Agua

Agua:


Agua 1:
Buena parte de los desafíos en relación a la gestión del agua podría resumirse bajo el enunciado de ver lo invisible Pensamos en la fotografía como el arte de captar la luz. Sin embargo, ya es posible mostrar energías que permanecen invisibles al sensor de una cámara. La fotografía Schlieren (a partir de un descubrimiento del físico alemán August Toepler en 1864), capta las variaciones en el aire generadas por el calor o el sonido y, de ese modo, nos permite ver lo invisible. Buena parte de los desafíos en relación a la gestión del agua podría resumirse bajo ese mismo enunciado: ver lo invisible. La virtud fundamental del Día Mundial del Agua, que se celebra este 22 de marzo, es precisamente la de recordarnos el papel del agua en el desarrollo económico y social, como factor de salud pública pero también de seguridad alimentaria y energética, cohesión territorial, mitigación de la pobreza, conservación de la biodiversidad y de una serie de servicios ambientales, etc.

Quizás el lector leerá o escuchará que 663 millones de personas permanecen sin acceso mejorado a fuentes de agua potable, 1.800 millones consumen agua contaminada por heces, 2.400 millones carecen todavía de acceso a instalaciones mejoradas de saneamiento, más del 80% de las aguas residuales en el mundo se vierten sin tratamiento, 1,8 millones de personas (incluyendo unos 1.000 niños al día) mueren anualmente por enfermedades asociadas a agua en mal estado… Son desafíos mayores, incluso pese al progreso reciente – 2.600 millones de personas accedieron a fuentes de agua potable desde 1990. Estos datos caracterizan un ignominia. Buena parte de esta realidad permanece oculta a un número no menor de ciudadanos de países más desarrollados, como si no hubiese exposición a retos, por diferentes que sean. Como en nuestra vida, los problemas que negamos tienen difícil solución; los que ni siquiera alcanzamos a ver se convierten en maldiciones. La gestión del agua equivale a la gestión de conflictos. El agua es un elemento crítico para la agricultura (que consume en promedio un 70% de todo el agua) y el abastecimiento de alimentos. Recordemos que 795 millones de personas siguen padeciendo malnutrición. Es igualmente un insumo fundamental en la producción de bienes industriales o en la generación de energía eléctrica y térmica. Asimismo, el agua de calidad es una condición necesaria para la producción acuícola (ya más de la mitad del pescado del planeta), en tiempos en que las pesquerías menguan. Numerosos servicios recreativos no existen sin agua y, en realidad, no solo está en juego la conservación de ecosistemas acuáticos sino de aquellos terrestres que dependen del agua. Desde el reconocimiento de algo bastante obvio (se necesita energía para los servicios de agua y agua para los servicios de energía), es fácil entender además el vínculo entre la gestión del agua y la mitigación y adaptación al cambio climático. El agua no está disponible simultáneamente para todos esos usos alternativos. Elegir implica renunciar; así, cada decisión sobre el uso de los recursos hídricos es, en sí, una potencial fuente de conflicto. España es un ejemplo evidente, junto a una larga serie de países áridos o semiáridos en buena parte de su territorio: el oeste de EE.UU., una parte importante de México, el noreste de Brasil, el Pacífico peruano, el norte de Chile, el sur de Italia, Grecia, los países del norte de África, amplias zonas de Oriente Medio, Israel, la franja de Gaza y Cisjordania, numerosos países en Asia Central, Singapur, algunas regiones de China e India, Arabia Saudí, el sur de Australia… España recibió más de 68 millones de turistas en 2015, con fuerte estacionalidad; una mayoría fue al litoral mediterráneo donde la escasez de agua y la vulnerabilidad ante la sequía son innegables. La agricultura, por otro lado, consume más de dos tercios del agua; apenas un 10% de ese agua permite obtener un 90% del valor añadido de la agricultura pero esa realidad convive con una agricultura menos eficiente. Persisten, desde hace décadas, conflictos territoriales en relación al agua. El intento de resolver parte de estos problemas invirtiendo en