artífice de su destino. Por ello, ni España, ni Canarias muy en particular, en cuanto región-frontera del Magreb atlántico, pueden permtirse el lujo de vivir de espaldas a la susceptibilidad nacionalista del África de las patrias.
Si España, en general, no asume su pasado musulmán y hebreo, mal está operando. En Canarias, por azares históricos, el peso de ese pasado es menos denso, pero no por ello deja de existir; el Archipiélaqo, además, ha de asumir el imperativo de su latitud, que no ofrece ninguna duda.
Hace ya tiempo que se ha dicho sentenciosamente que el hombre y los pueblos no son sólo Naturaleza, sino también Historia. De ahí que España, y Canarias de un modo muy específico, puedan exhibir su titularidad tricontinental con pruebas geofísicas, étnicas y culturales convincentes.
En la etapa de reajustes internacionales provocados por el afán soviéticoamericano de cimentar sus respectivas esferas de dominación y explotación en diferentes enclaves africanos (Eritrea, Zaire, Angola, Sahara), la política exterior española ha de estar a la altura de las dificultades que entraña la hora: la de tender a ser realista al tiempo que flexible, consciente de las coordenadas geo-marítimas en las que ha de plasmar sus elaboradas decisiones y atenta a los cambios ininterrumpidos que alteran en la práctica internacional el statu quo y el equilibrio entre los "actores".
La inclusión de España en la OTAN, por ejemplo, impone un serio estudio de la cuestión por parte de las fuerzas políticas del país. No parecen dar palos de ciego los círculos que proponen, como la menos mala de las salidas, una neutralidad matizada, que excluiría al Iberlant de las servidumbres directas derivadas de su total pertenencia a la Organización del Atlántico Norte, pero que en cualquier caso no implicaría una abierta hostilidad española a las veleidades hegemónicas de quien, hoy por hoy, es el "Hermano Mayor" de la cuenca oceánica, y con quien la atan unos vínculos de dependencia a partir de la firma de los tratados de 1953.
Neutralidad española, y neutralización de Canarias, cuya supervivencia es una función de su contacto marítimo y aéreo con el mundo exterior. Por vía marítima acceden a Canarias víveres y materias primas; por vía aérea se produce la locomoción turística que alimenta el sector terciario del Archipiélago.
Canarias no puede permitirse ahora las sospechas africanas: necesita más que nunca el remozamiento económico que la ponga en pie de igualdad con otras regiones de la España peninsular, y para ello ha de asumir su vecindad con el morro africano. E incluso ensayar una política de comunicación y cooperación que, a la postre, no contribuirá sino a reforzar su talante hispanoamericano, pero, eso sí, desde los condicionamientos que le dicta su latitud.
Por todo ello, porque el porvenir del Archipiélago no se concibe desgajado del de África, Canarias no puede permitirse el lujo de perfilarse como un trampolín de maniobras militares convencionales -o nucleares- dirigidas contra el África de las patrias, actualmente en un estado de ebullición interna que no dejan de al imentar los poderosos de siempre. La neutralización de las Islas podría conferir al Archipiélago una inofensividad estratégica que los países africanos tienen tanto derecho a exigir como propugna la Doctrina Monroe, por su parte, que no sea utilizado aquel como trampolín para el "asalto de América".
Cualquier paso, cualquiera decisión que España adopte en el terreno de su actuación internacional, irrevocablemente tricontinental, ha de partir de la base de que Canarias, región-frontera con Africa, solicita la garantía de sus intereses vitales. Y éstos, ya está visto, son dependientes de un vecino continental con el que no queda otro remedio que entenderse.
Todas las campañas, mítines y llamamientos que de ahora en adelante se organicen sobre este extremo de la nueva política exterior española tendrán como preocupación rectora la noción de la neutralidad matizada de España. En Canarias, particularmente, la consulta popular que se efectuará algún día ha de venir precedida de un análisis a fondo de la cuestión y de una simultánea toma de conciencia ciudadana, porque ahora, no en la fábula sino en la realidad, sí que se trata de nosotros y de nuestro porvenir.
