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Julio Verne. Películas:
Neuville es, de entre todos los ilustradores de Verne, mi preferido, ya que a él debemos la mayor parte de las estampas correspondientes a 20.000 Leguas de Viaje Submarino. Ésta es, según algunos, la novela más personal y ambiciosa de Julio Verne, y con diferencia la que a mí personalmente más me gusta. La Botánica, la Geografía, la Zoología, la Ciencia Ficción: a modo de Speculum Majus, todo se da cita en 20.000 Leguas (y en el centro de todo ello, el Capitán Nemo, prototipo del héroe romántico, presa del cinismo, hombre de ciencia y de vasta cultura, y casi un precedente del quintaesenciado Jean Floressas des Esseintes, personaje del que Joris Karl Huysmans nos contaría sus aventuras domésticas y sus experimentos de alambique estético en A Rebours).
Ante las descripciones de 20.000 Leguas… se siente uno como el pequeño José Cemí al leer la carta de su tío Alberto en el Paradiso de Lezama Lima (Los gimnnoicos, a semejanza de los gimnosofistas, escuchan las gimnopedias de Satie…). Neuville fue el encargado de abrir ante nosotros las escotillas del submarino, el que nos permitió andar por el fondo marino, visitar las grutas, y contemplar las especies más sorprendentes de peces y celentéreos.
Verne tuvo otros ilustradores, algunos muy prolíficos y que trabajaron durante largos periodos para el novelista y el editor, como el incansable viajero Leon Benett (1839-1917) o George Roux (1850-1929). Sin embargo, la opinión de los críticos acerca de las ilustraciones de estos últimos creadores es irregular. Lo verdaderamente cierto es que el impacto visual ejercido por las imágenes contenidas en las ediciones originales ha sobrevivido en el tiempo como la piedra angular sobre la que se construye el edificio. Verne ha sido llevado al cine en innumerables ocasiones, y en todas ellas se trasluce el eco de estos ilustradores, pero ocurre de un modo muy especial en el caso de Georges Meliés y el de Karel Zeman (dejaremos a un lado la producción de Walt Disney de 1954, que es un un excelente y archiconocido film).
George Meliés (1861-1938), ilusionista, empresario, dibujante y director de cine, muestra en su cine una fuerte influencia de Verne. Cada una de sus pelis lo debe casi todo a la literatura fantástica y a cuanto pertenezca al mundo de la magia y de lo imposible. En 1907 diseña y dirige 20000 Lieues Sous Les Mers. Aquí Meliés tuvo presente de forma directa las imágenes de Neuville en sus bocetos para los telones pintados que usaba como única ambientación de sus escenas
Meliés construía sus encuadres, ya lo sabemos, de un modo estático, pero la superficie pintada de los telones era barroca, farragosa, preciosista, decadente, y quizás cargada del movimiento y la vibración que no supo imprimir de otro modo.
Para rodar escenas submarinas, Meliés inventó un truco que tendría un gran desarrollo posterior. Se trataba hacer la toma en cuestión a través de un tanque lleno de peces que se colocaba delante de la cámara, y enfocando a los actores colocados delante de la tela pintada. Pero la aventura personal de Meliés no se adentró únicamente en el fondo del mar, ya que es de sobra conocido su Viaje a la Luna (1904), donde la fantasía de los paisajes y aparatos que aparecen en pantalla citan directamente las imágenes de las novelas de Verne.
Cuando el director checoslovaco Karel Zeman (1910-1989) acometió el proyecto de adaptar en un solo filme varias historias de Verne, lo hizo sobre la base de dos referentes claros: por un lado las imágenes de los ilustradores de Verne en papel, y por otro el precedente de Meliés. Pero Zeman no era un director al uso. Bajo el influjo de toda la tradición teatral y marionetística propia de Checoslovaquia, así como las innovadoras creaciones animadas del gran Jiri Trnka, Zeman realizó a una serie de películas asombrosas por el preciosismo y el sentido artesanal de la producción.