desaladoras, financiadas en gran medida con fondos europeos, todavía es estéril: con incentivos mal diseñados, estas plantas operan en promedio a menos del 20% de su capacidad instalada. Hay una dimensión ineludible pues afecta directamente a todos los ciudadanos: los servicios urbanos de agua potable y saneamiento. Otra realidad parcialmente oculta. La cobertura del servicio es universal, la calidad de los servicios buena, las tarifas (pese a la disparidad entre ciudades) bajas en el contexto de la Unión Europea… Podría creerse, entonces, que no hay desafíos. Nada más lejos de la realidad, sin embargo. Envejecen las infraestructuras en un contexto en el que el papel del Estado necesariamente ha de redefinirse ante los objetivos de consolidación fiscal. El tratamiento de aguas residuales está mal resuelto por cuestiones financieras y porque se confía a las depuradoras el objetivo de calidad en lugar de adoptar medidas complementarias en las cuencas fluviales. Por otro lado, hay un debate público, que se beneficiaría de criterios más racionales, sobre el modelo de gestión. La evidencia internacional muestra que no es tan relevante la distinción entre público y privado como las garantías para la gestión equitativa y eficiente. En relación a este tema surgen numerosos interrogantes: ¿ayudan las posiciones apriorísticas para predeterminar la titularidad de las empresas de servicios de agua? ¿Cuál es la escala a la que estos servicios se prestarían mejor? ¿Qué clase de regulador a nivel nacional sería necesario? Ver lo invisible, a partir de mejor información y de mayor capacidad de análisis, genera una mayor demanda de buena información y de transparencia. Igualmente, induce cambios en el comportamiento de los usuarios del agua. Por último, favorece la innovación: ofrecer nuevas respuestas a viejos problemas. Sin embargo, para ver lo invisible en relación al agua hace falta más que una cámara Schlieren: es imprescindible superar barreras administrativas, coordinar políticas, abandonar sesgos sectoriales, favorecer enfoques interdisciplinares, diseñar mejores incentivos y poner el bienestar de los ciudadanos como anclaje de los objetivos de alianzas entre la sociedad civil, el sector público y el sector privado. (Gonzalo Delacámara)


Agua 2:
Cada ciudad, cada pueblo, tiene sus monumentos, sus dulces típicos, sus fiestas patronales… y su agua del grifo. El líquido elemento que sale de las cañerías (y que de forma más técnica se llama agua apta para consumo humano o, simplemente, agua potable) es diferente en cada lugar. Porque lo que llamamos agua no es solo un conjunto impoluto de moléculas de H2O, sino que lleva disueltas muchas otras sustancias: su composición química depende de factores como su procedencia o su tratamiento, y de ella dependen características como el sabor o el olor (las propiedades organolépticas). Por eso esta agua no es, como suele decirse, inodora e insípida. El gusto o el olor de ciertas aguas para beber pueden no ser agradables, pero eso no significa que no sean potables “En la composición del agua de consumo es fundamental el carácter geológico del lugar de donde procede, por ejemplo, si son aguas subterráneas o superficiales”, dice Fernando Morcillo, presidente de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS). “El agua es uno de los mejores disolventes que conocemos, está siempre deseando disolver cosas”, explica el experto, así que, en el caso de las subterráneas, no es lo mismo que provengan de un medio calizo o yesífero, que disuelve en el agua sulfatos y carbonatos (produciendo un “agua gorda”, más pesada y que puede tener cierto sabor), que la procedencia de medios de granito o gneis, que disuelven pocas sales en el agua. Estos son los medios de los que suelen proceder las aguas de montaña, que suelen tener mejores propiedades organolépticas. El agua para el consumo humano es en España en un 69% superficial (procedente de ríos, embalses, lagos, etcétera), en un 30% subterránea (pozos, manantiales o galerías de filtración) y en un 1% marítima, según un estudio de 2011 del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (MSSSI). Además, el agua también puede contener ácidos y sales de