Revolución francesa: Facciones:
Estados Generales:
Asamblea nacional de representantes de la Francia prerrevolucionaria, anterior a 1789. Su función principal era dar su aprobación al sistema tributario real. Sus miembros estaban divididos en tres clases o estados: el clero, la nobleza (ambos minoritarios) y el tercer estado, que representaba a la gran mayoría del pueblo. Los Estados Generales, convocados por primera vez por el rey Felipe IV en 1302, alcanzaron su mayor poder en el siglo XIV y comienzos del XV. La monarquía comenzó a encontrar otras fuentes de ingresos durante el reinado de Carlos VII y fue retirando su confianza a esta cámara. Después de 1614, la asamblea no volvió a reunirse hasta 1789, cuando Luis XVI congregó a sus miembros para hacer frente a la crisis financiera en que estaba sumida Francia inmediatamente antes del estallido de la Revolución Francesa. En junio de 1789, el tercer estado, al que se sumaron algunos miembros del clero y de la nobleza, comenzó la Revolución al desafiar al rey y erigirse en Asamblea Nacional.
Girondinos:
Sector republicano moderado.
Intervino en la Revolución desde 1791 hasta 1793. Recibieron este nombre porque sus miembros más destacados representaban al departamento de la Gironda, aunque también se les conocía como 'brissotinos' debido a que uno de sus dirigentes era Jacques Pierre Brissot. Este grupo participó en la Asamblea Legislativa por primera vez en octubre de 1791. Se les identificó con los jacobinos en un principio, pero los dos grupos se separaron a causa de sus diferencias sobre la guerra con Austria; los girondinos eran partidarios de ir a la lucha porque consideraban que uniría a Francia bajo la bandera de la revolución. Este grupo, encabezado por Brissot y Jean Marie Roland de La Platière, persuadió a la Asamblea para que votara a favor de la guerra en abril de 1792. Su influencia disminuyó después de este episodio. Los girondinos se oponían a los controles económicos y a la democracia radical que defendían los jacobinos, establecidos en París, y no consiguieron el apoyo militar de las provincias en octubre de 1793. Su poder terminó cuando Brissot y treinta de sus seguidores fueron guillotinados por los jacobinos el 31 de octubre.
Club de los Cordeliers (1790-1794):
En la caída de los girondinos tuvo un papel decisivo el Club de los Cordeliers, creado en 1790. Iniciaron el movimiento republicano en 1791 y entre sus miembros dirigentes se encontraban Danton y Marat. El nombre verdadero de la organización era el de Sociedad de los derechos del hombre y del ciudadano. Jacques René Hébert, un periodista radical, fue el presidente del club en 1793, durante el apogeo del Terror. Posteriormente, se la identificó con los grupos extremistas que se oponían al sector jacobino.
Hébert resultó nombrado sustituto del procurador de la Comuna de París. Pasó a ser el jefe de la facción ultrarradical de los montagnards (miembros extremistas del partido conocido como ‘La Montaña‘) desde junio de 1793, después de haber sido arrestado por sus ataques a los moderados girondinos. Su extremismo revolucionario y la virulencia de sus propuestas políticas alarmaron a Robespierre, a quien Hébert tildaba de conservador.
Varios miembros fueron guillotinados cuando se aniquiló al clan encabezado por Hébert en 1794, y el Comité de Salvación Pública la declaró ilegal (1795).
Jacobinos:
Club radical francés que dirigió la vida política del país. Fue fundado en 1789 como una Sociedad de Amigos de la Constituyente (sus miembros eran diputados de la Asamblea Constituyente); su apelativo tiene su origen en el lugar de reunión del club, un antiguo monasterio dominico (orden que recibió el apelativo popular de jacobina) de París. El conde de Mirabeau y Maximilien de Robespierre, líderes revolucionarios, no tardaron en hacerse miembros de esta organización; este último llegó a ser su presidente. El club sólo contaba con tres mil miembros en París, pero su influencia tenía un alcance nacional gracias a las 1.200 sociedades afines diseminadas por toda Francia. Su enorme poder político provenía de la estructura creada por estos numerosos grupos afiliados y de la habilidad de sus líderes para manipular a la opinión pública.