Vynález Zkázy (1958, aka The Fabulous World of Jules Verne) es un film que tiene un curioso regusto a Meliés (aún estando rodada en los años 50, y retomando trucos como el de rodar a través de una pecera las escenas submarinas), y que, a diferencia de otras producciones, no cita plásticamente a los ilustradores del siglo XIX, sino que, mediante complejas técnicas de animación, parecemos contemplar, durante 78 minutos de verdadera delicia, unos grabados y estampas que cobran movimiento, casi como si viéramos un collage en movimiento. Vynález Zkázy es una cuidadosa imitación del aspecto de aquellas imágenes decimonónicas reconstruidas con mimo y con una pericia técnica asombrosa.
✦ Indígenas del s.XIX: En sus obras abordó el nivel técnico de las culturas indígenas desde una profunda mentalidad eurocentrista y colonialista propia del siglo XIX. Aunque su postura evolucionó hacia el pesimismo y la crítica al imperialismo al final de su vida, la gran mayoría de sus Viajes extraordinarios reflejan la firme creencia de que la ciencia, la industria y la tecnología occidental eran la cúspide de la evolución humana. Retraso técnico-industrial como sinónimo de inferioridad. El nivel tecnológico de una sociedad determinaba su grado de civilización. Las culturas indígenas eran retratadas en un estado de infancia evolutiva o estancamiento preindustrial debido a la falta de herramientas complejas, metalurgia avanzada o transporte mecanizado. En novelas como Cinco semanas en globo o Los hijos del capitán Grant, el contraste es radical: mientras el europeo domina la naturaleza mediante la física, la química y la ingeniería, los nativos están a merced de su entorno.La superioridad técnica occidental se presenta como una fuerza casi mágica e incuestionable que desarma o aterroriza a las poblaciones locales. Vocabulario insensible y despectivo. Siguiendo las convenciones lingüísticas y la antropología colonial de su época, Verne utilizaba con naturalidad un léxico condescendiente y peyorativo para referirse a los pueblos no occidentales. Es habitual encontrar términos como salvajes, negrillos, antropófagos, razas degradadas o seres primitivos. En muchas de sus descripciones geográficas, los nativos africanos, australianos o de las islas del Pacífico son comparados implícita o explícitamente con animales debido a sus rasgos físicos, su vestimenta o sus formas de comunicación no verbal. Costumbres retrógradas frente al orden científico. Verne enfatizaba las prácticas culturales indígenas que más chocaban con la moral victoriana y republicana de la época, presentándolas como bárbaras e irracionales. El canibalismo, la superstición, los sacrificios humanos y el fanatismo religioso son temas recurrentes (por ejemplo, los thugs en La vuelta al mundo en ochenta días o las tribus hostiles en Un capitán de quince años). La brujería o el chamanismo indígena se ridiculizan frente al positivismo científico de los héroes de Verne, quienes siempre desenmascaran los trucos locales usando principios físicos o astronómicos (como la predicción de eclipses). El concepto de raza y la escala evolutiva. Estaba fuertemente influenciado por las teorías del racismo científico y el darwinismo social del siglo XIX. En su universo literario existía una clara jerarquía racial fija: En la cúspide se ubicaban los anglosajones y los franceses (portadores del progreso técnico y el orden). En niveles intermedios se situaban otras culturas con ciertos desarrollos históricos pero estancadas (como las civilizaciones asiáticas). En la base se encontraban los pueblos indígenas de África y Oceanía, catalogados como incapaces de progresar por cuenta propia. Un ejemplo extremo aparece en El pueblo aéreo, donde describe a una comunidad que representa el "eslabón perdido" entre el mono y el hombre. La "misión del hombre blanco" y la justificación colonial. La tecnología y la ciencia no eran solo herramientas en las novelas de Verne, sino títulos de propiedad moral. El retraso técnico de los indígenas justificaba directamente el colonialismo bajo la premisa de la misión civilizadora o la carga del hombre blanco. La colonización se mostraba como un acto de benevolencia necesario para rescatar a los nativos de su propia ignorancia y barbarie. Novelas como La isla misteriosa funcionan como una metáfora perfecta de este pensamiento: un grupo de hombres blancos, educados y técnicos, naufraga en una tierra virgen y, partiendo de la nada, recrean toda la infraestructura de la revolución industrial (química, telegrafía, metalurgia), demostrando el supuesto "destino manifiesto" de la mente occidental para dominar el planeta. Hacia el final de su carrera, la visión de Verne se volvió notablemente sombría. En obras tardías o póstumas como La impresionante aventura de la misión Barsac denunció cómo la deslumbrante tecnología occidental podía ser utilizada por tiranos europeos para esclavizar y explotar despiadadamente a las poblaciones locales en África, mostrando el reverso oscuro de esa supuesta misión civilizadora.