carácter biológico, producto de la materia orgánica de los suelos. A veces, estos compuestos le pueden dar a ciertas aguas cierto sabor a barro. Cloro y sales El agua del grifo también contiene cloro, que se utiliza para potabilizarla, eliminando los microorganismos patógenos. El término “dureza” del agua se refiere al alto nivel de minerales, especialmente sales de magnesio y calcio, y suele verse escrito en los envases de los detergentes. “Es porque a las aguas duras les cuesta más generar espuma, y los detergentes, que son tensoactivos, funcionan de ese modo”, afirma Eloy García Calvo, director del instituto de investigación Imdea Agua. Es importante, pues, ajustar la cantidad de detergente utilizado a la dureza del agua de nuestra zona. CÓMO SUBE AL OCTAVO PISO Muchas veces no somos conscientes de los prodigios cotidianos a los que asistimos: uno abre el grifo y el agua ha subido ocho pisos por las cañerías y sale a presión. ¿Cómo se consigue? La forma más sencilla es aprovechar la energía potencial gravitatoria que se enseña en la física escolar. “Se consigue poniendo los depósitos de agua en cotas altas, por encima del nivel de los edificios”, dice Fernando Morcillo. Es decir, en montes cercanos, barrios más altos en la propia ciudad o, simplemente, colocando un depósito elevado sobre columnas. En teoría, el agua podría volver a alcanzar, después de distribuida, la misma altura de la que parte. En territorios sin elevaciones hay otra solución: el bombeo, que plantea problemas. “El consumo de energía en bombeo de agua es importante. Hay un concepto que está de moda en estos tiempos, es el binomio agua-energía”, dice Eloy García Calvo. “No hay agua sin energía y, de alguna manera, no hay energía sin agua”, concluye. “Podemos rechazar ciertas aguas del grifo por un sabor u olor levemente desagradables, pero esto no quiere decir que no sean potables. En España podría decirse que prácticamente todos los grifos dan agua potable y, si no la dan, hay que indicarlo con un cartel bien visible”, dice García Calvo. En concreto, el 99,3% del agua de grifo en España es potable, según datos del MSSSI de 2013. “Las empresas de distribución de agua están obligadas a hacer controles exhaustivos y frecuentes, algunas sustancias se controlan a diario”, aclara el investigador. La legislación española a este respecto es rigurosa y se basa en directivas europeas. Según los expertos, el agua del grifo no le tiene nada que envidiar a las aguas embotelladas (además, elude el problema de generar residuos como los envases). Pero la producción de este producto llega a los 5.331 millones de litros embotellados al año en España, según la Asociación Europea de Aguas Embotelladas (EFBW, en sus siglas inglesas), con un crecimiento del 2,5%, según la consultora Nielsen. Seis empresas multinacionales copan este mercado en el que la población española se gasta 1.000 millones al año. Potabilización El agua de consumo se somete a tratamientos de potabilización y los parámetros que se controlan son los microbiológicos (esos que pueden afectar a la salud a corto plazo), los químicos (contaminación producida por la actividad humana), los indicadores (que dan idea de la eficacia del tratamiento del agua y su control) y la radiactividad (natural, debida a las características del terreno y más frecuente en aguas subterráneas). Aunque no es infrecuente en el mundo la transmisión de enfermedades por vía hídrica, según informa el ministerio, en España la incidencia es escasa. Para conocer la calidad del agua de su zona puede usted consultar al organismo Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo (SINAC). Hay otras formas de obtener agua potable, por ejemplo, las desalinizadoras, que hacen apta el agua del mar. “Son aliadas perfectas, porque hoy en día existe la tecnología suficiente para convertir cualquier tipo de agua en apta para el consumo”, dice García Eloy. En España está prohibido, pero en algunos países, como Singapur, llegan a tratar aguas residuales, como las del alcantarillado. “Puede que esta idea aquí pueda generarnos repulsión”, dice el investigador, “pero con la tecnología disponible se puede conseguir el mismo nivel de calidad”.