El club estuvo a favor de la implantación de una monarquía constitucional en sus primeros momentos, pero cuando Luis XVI intentó huir del país en 1791, los jacobinos rechazaron cualquier sistema de gobierno monárquico. El apogeo de su poder coincidió con la formación de la Convención Nacional, la asamblea de representantes francesa desde 1792 hasta 1795: la Convención no emprendía ninguna acción que no hubiera sido previamente discutida en las reuniones de los jacobinos. Los sectores extremistas tomaron el control del grupo durante este periodo. Hundieron al país en el Reinado del Terror haciendo uso de su poder en el Comité de Salvación Pública, y reprimieron toda oposición al gobierno con una violencia implacable. Los jacobinos exigieron la ejecución del Rey, eliminaron a los girondinos y enviaron a la guillotina a miles de sus adversarios. Esta organización perdió gran parte de su poder con la caída de Robespierre, y el 11 de noviembre de 1794 la Convención la declaró ilegal.
Maximilien de Robespierre (1758-1794):
Abogado y político francés que llegó a ser una de las figuras más destacadas de la Revolución Francesa y uno de los principales responsables del periodo de la misma denominado Reinado del Terror.
Nació en Arras el 6 de mayo de 1758 y estudió en el colegio Luis el Grande de París y en la Escuela de Leyes. Se convirtió en un acérrimo defensor de las teorías sociales del filósofo francés Jean-Jacques Rousseau. Fue elegido diputado de los Estados Generales que se convocaron en mayo de 1789, poco antes de que estallara la Revolución Francesa, y más tarde sirvió en la Asamblea Nacional Constituyente, donde destacó pronto por su ferviente y brillante oratoria. En abril de 1790 pasó a ser presidente del club jacobino y adquirió popularidad como enemigo de la monarquía y defensor de las reformas democráticas. Se enfrentó a los girondinos, grupo más moderado que se había convertido en la facción dominante en la Asamblea Legislativa constituida en 1791.
Tras abolirse la monarquía en agosto de 1792, Robespierre fue elegido diputado de la Convención Nacional por París. Miembro del grupo de La Montaña, reclamó insistentemente la ejecución del rey Luis XVI. En mayo de 1793, apoyado por el pueblo de París, obligó a la Convención Nacional a expulsar a los girondinos. En el mes de julio, ingresó en el Comité de Salvación Pública y no tardó en hacerse con el control del gobierno ante la falta de oposición. Francia se hallaba sumida en el caos, por lo que Robespierre, secundado por el Comité, procedió a eliminar a todos aquéllos a los que consideraba enemigos de la revolución, tanto extremistas como moderados, con el propósito de restablecer el orden y reducir el peligro de una invasión exterior. Esta política originó el llamado Reinado del Terror y provocó que en marzo y abril de 1794 fueran ejecutados los líderes revolucionarios Jacques René Hébert y Georges Jacques Danton. En mayo, la Convención Nacional, presionada por Robespierre, proclamó el culto al Ser Supremo —basado en el deísmo de Rousseau— como religión oficial. Los católicos y ateos rechazaron este decreto, pero el dirigente francés aún contaba con el poderoso apoyo de los sans culottes (clases bajas) de París y fue elegido presidente de la Convención Nacional en junio.
Mientras tanto, el Terror se había intensificado y muchos miembros influyentes de la Convención y del club jacobino comenzaron a temer por su vida ante la creciente agresividad de los discursos de Robespierre. Las medidas extremas de seguridad parecieron innecesarias tras una serie de victorias militares de Francia y se organizó una conspiración para poner fin al dominio político del líder jacobino. El 27 de julio de 1794 se le prohibió dirigirse a la Convención Nacional y quedó bajo arresto. Numerosos seguidores se rebelaron en su apoyo, pero fueron reprimidos. Robespierre murió guillotinado el 28 de julio junto con sus más próximos colaboradores, Louis Saint-Just y Georges Couthon, y diecinueve de sus seguidores. Al día siguiente fueron ejecutados otros ochenta partidarios suyos.