(Víctor Morales Lezcano, 1979)
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[El Sáhara y la seguridad de España:]
La propuesta de autonomía de Marruecos significa legitimar una modificación de las fronteras heredadas de la época colonial y hacer tabla rasa del principio de autodeterminación. La vía sigue siendo el referéndum
El conflicto del Sáhara occidental causado por la ocupación marroquí es de acuciante actualidad para los países de nuestra región, para la ONU y para las grandes y medianas potencias que buscan incidir en el curso de los acontecimientos que determinarán de una forma u otra la configuración futura del Magreb.
Tras el regreso de Aminetu Haidar a El Aaiún y teniendo en mente la próxima ronda de negociaciones saharaui-marroquíes, aparecieron de forma sincronizada artículos de “opinión” en diferentes medios de prensa españoles, de los que sobresale el firmado por Máximo Cajal, (El Sáhara y la razón de Estado; El PAÍS, 11 de enero de 2010), que ofrecen al lector argumentos y profecías para justificar el intento marroquí de anexionar el Sáhara Occidental.
Llama la atención el recurso a la profecía sobre la inseguridad futura que se derivaría de la independencia saharaui. Como elemento de juicio y análisis para escudriñar el futuro en busca de la certeza, la profecía es algo que los grandes profetas han evitado, dejando sin respuesta preguntas cruciales planteadas por los fieles acerca del futuro de la humanidad.
La determinación y valentía de Aminatou Haidar para llevar a cabo una acción no violenta tan potente como una huelga de hambre, con el dramatismo que impone la decisión de poner en juego la vida para defender el derecho a vivir en su tierra, ha puesto sobre la mesa un conflicto que lleva años en la sombra: la situación del Sáhara Occidental, el único territorio africano pendiente de descolonización.
Desde la perspectiva de los derechos humanos, sancionados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Declaración Universal aprobada el 10 de diciembre de 1948, ¿puede un Estado deportar a una persona sin su consentimiento? ¿Puede un Estado negar a alguien el derecho a vivir en su tierra? Con la mente y el corazón unidos a Aminatou, pienso en el viejo poema del tiempo de las dictaduras, aquel en el que Erich Fried escribió: “¿Aquí quién manda? El pueblo, naturalmente. Naturalmente el pueblo, pero ¿quién manda realmente?” Como Fried, pienso que el Estado, naturalmente, no puede negar a una persona el regreso a su casa. Pero, al igual que Fried, veo cómo algunos Estados lo hacen realmente, cómo lo hace Marruecos con Haidar. De fondo, el conflicto es de quién es la tierra a la que volver. Quién manda aquí.
Cuánta razón tenía Hannah Arendt cuando escribió que, a menudo, lo que impide el disfrute de los derechos humanos es la carencia de una comunidad de referencia, la abstracta desnudez de ser nada más que humano. Lo han comprobado los refugiados, los apátridas, los encerrados en los campos de exterminio. ¿Es el caso de Aminatou Haidar? ¿Quién ampara a los saharauis, además de ellos mismos?
La comunidad internacional tiene mecanismos para exigir a un Estado que asuma sus obligaciones. Puede buscar una salida inmediata a la situación de Aminatou y activar, estableciendo plazos, su compromiso con el Sáhara, el cumplimiento de las Resoluciones de Naciones Unidas.
A estas alturas de la historia, y más allá de la mejor o peor gestión de este episodio, este no es sólo un problema de España. Si hay un caso claro en el que tiene que implicarse la comunidad internacional, y dentro de ella quienes tienen capacidad para influir, es este; en particular, y dadas las relaciones e intereses que mantienen con Marruecos, son Estados Unidos, Francia, Argelia, España, y desde luego la Unión Europea, quienes han de actuar. No sólo porque la comunidad internacional es garante del cumplimiento de los derechos humanos frente al Estado, sino por una cuestión mucho más de fondo y con implicaciones graves: ¿alguien ha sopesado qué lección se extrae de la marginación de una lucha, la del Sáhara, que es pacífica, y qué se está promoviendo cuando la comunidad internacional sólo se moviliza ante quienes utilizan la acción terrorista?
Ante la posible muerte de Aminatou Haidar, que no se llevaría a nadie por delante, ¿qué van a hacer Francia, la UE o Estados Unidos, que tanto empeño ponen en otros conflictos, aireados con métodos sangrientos? Aminatou Haidar, la opción no violenta, ha de vivir: la comunidad internacional tiene que salvarla.
