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Fantasmas:
Aparición:
Escucho. Di lo que tengas que decirme. Y la voz dijo: ¿lo eres?, ¿lo eres?, y Amalfitano dijo no y además negó con la cabeza. No voy a salir corriendo. No será mi espalda ni la suela de mis zapatos lo último que de mí veas, si es que ves. Y la voz dijo: ver, ver, lo que se dice ver, pues francamente no. O no mucho. Ya bastante chamba tengo con mantenerme aquí. ¿Dónde?, dijo Amalfitano. En tu casa, supongo, dijo la voz. Esta es mi casa, dijo Amalfitano. Sí, lo comprendo, dijo la voz, pero procuremos relajarnos. Estoy relajado, dijo Amalfitano, estoy en mi casa. Y pensó: ¿por qué me recomienda relajarme? Y la voz dijo: yo creo que hoy empieza una larga y espero que satisfactoria relación. Pero para eso es menester mantenerse en calma, sólo la calma es incapaz de traicionarnos. Y Amalfitano dijo: ¿todo lo demás nos traiciona? Y la voz: sí, en efecto, sí, es duro admitirlo, quiero decir es duro tener que admitirlo ante ti, pero esa es la puritita verdad. ¿La ética nos traiciona? ¿El sentido del deber nos traiciona? ¿La honestidad nos traiciona? ¿La curiosidad nos traiciona? ¿El amor nos traiciona? ¿El valor nos traiciona? ¿El arte nos traiciona? Pues sí, dijo la voz, todo, todo nos traiciona, o te traiciona a ti, que es otra cosa pero que para el caso es lo mismo, menos la calma, sólo la calma no nos traiciona, lo que tampoco, permíteme que te lo reconozca, es ninguna garantía. No, dijo Amalfitano, el valor no nos traiciona jamás. Y el amor a los hijos tampoco. ¿Ah, no?, dijo la voz. No, dijo Amalfitano, sintiéndose de pronto en calma. (2666, Roberto Bolaño)


✦ El realismo mágico hispanoamericano transformó la literatura al difuminar las fronteras entre la vida y la muerte. La aparición de fantasmas, alucinaciones o dobles extraños no se trata como un hecho terrorífico, sino como parte de la realidad cotidiana de los personajes. Las novelas fundamentales de este movimiento donde los personajes interactúan con fantasmas o seres extraños idénticos a ellos son:
Pedro Páramo (1955) – Juan Rulfo (México). Es la obra cumbre y pionera de esta temática, sirviendo de inspiración directa para todo el Boom hispanoamericano.El fenómeno: El protagonista, Juan Preciado, viaja al pueblo de Comala buscando a su padre. A lo largo del viaje, conversa con diversos habitantes sin darse cuenta, al principio, de que absolutamente todos son fantasmas atrapados en el purgatorio Juan Rulfo. Los seres extraños: El pueblo mismo funciona como una alucinación colectiva. Juan Preciado termina muriendo literalmente de espanto al verse rodeado de murmullos y de los espectros de una comunidad en ruinas.
Cien años de soledad (1967) – Gabriel García Márquez (Colombia). Los fantasmas en Macondo no solo aparecen, sino que envejecen, sufren de soledad y conviven con los vivos en la casa de los Buendía. Gabriel García Márquez. Prudencio Aguilar: El fantasma del hombre al que José Arcadio Buendía mató en un duelo de honor aparece en la casa. Lejos de asustar, el espectro busca la compañía de su asesino porque la muerte le resulta insoportablemente aburrida.Melquíades: El gitano muere y regresa de la muerte porque "no pudo soportar la soledad". El Doble: Los gemelos Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo comparten una extrañeza tal en su apariencia y vidas que confunden a toda la familia, jugando con la idea del doppelgänger (el doble idéntico). El Doppelgänger aparece en los cuentos de Cortázar y Borges. La tradición del Día de Muertos influyó en los fantasmas de Juan Rulfo.

