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Surgimiento del alfabeto:
Escritura cuneiforme sumeria:
La invención independiente que podemos analizar con más detalle es el sistema de escritura más antiguo de la historia, la escritura cuneiforme sumeria. Desde miles de años antes de que cuajara, la población de algunas aldeas agrícolas del Creciente Fértil utilizaba una especie de fichas de arcilla de diversas formas con fines contables, como el registro del número de ovejas y las cantidades de grano. En los últimos siglos antes de 3000 a.C., los avances en la tecnología, el formato y los signos contables condujeron rápidamente al primer sistema de escritura. Una de aquellas innovaciones tecnológicas fue el uso de tablillas de arcilla planas como prácticas superficies para escribir. Al principio, la arcilla se arañaba con utensilios puntiagudos, que produjeron o dieron paso gradualmente a los estilos de caña para imprimir limpiamente una señal en la tablilla. Entre los avances habidos en el formato figuraba la gradual adopción de convenciones cuya necesidad es hoy aceptada universalmente: que la escritura debe organizarse en hileras o columnas alineadas (hileras horizontales para los sumerios, al igual que para los europeos modernos); que las líneas debían leerse en una dirección constante (de izquierda a derecha para los sumerios, como para los europeos modernos); y que las líneas debían leerse de arriba abajo de la tablilla y no a la inversa. Pero el cambio decisivo supuso la solución del problema fundamental de prácticamente todos los sistemas de escritura: cómo idear señales visibles convenidas que representen sonidos hablados reales, en vez de representar únicamente ideas o palabras independientes de su pronunciación. Las primeras fases del desarrollo de la solución han sido detectadas especialmente en miles de tablillas de arcilla encontradas en excavaciones de ruinas de la antigua ciudad sumeria de Uruk, a orillas del río Eufrates, a unos 300 km al sureste del moderno Bagdad. Los primeros signos escritos sumerios eran imágenes reconocibles de los objetos a los que se hacía alusión (por ejemplo, una imagen de un pez o un ave). Naturalmente, estos signos pictóricos estaban formados principalmente por numerales más sustantivos para los objetos visibles; los textos resultantes eran simplemente informes contables en una especie de taquigrafía telegráfica desprovista de elementos gramaticales.