Jacques Pierre Brissot de Warville (1754-1793):
Uno de los líderes de los girondinos. Nacido en Chartres, fue abogado reformista y periodista antes de la Revolución. En 1784 fue encarcelado en la Bastilla por criticar al gobierno; más tarde viajó a Inglaterra y a Estados Unidos, donde participó activamente en favor de la abolición de la esclavitud. Regresó a Francia al estallar la Revolución, y fundó el periódico Le Patriote Français, que se convirtió en el principal órgano de los girondinos, también conocidos como brissotinos. En 1791 fue elegido para la Asamblea Legislativa, donde defendió la guerra como medio para propagar la revolución. Como miembro del comité legislativo de la Asamblea, Brissot fue el principal responsable de la decisión de declarar la guerra a Austria en 1792. Fue ejecutado junto con otros líderes girondinos durante el reinado del Terror.
Honoré Gabriel Riqueti, conde de Mirabeau (1749-1791):
Nacido en Le Bignon. En 1788 fue elegido delegado de los Estados Generales. A pesar de su origen aristocrático se unió al tercer estado, que el 17 de junio de 1789 se constituyó como Asamblea Nacional de Francia. Cuando un mensajero real se dirigió a la Asamblea el 23 de junio para expresar el descontento del rey Luis XVI, Mirabeau expuso que sólo abandonarían la Asamblea 'por la fuerza de las bayonetas'.
No tardó en convertirse en una figura influyente en la Asamblea. Era partidario de una monarquía constitucional e intentó reconciliar la corte reaccionaria de Luis XVI con las fuerzas de la Revolución, cuyo radicalismo iba en aumento. Propuso la creación de una milicia de ciudadanos de la cual surgió la Guardia Nacional, e intentó en vano llegar a un acuerdo con el consejero del rey, Jacques Necker, y el marqués de La Fayette, un destacado militar. Consiguió garantizar parcialmente a la Corona el derecho de declarar la guerra y firmar la paz; también procuró mantener el derecho real de veto, aunque sólo obtuvo un éxito limitado en este terreno.
Fue elegido presidente de la Asamblea Nacional el 30 de enero de 1791, poco antes de su muerte.
Comité de Salvación Pública:
Creado con carácter extraordinario por la Convención Nacional el 6 de abril de 1793. Estaba compuesto inicialmente por nueve miembros de la Convención (doce posteriormente) y se concibió como una institución administrativa destinada a supervisar y agilizar la labor de los órganos ejecutivos de la Convención y de los ministros nombrados por ésta.
El movimiento revolucionario estaba amenazado por una coalición de naciones europeas y por fuerzas contrarrevolucionarias en la propia Francia. Mientras el Comité luchaba por salvar estos peligros, su poder iba en aumento. En julio de 1793, tras la derrota sufrida por los republicanos moderados (girondinos) en la Convención, destacados líderes de los jacobinos radicales, entre los que se encontraban Maximilien de Robespierre, Louis de Saint-Just y Georges Danton, se unieron al Comité. En consecuencia, éste pasó a ser el principal órgano de gobierno del país. La Convención confirió oficialmente el poder ejecutivo al Comité en diciembre de 1793. Robespierre eliminó a sus rivales e implantó un régimen dictatorial. Entre las acciones que él y el Comité emprendieron destacan: reclutamiento de catorce ejércitos para defender al país y reprimir los levantamientos internos; establecimiento de un sistema parcial de precios máximos y salarios fijos para asegurar la existencia de provisiones; institución del Reinado del Terror para aplacar a la oposición interna.
La dureza de estas medidas provocó un malestar creciente, y Robespierre y sus compañeros fueron derrocados por sus enemigos en la Convención el 27 de julio de 1794. Este órgano recuperó el poder ejecutivo y las funciones del Comité de Salvación Pública quedaron restringidas a asuntos relativos a la política exterior, hasta que en octubre de 1795 perdió toda su influencia.
