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Visión del mar:
[Un punlo de visla del mar que no sólo es azul]. A partir del momento en que el hombre alcanza en la Historia su papel predominante con respecto a los seres que con él conviven y usufructúa lo que el entorno le ofrece, observa el mar desde distintas perspectivas, en razón de lo que su experiencia, o la falta de ella, ordena su pensamiento. Es así que algo tan familiar para una parte de la población que habita nuestro planeta sea completamente desconocido para la otra parte. Lo más probable es que si un habitante del centro de África viera por primera vez lo que su vista le permitiera de esa gran extensión que es un mar, su exclamación sería, "que es el río más grande que sus ojos habían visto", y esto en el mejor de los casos, si es que anteriormente hubiera visto un río; y trataría con su mirada de alcanzar la otra orilla. En este mundo que nos ha tocado vivir a unos y malvivir a otros, la perspectiva del mar nos es muy distinta en razón de nuestro interés y familiarización con él. El avezado pescador, guerrero en su combatividad, lo observará como el enemigo que desea arrebatarle la vida, y del cual es bueno guardarse, pero con el que tiene que formar sociedad para combatir al otro enemigo, que es la supervivencia económica. El deportista, el verdadero o el pseudo-deportista; el primero satisfaciendo un ansia de superación y respetando el medio que le facilita esa superación del propio esfuerzo; el segundo actuando simplemente en relación con su egoísmo, para acallar insatisfacciones de su quehacer cotidiano. El naturalista, que goza con la observación desde un punto de vista anecdótico, haciéndose planteamientos de tipo estético tomando apuntes y satisfaciendo su sensualidad. El industrial capitalista, que observa el mar, tratando de ver en él lo que su propiedad contiene, algunos con miras amplias y loables en cuanto a la seriedad de su inversión, otros como trampolín de grandes beneficios.

El niño, con una curiosidad insatisfecha, al que habrá que educar convenientemente como ser en potencia de todos los que aquí citamos, y en el que del!l0sitaremos pasados los años, la potestad de tratamiento del mar. y por último el científico, que lucha por conocer de una manera más profunda lo que es el mar, lo que contiene y el porqué, así como su posible provecho en beneficio del hombre sin que sea en detrimento del propio mar. Por conseguir una observación directa y de lo más fidedigna, investiga el hombre desde hace muchos años. Asi quedan atrás las críticas hechas a Julio Verne por sus contemporáneos, tachándolo de lunático, o en el mejor de los casos de excéntrico, cuando con su gran imaginación diseñó un artefacto parecido en su capacidad de visión subacuática, a lo que hoy es un batiscafo. Para la investigación cientifica, tanto pura como aplicada, poder observar de cerca los fenómenos que acaecen en el mar y océanos es de suma importancia y supone un verdadero reto frente a la tecnología actual. Hoy día conocemos a la perfección el comportamiento de muchos seres marinos en su ambiente natural. Al estudio de ellos se dedica la "etología", la cual cada día encuentra más adeptos y entusiastas, ora entre aficionados, ora entre profesionales de la ciencia, a los cuales les anima una curiosidad de lo más plausible. Por otra parte, conociendo el entorno es como nuestra voluntad se encuentra mejor dispuesta a respetarlo. Todos los que poseemos los medios y el deseo de ponernos en contacto con el mundo submarino sabemos lo que esto representa para nuestra persorra, no ya solamente desde el punto de vista de mantener una "forma física", sino asimismo de mantener nuestra "forma espiritual".

La evasión que puede representar el efectuar una inmersión con equipo autónomo o simplemente el colocarnos unas gafas subacuáticas y observar el fondo levantando rocas, removiendo arenas y descubriendo la vida que en este entorno se desenvuelve, es sólo comparable con la que puede ofrecer el descanso posterior al "stress" con que a diario vivimos. En este planeta, que confusamente llamamos Tierra, ya que debiéramos nominarlo planeta "Agua", pues es éste el medio que predomina, y al cual debemos el origen de la vida, hay un equilibrio entre todo lo existente, así como una razón. No es capricho de la naturaleza el que unos determinados animales, y entre éstos los peces, se nos presenten ante nuestros ojos con un colorido que de tan vario y maravilloso nos parezcan realizados por el arte de un pintor impresionista o abstracto. Es la exigencia de esta naturaleza para conservar su equilibrio, la que actúa como un Van Gogh exaltado, o un Picasso experimentado. El color en los peces, y en los animales en general, ejerce una función importantísima actuando unas veces como atractivo imán y otras como revulsivo, ya sea para cazar sus presas, ya sea para deshacerse de ellas y pasar desapercibidos. Pero los animales inferiores no son los únicos que emplean el color. El propio hombre lo emplea, .sobre todo en las guerras para camuflar armamento, descontrolar fotografías aéreas, y para, en fin, de este modo ser superior a su oponente. La dermis del pez contiene unos pigmentos que le dan distintos colores, como son la melanina, xantina, y eritrina, para los colores negros, amarillos y rojos respectivamente. Otros colores como el verde y el azul son debidos a fenómenos físicos de ínterferencia o refracción de la luz. El color plateado de los peces se debe a los cristales de guanina presentes en la dermis. Se da algún caso de peces que son incoloros o prácticamente transparentes.