Abstracción:
Gradualmente, las formas de los signos se hicieron más abstractas, especialmente cuando los utensilios de escribir puntiagudos fueron sustituidos por los estilos de caña. Se crearon nuevos signos combinando signos antiguos para producir nuevos significados: por ejemplo, el signo que significaba cabeza se combinó con el signo que significaba trigo para producir un signo que significaba comer. La escritura sumeria más antigua estaba formada por logogramas no fonéticos. Es decir, no se basaba en los sonidos específicos de la lengua sumeria, y podría haber sido pronunciada con sonidos totalmente distintos para producir el mismo significado en otra lengua, del mismo modo que el signo numeral 4 se pronuncia como cuatro, chetwíre, neljä y empat por hablantes de las lenguas española, rusa, finesa e indonesia, respectivamente. El paso más importante de la historia de la escritura fue quizá la introducción por los sumerios de la representación fonética, en un principio mediante la escritura de un sustantivo abstracto (que no podía representarse fácilmente como imagen) por medio del signo de un nombre representable que tenía la misma pronunciación fonética. Por ejemplo, es fácil trazar una imagen reconocible de flecha, difícil trazar un signo reconocible de vida, pero ambas se pronuncian ti en sumerio, por lo que la imagen de una flecha llegó a significar flecha o vida. La ambigüedad resultante se resolvió mediante la adición de un signo mudo llamado determinativo, para indicar la categoría de los nombres a los que el objeto en cuestión pertenecía. Los lingüistas llaman a esta innovación decisiva, que se halla también bajo los juegos de palabras actuales, el principio del jeroglífico. Una vez que los sumerios dieron con este principio fonético, comenzaron a utilizarlo para algo más que escribir nombres abstractos. Lo emplearon para escribir sílabas o letras que constituían desinencias gramaticales. Por ejemplo, en inglés no es evidente cómo dibujar una imagen de la sílaba común —tion, pero podríamos dibujar una imagen que ilustrase el verbo shun (evitar, rehuir), que tiene la misma pronunciación. Signos interpretados fonéticamente se utilizaban también para «deletrear» palabras más largas, como una serie de imágenes cada una de las cuales representaba sonidos de una sílaba. Es como si un anglohablante escribiese la palabra believe (creer) mediante la imagen de una abeja (bee) seguida de la imagen de una hoja (leave), que unidas tienen parecida pronunciación. Los signos fonéticos permitían también que los escribas utilizasen el mismo signo pictórico para una serie de palabras relacionadas (como diente, habla y hablante), pero que resolviesen la ambigüedad con un signo adicional interpretado fonéticamente (como seleccionar el signo que significaba dos, cada o cima). Así pues, la escritura sumeria llegó a estar formada por una compleja mezcla de tres tipos de signos: logogramas, que remitían a una palabra o nombre completos; signos fonéticos, utilizados en realidad para deletrear sílabas, letras, elementos gramaticales o partes de palabras; y determinativos, que no se pronunciaban sino que se utilizaban para resolver ambigüedades. Sin embargo, los signos fonéticos de la escritura sumeria distaban mucho de ser un silabario o un alfabeto completos. Algunas sílabas sumerias carecían de signos escritos; el mismo signo podía pronunciarse de maneras distintas; y el mismo signo podía leerse como palabra, sílaba o letra. Además de la escritura cuneiforme sumeria, el otro caso seguro de origen independiente de la escritura en la historia humana proviene de las sociedades indígenas americanas de Mesoamérica, probablemente del sur de México. Se cree que la escritura mesoamericana surgió independientemente de la escritura del Viejo Mundo, porque no hay prueba convincente alguna de contacto anterior a los vikingos entre sociedades del Nuevo Mundo y sociedades del Viejo Mundo que poseyeran la escritura. Además, las formas de los signos de la escritura mesoamericana eran totalmente distintos de los de cualquier escritura del Viejo Mundo. Se conocen más o menos una docena de escrituras mesoamericanas, todas o la mayoría de ellas aparentemente relacionadas entre sí (por ejemplo, en sus sistemas numéricos y de calendario), que en su mayor parte sólo han sido descifradas parcialmente. Por el momento, la escritura mesoamericana más antigua que se conserva es la proveniente de la zona zapoteca del sur de México, hacia 600 a.C., pero la mejor conocida es con diferencia una de la región de las tierras bajas mayas, donde la fecha de escritura conocida más antigua corresponde a 292. A pesar de sus orígenes independientes y las formas distintivas de sus signos, la escritura maya está organizada sobre principios básicamente semejantes a los de la escritura sumeria y otros sistemas de escritura de Eurasia occidental inspirados en la sumeria. Al igual que la sumeria, la escritura maya utilizaba logogramas y signos fonéticos. Los logogramas para designar palabras abstractas solían tener su origen en el principio del jeroglífico. Es decir, una palabra abstracta se escribía con el signo de otra palabra que se pronunciaba de manera semejante pero con un significado distinto y que pudiera ser representada fácilmente. Al igual que los signos de los silabarios kana de Japón y Lineal B de la Grecia micénica, los signos fonéticos mayas eran en su mayoría signos de sílabas de una consonante más una vocal (como ta, te, ti, to, tu). Como las letras del antiguo alfabeto semita, los signos silábicos mayas tenían su origen en imágenes del objeto cuya pronunciación comenzaba con esa sílaba (por ejemplo, el signo silábico maya ne se parece a una cola, palabra que en maya es neh). Todos estos paralelismos entre la escritura mesoamericana y la de Eurasia occidental de la antigüedad atestiguan la universalidad subyacente de la creatividad humana. Aunque las lenguas sumerias y mesoamericanas no guardan ninguna relación especial entre sí o entre las lenguas del mundo, ambas plantearon cuestiones básicas semejantes al reducirlas a la escritura. Las soluciones inventadas por los sumerios antes de 3000 a.C. fueron reinventadas, a medio mundo de distancia, por los indígenas mesoamericanos antes de 600 a.C. Con las posibles excepciones de las escrituras egipcia, china y la de la isla de Pascua, que se examinarán más adelante, todos los demás sistemas de escritura ideados en cualquier lugar del mundo, en cualquier época, parecen ser descendientes de sistemas modificados a partir de, o al menos inspirados en, la escritura sumeria o mesoamericana antigua. Una razón de que hubiera tan pocos orígenes independientes de la escritura es la gran dificultad que entraña su invención, como ya hemos visto. La otra razón es que la escritura sumeria o la mesoamericana antigua y sus derivados se adelantaron a otras oportunidades de invención independiente de la escritura. Sabemos que el desarrollo de la escritura sumeria requirió al menos cientos, posiblemente miles de años. Como veremos, los requisitos previos para estos avances eran varias características de la sociedad humana que determinaban si a una sociedad le resultaría útil la escritura, y si la sociedad podría mantener a los necesarios escribas especializados. Muchas otras sociedades humanas además de las de los sumerios y los primitivos mexicanos —como las de India, Creta y Etiopía en la antigüedad— desarrollaron estos requisitos previos. Sin embargo, los sumerios y los primitivos mexicanos fueron los primeros en desarrollarlos en el Viejo y en el Nuevo Mundo, respectivamente. Una vez que los sumerios y los primitivos mexicanos hubieron inventado la escritura, los detalles o los principios de su escritura se difundieron rápidamente a otras sociedades, antes de que pudieran pasar por los necesarios siglos o milenios de experimentación independiente con la escritura por sí mismos. Así pues, aquel potencial para otros experimentos independientes se vio anticipado o frustrado.