(Carmen Magallón, 13/12/2009)
Hoy se cumplen 40 años de la ocupación del Sáhara Occidental. Días antes de la muerte del dictador, España dejaba a su suerte un territorio que había colonizado durante más de noventa años, sin concluir el proceso de descolonización que estaba en curso en el marco de Naciones Unidas, obligando a miles de saharauis a elegir entre el sometimiento al ocupante o el destierro en los campamentos de refugiados del desierto argelino. Desde entonces, la política exterior española ha optado deliberadamente por volver la cara al expediente y, por extensión, al propio pueblo saharaui. Quizá creían que la opinión pública de nuestro país acabaría por olvidarse de los hechos, o que la trágica situación que afrontan miles de familias, que siguen viviendo en condiciones terribles en el desierto, se podría parchear con el envío periódico de ayuda humanitaria a los campamentos. Ni una cosa ni la otra son ciertas. La ciudadanía española, en este tema también, marcha a una enorme distancia moral de sus representantes políticos.
Hoy, con los campamentos destrozados por inundaciones recientes, y ante la fría indiferencia de la comunidad internacional, tenemos ante nosotros los nefastos resultados de esa irresponsabilidad histórica. La supuesta razón geopolítica del bipartidismo ha ido hipotecando poco a poco toda esperanza de autodeterminación del pueblo saharaui, sin conseguir por ello afianzar una relación con Marruecos digna de dos vecinos solidarios y dispuestos a cooperar y resolver de mutuo acuerdo sus problemas. Recordemos la sucesión más reciente de gestos: en 2007, Zapatero viaja a Rabat y acepta el plan marroquí de autonomía como base para el diálogo entre Marruecos y el Frente Polisario; España impulsa los sucesivos acuerdos de pesca de la UE con Marruecos -criticados por el propio Parlamento Europeo-, que incluyen las aguas del Sáhara Occidental y de los que somos el principal beneficiario; el gobierno del PSOE aceptara en 2010 que el embajador de Marruecos en España sea un saharaui, ex dirigente del Frente Polisario; más recientemente, el gobierno del Partido Popular se opone a que el mandato de la misión de Naciones Unidas en el Sáhara Occidental pueda cubrir la supervisión de los derechos humanos, e intenta evitar que la Unión Africana asuma un papel más activo en el expediente ante el declive de la facilitación de Naciones Unidas.
Hoy, con España en la presidencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ni siquiera hemos introducido la cuestión del Sahara en el orden del día de sus reuniones, mientras el Gobierno ha reducido fuertemente la ayuda humanitaria a los campamentos saharauis durante esta legislatura y no dice nada sobre el expolio de los recursos naturales en el Sahara ocupado. ¿Para qué ha servido toda esta injusticia, qué hemos avanzado acumulando dolor en un pueblo que ve negado su derecho a decidir su propio futuro y a vivir en paz, dignidad y libertad?
La acción exterior del Estado da, igual que su acción interior, medida de lo que es y de su valía. Nosotros pensamos que es urgente emprender una democratización profunda de la acción exterior de España, y que el compromiso con la democracia, con los derechos humanos y con nuestra responsabilidad histórica no debe ser negociable. Por eso defenderemos, allá donde estemos, el derecho a la libre determinación del pueblo saharaui. Para ello asumiremos un papel activo y decidido ante las instituciones internacionales para recuperar el proceso negociador, garantizar el respeto de los derechos humanos, sociales y económicos del pueblo saharaui, y asegurar una solución justa, pacífica, democrática y duradera a este conflicto para que no vuelva otro 6 de Noviembre como este.
La acción exterior de España debe estar a la altura de los valores que dice defender. Sólo así podrá jugar el papel que le corresponde para cooperar con todos los pueblos vecinos, defender la paz , la concordia y la cooperación con ellos, y afrontar los inmensos desafíos que, en parte por nuestros propios errores, afrontamos en esta hora difícil. Tenemos mucho trabajo por hacer.
(Pablo Bustinduy, 06/11/2015)
La ciudad de Sidi Ifni fue incorporada al imperio colonial español en 1860. Las décadas siguientes de colaboración franco-española dieron como resultado el establecimiento y la extensión de protectorados españoles al sur de la ciudad; la influencia española obtuvo reconocimiento internacional en la Conferencia de Berlín de 1884. En 1946, las diversas colonias costeras e interiores de la región se consolidaron como África Occidental Española .