Es de hacer notar que peces como la sardina, caballa, chicharro, etc., de hábitos pelágico-costeros, y sujetos a una posible depredación por otros peces, poseen la característica común de tener la parte dorsal de un color azulado y la zona ventral de un color blanquecino o plateado. En este caso la naturaleza les ha dado la facultad de que al ser vistos por otro pez desde un plano más elevado puedan pasar desapercibidos y confundirse con el tono general azulado del mar. Por otra parte si su posible depredador los viera desde un plano inferior, muy bien el tono plateado podría confundirlo, al reflejarse la luz en el conjunto del agua. En el mar, una de las dificultades mayores a superar es que una visión sea fidedigna. Unas aguas son más turbias que otras; concretamente en Canarias, y en general, las aguas no son todo lo cristalinas que pudiéramos desear. Pero en contraste con ello la visión de ecosistemas y hábitats marinos nos compensa sumamente esta merma, ya que poseemos una flora y fauna marinas de lo más diverso, debido a las influencias de otros mares, que a través de los tiempos han ido transportando a nuestras costas un sinfín de vida, que ha encontrado en la temperatura de las aguas, así como en la orografía de nuestros fondos, un hábitat idóneo para su proliferación. Es muy distinta la visión que puede ofrecer un banco de merluzas, a la que nos otorga, por poner un ejemplo, un "pecio", en el que en muy escaso tiempo encontramos una presencia de lo más completa de toda la fauna marina. A medida que descendemos en el mar, los colores cambian. Hasta los 5 metros podemos decir que la visión es parecida a la de la superficie, pero a partir de esta cota, y alcanzando los 20 metros, un pez rojo se nos presentaría como negro. También existen zonas y lugares donde, a sólo 0,5 metros de profundidad, la visión es imposible. Un ejemplo, bastante cercano lo tenemos en la isla de Lanzarote (el Golfo), en el lugar conocido por "La Charca", donde la concentración de fitoplancton (algas microscópicas) es tal, que si observamos una fotografia aérea del lugar diríamos que da la sensación de que algún bromista hubiera vertido una gran cantidad de pintura verde. Otros peces, en zonas afóticas y de gran profundidad donde no llega la luz, desarrollan su propia luminiscencia la cual actúa como el color llamativo de los peces de la zona eufótica o con luz.

Todos los peces no poseen elmismo colorido a lo largo de su vida; unos cambian de color al pasar del estado juvenil al adulto, como ocurre con "la vieja" (sparisoma cretense). En la primera etapa de vida de estos peces todos los ejemplares son de un color, como diría un pescador, "asalmonado"; posteriormente el macho adquiere el color gris y la hembra el tono rojizo. Otros animales del mar tienen la propiedad de cambiar rápidamente como ocurre con el "choco" (Sepia sp.), al cual le son suficientes dos tercios de segundo para realizar este cambio, convirtiéndose en el animal más rápido desde el punto de vista mimético, más rápido incluso que el propio camaleón. También este cambio de color puede ser muy lento e incluso reversible, dependiendo del entorno que hace que el pez aumente o disminuya el número de cromatóforos que contenían los pigmentos que citamos anteriormente. A este respecto de la propiedad del color en los peces hay que decir que el estado anímico de los mismos juega un papel importante. En épocas de "freza" y "apareo", así como para salvaguardar su territorio los peces hacen gala de estos ¡ cambios, como si fueran indígenas del Africa salvaje o "sioux" atacados por el séptimo de caballería. Debemos resaltar que, en líneas generales, los peces pequeños son de un mayor colorido que las especies que alcanzan grandes tamaños. Esto es lógico debido a que la mayor parte de los peces pequeños habitan en un entorno costero, en cuanto a diversidad queremos decir. Y, por otra parte, en el escalafón que ocupan dentro de la posible depredación es su principal defensa. Las Islas Canarias no tienen mucho que envidiar a otros puntos del mundo en lo que respecta al colorido a observar en los fondos. Incluso, los fondos más llamativos que pudieran ser de islas coralinas se ven en cierto modo reflejados en nuestras costas y fondos. ¿Qué espectáculo tan maravilloso podemos comparar al de unos gueldes (Thalassoma pavo), unas fulas (Abudefduf luridus), etc., disputándose con la agresividad que los caracteriza unos erizos partidos, o simplemente unas migajas de pan?

Todo el compendio de las propiedades de los peces y demás seres que habitan los mares nos ocuparían páginas y más páginas, pero este artículo no quiere ser más que una simple llamada ecológica y de toma de interés por parte del lector hacia un mundo que estaba vedado para nuestros antepasados y que en cambio a nosotros se nos brinda con una tecnología de lo más avanzada y al alcance de nuestros ojos. Procuremos que el mar siga conteniendo este colorido, para que la visión del mismo sea alegre, llena de vida y color, y para que no se nos presente a nuestra retina como una visión gris o en el mejor de los casos daltónica. Que muchas de las leyes naturales marinas las conozcamos por nuestros propios medios y no como simples lectores de un libro o "beodos" de fotografías de otros. (Ricardo Castillo Eguía)

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