Reproducción de modelos de éxito:
La difusión de la escritura ha tenido lugar según uno u otro de dos métodos diferentes, que encuentran su parangón en toda la historia de la tecnología y de las ideas. Alguien inventa algo y comienza a usarlo. ¿Cómo un tercero, otro posible usuario, diseña después algo parecido para su propio uso, sabiendo que otra persona dispone ya de su propio modelo construido y en funcionamiento? Éste tipo de transmisión de las invenciones supone todo un espectro de formas. En un extremo se halla «la copia del proyecto original», cuando se copia o modifica un proyecto detallado disponible. En el extremo opuesto se halla «la difusión de la idea», cuando lo que se recibe es poco más que la idea básica y es preciso reinventar los detalles. El saber que puede hacerse estimula a la persona receptora a intentarlo por sí misma, pero la solución específica final puede parecerse o no a la del primer inventor. Para poner un ejemplo reciente, los historiadores continúan debatiendo si fue la copia de proyectos o la difusión de ideas lo que contribuyó más a la fabricación de la bomba atómica por parte de la antigua Unión Soviética. ¿Dependieron decisivamente las iniciativas de fabricación de la bomba de la antigua Unión Soviética de proyectos originales de la bomba estadounidense ya construida, que fueron robados y transmitidos a aquella URSS por espías? ¿O lo que sucedió fue, simplemente, que la revelación de la bomba A de Estados Unidos en Hiroshima convenció por fin a Stalin de la viabilidad de la fabricación de esa bomba, y que los científicos soviéticos reinventaron después los principios en un programa de choque independiente, con escasa orientación pormenorizada de la iniciativa estadounidense anterior? Preguntas parecidas se plantean en relación con la historia del desarrollo de la rueda, las pirámides y la pólvora. Examinemos ahora cómo la copia de proyectos originales y la difusión de ideas contribuyeron a la propagación de los sistemas de escritura. Hoy en día, los lingüistas profesionales diseñan sistemas de escritura para lenguas no escritas por el método de copiar proyectos.

    Adaptación para el ruso y el turco:
    La mayoría de estos sistemas «a medida» modifican alfabetos existentes, aunque algunos diseñan silabarios. Por ejemplo, lingüistas misioneros trabajan en alfabetos romanos modificados para cientos de lenguas de Nueva Guinea y de los indígenas americanos. Lingüistas del gobierno idearon el alfabeto romano modificado que fue adoptado en 1928 por Turquía para escribir en la lengua turca, así como alfabetos cirílicos modificados diseñados para muchas lenguas tribales de la antigua Unión Soviética. En algunos casos, tenemos noticia también de individuos que diseñaron sistemas de escritura mediante el sistema de copia del proyecto original en el pasado remoto. Por ejemplo, el propio alfabeto cirílico (el que se usa en nuestros días para la lengua rusa) desciende de una adaptación de letras griegas y hebreas ideadas por san Cirilo, un misionero griego entre los eslavos en el siglo IX. Los primeros textos conservados de una lengua germánica (la familia lingüística a la que pertenece, por ejemplo, el inglés) están escritos con un alfabeto gótico creado por el obispo Ulfilas, un misionero que vivía con los visigodos en la actual Bulgaria en el siglo IV. Al igual que la invención de san Cirilo, el alfabeto de Ulfilas fue una mezcolanza de letras prestadas de diferentes fuentes: unas veinte letras griegas, unas cinco letras romanas y dos letras del alfabeto rúnico, y otras dos inventadas por el propio Ulfilas. Con mucha mayor frecuencia, no sabemos nada de los individuos responsables de la invención de alfabetos célebres del pasado.