Cuando Marruecos se independizó de Francia en 1956, expresó su profundo interés en todas las posesiones españolas en Marruecos , alegando que histórica y geográficamente formaban parte de su territorio. El sultán Mohammed V impulsó los esfuerzos para recuperar el territorio y financió personalmente a conspiradores antiespañoles, insurgentes marroquíes y rebeldes saharauis indígenas para reclamar Ifni para Marruecos.
El 10 de abril de 1957 estallaron violentas manifestaciones contra el dominio español en Ifni, seguidas de disturbios civiles y matanzas generalizadas de leales a España. En respuesta, el generalísimo Franco envió dos batallones de la Legión Española , la fuerza de combate de élite española, a El Aaiún en junio.
La movilización militar española provocó la convergencia del ejército marroquí cerca de Ifni. El 23 de octubre de 1957, dos aldeas a las afueras de Sidi Ifni, Goulimine y Bou Izarguen, fueron ocupadas por 1.500 soldados marroquíes (muyahidines).
El cerco de Ifni marcó el inicio de la Guerra de Ifni. Dos batallones legionarios más llegaron al Sahara español antes del inicio de las hostilidades.
Marruecos, al norte del Sáhara español, había afirmado durante mucho tiempo que el territorio era históricamente parte integral de Marruecos. Mauritania , al sur, argumentaba de forma similar que el territorio era, de hecho, mauritano. Desde 1973, una guerra de guerrillas saharaui liderada por el Frente Polisario había desafiado el control español, y en octubre de 1975 España había iniciado discretamente negociaciones para un traspaso de poder con los líderes del movimiento rebelde, tanto en El Aaiún como con el ministro de Asuntos Exteriores, Pedro Cortina y Mauri, reunido en El Ouali en Argel .
Marruecos pretendía reivindicar sus reivindicaciones exigiendo un veredicto de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), emitido el 16 de octubre de 1975. La CIJ declaró que existían vínculos jurídicos históricos de lealtad entre «algunas, pero solo algunas» tribus saharauis y el sultán de Marruecos, así como vínculos, incluidos algunos derechos territoriales, entre Mauritania y otras tribus saharauis. Sin embargo, la CIJ también declaró que no existían vínculos de soberanía territorial entre el territorio y Marruecos, ni Mauritania, en el momento de la colonización española; y que estos contactos no eran lo suficientemente amplios como para respaldar la demanda de anexión del Sáhara español por parte de ninguno de los dos países. En cambio, argumentó el tribunal, la población indígena (los saharauis) era propietaria de la tierra y, por lo tanto, tenía derecho a la autodeterminación . Esto significaba que, independientemente de la solución política que se encontrara a la cuestión de la soberanía (integración con España, Marruecos, Mauritania, partición o independencia), debía ser aprobada explícitamente por el pueblo del territorio. Para complicar las cosas, una misión de visita de la ONU había concluido el 15 de octubre, el día antes de que se publicara el veredicto de la CIJ, que el apoyo saharaui a la independencia era "abrumador".
Sin embargo, la referencia a los anteriores lazos de lealtad entre Marruecos y el Sahara fue presentada por Hassan II como una reivindicación de su posición, sin mencionar públicamente la decisión posterior de la corte sobre la autodeterminación . (Siete años después, aceptó formalmente un referéndum ante la Organización de la Unidad Africana ). A pocas horas de la publicación del veredicto de la CIJ, anunció la organización de una " marcha verde " hacia el Sáhara Español para "reunificarlo con la Madre Patria".
Para preparar el terreno y responder a una posible contrainvasión argelina (según Marruecos) o para invadir militarmente el territorio y matar o deportar a la población saharaui (según el Frente Polisario), el ejército marroquí entró el 31 de octubre en el noreste de la región, donde encontró una dura resistencia por parte del Polisario, un movimiento independentista que ya llevaba dos años en activo.