El motín de la Bounty:
Fletcher Christian, juvenil y bello Mel Gibson, se ve atrapado en su propia sexualidad. Su caída de gracia es fulminante: tras la vida en el barco donde se le encarga un puesto de mando que quizás es más de lo que puede manejar, su llegada a Tahiti y su contacto con la bellísima nativa Mauatua lo vuelven, literalmente, loco de pasión (y nadie, nadie hace mejor de loco en el cine que Mel Gibson: no es extraño que se atreviera a interpretar a Hamlet). Tiene a tiro de piedra el paraíso (porque para él, como para los demás marinos, la isla sí es un paraíso encontrado), y la vuelta a la disciplina le supone elegir entre dos conceptos contrapuestos: el amor y el deber. Sólo cuando las respuestas desproporcionadas (o más bien a deshora) de Bligh se salen de madre se deja tentar y toma el mando de la rebelión a bordo. Y desde entonces, enloquecido por enfrentarse a lo que le ha dado sustento, se convierte en un pálido reflejo de Bligh: reconoce la tensión del liderazgo, la responsabilidad de dirigir un barco donde la disciplina ya campa por su ausencia. El regreso a Tahiti y el reencuentro con los nativos le augura eso que ya sabemos desde hace tiempo y él descubre para nosotros quizá por primera vez en la historia: los paraísos existen para perderlos. El rey de la isla se niega a darle amparo, porque tiene ese concepto el honor y la lealtad que él ya ha perdido. Fletcher Christian se convierte entonces en chivo expiatorio del pecado de rebelión de sus hombres, y huye con el barco y con la chica y con un puñado de marinos que, ahora sí ahora no, no saben tampoco qué quieren. El montaje en paralelo de cómo Christian se va hundiendo en la responsabilidad que no puede manejar y Bligh se redime a la deriva en un paquebote sin agua ni comida es soberbio.
Es una buena película y el tiempo ha venido a reivindicar su pulso clásico: tiene el metraje justo que no tiene, para mí, la versión de Marlon Brando. Y explora sin tapujos la rebelión de la HMS Bounty por lo que sin duda fue, o al menos por lo que hoy, a salvo de las censuras y las mojigaterías del Hollywood del pasado, podemos entender que fue: la apertura total de unos hombres sometidos a una disciplina férrea a un mundo donde el sexo, la belleza, el placer, la falta de responsabilidades y la armonía con una naturaleza increíble se convierten en una bomba de relojería contra un imperio lejano que desconoce su existencia.
No hay buenos ni malos: hay hombres enfrentados a sí mismos y a lo que quieren hacer de sí mismos. Siervos de una responsabilidad inevitable o disfrutadores de un paraíso donde no hay reglas.