Aura (1962) – Carlos Fuentes (México):
Una obra maestra de la literatura gótica y el realismo mágico que explora la figura del doble y la alucinación. El fenómeno: El joven historiador Felipe Montero acude a una vieja casa colonial para ordenar las memorias de un general fallecido. Allí conoce a la anciana viuda Consuelo y a su hermosa sobrina, Aura. Los seres que se parecen: Felipe descubre horrorizado que Aura no es un ser real independiente, sino una proyección espectral, una alucinación o un doble joven creado por la magia de la anciana. Al final, el propio Felipe descubre que él es idéntico al general muerto, quedando atrapado en un ciclo de dobles eternos. Felipe experimenta una transición gradual desde la normalidad hacia lo sobrenatural. Las primeras percepciones inquietantes que vive al cruzar el umbral de la vieja casa en la calle Donceles son principalmente sensoriales y espaciales: La oscuridad absoluta y la pérdida de orientación. El contraste radical: Al entrar, la luz del día desaparece por completo. La oscuridad no es solo la falta de luz, sino una presencia física que lo obliga a avanzar a tientas.La falta de sonido: La casa anula el ruido de la ruidosa Ciudad de México. Felipe percibe un silencio sepulcral que agudiza sus otros sentidos. El olor a humedad y a plantas podridasNada más entrar, el aire que respira es pesado y rancio. Huele a humedades antiguas, a raíces enterradas y a plantas en descomposición. Este aroma funciona como una advertencia de que ha entrado en un espacio donde el tiempo está estancado y las cosas se pudren. El eco y el sonido de plantas invisibles. Mientras avanza en la penumbra, Felipe escucha el goteo constante del agua y el roce de ramas y hojas contra las paredes interiores. Sabe que hay un patio o un jardín interior, pero al no poder verlo, el crujido de la vegetación en la sombra le resulta profundamente perturbador. La extraña fijación con los animales (El conejo Saga). Al subir las escaleras guiado por una voz, se topa con un animal. No es un perro o un gato común, sino un conejo blanco llamado Saga. La mascota de la anciana Consuelo lo observa en la penumbra con ojos fijos y rojizos, introduciendo el primer elemento vivo pero profundamente extraño en la casa. La voz que parece surgir de la nadaFelipe no encuentra a nadie al entrar, pero una voz débil, aguda y rítmica lo llama por su nombre desde el piso superior. Esta voz, que pertenece a la anciana viuda, parece flotar en el espacio y conocer de antemano su llegada, guiándolo como un hilo invisible a través del laberinto oscuro. La atmósfera de la recámara de la ancianaCuando finalmente entra a la habitación de doña Consuelo, la escena rompe con toda lógica moderna: está iluminada exclusivamente por velas votivas y repleta de imágenes religiosas y fetiches antiguos. La anciana apenas se mueve en la cama, confundida entre las sábanas, proyectando la atmósfera de un mausoleo viviente. Estas primeras sensaciones preparan el terreno para el choque más importante: el momento en que Aura aparece entre las sombras y Felipe empieza a notar que los movimientos de la joven duplican de forma idéntica e idílica los de la anciana. Tras el primer encuentro con Aura Felipe se obsesiona con sus ojos verdes. Hay un rico simbolismo detrás de las imágenes religiosas y los sacrificios de animales (como los gatos machacados) que ocurren más adelante en la casa.

La casa de los espíritus (1982) – Isabel Allende (Chile)
Muestra la naturalidad de la convivencia con el más allá. Clara del Valle, la matriarca de la familia Trueba, posee dones clarividentes. Desde su infancia habla con los muertos con total normalidad, sentándolos a la mesa o pidiéndoles ayuda para encontrar objetos perdidos. Los espíritus aparecen de forma incorpórea o con la apariencia exacta que tenían al morir, rompiendo la barrera temporal del sufrimiento familiar. Los muertos pueden intervenir físicamente en el mundo de los vivos, pero sus manifestaciones son sutiles, selectivas. Dependen mucho de la receptividad emocional de los vivos. A diferencia de los fantasmas del terror tradicional que mueven objetos para asustar, los espíritus en el universo de Allende operan bajo las leyes del realismo mágico: coexisten en el mismo plano que los humanos y actúan con fines de consuelo, guía o reconciliación familiar. Estas intervenciones físicas y tangibles se manifiestan de tres formas principales: El regreso físico de Clara del Valle (La intervención clave). El ejemplo más directo y trascendental de intervención física ocurre tras la muerte de Clara, la matriarca. Cuando su nieta, Alba, es capturada, torturada y encerrada en una celda de aislamiento subterránea por la dictadura militar, el espíritu de Clara se materializa físicamente en la celda. Contacto y acción: Clara no aparece como una alucinación incorpórea; interactúa directamente con Alba. Le limpia la frente, le da de beber agua y la reconforta físicamente en la oscuridad. Salvación mental: Clara le da una instrucción física e intelectual: le pide que empiece a escribir mentalmente las historias de la familia para no volverse loca en el encierro y poder sobrevivir. Esta intervención salva literalmente la vida de Alba. El movimiento de objetos y la telegrafía espiritual. Desde que estaba viva, Clara tenía la capacidad de mover mesas, hacer volar trespiés y tocar el piano con la tapa cerrada mediante la telequinesis. Tras su muerte, este tipo de energía lúdica y física continúa en "la gran casa de la esquina". Manifestaciones cotidianas: Los espíritus arrastran los pies por los pasillos, abren y cierran puertas, y hacen tintinear las vajillas o las lámparas de cristal. Ausencia de miedo: Para los habitantes de la casa (excepto para el rígido Esteban Trueba en sus primeros años), estos ruidos y movimientos físicos no provocan terror, sino que se integran a la rutina diaria de la casa como si fueran mascotas o invitados silenciosos. El peso de la vejez y la transformación de Esteban Trueba. En los últimos años de vida del patriarca Esteban Trueba, la presencia física de los muertos se vuelve casi palpable para él. Esteban Trueba comienza a encogerse físicamente a medida que envejece, un hecho que la novela vincula sutilmente con el peso moral y la invasión de los recuerdos y los espíritus que empiezan a reclamar la casa. El tránsito acompañado: Cuando Trueba finalmente muere, el espíritu de Clara está físicamente allí para tomarlo de la mano y guiarlo hacia el más allá, permitiendo que su cuerpo físico descanse en paz en los brazos de su nieta Alba. Los muertos no son sombras pasivas: tienen la capacidad de tocar, guiar y alterar el entorno físico, demostrando que para la autora, la muerte no es una separación, sino una continuación de las relaciones familiares. Los dones sobrenaturales de Clara (como predecir temblores o levantar objetos) anticipaban su poder como espíritu. "La gran casa de la esquina" es el espacio físico donde vivos y muertos se confunden.