La Marcha Verde
La Marcha Verde fue una marcha popular de enormes proporciones y muy publicitada. El 6 de noviembre de 1975, aproximadamente 350.000 marroquíes desarmados se congregaron en la ciudad de Tarfaya, al sur de Marruecos, y esperaron la señal del rey Hassan II para cruzar a la región de Sakiya Lhmra. Blandieron banderas marroquíes y el Corán; pancartas que exigían el "retorno del Sáhara marroquí" y fotografías del rey y del Corán. El color verde, que dio nombre a la marcha, pretendía ser un símbolo del islam . Al llegar a la frontera, las Fuerzas Armadas Españolas recibieron la orden de no disparar para evitar un derramamiento de sangre. Las tropas españolas también despejaron algunas zonas previamente minadas.
Los argumentos marroquíes a favor de la soberanía
Según Marruecos, el ejercicio de la soberanía por parte del Estado marroquí se caracterizaba por promesas oficiales de lealtad al sultán. El gobierno marroquí opinaba que esta lealtad existía desde hacía varios siglos antes de la ocupación española y que constituía un vínculo jurídico y político. El sultán Hassan I, por ejemplo, había llevado a cabo dos expediciones en 1886 para poner fin a las incursiones extranjeras en este territorio e investir oficialmente a varios caídes. En su presentación ante la CIJ, la parte marroquí también mencionó la imposición de impuestos como otra manifestación del ejercicio de la soberanía. El ejercicio de esta soberanía también se manifestaba, según el gobierno marroquí, en otros niveles, como el nombramiento de funcionarios locales (gobernadores y oficiales militares) y la definición de las misiones que se les asignaban.
El gobierno marroquí señaló además varios tratados entre él y otros estados, como con España en 1861, con los Estados Unidos de América en 1786 y 1836 y con Gran Bretaña en 1856.
Sin embargo, el tribunal concluyó que «ni los actos internos ni los internacionales invocados por Marruecos indican la existencia, en el período pertinente, ni el reconocimiento internacional de vínculos jurídicos de soberanía territorial entre el Sáhara Occidental y el Estado marroquí. Incluso teniendo en cuenta la estructura específica de dicho Estado, no demuestran que Marruecos desplegara ninguna actividad estatal efectiva y exclusiva en el Sáhara Occidental».
Los Acuerdos de Madrid
La Marcha Verde sorprendió a España en un momento de crisis política. El dictador general Franco, que había gobernado el país durante casi 40 años, agonizaba. A pesar de la abrumadora superioridad militar y logística de las Fuerzas Armadas españolas con base en el Sáhara Occidental en relación con las Fuerzas Armadas marroquíes, el gobierno español temía que el conflicto con Marruecos pudiera desembocar en una guerra colonial abierta en África, lo que podría poner en tela de juicio el régimen de Franco y provocar un cambio político abrupto o una inestabilidad social y un desastre. El gobierno español, dirigido por el príncipe Juan Carlos, quien actuaba como jefe de Estado en sustitución del general Franco, y el entonces primer ministro Don Carlos Arias Navarro , no estaba dispuesto a que se produjeran problemas en la colonia. Tan solo el año anterior, el gobierno portugués había sido derrocado por las fuerzas armadas portuguesas tras verse envuelto en guerras coloniales en Angola y Mozambique . Por lo tanto, tras la Marcha Verde, y con el fin de evitar la guerra y preservar al máximo sus intereses en el territorio, España acordó entablar negociaciones bilaterales directas con Marruecos, incluyendo también a Mauritania, que había presentado demandas similares. Presionada por Marruecos, España también acordó que ningún representante de la población autóctona estaría presente en las negociaciones que culminaron en los Acuerdos de Madrid del 14 de noviembre . Este tratado dividió el Sáhara Español entre Mauritania y Marruecos. En los acuerdos, España se comprometió a ceder la posesión de la colonia a Marruecos y Mauritania, con la condición, expresada en el punto 3 del Acuerdo Trilateral, de que se respetaran las opiniones de la población saharaui.
España recibió una concesión del 35% en las minas de fosfato de Bou Craa y derechos de pesca en alta mar que Marruecos no respetó. Marruecos y Mauritania se anexionaron formalmente las partes que se les habían asignado en los Acuerdos. Marruecos reclamó la parte norte, es decir, Saguia el-Hamra y aproximadamente la mitad de Río de Oro , mientras que Mauritania procedió a ocupar el tercio sur del país bajo el nombre de Tiris al-Gharbiyya . Mauritania abandonó posteriormente todas las reclamaciones sobre su porción en agosto de 1979 y cedió esta zona al Ejército Popular de Liberación Saharaui (Polisario), pero en su lugar fue rápidamente ocupada por Marruecos. No obstante, Mauritania reservó para sí misma una pequeña zona llamada Ras Nouadhibou para preservar la seguridad de su capital Nouakchott.