Sin embargo, sigue siendo posible comparar alfabetos recién surgidos del pasado con otros existentes previamente, y deducir de las formas de las letras cuál de ellos sirvió de modelo. Por la misma razón, podemos estar seguros de que el silabario Lineal B de la Grecia micénica había sido adoptado hacia 1400 a.C. del silabario Lineal A de la Creta minoica. En los cientos de ocasiones en que un sistema de escritura existente de una lengua ha sido utilizado como modelo para ser adaptado a una lengua distinta, siempre han surgido problemas, porque nunca dos lenguas tienen exactamente el mismo conjunto de sonidos. Algunas letras o signos heredados pueden suprimirse sin más, cuando los sonidos representados por esas letras en la lengua que hace el préstamo no existen en la lengua prestataria. Por ejemplo, el finés carece de los sonidos que muchas otras lenguas europeas expresan mediante las letras b, c, f, g, w, x y z, por lo que los finlandeses han suprimido estas letras de su versión del alfabeto romano. Se ha planteado también con frecuencia el problema inverso, de idear letras para representar sonidos «nuevos» que están presentes en la lengua prestataria pero ausentes en la lengua que hace el préstamo. El problema se ha resuelto de distintas maneras: por ejemplo, utilizando una combinación arbitraria de dos o más letras (como en inglés th para representar un sonido para el que los alfabetos griego y rúnico utilizaban una sola letra); añadiendo una pequeña marca distintiva a una letra existente (como la tilde de la ñ española, la diéresis o umlaut alemana de ö, y la proliferación de marcas que aparecen en las letras polacas y turcas); adaptando letras existentes para las cuales la lengua prestataria no tenía uso (como cuando los checos modernos reciclan la letra c del alfabeto romano para expresar el sonido checo ts); o inventando sin más una nueva letra (como nuestros antepasados medievales hicieron cuando crearon las nuevas letras j, u y w). El alfabeto romano, a su vez, fue el producto final de una larga secuencia de copia de proyectos originales. Los alfabetos surgieron aparentemente una sola vez en la historia humana: entre los hablantes de las lenguas semíticas, en la zona comprendida entre la moderna Siria y el Sinaí, durante el segundo milenio a.C. Todos los cientos de alfabetos históricos y existentes en la actualidad derivaron en última instancia de aquel alfabeto semítico ancestral, en algunos casos (como el alfabeto ogham irlandés) por difusión de la idea, pero en la mayoría de ellos por la copia real y la modificación de las formas de las letras. Ésta evolución del alfabeto puede seguirse hasta los jeroglíficos egipcios, que incluían un juego completo de 24 signos para las 24 consonantes egipcias. Los egipcios nunca dieron el siguiente paso lógico (para nosotros) de descartar todos sus logogramas, determinativos y signos para pares y tríos de consonantes, y utilizar únicamente su alfabeto consonántico. A partir de hacia 1700 a.C., sin embargo, semitas que conocían los jeroglíficos egipcios comenzaron a experimentar con ese paso lógico. La restricción de los signos a aquellos que representaban consonantes simples fue sólo la primera de tres innovaciones decisivas que distinguieron a los alfabetos de otros sistemas de escritura. La segunda fue ayudar a los usuarios a memorizar el alfabeto colocando las letras en una secuencia fija y dándoles nombres fáciles de recordar. Los nombres de las letras españolas, por ejemplo, son monosílabos en su mayor parte carentes de significado («a», «be», «ce», «de», etc.). Sin embargo, los nombres semitas poseían un significado en las lenguas semíticas: eran las palabras que significaban objetos familiares: (aleph = buey, beth = casa, gimel = camello, daleth = puerta, etc.). Éstas palabras semíticas estaban relacionadas «acrofónicamente» con las consonantes semíticas a las que se refieren: es decir, la primera letra de la palabra del objeto era también la letra que designaba el objeto (a, b, g, d, etc.). (Jared Diamond)

 

 

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