Georges Jacques Danton (1759-1794):
Abogado y líder pragmático radical, cuyo talante contemporizador fue rechazado por los sectores rivales.
Nacido en la pequeña localidad de Arcis-sur-Aube el 28 de octubre de 1759, Danton adquirió una sólida cultura y se hizo abogado. Después de trasladarse a París, se inició para él una etapa de prosperidad gracias a un afortunado matrimonio con la hija de un hombre acaudalado. Obtuvo un importante préstamo que le permitió comprar una prestigiosa posición legal y llevar una vida acomodada. Cuando comenzó la Revolución Francesa en 1789, se introdujo en la política con entusiasmo y pasó a ser el presidente del club de los Cordeliers, la vanguardia del radicalismo parisino. Sus discursos a menudo eran intensos, pero solía actuar con cautela. Pese a ser una persona generosa, amable y de gran flexibilidad ideológica, recayeron en 1791 graves sospechas de que aceptaba sobornos de los monárquicos.
Se le designó para ocupar un cargo en una pequeña ciudad, en ese mismo año, y no se convirtió en una figura relevante hasta la caída de la monarquía, ocurrida en agosto de 1792. Como ministro del gobierno provisional, inspiró y exigió “audacia”, el valor que salvaría a la Francia revolucionaria de sus enemigos. Fue elegido miembro de la Convención Nacional, en la que recibió inmediatamente los ataques de los diputados moderados, conocidos como girondinos, que le consideraban un radical y un rival peligroso. Danton intentó conciliarse con sus oponentes, pero sus esfuerzos fueron rechazados. Este conflicto se resolvió con la caída de los girondinos en junio de 1793. Mientras tanto, prestó sus servicios en el Comité de Salvación Pública, el órgano ejecutivo de la República Francesa, pero fracasó estrepitosamente en su intento de poner fin a la guerra entre Francia y las monarquías europeas a través de canales diplomáticos. Finalmente, su aliado, Maximilien de Robespierre, emergió como figura central del Comité.
La jefatura de la República se encontraba desgarrada en 1794 por los conflictos entre los nuevos grupos políticos y las acusaciones de corrupción y traición. Danton buscó nuevamente una solución de compromiso con los distintos sectores, pero sus propias simpatías estaban decididamente con aquellos que deseaban moderar la represión y el terror (“los indulgentes”). Pese a ello, su posición se vio socavada por la corrupción y las intrigas de sus amigos. Robespierre decidió, con cierto pesar, que la unidad del gobierno sólo podía mantenerse eliminando tanto a los radicales como a los “indulgentes”, incluido Danton. Tras ser sometido a juicio por el Tribunal Revolucionario, Danton perdió primero su reputación y después su vida: murió en la guillotina el 5 de abril de 1794. Algunos historiadores consideran a Danton como un hombre realista que nunca se dejó llevar por el fervor ideológico. Para otros, fue un oportunista que representó una amenaza para la integridad de la Revolución, al igual que Robespierre.