El Polisario, ahora con un fuerte respaldo argelino, rechazó los Acuerdos de Madrid y exigió que se respetara la opinión de la CIJ sobre la autodeterminación saharaui. Volvió sus armas contra los nuevos gobernantes del país, manteniéndose firme en su demanda de independencia absoluta o de un referéndum sobre el asunto. El conflicto aún no se ha resuelto. Actualmente, hay un alto el fuego en vigor, tras el acuerdo alcanzado entre Marruecos y el Polisario en 1991 para resolver la disputa mediante la organización de un referéndum sobre la independencia. Una misión de mantenimiento de la paz de la ONU (MINURSO) se ha encargado de supervisar el alto el fuego y organizar el referéndum, que aún no se ha celebrado en 2007. Marruecos rechazó la idea del referéndum por inviable en 2000 y propone una autonomía para el Sáhara Occidental dentro de Marruecos. Esta propuesta ha sido rechazada por España, el Polisario y también por sus aliados argelinos. Según el gobierno marroquí, se presentará ante la ONU en abril de 2007.
España se encuentra dividida entre su deseo de mantener una buena relación con Marruecos, su vecino del sur con quien comparte fronteras terrestres en Ceuta y Melilla , y su responsabilidad ante la legalidad internacional como antigua potencia colonial. La postura tradicional de todos los gobiernos democráticos españoles, hasta la llegada del presidente Zapatero al Gobierno, había sido la de respetar la voluntad de la población sahariana y apoyar la organización del referéndum solicitado por las Naciones Unidas. Según documentos del Departamento de Estado de Estados Unidos filtrados por Wikileaks, España, bajo el liderazgo de Zapatero, ha cambiado su postura tradicional respecto a la organización del referéndum del Sáhara y ahora apoya la postura marroquí. Los documentos también indicaban que España había estado intentando negociar un acuerdo entre ambas partes. Sin embargo, en su discurso ante el Parlamento español el 15 de diciembre de 2010, la ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, negó que España apoyara la postura marroquí en el Sáhara español. También argumentó que España apoyaría cualquier acuerdo entre el Polisario y Marruecos.
(alchetron.com)
La provincia de Sahara está situada en la parte occidental del continente africano entre Marruecos, al Norte, Argelia, al Noroeste y la Mauritania, al Este. Se encuentra a una distancia aproximada de 100 kilómetros de Fuerteventura; a 250 kilómetros de Gran Canaria. Su capital, El Aaiún, está a 1.680 kilómetros de Madrid. Su superficie es de alrededor de 280.000 kilómetros cuadrados. Se presenta como una vasta meseta, en general árida y monótona, que se eleva imperceptiblemente desde el litoral hacia el interior. Algunas cadenas montañosas, erosionadas por el tiempo, aparecen como viejas cicatrices, testimonio de antiguas convulsiones.
La red fluvial está formada por pequeños riachuelos, sin caudal permanente, alimentados accidentalmente por las lluvias torrenciales. El río más importante es el Saguia el Hamra que, a lo largo de su curso de más de 450 kilómetros, riega la mayor parte de la reserva de pastos de la provincia, última esperanza, en las grandes sequías, que tienen los
grandes rebaños que allí afluyen .
El Atui puede considerarse también como un río importante.
La costa sahariana es poco accidentada. Bajando hacia el Sur, nos encontramos el Cabo Bojador, donde se encuentra el faro de "Don Enrique el Navegante". Más al Sur todavía está Villa Cisneros, el cabo Dunfor y la bahía del mismo nombre. La bella localidad de Villa Cisneros está enclavada allí con su excelente puerto. En fin, en el límite sur de la provincia, se encuentra Cabo Blanco, con el cabo del mismo nombre, formando, en el interior, la bahía de Galgo.