La elección, contra lo que podamos pensar desde nuestro siglo y nuestro tiempo, no es nada fácil. Ni entonces ni ahora. (Rafa Marín - crisei.blogalia.com)
✦ Umberto Eco: Literatura juvenil y de aventuras: El semiólogo, filósofo y escritor Umberto Eco defendió apasionadamente la literatura de aventuras, las historietas y la ficción juvenil, considerándolas piezas fundamentales tanto para su biografía intelectual como para el desarrollo cognitivo, moral y creativo de cualquier ser humano. A través de ensayos esenciales como Apocalípticos e integrados, Sobre literatura y su novela con tintes autobiográficos La misteriosa llama de la Reina Loana, desglosó su perspectiva sobre estos géneros: Las novelas e historietas de su infancia. Recordaba las lecturas de su niñez no como un simple pasatiempo, sino como el big bang de su vocación literaria y su imaginación. El impulso creador: En su obra Confesiones de un joven novelista relata que empezó a escribir novelas a los diez años inspirándose directamente en los relatos de piratas de Salgari (como Los piratas del Caribe). Su método consistía en idear el título, dibujar las ilustraciones y escribir el primer capítulo en letras mayúsculas para imitar a los libros impresos. Abandonaba los proyectos por el cansancio físico de caligrafiar, sintiendo que creaba "obras maestras inacabadas". La cultura popular: Creció durante el régimen fascista en Italia, por lo que devoraba tanto historietas locales como adaptaciones de cómics americanos (como Flash Gordon, Mandrake el mago o The Phantom). En La misteriosa llama de la Reina Loana, plasma detalladamente cómo estas viñetas, revistas y novelas populares moldearon la memoria colectiva y la sensibilidad de toda su generación.El cómic como arte: Eco fue uno de los primeros académicos modernos en analizar el cómic con total rigurosidad semiótica, dedicando famosos estudios al mito de Superman o a las tiras de Charlie Brown (Peanuts), despojándolos del prejuicio de ser "subliteratura". Estatus y utilidad en la Literatura Universal. Eco rechazaba frontalmente la distinción radical entre "alta cultura" y "cultura de masas". Para él, la literatura juvenil y de aventuras ocupaba un lugar de absoluta dignidad y utilidad estructural dentro de la Literatura Universal. El mecanismo de la narratividad: Sostenía que autores de aventuras como Dumas (Los tres mosqueteros), Verne, Stevenson o Salgari poseían una maestría técnica impecable para construir lo que llamaba "estructuras narrativas perfectas". La utilidad democrática: Atribuía a este género la función primordial de generar el placer de la lectura. Afirmaba que antes de enfrentar textos con densas texturas estilísticas o filosóficas, el lector necesita aprender a habitar mundos posibles, experimentar el suspense y empatizar con los personajes, algo que la novela de aventuras ejecuta mejor que ninguna otra. Un patrimonio intertextual: Eco demostró que la gran literatura está plagada de referencias a la literatura popular. Sus propias novelas adultas (como El nombre de la rosa o Baudolino) están profundamente influenciadas por los folletines, las tramas policíacas de Arthur Conan Doyle y las novelas de capa y espada. Importancia para la formación, la educación y la mente. La fantasía, el exotismo y la aventura no eran mecanismos de evasión inútiles, sino herramientas educativas y de salud mental indispensables. Gimnasia para la interpretación: Leer sobre mundos lejanos o situaciones fantásticas obliga al cerebro infantil a realizar un esfuerzo de descodificación y flexibilidad cognitiva. La fantasía enseña a los niños que las cosas pueden ser diferentes a como son en su entorno inmediato. El concepto de "La Memoria Vegetal": Eco argumentaba que los libros (a los que llamaba memoria vegetal) amplían nuestra vida de forma exponencial. Un joven que lee fantasía y aventuras no vive solo su pequeña realidad biográfica; cuando llega a la edad adulta, ha acumulado la experiencia de cientos de vidas, batallas, viajes espaciales y dilemas morales, lo que enriquece su empatía y su criterio de la realidad. Refugio contra el adoctrinamiento: Explicaba que en contextos de opresión política (como la Italia de su infancia), el exotismo de las novelas de aventuras —que transportaban al lector a las selvas de Malasia o a los desiertos africanos— abría ventanas de libertad mental inaccesibles para la censura y el pensamiento único oficial.
blogalia.com, la primera plataforma de alojamiento en español, fue creada por Víctor Ruiz en 2001.
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http://crisei.com |
https://web.archive.org/web/20251129100136/http://benitezariza.blogspot.com/ [Columna de humo] |
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