(Fuente: Encarta)
Monarquía propugnada por de Maistre:
✦ Joseph de Maistre prefería categóricamente la instauración de una monarquía absoluta antes que cualquier tipo de república. El pensador saboyano es considerado uno de los máximos teóricos del pensamiento contrarrevolucionario y del tradicionalismo. El rechazo absoluto a la república. Para Maistre, la república era un régimen antinatural, inestable y condenado al fracaso. En su célebre obra Consideraciones sobre Francia (1796), argumentaba que la soberanía no puede emanar del pueblo ni de la deliberación humana. Sostenía que la democracia y el republicanismo fragmentaban la sociedad en facciones, destruían la cohesión social y generaban un caos que inevitablemente desembocaba en la violencia, como consideraba que demostraba el Reinado del Terror. La monarquía como orden divino y natural. Maistre defendía la monarquía absoluta basándose en los siguientes pilares: Origen divino del poder: La soberanía es indivisible y proviene directamente de Dios, no de un contrato social. El rey actúa como el lugarteniente de la divinidad en la Tierra. Unidad y estabilidad: Centralizar el poder en una sola figura dinástica e incuestionable garantiza el orden y la paz interna, evitando la envidia social y las disputas por el mando. Límites morales (No tiranía): Aunque llamaba «absoluta» a la monarquía, Maistre no defendía el despotismo ilustrado ni la tiranía arbitraria. El poder del rey debía estar limitado y moderado por las leyes tradicionales, las costumbres históricas de la nación y, de manera fundamental, por la autoridad espiritual del Papa. Evolución en los inicios de la Revolución. Al estallar la Revolución en 1789, Maistre mostró inicialmente cierta apertura a reformar los abusos del sistema financiero. Sin embargo, la rápida radicalización del proceso, la invasión de su Saboya natal por las tropas francesas en 1792 y la ejecución de Luis XVI en 1793 consolidaron su postura radicalmente reaccionaria. A partir de ese momento, dedicó su obra a exigir la restauración borbónica y el regreso de la monarquía tradicional como la única vía para regenerar a una Europa que consideraba espiritualmente enferma.
✦ Cuando los pensadores tradicionalistas como Joseph de Maistre hablaban de «monarquía tradicional», no se referían a un rey con un parlamento decorativo, sino a un modelo político mucho más profundo y orgánico que difería sustancialmente del absolutismo centralista de los siglos XVII y XVIII. Para comprender con precisión el pensamiento de Maistre y el significado de este concepto, es necesario distinguir cómo funcionaban estos elementos en su teoría: 1. El rechazo al absolutismo hipercentralista (al estilo Luis XIV). Aunque Maistre defendía que la soberanía real debía ser «absoluta» (en el sentido de que no podía ser dividida ni sometida al voto popular), criticó duramente el absolutismo moderno. Consideraba que la monarquía de los Borbones de los siglos XVII y XVIII se había desnaturalizado. Al centralizar todo el poder en Versalles, la Corona destruyó el tejido social tradicional, debilitó a la nobleza y a los cuerpos locales, y preparó, sin querer, el terreno para el igualitarismo jacobino. 2. Los Estados Generales no eran un «parlamento»En la tradición francesa, los Estados Generales no funcionaban como un parlamento moderno. No eran una institución legislativa permanente encargada de vigilar o limitar al rey. Eran una asamblea consultiva extraordinaria que el monarca convocaba únicamente en momentos de extrema crisis (de hecho, no se habían reunido desde 1614 hasta 1689). Maistre no deseaba un parlamento con poco poder; directamente desconfiaba de las asambleas deliberativas, a las que asociaba con la elocuencia vacía, las facciones y la división de la soberanía. 3. ¿Qué era entonces la «Monarquía Tradicional»? Para Maistre y el tradicionalismo, la verdadera alternativa a la república no era un rey dictatorial, sino una monarquía templada por la constitución histórica de la nación. Esta moderación no provenía de un parlamento escrito, sino de tres frenos orgánicos: Los Cuerpos Intermedios: El poder del rey estaba naturalmente limitado por la existencia de la Iglesia, los gremios, las corporaciones profesionales, las provincias autónomas y la nobleza local. Estos cuerpos protegían al ciudadano de los abusos de la Corona. Los Parlamentos Judiciales: En la Antigua Francia, los «parlamentos» eran tribunales de justicia (formados por magistrados independientes) que tenían el derecho de registrar las leyes del rey y advertirle si violaban las leyes fundamentales del reino. Maistre, que fue magistrado en Saboya, valoraba enormemente este contrapeso legal. La Autoridad Papal: El freno definitivo al poder del rey no era político, sino moral y religioso. Maistre plasmó en su obra Sobre el Papa (1819) que el Pontífice romano debía actuar como un árbitro supremo capaz de amonestar a los reyes si se convertían en tiranos, uniendo a Europa bajo una guía espiritual común.En resumen, Maistre prefería una monarquía donde el rey tuviera la última palabra decisiva e inapelable.