Como en toda región marítima, hay que distinguir dos zonas climáticas netamente diferenciadas: el litoral y el interior. En la costa, la temperatura es más constante. En invierno es de 19º durante el día y de 10º durante la noche y, en verano, de 30º y 14º respectivamente. Por el contrario, en el interior, las variaciones son más bruscas. La temperatura alcanza, a veces, los 60° en verano y desciende a 10º y 15° durante la noche. En invierno, los cambios son más suaves y se diferencian poco del litoral.
La vegetación, que en otros países, excepto en las regiones polares, es un elemento fundamental del paisaje, pasa a un segundo término en el Sahara. Es un complemento de este paisaje, aunque le acentúa el carácter, y le da, en contraste, una sensación de inmensidad, parecida a la del océano. Como los navegantes en alta mar, los hombres, los rebaños, las caravanas de camellos, son factores secundarios que acentúan el carácter estático y dinámico.
El Aaiún (9.000 habitantes), capital de la provincia, está situado en la orilla izquierda del Seguia el Hamra. Es la sede del Gobierno General, del Consejo Provincial, de la Alcaldía, de los Servicios Provinciales y de los Tribunales de Primera Instancia y Municipales. Ciudad pintoresca, con sus cúpulas coronando los edificios, ófrece un aspecto armonioso y encantador. Pero el desarrollo extraordinario que ha conocido en el curso de los últimos años, tiende a hacer desaparecer el estilo tradicional, difícilmente compatible con las grandes construcciones de varios pisos. Todas sus calles son rectas y perfectamente asfaltadas. Posee un excelente aeropuerto. En los alrededores de El Aaiún, en la carretera que conduce al aeropuerto, se ha abierto un parador nacional. Ocupa un lugar admirablemente escogido, desde donde se tienen magníficas vistas sobre la ciudad y el cauce del Saguia el Hamréi, río de curso irregular. Cuenta este Parador Nacional, con piscina y aire acondicionado. Tiene veinte habitaciones dobles y dos individuales, todas con terraza independiente.
El nuevo Parador ofrece el ambiente confortable y agradable de esta clase de establecimientos turísticos.
Villa Cisneros, segunda ciudad de la provincia con 4.000 habitantes, capital de la región sur, está situada en la costa interior de la bahía del mismo nombre. Posee buenas playas, un puerto moderno y un excelente aeropuerto. Su clima es como el de una estación estival muy apreciado.
Citemos también a Smara, la ciudad santa, cuna de los prestigiosos Ma El Ainín, descendientes del Sultán Azul. Se encuentra allí la famosa mezquita, considerada justamente como una joya arquitectónica. Auserd, cuya importancia es inferior, está situada al interior y, también, GÜera. en el extremo sur de la provincia, en la parte exterior de la casi isla de Cabo Blanco.
La manifestación principal de la artesanía es la "maharrería" o trabajo de la plata y el cobre a mano. Objetos delicados, artísticamente trabajados, son particularmente buscados por los turistas: cofrecillos, los "jaljales" (brazaletes que se ponen en los tobillos), las "gumias" (dagas), los anillos, etc. Conviene mencionar el arte tradicional de los indígenas de hilar el pelo de los camellos y de hacer con ellos un protector muy fuerte que sirve para cubrir las "jaimas".
El folklore. local está representado principal mente por la danza, que permite al nómada expresar, el instinto y la pasión del desierto misterioso y primitivo. Los danzarines se sientan en medio de la "jaima" y, al ritmo de una especie de tambor, bailan sin interrupción, acelerando el ritmo hasta el más violento frenesí. No mueven más que la cabeza y las manos, pero llegan los danzarines a una especie de éxtasis, lleno de exotismo y misterio. El turista queda prendado por este espectáculo sorprendente y lleno de emoción.
La caza presenta un atractivo particular para el turista, dada la variedad de especies que se encuentran, aunque existen diversos factores, en especial las grandes sequías, que obligan a los animales a desplazarse, que impiden la existencia de zonas fijas de desarrollo que puedan ser objeto de una protección eficaz, gracias a su acotamiento.
Hay caza mayor como la gacela, avestruces, guepardos, etc. También caza menor como conejos, liebres, perdices, tórtolas, etc.