Agua: España:
El Foro Económico Mundial 2013 ya identificó la “crisis de abastecimiento de agua” como uno de los cinco principales riesgos mundiales. Además, si tenemos en cuenta datos de la Fundación Aquae como que más de 1.000 millones de personas en el mundo carecen de acceso directo a fuentes de agua potable o que cada año más de tres millones y medio se ven afectadas por enfermedades relacionadas con la calidad del agua, podremos concluir que, sin lugar a dudas, el agua es uno de los grandes retos del siglo XXI. A esto hay que añadir que las tendencias indican que en el futuro próximo se acentuará el estrés hídrico severo de forma global. Esta situación, que se da cuando la demanda de agua supera el 40% del total de los recursos hídricos, afectaba al 40% de la población mundial en 2013 y pasará a aquejar a la mitad de la humanidad en 2030. Por otro lado, el crecimiento demográfico y la mayor sofisticación de la alimentación suponen un desafío agroalimentario sin precedentes. La necesidad de incrementar la producción de alimentos se ve condicionada por las limitaciones de la oferta de suelo agrícola disponible debido a factores como la contaminación, la deforestación, la desertificación y el cambio climático. En este punto concreto, nuestro país puede y debe jugar un papel relevante mundial como Vivero de productos de Alta Calidad del Mundo, aunque, para ello, debe ser capaz de maximizar la superficie óptima para la producción agroalimentaria y, a su vez, disminuir drásticamente la superficie nacional bajo estrés hídrico, la mayor de todos los países de la Unión Europea. España incumple la normativa de la Unión Europea en lo que se refiere al tratamiento de aguas residuales. Para hacer frente a estas cuestiones globales es necesario cuidar este recurso esencial e invertir en mejorar su eficiencia. Muchos países están buscando ya la forma de optimizar y aumentar la oferta disponible de agua potable mejorando la calidad y la eficacia en el tratamiento. En nuestro país en concreto, se ha realizado un gran avance en las últimas dos décadas, pero se mantiene un déficit frente al cumplimiento de la normativa de la Unión Europea en lo que se refiere al tratamiento de aguas residuales. Es de esperar que la creciente concienciación social y la mayor y más estricta regulación de la Unión Europea para la mejora de la gestión de recursos naturales y del entorno conllevará una mayor necesidad de inversión sostenida en infraestructuras de agua, clave para el bienestar humano y el desarrollo socioeconómico sostenible. (Julián Núñez, 22/03/2016)


Agua: Futuro:
España reforzará su presencia en la gestión del agua en Iberoamérica Cuando era un chaval me gustaban las películas de miedo. Pero lo mejor no era la peli en sí: las escenas de susto acurrucado en la butaca, el suspense de la trama o el acollone de la música. No, lo bueno venía cuando la peli se acababa, al salir del cine, respirar hondo y, mientras seguías oliendo al ambientador Paco Rabanne de la sala, comprobar que los zombis no habían tomado el barrio y ni Freddy Krueguer ni el de la motosierra esperaban en el semáforo. Ahora en cambio las pelis de miedo han dejado de darme miedo. Ahora lo que me acollona de verdad son los informes que recibo sobre el estado de salud de nuestro planeta. Sé que muchos pensarán que estoy exagerando, pero les aseguro que es cierto. Y entre los más inquietantes están los que hacen referencia a las dificultades de acceder al agua en futuros no muy lejanos, incluso para mediado de este mismo siglo, y aquí, en la región mediterránea. La pasada semana el Banco Mundial publicó un informe aterrador, un trabajo que, como todos los que nos señalan con el dedo y nos sientan de un empujón en el banco de los acusados, no ha tenido la repercusión que debiera. Alerta sobre las graves consecuencias de la escasez de agua asociadas al cambio climático. El escenario sobre el que nos sitúa es el año 2050. Nos hablan