Distancia de rescate (2014) – Samanta Schweblin (Argentina)
Aunque pertenece al realismo mágico contemporáneo (a menudo llamado "nuevo gótico latinoamericano"), maneja la extrañeza de los dobles de forma brillante. El fenómeno: Amanda, la protagonista moribunda, pasa toda la novela hablando en la penumbra con David, el hijo de su vecina. David sufrió una intoxicación médica y, para salvarlo, una curandera local trasladó la mitad de su alma al cuerpo de otro ser. El niño que Amanda ve es físicamente idéntico a David, pero actúa como un ser extraño, frío y distante, desprovisto de humanidad. Las almas no son inmortales en el sentido místico tradicional, sino que sufren un proceso de fragmentación y disolución biológica que tiene un momento final muy claro. En el universo de la novela, el concepto del "alma" está ligado intrínsecamente a la conciencia, la identidad y la memoria de la persona. Cuando ocurre el proceso de "transmigración" facilitado por la curandera de la "casa verde" para salvar a los niños de la intoxicación por agrotóxicos, lo que sucede no es un viaje a la eternidad, sino una división trágica que destruye al individuo:
La fragmentación inicial (La pérdida de identidad). Cuando el cuerpo de un niño está colapsando por el veneno, la curandera traslada una parte de su alma a otro cuerpo sano (por ejemplo, a un animal o a otro niño del pueblo). El alma original se divide: La parte del alma que se queda en el cuerpo intoxicado muere definitivamente cuando ese cuerpo físico colapsa. La parte del alma que migra al nuevo receptáculo sobrevive, pero incompleta. El resultado no es la inmortalidad del ser original, sino la creación de un "monstruo" o un ser ajeno. David y Nina dejan de reconocer a sus madres, pierden su calidez afectiva, sus recuerdos exactos y se vuelven seres extraños y distantes.
El momento final y la desaparición (La muerte de Amanda). El diálogo en presente entre Amanda (la madre agonizante) y David (el niño transmigrado) ocurre precisamente en los últimos minutos de lucidez de la mujer. David apresura a Amanda a encontrar el momento exacto en que empezó el envenenamiento porque el tiempo se acaba. Al final de la novela, cuando Amanda muere en la camilla de la clínica, su alma y su conciencia desaparecen por completo. No hay un más allá, ni un fantasma que quede flotando para consolar a los vivos. Lo único que queda en el mundo terrenal es el cuerpo biológico muerto de Amanda y los restos fragmentados de su hija Nina atrapados irreversiblemente en el cuerpo de David, intentando inútilmente aferrarse al peluche que los unía a su vida pasada. El alma es una entidad frágil, material y conectada al cuerpo; no posee inmortalidad, sino que se apaga definitivamente con la muerte física o se desvanece gradualmente mediante la degradación y el olvido tras la transmigración. Relaciona la fragmentación del alma con el terror ecológico y los efectos de los pesticidas en las zonas rurales. Un "hilo invisible" une a las madres con sus hijos en los momentos previos a la tragedia.

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