Las costas del Sahara son un verdadero paraíso para el pescador. Los peces son particularmente abundantes entre Villa Cisneros y Cabo Blanco. Se puede practicar este deporte con los medios
más primitivos, consiguiendo toda clase de especies: salmonetes, lenguados, palmetones que alcanzan a veces los 50 kilos., sardinas, lubinas, calamares, etc. Los mariscos y crustáceos son especialmente sabrosos: langostas, cangrejos, bocas, almejas, etc.
(Aguayro, 1971)
Walter Lippman, conocido publicista estadounidense, escribió en 1944 la siguiente reflexión: "fundamentalmente, la seguridad de los Estados Unidos exige que prevengamos el establecimiento de un Imperio avasallador en cualquier punto de la cuenca oceánica del Atlántico y del Pacífico.
En caso de producirse, supondrá una amenaza potencial. Potencialmente, tenemos que hacerle frente. Tarde o temprano habremos entrado en guerra con él". Y terminaba apostillando:
"esta es la razón última de la Doctrina Monroe, de nuestra decidida defensa de la independencia e integridad territorial de China y de nuestra intervención contra la Alemania del Kaiser y de Adolfo Hitler".
Haciendo abstracción del componente retórico del contexto de la cita anterior, el pasaje no puede ser más escuetamente revelador. Durante la Guerra Europea desencadenada en 1914, Inglaterra y los Estados Unidos usaron los puertos de Angra, Harta y Punta Delgada (Azores) para contrarrestar las zonas de bloqueo alemanas en el Atlántico Central, de fatales consecuencias para la navegación oceánica.
Acabada la guerra, la potencia inglesa quedó quebrantada y los Estados Unidos se replegaron en su aislamiento inveterado, que algunos creyeron restaurado con carácter de permanencia.
La segunda Guerra Mundial vino a desmentir la creencia en que se estaba.
Ni la paz fue posible, ni el apaciguamiento de Munich satisfizo al tándem Hitler - Mussolini.
La cuenca oceánica del Atlántico y del Pacífico se demostró vital -una vez más, para el emergente "Hermano Mayor" del hemisferio occidental. En su flanco oriental, Inglaterra jugó la función de mensajero y heraldo del aluvión de armas, tropa y préstamos financieros procedentes de América y destinados a reforzar la causa de los Aliados- Unión Soviética incluída.
Fue así como estuvo a punto de realizarse la "ocupación preventiva" de todos los Archipiélagos hispano-portugueses por el Almirantazgo inglés (operación Pilgrim), para anticiparse al establecimiento alemán en el noroeste de Africa, Iberlant y Archipiélagos atlánticos (operación Félix).
Cuando el alto mando anglo-americano decidió abrir el "segundo frente" en Europa, para aliviar a la Unión Soviética de las embestidas de la Wehrmacht, hubieron de zanjarse previamente serias discrepancias entre los Aliados en torno a la estrategia adecuada para iniciar la ofensiva pertinente en el frente europeo. Los Archipiélagos hispano-portugueses volvieron a ser considerados como puntos de apoyo preciosos para conducir a buen fin la gigantesca maniobra anfibia designada con el nombre de código de Torch (Antorcha).
Torch hizo desembarcar un contingente de tropa anglo-americana de cerca de 100.000 soldados en las costas del litoral atlántico de Marruecos y en las playas de Argelia y Túnez. Era el mes de noviembre de 1942: se obtenía así el primer viraje, la primera inflexión bélica a un conflicto internacional que, hasta el momento, era favorable a la máquina de guerra de las potencias fascistas.
El "Hermano Mayor" había respetado la "sospechosa neutralidad" de Franco y Salazar. Ni la Península Ibérica, ni los tentadores Archipiélagos, habían sufrido la más leve lesión de su integridad territorial y seguridad poiítica, económica y militar. Al fin y al cabo, Gibraltar -sin el cual la operación Torch hubiera sido o imposible o un fracaso- estaba entonces en una guillotina hispana, al controlarse desde Madrid toda la costa marroquí entre Tánger y Melilla y, naturalmente, el hinterland peninsular del Peñón.
Para ejecutar el asedio de la fortaleza alemana, los Aliados habían abierto un segundo frente en el noroeste de Africa, en tierras del legendario Acsa el Magreb; desde allí, y no sin dificultades, prosperaría la maniobra de ocupación del bajo vientre de Europa, como gustaba llamar Winston Churchill a las penínsulas y costas del Mediterráneo.