pues del agua de nuestros nietos. Pero no solo del agua. Según el organismo de la ONU, la evolución del calentamiento global se está produciendo de manera tan intensa y acelerada que, si no actuamos de manera inmediata el acceso al agua potable podría verse en peligro a mitad de siglo en regiones densamente pobladas. Lugares donde hoy el derecho humano al agua está hoy en día absolutamente garantizado y nadie podría prever problemas de abastecimiento. Habla de nuestras ciudades y señala que, si el aumento de las necesidades de abastecimiento urbano sigue creciendo, entrará en conflicto con otros usos como la energía, la agricultura y la industria, reduciendo a más de la mitad la disponibilidad de agua respecto a los niveles actuales. Por otro lado la situación de escasez se agudizará todavía más en los países de Oriente Medio y la región del Sahel africano que ya sufren de sequía crónica, lo que motivaría el estallido de grandes conflictos armados por el acceso al recurso y el desplazamiento de grandes masas de población escapando de la sed y el hambre: son los llamados refugiados climáticos, esos sobre los que algunas organizaciones humanitarias llevan años avisando y que se cuantifican por centenares de millones. Este nuevo informe del Banco Mundial es un pellizco más, un nuevo aviso del futuro que aguarda a nuestros nietos si seguimos actuando como el mono egoísta. Sus recomendaciones se centran en este caso en la acción política. Por eso haríamos muy bien en rebuscar en los programas de los partidos que concurren a las próximas elecciones sus propuestas en materia de agua ya que, como recoge el informe “los impactos negativos del cambio climático en el agua podrían neutralizarse con decisiones políticas más acertadas”. ¿Hacia donde deberían encaminarse esas políticas? Pues hacia la eficiencia, la solidaridad y el respeto al medio ambiente. Llevando a cabo una planificación de los usos del agua mucho más ajustada a la disponibilidad real, con un objetivo básico: garantizar el acceso universal de la población. Promoviendo y alentando la eficiencia en todos los ámbitos de consumo (urbano, industrial y agrícola). Mostrando un respeto escrupuloso de los caudales ecológicos de los ríos y reforzando las inversiones en reutilización y uso circular del agua para reducir la demanda. De todo ello deberían hablarnos los políticos pues el agua debe convertirse en un tema central de la acción de gobierno. (José Luis Gallego, 14/05/2016)


Privatización y corrupción:
La universalización de los servicios domésticos de agua y saneamiento ha venido siendo una exigencia social y un imperativo moral asumidos por los poderes públicos. Sin embargo, en las últimas décadas, el neoliberalismo imperante, amparado por el Banco Mundial, viene imponiendo políticas de desregulación y privatización que transforman los derechos humanos y ciudadanos en puras relaciones mercantiles, al tiempo que los ciudadanos pasan a ser simples clientes. Así, lejos de resolverse el drama de los casi mil millones de personas que no tienen garantizado el acceso al agua potable, el problema se agudiza en la medida que esos mil millones de pobres pierden derechos básicos y pasan a ser más vulnerables. Hoy existen en el mundo tres grandes modelos de privatización de los servicios de aguas: el chileno, heredado de la dictadura de Pinochet; el británico, promovido por la Sra. Tatcher; y el francés, imperante en nuestro país y en gran parte del mundo. El modelo chileno privatiza de facto ríos y ecosistemas, de forma que, si alguien necesita agua en Chile, hasta hace poco tenía que venir a comprarla a Madrid, y en la actualidad debe ir a Roma, donde está el accionariado mayoritario de Endesa, propietaria de facto de buena parte de los ríos chilenos. El dictador se cuidó de que esta ley quedara vinculada a la Constitución, con lo que, para modificarla, se necesita una mayoría de la que ni siquiera Bachelet dispone, tras su notable victoria electoral. La Señora Tatcher, aunque respetó el dominio público sobre las aguas, privatizó las redes e infraestructuras de agua y saneamiento en las ciudades británicas. Sin embargo, ni el modelo chileno ni el británico se han extendido por el mundo. El que si lo ha hecho, con el apoyo de las instituciones financieras internacionales, es el llamado modelo francés, conocido por la siglas PPP, de Partenariado Público-Privado, promovido por las principales corporaciones, de matriz francesa. Corporaciones que ofrecen a los Ayuntamientos la gestión de los servicios por largos periodos de tiempo a cambio de lo que se conoce como el Canon Concesional. Un pago de libre disposición para la alcaldía que la empresa irá cobrando a los vecinos a lo largo del periodo de concesión. Incluso se ofrece al Ayuntamiento la posibilidad de formar una “empresa mixta” en la que el 51% de las acciones quedan en manos del éste, mientras la empresa queda con el 49%. Hay que leer, eso sí, las cláusulas en las que se precisa que la gestión de la empresa mixta quedará en manos del “socio minoritario”, bajo el pretendido argumento de la dificultad técnica de tales labores (el llamado “know how” o el “savoir faire”); así como la capacidad de comprar y subcontratar lo que la empresa mixta necesite, sin pasar por concurso público. Es lo que se conoce como el “blindaje de inputs secundarios” que permite a esas corporaciones comprar a sus propias empresas filiales, sin pasar por procesos de concurso público en libre competencia, imponiendo altos precios que finalmente paga la ciudadanía en la tarifa del agua. Un modelo, en suma, tan sutil como perverso y eficaz a la hora de transformar el servicio público de aguas en suculento negocio privado. Por último, el hecho de que se aseguren largos periodos de concesión, de 20 a 40 años, garantiza la irreversibilidad del proceso privatizador, al asegurar a las empresas, en caso de que se intente revertir la privatización, impagables indemnizaciones que incluyen, más allá de la inversión realizada, el lucro esperado por la empresa en todo el periodo de concesión. En Francia, recientemente, la Ley Anticorrupción, identificó e ilegalizó el Canon Concesional, como pago de las empresas a los Ayuntamientos, de libre disposición, como un incentivo perverso de corrupción. En nuestro país, bajo la presión de la anorexia financiera de los Ayuntamientos, que impone la Ley Montoro, el Canon Concesional es el principal incentivo para privatizar los servicios de agua y saneamiento, al tiempo que se incentiva la corrupción. El caso Pokemon es sin duda referencial, con la directa implicación de Aguas de Barcelona (y sus filiales, como Aquagest), la principal multinacional que opera en España, vinculada a la francesa Suez Tras explotar en Asturias y Galicia, la juez ha extendido la investigación a toda España, con lo que los casos de corrupción emergerán probablemente en todo el pais. Si más allá de estos casos, consideramos las llamadas Sociedades Estatales de Aguas, con Acuamed y su hermana gemela Acuaes, aún no investigada, el mapa de la corrupción en la gestión de aguas, se amplía, con la implicación del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Unas Sociedades que en su día fueron presentadas como expresión de modernas estrategias de privatización, por el entonces Ministro, el Sr. Cañete. Sin embargo, la iniciativa privada no valoró interesante entrar en esas empresas, dejándole al Estado las pesadas inversiones en obra hidráulica. Lo que si consiguió el PP fue hacer más opaca esa inversión pública, generando un espacio oscuro que enmascara deuda pública impagable y sobre todo prácticas corruptas que han acabado por estallar en Acuamed. En este 22 de Marzo, día Mundial del Agua, dedicado por los movimientos sociales a la lucha contra la privatización del agua y la corrupción, es pertinente que reflexionemos sobre estas cuestiones. (Pedro Arrojo Agudo, 23/03/2017)